Mi experiencia en Vipassana

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     Escrito por Leandro Posadas

     Según el psicólogo cuantitativo Donald Hoffman la mente es algo parecido al escritorio virtual de nuestras computadoras, en el cual tenemos ordenados por medio de iconos cada tema, aplicación y materia. Según esta teoría, llamada «teoría de la interface», no vemos el mundo como es, sino como aparece en esa pantalla. «La realidad que percibidos no es la verdadera realidad, sino que lo que percibimos es una especie de escritorio virtual donde interactuamos con los objetos de una manera conveniente para nosotros. El sol, las montañas y los planetas son iconos en ese escritorio. Pero la verdadera realidad no la conocemos, está detrás y sería el equivalente al lenguaje de máquina y al hardware y a todos los componentes internos del computador […] En resumen, la mente cuando estamos despiertos es una interface que nos permite relacionarnos tanto con la realidad (de un modo que le conviene a nuestra especie), como con nuestro mundo interno»[1].

     El psiquiatra español Paco Traver en su blog Neurociencia Neurocultura en su artículo La mente es un escritorio recomienda, para mantener en buen funcionamiento este escritorio, hacer un mapa actualizado del mundo en el que vivimos lo más realista posible, es decir no del mundo que deseo, del cuerpo que deseo, de los amigos que deseo, de la vida que deseo, del país que deseo, sino de las cosas tal como son. Y recomienda hacerlo una vez al año…      

     Desde que comencé este blog, hace ya siete años, nunca he publicado crónicas autobiográficas, pero esta vez quisiera compartir con todos los que me leen la última «actualización de mi escritorio», o más precisamente mi última experiencia en un centro de práctica de silencio Vipassana, bajo las instrucciones de S. N. Goenka (1924-2013), el fundador de la Academia internacional Vipassana. Goenka fue un hombre lleno de humanidad que quiso difundir, sin sectarismo, de modo serio y bien establecido, la técnica que posiblemente practicó Siddharta Gautama para llegar a la extinción del sufrimiento en sí mismo. Es importante indicar, antes de proseguir con mi crónica, que la institución que S. N. Goenka fundó, sin fines de lucro, no es una secta religiosa en la que se debe creer ciegamente en lo que allí se enseña, tanto es así que al final del curso S. N. Goenka dice (por medio de grabaciones), que cada uno libremente tome lo bueno y deje lo que no le gusta, lo importante es comprender íntegramente la forma de practicar. En otras palabras, no se aprende Vipassana para hacerse budista, sino para comprenderse como humano.

     Vipassana (vipaśyanā), significa ver las cosas tal cual son; familiarizarse con una visión justa de las cosas y a la vez, cultivar cualidades que poseemos latentes en nuestro interior, esperando ser desarrolladas.

     Aprender y querer silenciar sabiamente este cuerpo-mente que somos, y querer explorarlo minuciosamente, no tiene nada que ver con las creencias que tengamos, o con la religión que profesemos, sino con algo más profundo: darse cuenta; comprender-se; hacerse humano; vivir sabiamente este ser consciente de ser sentiente que somos en este mundo que habitamos. Nunca olvidar que toda religión, por muy antigua que sea, no es más que una interpretación de la realidad y está sujeta siempre a un contenido histórico y cultural. Engancharse a una dogmática religiosa, en vez de hacernos libres, nos condiciona y puede llegar a obstaculizar este camino de comprensión que es la vida humana.

     Los centros Vipassana están extendidos por casi todo el mundo y ofrecen cursos de 10 días, de 20 días, de 30 días y hasta de 45 días de práctica de silencio. El horario comienza a las 4:00 a.m., y termina a las 9:30 p.m. Esta última ha sido mi cuarta experiencia en un curso de 10 días en el cual se práctica casi 11 horas diarias con algunos recesos entre práctica y práctica. Es un horario muy intenso, de mucho trabajo interior y físico, pues el cuerpo reacciona ante tantas horas en una misma postura.

     Llegué el día cero para inscribirme y acepté las condiciones que la institución me pedía: permanecer libremente en el centro desde el día cero hasta el día once cumpliendo cinco preceptos: abstenerme de matar cualquier ser vivo; abstenerme de robar; abstenerme de una conducta sexual inadecuada; abstenerme de mentir; abstenerme de todo tipo de intoxicantes. Los 10 días están dedicados a ejercitarse en tres adiestramientos: moralidad (sila); concentración y dominio de la mente (samadhi); y sabiduría, o visión cabal que purifica la mente (pañña).

     Por ser mi cuarta vez iba muy seguro de todo lo que debía y podía hacer, e iba lleno de expectativas… El primer día fue muy doloroso físicamente, y de poca concentración en la primera enseñanza sobre dicha concentración (anapana), es decir sosegar la mente a través de la observación de la respiración natural. Ese día una profunda tristeza invadió mi mente, pero el mismo ritmo de trabajo intenso disipó la ilusión lentamente. S. N. Goenka siempre repite la misma frase día tras día en sus enseñanzas: todo es Anicca: La naturaleza de todas las cosas es impermanente; surgen y cesan, nacen y mueren; y lo mismo ocurre con los objetos mentales, es decir las emociones, los pensamientos, y todo lo que la mente humana produce por ser consiente de ser sentiente. Experimentar esto no como teoría sino en el propio cuerpo-mente es una gran enseñanza. La noche de ese primer día fue de mucha alegría y de un sueño profundo y purificador.

     Un regalo que recibí fue poder dormir yo solo en una cabaña de piedra con un árbol dentro, literalmente con un árbol dentro, y con él una gran fauna de arañas, alacranes, y demás insectos, pero mi mente estaba tan tranquila que dormía plácidamente sin alarmarme por mis acompañantes. Para los que deseen ir, no preocuparse que esa cabaña sólo la usan los que ya han asistido a varios cursos, y es libre quedarse allí o no. Fue una decisión personal. El único inconveniente es que hacía mucho frío y la tercera noche pesqué un fuerte resfriado, tan fuerte que pensé en dejar el curso y romper el contrato que el día cero había hecho. Me concedieron una entrevista con los profesores asistentes y ellos me pidieron con una sonrisa que esperara un día más y si estaba convencido de irme podía hacerlo. Llevaba 3 días sin ver a nadie a la cara y sin hablar con nadie, pues una de las normas más estrictas es el noble silencio: no se puede tener contacto físico ni verbal con ningún otro estudiante. Ese cuarto día fue un día de esperanza a pesar del gran resfriado y del dolor en todo el cuerpo. Anicca, anicca, anicca. Todo es impermanente. Surge y cesa.

     Ningún estudiante puede enseñar Vipassana según la forma en la que lo estableció S. N. Goenka, pues para llegar a ser profesor asistente se requiere de una seria y comprometida formación y miles de horas de práctica, pero puede compartir la experiencia e invitar a otros a vivirla. Llevo varios años practicando Vipassana, pero sólo fue en este cuarto curso en el que comprendí la más grande verdad de dicha práctica, si bien la tenía en la teoría, mi mente y mi cuerpo se rehúsan y se rehusaban a admitirla. Y en secreto (entre ustedes y yo), es la clave de la transformación si se es fiel a dicha enseñanza: sentarse sin esperar nada, sin engancharse a nada, sin rechazar nada. Ser ecuánime, aprender a ser ecuánime (upekkha). Pero ¿Cómo ser ecuánime ante el dolor terrible en las rodillas, y en la espalda después de horas y horas de práctica? ¿Cómo ser ecuánime ante las sensaciones agradables y placenteras que surgen? Esta pregunta sólo se responde en la experiencia, no hay teoría que pueda comunicarla. Y prefiero no conceptualizar una respuesta.

     El séptimo, octavo y noveno día tomé la decisión de hacerme principiante, de volver a empezar de nuevo, de escuchar las instrucciones de S. N. Goenka, y no identificarme con lo que las sensaciones realmente placenteras (y hasta sublimes), y profundamente dolorosas me transmitían. Ha estado duro, realmente duro, pero he percibido remotamente el porqué los profesores asistentes, y las personas que llevan años practicando Vipassana, siempre tienen una sonrisa pacífica y un amor profundo y real en sus rostros.

     El día décimo, -el día de la liberación de tanto dolor-, que es el día en que ya se puede hablar en ciertas horas conversé con dos practicantes que llevan años en ello. A ambos los conozco desde que comencé a asistir al centro. Y ambos me transmitían y me transmiten paz real, no fingida, una paz que parece que se ha extinguido en la mayoría de los humanos. Una paz que no tiene que ver con las emociones; con simpatías o antipatías; con las circunstancias sean buenas o malas, o con la vulnerabilidad de esto que somos. Me acerqué al más anciano y le pregunté sobre su experiencia: de él no vino ninguna teoría sublime, ni conceptos, ni apologías, simplemente una mirada profunda y compasiva. Me dijo (entre otras cosas, -no todo puede decirse-…): «No juegue con esa vida humana que usted tiene; no se «caiga a mentiras»; practique, simplemente sea fiel, y practique; no tiene sentido venir, si se sigue jugando con las sensaciones; buscando, buscando, buscando sentir…».

     He aquí mi breve crónica sobre la última «actualización de mi escritorio», cuya finalidad ha sido simplemente transmitir mi experiencia de esos diez días de silencio arduo y trabajado, de explorar el cuerpo con mente serena «desde la punta de los dedos de los pies hasta la cima de la cabeza» una, y otra, y otra, y otra, y otra, y otra vez «con paciencia y persistencia», comprendiendo serena y alegremente nuestro surgir y cesar continuo, sin rechazar, ni apegarse tanto… En resumen, no debo olvidar nunca que siempre soy un principiante en este camino de la sabiduría.

La imagen del árbol es un diseño del Arquitecto Daniel Ríos  para Fenomenología de la Espiritualidad.

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[1] Cf. https://pacotraver.wordpress.com/2018/04/27/la-mente-es-un-escritorio/

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LA SABIDURÍA DEL SILENCIO ANTE LA «VULNERABILIDAD DE LA NATURALEZA HUMANA»

Esfera - Camino

Aproximación a una «posibilidad sabia de la existencia humana» frente a la «cultura de la barbarie», desde la «práctica del silencio», la fenomenología y la neurociencia contemplativa.

silenciotransformante@gmail.com

Fenomenología de la Espiritualidad

 teandrico.worpress.com

 

PROGRAMA

PRELUDIO

HOMO SAPIENS SAPIENS: ¿UNA ESPECIE MALOGRADA?

PRIMERA PARTE

EL ACERTIJO DE LA ESPECIE HUMANA

«¿Qué es la vida?»

«Humanidad versus feromonas».

«El acoso de las fantasías».

Los humanos en tiempos de oscuridad.

La «cultura de la barbarie»: la «negación del pathos de la vida».

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

SEGUNDA PARTE

EL SENDERO DE LA PAZ: «LA PRESENCIA DE LA MENTE»

Neurología de la consciencia: «un misterio silencioso».

«El self viene a la mente».

«Desde que hubo sentimientos».

Los «ídolos de la mente»: instinto, religión y libertad.

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

TERCERA PARTE

EL SILENCIO: «LA SABIDURÍA DE UN FUTURO SIN ILUSIONES»

El «frágil absoluto» ante la «cultura de la barbarie».

Aprender a ver: «el conocimiento contemplativo de sí mismo».

«El saber originario de la vida».

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

EPÍLOGO

«EL TIEMPO QUE QUEDA»: La fiesta de la insignificancia.

«APRENDER EN LA OSCURIDAD Y DESDE LA OSCURIDAD»

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Leandro Posadas

     Evagrio Póntico, un monje cristiano del siglo IV, en su breve tratado espiritual, El Praktikós, recomendaba a sus discípulos a experimentar la oscuridad de sus pensamientos y emociones para tener un profundo conocimiento de sí mismos. Decía: «Si un monje quiere tener conocimiento de los demonios más crueles y familiarizarse con sus estrategias para adquirir experiencia en su arte, debe observar sus pensamientos y emociones» (Praktikós 50). Ser ser humano, es decir ser consciente de ser sintiente es saber que nuestro cuerpo-mente es la posibilidad de crear la misma experiencia de vivir, y en dicha maravillosa experiencia nos topamos segundo a segundo con emociones y pensamientos sobre nosotros mismos, sobre los demás seres sintientes, sobre la realidad que nos circunda, sea esta favorable o desfavorable.

     En la misma emancipación del sufrimiento, en la misma paz que buscamos, todos aquellos que caminamos por la vía de la atención plena y sabia, se encuentran oscuridades, tentaciones, o demonios, como decían los monjes cristianos antiguos. Si no conocemos a dichos «demonios» no podremos saber sobre la causa de tales «demonios», si no sabemos sobre su causa, tampoco sabremos sobre el cese de estos «demonios». Donde experimentamos oscuridad podemos encontrar, si somos hábiles en la sabiduría atenta y plena, la emancipación de los «demonios», independientemente de las circunstancias en las que nos encontremos.

     En esta experiencia de ser seres humanos nuestra misma naturaleza nos incita siempre a tomar partido continuamente. Sin embargo, exponiendo el versículo 403 del Dhammapada, Ajahn Munindo, siempre desde el camino de la atención plena y sabia, nos indicará que hay una opción de experimentarnos como humanos desde la aptitud, habilidad y disponibilidad de aprender de la experiencia de toparnos con la oscuridad: aprender desde ella, aprender en ella.

     Si esperamos que la vida nos ofrezca las circunstancias más aptas para poder ser y estar en este mundo estamos tomando partido como hacen los inexpertos, pero si aprendemos a ser sabios desde la oscuridad, viéndola como una maestra de la experiencia, entonces tal vez nos daremos cuenta que ser ser humano no consiste exclusivamente en buscar ansiosamente la protección para este cuerpo-mente que somos.

     He aquí la reflexión de Ajahn Munindo:

Reflexiones sobre el Dhammapada

Ajahn Munindo

27 Enero 2017.

Libre traducción del italiano por Leandro Posadas.

http://santacittarama.altervista.org/

«Quien tiene profunda comprensión;

quien ve con sabiduría.

Quien no se engancha en el camino.

Quien ha alcanzado el fin más elevado,

a ese yo lo llamo un ser grande y noble».

Dhammapada 403.

     «La idea de poder alcanzar el fin más elevado de la naturaleza humana, puede ser de inspiración en el camino espiritual. Sin embargo, no muchos caminantes de esta vía alcanzan un cierto nivel de grandeza sin caer, en algún momento en la desesperación. Lo esencial no es la sensación constante de acercarse cada vez más a la transformación interior, sino la disponibilidad de aprender de todos los aspectos de la vida mientras la vivimos. Si nos enganchamos a ideas elevadas, nos programamos a nosotros mismos para apegarnos, y en ese sentido a extraviarnos en ideas no tan elevadas. El sendero de la sabiduría nos invita a dejar ir todas las ideas y a tener fe en la tranquila aptitud de la comprensión. Las ideas van y vienen: aquellas elevadas y alentadoras; aquellas mediocres y banales; y aquellas totalmente deprimentes. Si somos hábiles aprendemos de cada una de ellas. Cuando apreciamos verdaderamente cómo funciona el conocimiento (consapevolezza) maduro, estamos dispuestos a encontrarnos con cualquier forma de oscuridad con la cual nos topemos, y no simplemente a tomar partido en la lucha por la luz».

Con amor compasivo,

Ajan Munindo.

«VEN, CONTEMPLA ESTE MUNDO DESDE LA MIRADA DE LOS SABIOS»

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Reflexiones sobre el Dhammapada

‘Traducción libre del italiano’, y comentarios por Leandro Posadas.

25.04.17

Estudiar el mundo

http://santacittarama.altervista.org/

Ven, contempla este mundo.

Míralo: es como una carroza adornada para una fiesta.

Mira como los necios (stolti) son secuestrados (rapiti)

por sus propias ideas,

mientras el sabio no alimenta el apego.

Dhammapada 171.

     Es propiamente el mundo en el que vivimos nuestro campo de estudio espiritual. Podemos aprender de todo, pero probablemente hay ocasiones en las cuales preferimos mirar a otro lado. Tomar tiempo para recargarse y renovarse es ciertamente de ayuda como enseñan los Maestros, pero en este caso, el Dhammapada nos está indicando a observar directamente el mundo, no simplemente a mirarlo desde un punto de vista y condenarlo, sino a estudiarlo; a reflexionar; a notar dónde, cuándo, y cómo somos engañados por su apariencia. Un objeto encantador como una carroza festiva puede embrujarnos, si no somos sabios. Al mismo tiempo los objetos extremadamente desagradables pueden también mentirnos. Pero, proyectar amor u odio sobre un objeto es algo extra que hacemos, y no estamos obligados a añadir nada más. Como los Maestros dicen: ‘que en el ver haya sólo el ver, sin añadir ni quitar nada’.

Con amor compasivo (Metta),

Ajahn Munindo.

     Y quien traduce, añade: darse la oportunidad de estudiar el mundo: nuestras relaciones, nuestras emociones, nuestras necesidades, nuestro país, nuestras alegrías y tristezas desde la sabiduría es una gran aventura. Estudiar nuestro cuerpo, nuestra mente, la forma en la cual nos presentamos ante los otros y ante nosotros mismos es una gran aventura: la aventura de contemplar cada cosa desde una mente serena y ecuánime. ¿Cómo mirar nuestra crisis, nuestras propias crisis desde la sabiduría? ‘Ver simplemente desde el ver, sin añadir nada más’. Para aquellos que no estén de acuerdo, les diría: simplemente darse la oportunidad, a ver qué surge. Tal vez descubramos que esta crisis es una gran maestra sobre la forma en la que nos relacionamos con las cosas, con las demás personas, con los alimentos, con el dinero, con los objetos, con la gente que consideramos diferente y que no piensa como nosotros. El mundo, nuestro cuerpo/mente, son definitivamente nuestro campo de estudio y práctica espiritual.

RECIBIR CON SABIDURÍA LA EXPERIENCIA DE SER ‘SER HUMANO’

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REFLEXIONES SOBRE EL DHAMMAPADA

‘Traducción libre’ del Italiano por Leandro Posadas

 AJAHN MUNINDO

 25.05.2017.

Libres del miedo

Perderse en el placer

produce sufrimiento;

perderse en el placer

genera miedo.

Manteniéndose libre en la experiencia del placer

el sufrimiento cesa,

¿Cómo podría existir el miedo?

Dhammapada 214.

¿Es posible convivir verdaderamente con toda la satisfacción y el dolor de la vida, y al mismo tiempo permanecer libres del sufrimiento? Claramente, nuestra confianza en la transformación de los Grandes Maestros significa que nosotros creemos que la libertad del sufrimiento es posible. Tal confianza es un eficaz incentivo y contribuye a formar la base sobre la que construimos nuestra práctica espiritual.

Y desde la perspectiva de la ‘práctica de la atención sabia y plena de las cosas tal cual son, aquí y ahora’, no nos interesa solamente aquello que experimentamos, sino además cómo aprehendemos todas nuestras experiencias. Como consecuencia de la inconsciencia (inconsapevolezza), fácilmente nos perdemos en las experiencias: aquellas dichosas; aquellas absolutamente intolerables y todas aquellas que están en el medio de ambas. Pero cuando la atención plena (consapevolezza) está bien cultivada existe la posibilidad de recibir cada experiencia sin perderse, sin obstaculizar la libertad.

Con amor compasivo,

Bhikkhu Munindo.