Mi experiencia en Vipassana

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     Escrito por Leandro Posadas

     Según el psicólogo cuantitativo Donald Hoffman la mente es algo parecido al escritorio virtual de nuestras computadoras, en el cual tenemos ordenados por medio de iconos cada tema, aplicación y materia. Según esta teoría, llamada «teoría de la interface», no vemos el mundo como es, sino como aparece en esa pantalla. «La realidad que percibidos no es la verdadera realidad, sino que lo que percibimos es una especie de escritorio virtual donde interactuamos con los objetos de una manera conveniente para nosotros. El sol, las montañas y los planetas son iconos en ese escritorio. Pero la verdadera realidad no la conocemos, está detrás y sería el equivalente al lenguaje de máquina y al hardware y a todos los componentes internos del computador […] En resumen, la mente cuando estamos despiertos es una interface que nos permite relacionarnos tanto con la realidad (de un modo que le conviene a nuestra especie), como con nuestro mundo interno»[1].

     El psiquiatra español Paco Traver en su blog Neurociencia Neurocultura en su artículo La mente es un escritorio recomienda, para mantener en buen funcionamiento este escritorio, hacer un mapa actualizado del mundo en el que vivimos lo más realista posible, es decir no del mundo que deseo, del cuerpo que deseo, de los amigos que deseo, de la vida que deseo, del país que deseo, sino de las cosas tal como son. Y recomienda hacerlo una vez al año…      

     Desde que comencé este blog, hace ya siete años, nunca he publicado crónicas autobiográficas, pero esta vez quisiera compartir con todos los que me leen la última «actualización de mi escritorio», o más precisamente mi última experiencia en un centro de práctica de silencio Vipassana, bajo las instrucciones de S. N. Goenka (1924-2013), el fundador de la Academia internacional Vipassana. Goenka fue un hombre lleno de humanidad que quiso difundir, sin sectarismo, de modo serio y bien establecido, la técnica que posiblemente practicó Siddharta Gautama para llegar a la extinción del sufrimiento en sí mismo. Es importante indicar, antes de proseguir con mi crónica, que la institución que S. N. Goenka fundó, sin fines de lucro, no es una secta religiosa en la que se debe creer ciegamente en lo que allí se enseña, tanto es así que al final del curso S. N. Goenka dice (por medio de grabaciones), que cada uno libremente tome lo bueno y deje lo que no le gusta, lo importante es comprender íntegramente la forma de practicar. En otras palabras, no se aprende Vipassana para hacerse budista, sino para comprenderse como humano.

     Vipassana (vipaśyanā), significa ver las cosas tal cual son; familiarizarse con una visión justa de las cosas y a la vez, cultivar cualidades que poseemos latentes en nuestro interior, esperando ser desarrolladas.

     Aprender y querer silenciar sabiamente este cuerpo-mente que somos, y querer explorarlo minuciosamente, no tiene nada que ver con las creencias que tengamos, o con la religión que profesemos, sino con algo más profundo: darse cuenta; comprender-se; hacerse humano; vivir sabiamente este ser consciente de ser sentiente que somos en este mundo que habitamos. Nunca olvidar que toda religión, por muy antigua que sea, no es más que una interpretación de la realidad y está sujeta siempre a un contenido histórico y cultural. Engancharse a una dogmática religiosa, en vez de hacernos libres, nos condiciona y puede llegar a obstaculizar este camino de comprensión que es la vida humana.

     Los centros Vipassana están extendidos por casi todo el mundo y ofrecen cursos de 10 días, de 20 días, de 30 días y hasta de 45 días de práctica de silencio. El horario comienza a las 4:00 a.m., y termina a las 9:30 p.m. Esta última ha sido mi cuarta experiencia en un curso de 10 días en el cual se práctica casi 11 horas diarias con algunos recesos entre práctica y práctica. Es un horario muy intenso, de mucho trabajo interior y físico, pues el cuerpo reacciona ante tantas horas en una misma postura.

     Llegué el día cero para inscribirme y acepté las condiciones que la institución me pedía: permanecer libremente en el centro desde el día cero hasta el día once cumpliendo cinco preceptos: abstenerme de matar cualquier ser vivo; abstenerme de robar; abstenerme de una conducta sexual inadecuada; abstenerme de mentir; abstenerme de todo tipo de intoxicantes. Los 10 días están dedicados a ejercitarse en tres adiestramientos: moralidad (sila); concentración y dominio de la mente (samadhi); y sabiduría, o visión cabal que purifica la mente (pañña).

     Por ser mi cuarta vez iba muy seguro de todo lo que debía y podía hacer, e iba lleno de expectativas… El primer día fue muy doloroso físicamente, y de poca concentración en la primera enseñanza sobre dicha concentración (anapana), es decir sosegar la mente a través de la observación de la respiración natural. Ese día una profunda tristeza invadió mi mente, pero el mismo ritmo de trabajo intenso disipó la ilusión lentamente. S. N. Goenka siempre repite la misma frase día tras día en sus enseñanzas: todo es Anicca: La naturaleza de todas las cosas es impermanente; surgen y cesan, nacen y mueren; y lo mismo ocurre con los objetos mentales, es decir las emociones, los pensamientos, y todo lo que la mente humana produce por ser consiente de ser sentiente. Experimentar esto no como teoría sino en el propio cuerpo-mente es una gran enseñanza. La noche de ese primer día fue de mucha alegría y de un sueño profundo y purificador.

     Un regalo que recibí fue poder dormir yo solo en una cabaña de piedra con un árbol dentro, literalmente con un árbol dentro, y con él una gran fauna de arañas, alacranes, y demás insectos, pero mi mente estaba tan tranquila que dormía plácidamente sin alarmarme por mis acompañantes. Para los que deseen ir, no preocuparse que esa cabaña sólo la usan los que ya han asistido a varios cursos, y es libre quedarse allí o no. Fue una decisión personal. El único inconveniente es que hacía mucho frío y la tercera noche pesqué un fuerte resfriado, tan fuerte que pensé en dejar el curso y romper el contrato que el día cero había hecho. Me concedieron una entrevista con los profesores asistentes y ellos me pidieron con una sonrisa que esperara un día más y si estaba convencido de irme podía hacerlo. Llevaba 3 días sin ver a nadie a la cara y sin hablar con nadie, pues una de las normas más estrictas es el noble silencio: no se puede tener contacto físico ni verbal con ningún otro estudiante. Ese cuarto día fue un día de esperanza a pesar del gran resfriado y del dolor en todo el cuerpo. Anicca, anicca, anicca. Todo es impermanente. Surge y cesa.

     Ningún estudiante puede enseñar Vipassana según la forma en la que lo estableció S. N. Goenka, pues para llegar a ser profesor asistente se requiere de una seria y comprometida formación y miles de horas de práctica, pero puede compartir la experiencia e invitar a otros a vivirla. Llevo varios años practicando Vipassana, pero sólo fue en este cuarto curso en el que comprendí la más grande verdad de dicha práctica, si bien la tenía en la teoría, mi mente y mi cuerpo se rehúsan y se rehusaban a admitirla. Y en secreto (entre ustedes y yo), es la clave de la transformación si se es fiel a dicha enseñanza: sentarse sin esperar nada, sin engancharse a nada, sin rechazar nada. Ser ecuánime, aprender a ser ecuánime (upekkha). Pero ¿Cómo ser ecuánime ante el dolor terrible en las rodillas, y en la espalda después de horas y horas de práctica? ¿Cómo ser ecuánime ante las sensaciones agradables y placenteras que surgen? Esta pregunta sólo se responde en la experiencia, no hay teoría que pueda comunicarla. Y prefiero no conceptualizar una respuesta.

     El séptimo, octavo y noveno día tomé la decisión de hacerme principiante, de volver a empezar de nuevo, de escuchar las instrucciones de S. N. Goenka, y no identificarme con lo que las sensaciones realmente placenteras (y hasta sublimes), y profundamente dolorosas me transmitían. Ha estado duro, realmente duro, pero he percibido remotamente el porqué los profesores asistentes, y las personas que llevan años practicando Vipassana, siempre tienen una sonrisa pacífica y un amor profundo y real en sus rostros.

     El día décimo, -el día de la liberación de tanto dolor-, que es el día en que ya se puede hablar en ciertas horas conversé con dos practicantes que llevan años en ello. A ambos los conozco desde que comencé a asistir al centro. Y ambos me transmitían y me transmiten paz real, no fingida, una paz que parece que se ha extinguido en la mayoría de los humanos. Una paz que no tiene que ver con las emociones; con simpatías o antipatías; con las circunstancias sean buenas o malas, o con la vulnerabilidad de esto que somos. Me acerqué al más anciano y le pregunté sobre su experiencia: de él no vino ninguna teoría sublime, ni conceptos, ni apologías, simplemente una mirada profunda y compasiva. Me dijo (entre otras cosas, -no todo puede decirse-…): «No juegue con esa vida humana que usted tiene; no se «caiga a mentiras»; practique, simplemente sea fiel, y practique; no tiene sentido venir, si se sigue jugando con las sensaciones; buscando, buscando, buscando sentir…».

     He aquí mi breve crónica sobre la última «actualización de mi escritorio», cuya finalidad ha sido simplemente transmitir mi experiencia de esos diez días de silencio arduo y trabajado, de explorar el cuerpo con mente serena «desde la punta de los dedos de los pies hasta la cima de la cabeza» una, y otra, y otra, y otra, y otra, y otra vez «con paciencia y persistencia», comprendiendo serena y alegremente nuestro surgir y cesar continuo, sin rechazar, ni apegarse tanto… En resumen, no debo olvidar nunca que siempre soy un principiante en este camino de la sabiduría.

La imagen del árbol es un diseño del Arquitecto Daniel Ríos  para Fenomenología de la Espiritualidad.

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[1] Cf. https://pacotraver.wordpress.com/2018/04/27/la-mente-es-un-escritorio/

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LA SABIDURÍA DEL SILENCIO ANTE LA «VULNERABILIDAD DE LA NATURALEZA HUMANA»

Esfera - Camino

Aproximación a una «posibilidad sabia de la existencia humana» frente a la «cultura de la barbarie», desde la «práctica del silencio», la fenomenología y la neurociencia contemplativa.

silenciotransformante@gmail.com

Fenomenología de la Espiritualidad

 teandrico.worpress.com

 

PROGRAMA

PRELUDIO

HOMO SAPIENS SAPIENS: ¿UNA ESPECIE MALOGRADA?

PRIMERA PARTE

EL ACERTIJO DE LA ESPECIE HUMANA

«¿Qué es la vida?»

«Humanidad versus feromonas».

«El acoso de las fantasías».

Los humanos en tiempos de oscuridad.

La «cultura de la barbarie»: la «negación del pathos de la vida».

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

SEGUNDA PARTE

EL SENDERO DE LA PAZ: «LA PRESENCIA DE LA MENTE»

Neurología de la consciencia: «un misterio silencioso».

«El self viene a la mente».

«Desde que hubo sentimientos».

Los «ídolos de la mente»: instinto, religión y libertad.

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

TERCERA PARTE

EL SILENCIO: «LA SABIDURÍA DE UN FUTURO SIN ILUSIONES»

El «frágil absoluto» ante la «cultura de la barbarie».

Aprender a ver: «el conocimiento contemplativo de sí mismo».

«El saber originario de la vida».

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

EPÍLOGO

«EL TIEMPO QUE QUEDA»: La fiesta de la insignificancia.

SER SABIOS EN LA «PRECARIEDAD»

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Traducción y comentarios de Leandro Posadas

Ajahn Amaro, Every Thing is Uncertain, (http://www.amaravati.org/dhamma-article-ajahn-amaro-every-thing-uncertaining/).

     Han pasado varios meses desde mi última publicación en el blog. Y quisiera presentar una libre traducción hecha por mí mismo de una conferencia de Ajahn Amaro, Every Thing is Uncertain, (‘Todo en el mundo es incierto’). Nuestra vida humana se caracteriza por la vulnerabilidad e incerteza. Muchos de nosotros afrontamos situaciones llenas de desconcierto en las cuales no sabemos cómo actuar o actuamos sin darnos cuenta de lo que hacemos.

     Desde hace muchos meses trato de seguir las noticias que se publican sobre Venezuela y nuestra situación. Y algo en mi corazón me susurraba: «no hay sabiduría aquí», no me decía a mí mismo, ‘no hay justicia’, ‘no hay libertad’, ‘no hay paz’, ‘no hay comida’, sino la frase «no hay sabiduría aquí». Y sinceramente no me convencía la gran cantidad de lamentaciones y quejas parciales que me llegaban de todos lados. Cada vez que aquellos que buscamos la sabiduría nos dejamos llevar por nuestras mentes no adiestradas generamos violencia, generamos reacciones insensatas.

     Me encontré, alegremente, con esta profunda conferencia de Ajahn Amaro, un maestro británico, budista Theravada, y sentí la necesidad de traducirla y compartirla como un humilde aporte a esta ‘situación de no sabiduría’ en la que estamos inmersos. Vivamos en situaciones de conflicto o no, los seres humanos vivimos en una sociedad que promueve la vulnerabilidad, la incerteza, la insatisfacción.

     Mi traducción no es textual, he tratado de tomar pasajes completos y dejar aquellos que forman parte de su contexto práctico original. En algunas partes he hecho comentarios o he colocado entre paréntesis mis anotaciones. Para quienes deseen leer el texto completo pueden encontrarlo en el link que he dejado al inicio de la presente entrada. He aquí la traducción:

     «El cambio de clima es una buena enseñanza sobre adaptabilidad. Un día, calurosos rayos de sol, primavera, flores, pájaros que cantan, después, vientos y nieve ¿Qué será mañana? Si somos sabios el corazón siempre se adaptará para recibir las cambiantes cualidades del presente circunstancial. Calma y movimiento; viento; luminosidad; oscuridad; elogios, críticas; beneficios y pérdidas; lo conocido y lo imprevisible».

     «Siempre que nuestra práctica espiritual, nuestra paz mental, dependa de condiciones particulares o aparentemente previsibles; haciendo las cosas en la manera que nosotros esperamos y deseamos que sean, en el mismo momento, nosotros estamos creando las causas de la insatisfacción (dukkha). ¿Por qué? Porque todo es incierto (contingente): esa es la verdadera naturaleza de todas las cosas, mentales y físicas. Si nosotros buscamos certeza y seguridad en lo que es incierto e inestable ¿qué otra cosa puede resultar sino la insatisfacción (dukkha), el estrés, y el sentimiento de injusticia y equivocación? Nosotros andamos buscando seguridad donde no podemos encontrarla; buscando previsibilidad donde no puede hallarse ¿Cómo entonces no resultar decepcionados? Si estamos buscando satisfacción en lo que no satisface, estamos buscando en el lugar erróneo. Si buscamos solidez en lo que es inestable nosotros estamos buscando en el lugar equivocado».

     Y quien traduce y comenta, reflexiona: si buscamos juventud en un cuerpo cuya naturaleza es la caducidad y la senectud, nosotros estamos buscando en el lugar equivocado. Si andamos buscando el amor verdadero, la fidelidad, la justicia, la igualdad, la comprensión, en la naturaleza humana cuya particularidad es la contradicción, entonces nosotros no conocemos sabiamente lo que es ser ser humano. En cuya contradicción cabe también, insólitamente, el amor por la verdad y la paz.

     «Las enseñanzas de los sabios maestros cristianos y orientales a lo largo de los siglos nos preparan en la calidad de la adaptabilidad para no estar buscando en los cinco agregados de la mente (khandhas: form, feeling, perception, mental formations and discriminative consciousness), y enfrascarse en una particular manera de ser felices. Si tratamos de buscar seguridad, estabilidad, en las percepciones, en las sensaciones, en las emociones, en las formaciones mentales, nosotros acabaremos decepcionados. El cuerpo, las sensaciones, las percepciones, los estados mentales, los pensamientos, y el mundo a nuestro alrededor son inestables. La estabilidad no puede hallarse en ellos».

     «… En los refugios es donde pueden encontrarse la estabilidad y la seguridad. Una mente contemplativa, es el templo de la sabiduría (vijjâ), una atención plena y una consciencia clara son los refugios… Precisamente, sentados aquí en el Templo, nosotros oímos las ráfagas del viento, y la nieve que golpea en las ventanas, pero dentro está caliente, tranquilo, pacífico. Del mismo modo, cuando el corazón toma refugio en la consciencia sintoniza con la realidad de las cosas tal como son (dhamma), consecuentemente, hay calma, seguridad y firmeza. El clima puede ser el que sea fuera del templo, del mismo modo, cuando el corazón se cimienta en la sabiduría de la realidad de las cosas tal cual son, el mundo de los sentidos, los pensamientos, las emociones, el cuerpo, pueden ser lo que sean. Deja que la lluvia caiga, que el viento sople, porque el corazón es el más grande refugio. Es confiable».

     «Cuando establecemos los refugios de ese modo, comenzamos a confiar más y más. Un corazón que confía -desde la paz del silencio interior-, puede adaptarse a las cambiantes circunstancias: a los beneficios y a las pérdidas; a la enfermedad y a la salud; a los elogios y a las críticas; a la prosperidad y a la tribulación. Y esta conformación/disposición se construye alrededor de la actitud que se cimienta en la manera en que las cosas son. El corazón no crea la percepción de la injusticia (wrongness), incluso cuando lo que es percibido, el objeto sentido, pueda ser doloroso o feo, no deseado, deplorable; el corazón no se suma al sentimiento de la ‘erroneidad’. No crea la idea de que no debería de ser así: ‘No es justo ¿Por qué la vida me está haciendo esto?’».

     «Cuando el corazón toma refugio en las enseñanzas de los grandes maestros, en la conformación con la ‘realidad tal cual es’, y en el compartir generoso con aquellas personas que quieren seguir el camino de la sabiduría y de la atención plena, no hay sentimiento de ‘erroneidad’. Todo encaja; el sosiego y los días de primavera encajan; los días tempestuosos y oscuros encajan; la amabilidad y la generosidad encajan; la violencia y el egoísmo también encajan. Darnos cuenta que somos transformables -adaptables-, es ser sinceros para reconocer que esa es la manera en que el mundo es. Y a partir de ese reconocimiento, cuando una mente despierta/atenta conoce la manera en que las cosas son… (…), responde con sanas acciones, con acciones altruistas…».

     «Sin embargo, aceptar la manera en que las cosas son no significa ser pasivo. No significa quedarse inmovilizados o insensibles, -o ser violentos precisamente porque semejantes sentimientos afloran-. Todo lo contrario, es estar totalmente solícitos y dedicados, pero no en una dedicación basada en nuestros puntos de vista, en una dedicación neurótica o idealista. Es una dedicación, por el contrario, basada en la sintonía, en la conformidad…».

     «El corazón atento y dedicado se preocupa por todos los seres, cuida de todas las cosas, pero tal atención se manifiesta en conformidad con el tiempo, el lugar y la situación. Intuye qué puede hacerse y qué no puede hacerse».

     «De ese modo, cuando una mente despierta conoce la manera en que las cosas son -la realidad tal cual es-, se da cuenta sabiamente sobre cómo debe responder a la misma realidad. Nosotros tratamos de entrenar el corazón, lo que no significa que debemos soplar alrededor del viento, sino conocer el viento. Es acomodarse a la sintonía del viento… Es estar abierto a los cambios y a las posibilidades de cada momento… Si nosotros hemos entrenado el corazón (mente-cuerpo), para sintonizar con cada circunstancia, sea de responsabilidad o de tomar distancia, el corazón permanece gratamente equilibrado en todas las diferentes situaciones. Si las cosas están tranquilas o agitadas, si el viento está tranquilo o tempestuoso, el corazón sabe que sigue siendo el mismo corazón».

     «A medida que nosotros desarrollamos nuestro refugio en las enseñanzas de los sabios maestros, en la sabia concordancia con la realidad tal cual es, y con la libertad de la generosidad, más adaptable, menos vulnerable, y más receptiva se hará nuestra vida. Más sosegado con la quietud y la soledad, con la actividad y los compromisos, porque el corazón que conoce la quietud y el silencio es el mismo que conoce la actividad y el compromiso. Es el mismo corazón, el mismo refugio…».

     «Muchas veces nosotros usamos el tiempo de los retiros y los desiertos de silencio para desarrollar destrezas espirituales en una directa, sistemática y considerable forma; nosotros desarrollamos estas capacidades en óptimas condiciones. Pero si nos hacemos dependientes de dichas condiciones, si sentimos que sólo practicando el silencio o la paz mental cuando las condiciones son perfectamente sustentadas, nosotros estamos usando dichas condiciones en una forma insensata. Nos hacemos a nosotros mismos dependientes, y en vez de ayudar al corazón para hacerse más adaptable (menos vulnerable de las circunstancias), usamos dichas condiciones para hacerlo más frágil y necesitado, y creamos más causas para sufrir en nuestras vidas».

     «Por consiguiente, nosotros debemos usar las condiciones de nuestros retiros comprendiendo que es un específico tipo de ambiente del cual tomamos ventaja no para engancharnos a ellos, sino para aprender las destrezas necesarias para aplicarlas en cada situación de nuestra vida. Es por ello que ‘tomar refugio en el propio corazón’ significa encarnarse en la consciencia plena y atenta. Encarnar la realidad, siendo la realidad…».

     «En el aprendizaje -disciplinado, constante, perseverante y sabio-, de estas destrezas, podemos ver por nosotros mismos cuán apto es el corazón humano (mente-cuerpo), para vivir desde la paz en todas las circunstancias: en la ganancia y en la pérdida; en la enfermedad y en la salud; en los elogios y en las críticas; en la felicidad y en la tribulación. El corazón está sosegado, abierto, despierto, flexible, y dispuesto para aprender. Cualquier circunstancia que la vida nos presente -cualquier cosa que venga, momento a momento, día tras día-, el corazón está pronto para aprender de cada momento, desarrollando sabiduría, comprensión, y atención».

     «… Nosotros desarrollamos estas destrezas para hacernos transformables; para tener independencia; para ser vigorosos. De ese modo el corazón no dependerá de particulares condiciones: compartir sólo con la gente que nos gusta; comer sólo lo que nos gusta; o enfrascarse en una particular rutina de vida. Independencia significa ser libre de dependencias ¡Qué bendición! ¡Qué grandioso! ¡Que regocijo! Verdadera independencia, libertad. Dejar que el mundo sea como es; dejar que el clima haga lo que quiera. Dejar que llueva, dejar que el viento sople, dejar que la nieve caiga. El corazón permanece sereno y seguro».

«HACIA UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA»

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«HACIA UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA»

Aproximación desde la práctica del silencio al cuerpo humano como ‘anclaje’ de una espiritualidad contemplativa.

silenciotransformante@gmail.com

 

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

«Lo que la ciencia no sabe».

Más allá de nuestros «automatismos egoicos»

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

¿El por qué de una espiritualidad contemplativa transformante?

El silencio como respuesta neurocientífica al fenómeno humano.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

SEGUNDA PARTE

 ¿Cuál es nuestra verdadera casa?

Consciencia plena.

Comprensión clara.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

El cuerpo como refugio del «dejar ir desde el silencio».

Las emociones y la verdadera naturaleza de la realidad.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

 TERCERA PARTE

 «Sentarse sin esperar nada a cambio».

El progreso en la ‘ecuanimidad interior’ y la ‘consciencia plena’

La actitud justa de la consciencia.

Praktiké y vida cotidiana

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

NUESTRO CUERPO: «REFUGIO DEL DEJAR IR DESDE EL SILENCIO»

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Por Leandro Posadas

«Guárdame,

dentro de la palma de tus manos.

Afuera, camina el miedo».

Memoria por Beatriz G. Cardona.

     En una reciente entrevista el biogerontólogo británico Aubrey de Grey[1], afirmó que es posible no morir por causa del envejecimiento a través de la restauración de la estructura del cuerpo: «el cuerpo humano es una maquina, pero muy compleja; arreglarlo es un proceso complejo pero no imposible». Para él, como científico, el envejecimiento «es un problema degenerativo causado por varios tipos de daños moleculares y celulares que se acumulan: las mutaciones nucleares causantes del cáncer, las mutaciones mitocondriales, la acumulación de desechos intercelulares y extracelulares, la pérdida irreversible de células, el envejecimiento celular y la proliferación de interconexiones entre células de algunos tejidos». Para Aubrey de Grey, abordar tal proceso degenerativo desde el punto de vista de la ingeniería, y utilizando la biología marcará una gran diferencia en la forma en que la ciencia trata de acercarse al fenómeno de la vejez.

     El Dr. Aubrey de Grey, académico de Cambridge, investiga la posibilidad de la recuperación de los tejidos, por medio de estrategias de bioingeniería para reparar los daños causados por el envejecimiento, y es director de la Fundación para la Investigación de la Senescencia Negligible Ingenierizada (SENS), la cual, según la presentación en su web page, se especializa en la investigación de medicina regenerativa y en la aplicación de la misma en las enfermedades producidas por el declive temporal del cuerpo. Dicha fundación afirma: «We believe that a world free of age-related disease is possible… Our goal is to help build the industry that will cure the diseases of aging». («Nosotros creemos que un mundo libre de las enfermedades relacionadas con la edad es posible… Nuestra meta es ayudar a construir una industria que curará las enfermedades del envejecimiento»).

     Ante la pregunta del por qué la gente muchas veces en el aspecto psicológico-emocional está cansada de vivir, el Dr. Aubrey responde: «Una de las razones es que no invertimos lo suficiente en educación, no le damos a la gente las suficientes habilidades para sacar lo máximo de estar vivos…»

     Las tradiciones espirituales han dedicado siglos al estudio minucioso y delicado de crear «habilidades» para sacar lo máximo de la profundidad de ser seres humanos. Dichas tradiciones siempre han considerado que ser un cuerpo y desde un cuerpo es una enseñanza muy profunda. Ser plenamente conscientes, aquí y ahora, de que dependemos de tantas condiciones para estar vivos desde un cuerpo es tener la posibilidad de crear un espacio sabio, sereno, y atento en nosotros mismos. Tal vez desde dicho espacio no ganaremos más tiempo para respirar unos años más, pero sí crearemos condiciones de sabiduría y claridad para contemplar esta experiencia de ser y estar en el mundo desde un cuerpo y una mente humana. Tal espacio nos permitirá apreciar en su totalidad el cambio permanente de la experiencia, juventud, amor, tristeza, placer, dolor, enfermedad, alegría, muerte, sin temor ni represión.

     En una profunda y a la vez hermosa conferencia titulada «La Nostra vera casa»[2] el venerable Ajahn Chah se dirigía a una mujer moribunda para hablarle sobre su cuerpo. Trataba de acompañarla en su práctica espiritual desde verdades muy profundas acerca de la naturaleza misma de ser/tener un cuerpo. Otro maestro theravada, Ajahn Sumedho, discípulo de Ajahn Chah, en una conferencia que cité en la entrada anterior «È sempre possibile ricominciare»[3] relata un fragmento de su infancia cuando en los años 50 veía un film sobre una mujer que iba a morir en la silla eléctrica. El título del film era I want to live! y su protagonista era Susan Hayward. La actriz en una escena de dicho film grita con desesperación ¡No quiero morir! y dicho grito para él permaneció como una impresión indeleble en su mente. Diez años después en su estadía en Tailandia, Ajahn Sumedho, experimentó una experiencia terrible en su cuerpo que casi lo lleva a la muerte. En dicha situación recordaba el grito de Susan Hayward ¡No quiero morir! Pero ya en aquella época, como él narra, se había establecido en él una visión correcta del presente acerca de su cuerpo y de sus emociones. Era plenamente consciente que la tendencia de las emociones es aquella de impedirnos ver las cosas tal cual son, pues las mismas tienen el poder de ser muy convincentes y nos hacen sentir que son reales y muy importantes. Las emociones como objetos mentales (que surgen y desaparecen, pues su naturaleza es el cambio y la impermanencia), repite Ajahn Sumedho, son potentes como una película melodramática, desde que surgen en el cuerpo/mente se manifiestan con apariencia de ser avasalladoramente reales y verdaderas. «Fue difícil», comenta, pero él confió en el refugio que había cultivado en sí mismo y desde el que se conoce la naturaleza cambiante de las emociones que se manifiestan muchas veces en nosotros de modo patético, sollozante y confuso. Desde allí las encontró vacías y sin consistencia, incluso «si tenían toda la fuerza de la voz de Susan Hayward. Sólo una actriz, nada más».

     En nuestra vida humana, sujeta a ser emociones y desde las emociones, por el hecho mismo de poseer un cuerpo que percibe con cada centímetro de la existencia, adquirir un conocimiento sabio y atento sobre las emociones (atención plena; mindfulness; presencia consciente; metanoia; emancipación), es realmente muy importante, sostiene Ajahn Sumedho, pues desde tal forma de contemplación de la realidad dejaremos de ser tan vulnerables; «dejaremos de ser inconscientemente seducidos por nuestras emociones y las de los demás seres humanos que habitan con nosotros; dejaremos de ser pasivamente sacudidos por las bofetadas cotidianas, los mensajes urgentes, los frenesíes y la agresividad de cada cosa y situación». Para estos maestros, el mundo desde la mente de los que no observan sabiamente, se presenta como una masa de intimidaciones, ‘urgencias’, ‘situaciones muy importantes’, profecías terribles, destructivas, desconcertantes, toda una serie de mensajes del pasado y de cosas apocalípticas, las cuales como creaciones de nuestra propia mente, fácilmente, nos pueden aprisionar, a través de la ansiedad, del miedo, y de la inseguridad, haciéndonos sentir amenazados.

     Ajahn Chah, en su conferencia a aquella mujer moribunda, nos indica: «esta masa de carne que yace aquí consumiéndose es la realidad». Esta masa de nervios, huesos, carne, articulaciones, emociones, pensamientos, reacciones, es la realidad. Y el modo justo y sabio de relacionarnos con ella es contemplándola en su naturaleza cambiante. ¿Cómo relacionarnos con la vicisitudes y aventuras del cuerpo, entendidas como sensaciones, percepciones, emociones, pensamientos, reacciones? Observándolas con sabiduría desde la experiencia directa de la verdad, de las cosas tal cual son.

     Hemos vivido muchos años con este cuerpo y desde este cuerpo; hemos sido, y somos este cuerpo. Los maestros nos invitan a observar cómo desde el momento de nuestro nacimiento estamos sujetos a cambios continuos: mostramos en nosotros los signos del uso, como la ropa nueva que una vez compramos y que hoy ha cambiado de forma y color. Muchos de nuestros dientes han sido ‘reparados’, algunos de nuestros huesos no son tan fuertes como cuando éramos jóvenes. Nuestra piel no tiene la apariencia de aquellos años… ¡Esta es nuestra naturaleza! Contemplemos, desde el silencio, esta verdad con claridad, sin engancharnos a lo que una vez fue, y sin odiar lo que hoy es. Contemplemos, exploremos, inspeccionemos cada emoción, cada pensamiento, cada sensación con sabiduría, dejando que sean tal cual son: dejando que surjan, se manifiesten y cesen.

     Ajahn Chah le dice a la mujer moribunda «no hay nada malo en tu cuerpo doliente… El sufrimiento no deriva del cuerpo, sino de un modo erróneo de pensar sobre él». Si nos enganchamos a esto que llamamos «mi» cuerpo, «mis» emociones, «mis» pensamientos, «mis» concepciones, sufriremos. Contemplar nuestros enganchamientos desde el silencio es tomar refugio en el dejar ir.

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[1] Entrevista publicada en El País titulada «Hay que ver por qué la gente se cansa de vivir»: http://elpais.com/elpais/2016/10/13/ciencia/1476353983_661713.html.

[2] Del venerabile Ajahn Chah. Ass. Santacittarama, 2007. Tutti i diritti sono riservati. Dal libro “Il Dhamma vivo”. Traduzione di Letizia Baglioni. Estratto del libro Il Dhamma vivo, su gentile concessione dell’Editore Ubaldini. Traducción del italiano de algunos pasajes al español por Leandro Posadas: http://santacittarama.altervista.org/vera_casa.htm.

[3] Del venerabile Ajahn Sumedho. Ass. Santacittarama, 20014. Tutti i diritti sono riservati. Traduzione di Carlo Duncan. Pubblicato per la prima volta in inglese Novembre 1995 nel Buddhism Now. Traducción del italiano de algunos pasajes al español por Leandro Posadas: http://santacittarama.altervista.org/sempre_ricominciare.htm.