TALLER 17 DE DICIEMBRE DE 2016:«HACIA UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA»

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«HACIA UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA»

Aproximación desde la práctica del silencio al cuerpo humano como ‘anclaje’ de una espiritualidad contemplativa.

DIRIGIDO POR: Leandro Posadas, monje benedictino.

silenciotransformante@gmail.com

teandrico.wordpress.com

 LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

 FECHA: SÁBADO 17 DE DICIEMBRE DE 2016.

 HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

 EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 40 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

EN EL ARCHIVO ADJUNTO PUEDEN ENCONTRAR EL DISEÑO DEL PROGRAMA DEL TALLER.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

«Lo que la ciencia no sabe».

Más allá de nuestros «automatismos egoicos»

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

¿El por qué de una espiritualidad contemplativa transformante?

El silencio como respuesta neurocientífica al fenómeno humano.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

SEGUNDA PARTE

 ¿Cuál es nuestra verdadera casa?

Consciencia plena.

Comprensión clara.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

El cuerpo como refugio del «dejar ir desde el silencio».

Las emociones y la verdadera naturaleza de la realidad.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

 TERCERA PARTE

 «Sentarse sin esperar nada a cambio».

El progreso en la ‘ecuanimidad interior’ y la ‘consciencia plena’

La actitud justa de la consciencia.

Praktiké y vida cotidiana

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

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SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016: EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR»

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EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR». LA PRÁCTICA ESPIRITUAL DE LOS PADRES DEL DESIERTO CRISTIANO Y LAS ENSEÑANZAS DE LOS MAESTROS ORIENTALES SE UNEN PARA OFRECER UNA PRÁCTICA ESPIRITUAL DESDE LA SABIDURÍA DE LA OBSERVACIÓN ECUÁNIME DE LOS PENSAMIENTOS Y EMOCIONES.

DIRIGIDO POR: Leandro Posadas, monje benedictino.

LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

FECHA: SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

TRAER REFECCIÓN O ALMUERZO.

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 45 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON AL TALLER ANTERIOR DEL 17 DE SEPTIEMBRE: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA:

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ELMAR SALMANN: LA REDENCIÓN ¿ERA NECESARIA UNA MUERTE CRUEL PARA SER SALVADOS?

¿Qué harás tú Dios, si yo perezco?

Yo soy tu vaso (¿si me quiebro?)

Yo soy tu agua (¿si me enturbio?)

Soy tu ropaje, soy tu oficio,

conmigo pierdes tu sentido…

¿Qué harás tú, Dios? Temor me embarga

Rainer María Rilke, Poesías.

 

En estos días en el que una gran parte de la población mundial recuerda la muerte de Jesucristo quisiera presentar unas breves reflexiones, traducciones y paráfrasis de nuestro ya citado autor Elmar Salmann, en su libro «Passi e passaggi nel Cristianesimo. Piccola mistagogia verso il mondo della fede» del capítulo ocho titulado «Discesa: il paesaggio divino come spazio aperto», en el apartado «La redenzione: il dramma dell’uomo salva-guardato».

Salmann comienza dicho apartado haciéndose meditativamente algunas interrogantes: «¿Cuál redención? ¿Cómo hablar sobre la redención sin caer en el fastidio de mitologemas insostenibles? ¿Cómo hablar de culpa, encarnación, pena, rescate? ¿Es decoroso, legítimo, humano, que Dios permanezca aglutinado en las travesías de una historia no solamente limitada, sino además sucia, equívoca y apasionada? ¿Era necesaria una muerte, una muerte cruel para redimirnos? ¿No hubiese sido mejor un mensaje de solidaridad, un acto de misericordia, un decreto, una intervención menos cruel? ¿Cuál imagen de Dios y del ser humano se presupone y se crea en este tipo de religiosidad y teología dogmática? ¿Cuál Dios puede satisfacer la razón humana y cuál razón podrá regir y cimentarse sobre las experiencias, las miserias, las torpezas y las glorias de la existencia humana? ¿Cuál Dios podrá estar a la altura de las alturas y de las bajezas del ser humano?» Es este el problema central del Cristianismo. Sólo un Dios que pueda tomar sobre sí y transformar las fracturas, la lógica mortal de la vida y de la debilidad merece su nombre: Dios. Sólo tal Dios no será inferior a las capacidades humanas de actuar y de sufrir, y podrá satisfacer no sólo la razón, sino también el corazón del hombre.

La idea central del Cristianismo, es decir, la encarnación del Verbo de Dios, no está basada en la idea de un Dios eterno, olímpico y remoto que decidió hacerse cuerpo de carne y hacer una visita a la tierra en vestidos humanos. La idea central del Cristianismo, para Elmar Salmann, es por el contrario, que la segunda persona o «prospectiva integral» es ya en Dios el principio de expresividad (Logos), de alteridad y de re-duplicación de la misma naturaleza común (imagen), de la correspondencia, principio de respuesta y recensión de correlación (Hijo), y por esto puede asumir la alteridad del mundo, y «la relación creacionística en sí mismo». Todo fue creado por vía del Verbo, y este Verbo asume una condición concreta, histórica, falible, para restablecer desde dentro la relación entre Dios y el hombre.

Para Salmann la capacidad de fallar del ser humano, o lo que el Cristianismo llama pecado, y otras tradiciones espirituales como el Budismo llaman ignorancia, ha minado la circularidad de la bendición entre cielo y tierra, y por ello Salmann considera que era necesaria una «persona» que supiese restablecer la libertad comunicativa, la reciprocidad, la racionalidad y la justicia del ser humano. Teniendo en cuenta, claramente, la corrupción de la libertad que ha perdido su orientación y su opción portadora. Teniendo presente, además, la ruptura de la comunicación y el torbellino mortífero de las venganzas y proyecciones en el que los seres humanos continuamente entramos acerca de nosotros mismos, de los demás, de nuestra historia, de nuestra vida, de nuestras emociones, y de nuestra manera de pensar y vivir esta capacidad que somos de «ser conscientes de ser sintientes».

Muchos de nosotros leyendo estas líneas podemos preguntarnos ¿Y qué? ¿para qué tanta palabrería ininteligible sobre un tópico que no nos concierne? Si nos acercamos un poco más y vemos de cerca la historia real de la humanidad, ésta pareciera cimentarse en un culto de aversión continua a la muerte. (basta salir a las calles de nuestras ciudades y respirar el aire de terror que se inhala en las esquinas acerca de la vejez, la enfermedad, el hambre, la saciedad, el aburrimiento, la soledad, la insatisfacción, la desilusión, y algunas veces también la esperanza, la solidaridad, y el amor).

En nuestros países la religión se ha convertido en un utensilio y existe casi exclusivamente para suavizar la verdad más patente de nuestra vida: ¡la muerte! La sociedad actual, ajena a la sabiduría de la vida interior, vive la muerte no como pasaje (a Dios), a un espacio de paz, de cambio, de posibilidad de regeneración, sino como final, como un abismo, como una interrupción violenta, como suspensión exterminante de una existencia desesperada que, paradójicamente, se engancha a sí misma. Para una tal visión del mundo, Dios resulta irreal o un monstruo; apariencia evanescente o concurrente que se debe eliminar; instancia de usar o fetiche remoto, anónimo y pesante. La lógica cristiana de la redención habla de la venida y sufrimiento del Verbo, como la posibilidad de salvación para el ser humano a través de un Dios-hombre que reúne en sí las voluntades divina y humana, las dos libertades, las dos visiones del mundo.

Sé que para muchos seguir hablando de dioses, encarnados o no, es un absurdo, una ideología, una forma de mito que trata de dar respuesta desde la metafísica a las gracias y des-gracias humanas. Y por ello preguntamos a nuestro autor: ¿Por qué dicha muerte violenta y remota nos ha ‘salvado’? La respuesta de Salmann no es del todo satisfactoria, pero podemos leerla como una lectura inteligente y refrescante sobre un tema difícil de encuadrar en nuestras mentes post-modernas.  Salmann responde al respecto, que un acto de amor y simple solidaridad ante la somnolenta indiferencia humana no era suficiente, hacía falta además una mirada nueva y una acción inédita: «un humano» que haga más de lo debido, y que atraviese el reino del odio, de la aversión y del rechazo; «un humano» que tome sobre sí la muerte, la violencia y el abuso en nombre de un amor y de una ben-dición inalterable; «un humano» que sepa sufrir y atravesar el impacto trágico-dramático entre «santidad divina» y la odiosa libertad humana. Es Cristo, según Salmann, quien asume todas las dimensiones del drama: su callar se hace mensaje, su humildad resulta grandeza, y su fracaso un querido y comprendido destino. En todo esto, añade nuestro autor, no existe rastro de victimismo, sino una libertad señorial que no se deja desesperar o amargar («si he actuado mal, dime en qué he faltado, sino, por qué me golpeas… ». En dicho evento se recrea el espacio de correspondencia entre Dios y el ser humano, entre Padre e Hijo; y la esencia de la libertad que es poder responder a Dios y a los otros y vivir la unidad entre la misericordia como restitución de la dignidad del otro, y la justicia como rectitud y restauración del sentido de las proporciones. P. Ricoeur, citado por Salmann, considera, que el gesto de Jesús es la conversión de la muerte como asesina en la muerte como oferta: tal sufrimiento liberador presupone y provoca conversión, pues sólo el sufrimiento, según E. Pareyson, sabe descalzar la inmensa fuerza del mal y toma sobre sí toda distancia.

La potencia de Dios, tan mal entendida en la Iglesia Católica, no es una potencia absoluta, sino una instancia que sabe de respeto, de amor, de generosidad, de fidelidad, un «poder» que crea incluso una libertad que puede desconocerlo. En este evento se revela un Dios que es en sí mismo espacio y proceso de reconocimiento y de abandono recíproco y de complacencia en el bien, pues sostiene y eleva la libertad y la dignidad de los demás desde dentro, y sabe salvaguardar las relaciones y la rectitud de cada uno. Cristo como pedagogo y como revelador de la gracia y gentileza divinas rescata al ser humano de los mecanismos del mal e instaura una práxis desprendida y benéfica entre los seres humanos.

EVAGRIO PÓNTICO: LA GULA O LA AVIDEZ, «UNA ‘ENFERMEDAD’ DE NUESTRA ÉPOCA» Y EL DAÑO QUE TRAE A NUESTRA VIDA INTERIOR

La comida y la bebida como posibilidad de liberación o de destrucción del ser humano mismo
La comida y la bebida como posibilidades de liberación o de destrucción del ser humano mismo

Ocho son según el monje del desierto cristiano, Evagrio Póntico (345-399), los pensamientos «logismoi», que engendran todo vicio y consiguientemente todo sufrimiento e infelicidad («Tratado Práctico» cap. 6) Y en ellos, afirma, se contiene cualquier otro pensamiento, o «demonio» o vicio, o pasión desordenada, o condicionamiento mental. El primero de ellos es la gula o desenfreno, tras éste se engendra la fornicación o lujuria; el tercero es el de la avaricia o avidez, el cuarto el de la tristeza o depresión, el quinto el de la ira, aversión o cólera; el sexto el de la acedia o somnolencia existencial; el séptimo el de la vanagloria o egolatría; el octavo el del orgullo o arrogancia. En el mismo capítulo nos advierte: «Que todos estos pensamientos «logismoi» turben nuestra mente, no depende de nosotros, pero que se detengan o no se detengan, o que exciten las pasiones o no las exciten, sí depende de nosotros».

El impulso de comer y beber es natural e instintivo. Tal impulso o deseo es -en un principio-, legítimo y necesario para nuestra supervivencia. Hasta aquí todo bien… La dificultad surge cuando dicho impulso se escapa de nuestra capacidad de distinguir lo necesario de lo superfluo.

En su Tratado «Antirrhetikós», o el tratado sobre la «refutación» y discernimiento de los pensamientos o pasiones «logismoi», Evagrio, por medio de un lenguaje metafórico, nos describe los aspectos positivos y negativos de tal impulso, que en un primer momento aparece en la mente del ser humano como totalmente «legítimo» e indiscutible: «El origen del fruto es la flor, y el origen de la vida práctica o espiritual es la templanza sobre el propio estomago, la cual disminuye las pasiones «logismoi», por el contrario, quien está apegado a los alimentos y bebidas superfluas acrecienta los vicios y la infelicidad» («Antirrhetikós, cap. 1)». Y en otras metáforas del mismo capítulo alude sobre el peligro de la gula, y sobre la posibilidad de «contemplación» del que aprende a discernir los pensamientos sobre la comida: 1) «Como la leña es el alimento del fuego, así los alimentos son el sustento del estomago. Mucha leña levanta una grande llama y una abundancia de alimentos nutre la codicia. La llama se extingue cuando mengua la leña, y el fin de los excesos apaga la codicia»: 2) «De aquel que tiene poder sobre la mandíbula brota una fuente de agua que genera la práctica de la contemplación»; además: 3) «Una mente serena y tranquila se alcanza con una dieta sobria, mientras una vida plena de vanas dulzuras hunde la mente en el abismo».

Evagrio, en el Tratado Práctico (TP), considera que el «pensamiento» de la gula o desenfreno en el comer, sugiere al ser humano el abandono de la vida espiritual y la consiguiente pérdida de la comprensión profunda de sí mismo (TP, cap. 7).

Los pensamientos se convierten en deseos y estos en pasiones y las pasiones en sufrimiento
Los pensamientos se convierten en deseos, los deseos en pasiones y las pasiones en sufrimiento y desdicha

Uno de los remedios contra la codicia es la templanza en el comer y el beber. El ayuno, una palabra que produce tanta antipatía en la sociedad actual, era uno de los remedios eficaces para volver a centrar la vida en lo que realmente era necesario e importante. El ayuno, según los Padres del Desierto, es simplemente poner la comida y los pensamientos sobre la comida en un balance correcto, comiendo solamente a horas determinadas. Si comemos de esta forma podemos estar en contacto con nuestros pensamientos, pues cuando nos damos cuenta de nuestras necesidades corporales de comer y beber, empezamos a notar nuestros pensamientos sobre la comida. (Cf. Funk, M., «Thoughts Mater: The practice of the Spiritual Life», 1998). Si todo lo que pensamos, nos dice Margaret Funk, se centra exclusivamente en nuestras necesidades corporales, entonces el progreso en nuestro camino interior será una meta muy lejana. Si tenemos la sabia esperanza de progresar en la paz de nuestra mente, debemos sosegar nuestros pensamientos, incluso aquellos que parecieran incuestionablemente necesarios. Si no podemos observar con ecuanimidad el pensamiento sobre lo que deseamos para nuestro cuerpo, no lograremos sosegar y pacificar los pensamientos «logismoi» más difíciles como el de la lujuria y la ira.

En los Dichos o Apotegmas de los Padres del Desierto uno de ellos nos comenta: «Hemos hallado un anciano que no bebe vino (bebida muy apreciada en la cultura mundial desde la antigüedad), y que justifica su modo de obrar con estas palabras: ‘Nosotros nos abstenemos de ciertas cosas, no porque estas cosas sean malas en sí mismas, sino porque fomentan las pasiones, que si se alimentan, nos matan espiritualmente’». En otro escrito de Evagrio Póntico se nos señala: «pesa tu pan en la balanza, y bebe agua con medida, y el espíritu de la fornicación y el desenfreno huirá de ti» («Espejo de monjes», cap. 102).

Cuando no conocemos el funcionamiento de nuestra mente, o cuando nuestra mente no está debidamente educada a través de una práctica o disciplina espiritual, los pensamientos que van y vienen pueden hacernos sus esclavos. El pensamiento sobre la comida, y la consiguiente voracidad, surge como consecuencia de una falta profunda de observación ecuánime de la mente misma. La sucesión de pensamientos: sensación de hambre (no siempre legítima), deseo de comer (no siempre necesario), pasión intensa por poseer dicho alimento o bebida trae como consecuencia una especie de ofuscación que nubla nuestra capacidad de discernir. Esta sucesión de pensamientos «logismoi», va de un deseo a otro y el ciclo se repite una y otra vez, sin nosotros ser mínimamente conscientes. Este curso irreflexivo puede llegar a convertirse en una obsesión que nos alejará de nosotros mismos, de nuestro ser más profundo, de nuestra capacidad de solidaridad hacia los demás y al final de nuestra búsqueda espiritual.

Para Margaret Funk, especialista en los Padres del Desierto, la templanza en el comer y el beber, nos ayuda a conocer nuestros pensamientos, y nos mantiene lo suficientemente dóciles para escuchar la gracia que se esconde en nuestro ser más profundo. El deseo de comer y beber inmoderadamente no debe dominar nuestra mente; la comida y la bebida son instrumentos para relacionarnos mejor con nosotros mismos, con los demás y con «Dios». Tampoco deben ser una barrera que nos aparte de la quietud profunda y de nuestra disposición hacia la meditación u oración. El resultado de una vida contemplativa es el regocijo de comer y beber inteligentemente y con gratitud (Cf. Funk, M., «Thoughts Mater: The practice of the Spiritual Life», 1998)

EVAGRIO PÓNTICO Y EL «ANTIRRHETIKÓS» O DISCERNIMIENTO DE LOS PENSAMIENTOS Y PASIONES EN LA VIDA ESPIRITUAL

Los Ocho
Los Ocho “Logismoi” u ocho pensamientos inváidos traen desdicha y sufrimiento al ser humano

Los maestros espirituales de los primeros siglos del Desierto Cristiano, los llamados «Padres del Desierto», después de años de observación y de práctica espiritual, nos legaron varios «métodos» para purificar nuestra mente y llegar a un estado de paz y tranquilidad, con el fin de prepararnos para el camino espiritual.

Uno de dichos «métodos», del que quisiera presentar brevemente algunas anotaciones, es el método «ANTIRRHETIKÓS», del que Evagrio Póntico fue uno de los mayores exponentes, pues escribió un tratado entero sobre dicha práctica espiritual. Llamado también «método refutatorio», tiene como idea fundamental aprender a discernir y refutar las insinuaciones del «demonio» en la mente del buscador o buscadora espiritual. En artículos anteriores hemos hecho referencia, frecuentemente, a lo que Evagrio y los demás Padres del desierto entendían por «demonio». Cuando hablamos del «demonio» en este contexto, substancialmente, hacemos referencia a todo lo que puede llegar a ser un obstáculo en el progreso interior, en especial, los «condicionamientos mentales», o lo que los mismos «filósofos del Desierto», sistematizaron como los «ocho espíritus malvados». Los cuales son mencionados por Evagrio Póntico y Juan Casiano en sus obras principales. Para el Oriente cristiano los ocho «logismoi», pensamientos, vicios, o tentaciones que turban la mente del buscardor o buscadora espiritual son: avidez o gula, fornicación o lujuria, codicia o avaricia, tristeza o angustia, ira o aversión, acedia, vanidad y orgullo. Juan Casiano (360 d. C.), invitaba a sus monjes y discípulos a buscar a Dios por medio del conocimiento y la estabilización de sus pensamientos.

La renuncia a nuestros pensamientos «logismoi», o condicionamientos mentales, según la monja benedictina, Margaret Funk, especialista en los escritos de Juan Casiano, y autora del libro «Thoughts Matter: The Practice of the Spiritual Life», es la base para iniciar un camino interior de transformación, humanización y liberación de nuestras ataduras «mundanas», con el fin de acercarnos cada vez más a nuestra propia profundidad y descubrirnos seres esencialmente espirituales.

Los pensamientos pueden llegar a convertirse en deseos y finalmente en pasiones. Para el Buda del «deseo surge el sufrimiento, del deseo surge el miedo. Para aquel que está libre de deseo, ni hay sufrimiento, ni mucho menos miedo» («Dhammapada»). Margaret Funk, trabaja actualmente en el Consejo Monástico de Diálogo Interreligioso, y fue allí donde por medio del acercamiento hacia las demás tradiciones espirituales, especialmente al Budismo y al Hinduismo, se percató de la importancia del conocimiento y observación del funcionamiento de la mente en nuestro progreso espiritual. Al escuchar a los maestros orientales, reflexionó acerca de las correspondencias que existen en las auténticas tradiciones religiosas alrededor del mundo sobre la vida espiritual. El Cristianismo también posee una rica tradición en la observación de la mente humana, encabezada principalmente por los Padres del Desierto, y posteriormente por los místicos y místicas que nos han precedido en la búsqueda interior. Nombres como Dionisio Areopagita, Meister Eckhart, Taulero, Suso, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, entre muchos otros.

En el capítulo primero del mencionado libro de Margaret Funk, «Thoughts Matter: The Practice of the Spiritual Life», ella profundiza por medio de un lenguaje actual, fresco, ameno y eficiente sobre la importancia de los pensamientos en la vida espiritual. Afirma que todos aquellos que buscamos seriamente, ya sea a «Dios», ya sea mayor profundidad e interioridad en nuestra vida espiritual, «debemos entrenar nuestras mentes para mantener nuestras metas siempre al frente de nuestra mente consciente». Después de años en el monasterio ella se dio cuenta que el objetivo principal de la vida monástica es «la preparación de la persona para la vida interior», y percibió con asombró el poder positivo o negativo, que tienen los pensamientos cuando se entra en contacto consigo mismo. No es necesario entrar en un convento o monasterio y hacerse monja o monje para iniciar un serio camino interior, nos dice, sino que la práctica espiritual puede llevarse acabo desde cualquier lugar o situación en la que nos encontremos en nuestra vida.