TALLER SÁBADO 2 DE DICIEMBRE DE 2017: LA SABIDURÍA DEL SILENCIO ANTE LA «VULNERABILIDAD DE LA NATURALEZA HUMANA»

Esfera - Jaula de Cristal 2

Divagaciones sobre una «posibilidad sabia de la existencia humana» frente a la «cultura de la barbarie», desde la «práctica del silencio», la fenomenología y la neurociencia contemplativa.

Dirigido por Leandro Posadas, OSB.

silenciotransformante@gmail.com

Fenomenología de la Espiritualidad

 teandrico.worpress.com

PROGRAMA

PRELUDIO

EL ACERTIJO DE LA ESPECIE HUMANA

PRIMERA PARTE

NEUROFILOSOFÍA DE LA CONSCIENCIA: UN «MISTERIO SILENCIOSO»

«La actividad de la consciencia»

«¿Sabemos lo que somos?».

El hemisferio izquierdo: «la sensación de un yo unificador».

¿Es realmente real la realidad?

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

INTERLUDIO

«DESDE QUE HUBO SENTIMIENTOS»

SEGUNDA PARTE

LA «CULTURA DE LA BARBARIE»:

El «acoso de las fantasías» y la «negación del pathos de la vida».

«La sociedad de la indignación».

«Nuestra actitud ante el mundo».

La «práctica de la barbarie» versus la «práctica de la sabiduría».

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

TERCERA PARTE

«LA SABIDURÍA DE UN FUTURO SIN ILUSIONES»:

«El saber originario de la vida».

«La sabiduría no es una utopía».

Aprender a ver: «el conocimiento contemplativo de sí mismo».

«El silencio como continuo desafío».

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

INFORMACIÓN

LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ.

FECHA: SÁBADO 2 DE DICIEMBRE de 2017.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA RESERVAR  SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-6449788 – 0416-4718185.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE CUATRO CONFERENCIAS DE 35 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

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TALLER SÁBADO 4 DE NOVIEMBRE DE 2017: LA SABIDURÍA DEL SILENCIO ANTE LA «VULNERABILIDAD DE LA NATURALEZA HUMANA»

Esfera - Camino

Aproximación a una «posibilidad sabia de la existencia humana» frente a la «cultura de la barbarie», desde la «práctica del silencio», la fenomenología y la neurociencia contemplativa.

Dirigido por Leandro Posadas, monje benedictino de la Abadía San José.

silenciotransformante@gmail.com

Fenomenología de la Espiritualidad

 teandrico.worpress.com

LUGAR: HOTEL JW MARRIOTT CARACAS, Urb. EL ROSAL.  

Dirección: Av. Venezuela con calle Mohedano, Caracas.

FECHA: SÁBADO 4 de Noviembre de 2017.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-6449788 -– 0424-4546939 – 0416-4718185.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE CUATRO CONFERENCIAS DE 35 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA

PRELUDIO

HOMO SAPIENS SAPIENS: ¿UNA ESPECIE MALOGRADA?

PRIMERA PARTE

EL ACERTIJO DE LA ESPECIE HUMANA

«¿Qué es la vida?»

«Humanidad versus feromonas».

«El acoso de las fantasías».

Los humanos en tiempos de oscuridad.

La «cultura de la barbarie»: la «negación del pathos de la vida».

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

SEGUNDA PARTE

EL SENDERO DE LA PAZ: «LA PRESENCIA DE LA MENTE»

Neurología de la consciencia: «un misterio silencioso».

«El self viene a la mente».

«Desde que hubo sentimientos».

Los «ídolos de la mente»: instinto, religión y libertad.

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

TERCERA PARTE

EL SILENCIO: «LA SABIDURÍA DE UN FUTURO SIN ILUSIONES»

El «frágil absoluto» ante la «cultura de la barbarie».

Aprender a ver: «el conocimiento contemplativo de sí mismo».

«El saber originario de la vida».

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

EPÍLOGO

«EL TIEMPO QUE QUEDA»: La fiesta de la insignificancia.

VENEZUELA: «¿UNA HERENCIA INCÓMODA?»

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La cultura desempeña un papel importante en el comportamiento económico de la gente

Escrito y compendiado por Leandro Posadas.

     Hace un par de meses un visitante de nuestro monasterio me comentaba sus inquietudes sobre la crisis social, económica, política y humanitaria que atraviesa el país. Y me llamó la atención que repetía la frase «ya hemos aprendido, viene una etapa de recuperación y de paz». En el fondo me parecía una consideración muy incauta e ingenua.

     Leyendo el libro de Nicholas Wade, el cual es realmente «incómodo», pero a la vez muy sugerente, me pareció oportuno compartir algunos enunciados que este autor plantea acerca de la relación entre genética, cultura, raza, sociedad y economía, y su posible relación con esta situación de «no-sabiduría» que atraviesa nuestro país.

     Ninguno de nosotros, los que habitamos este variopinto país, queremos sufrir, en eso estamos todos de acuerdo. Sin embargo, esta crisis es una gran enseñanza, tanto para nosotros como para las generaciones futuras. Una enseñanza sobre cómo ser digna y sabiamente seres humanos en una situación al parecer nada favorable para la protección de nuestro cuerpo, de nuestras emociones, nuestros deseos, nuestras concepciones; nuestra forma de concebir la vida y el mundo. De algo estoy seguro: no hemos aprendido suficiente, no porque aún no nos estemos comiendo unos a otros debido a la hambruna, sino porque, según Nicholas Wade, las razones que hacen que un país o región prospere y aprenda de sus errores son «su ética de trabajo, su propensión a la no-violencia, la inversión, el trabajo duro, la educación, la organización y la disciplina».

     Hace un par de semanas me enviaron un archivo de un escritor venezolano relacionado con la migración de tantos venezolanos hacia destinos muy variados. En dicho escrito el autor comentaba las razones por las cuales debíamos quedarnos: «el Salto Ángel, los páramos andinos, los Médanos de Coro, las mujeres hermosas, la simpatía de la gente, el deseo de trabajar para reconstruir lo que se ha ido deteriorando… etc.». Un texto romántico, como los guiones que dicho autor escribe para las telenovelas de las tardes en este país caribeño. Hace algunos años uno de mis profesores (de origen alemán), me decía que nosotros los latinos somos ‘muy’ propensos a usar adverbios de cantidad (muy, mucho, ‘el más grande’, ‘la mejor de todas’, ‘el más rico’, ‘la más bella’,  etc…). Los venezolanos tenemos insertadas en nuestra naturaleza ideas deformadas sobre nosotros mismos: «fuimos el país más rico del mundo», me dijo alguien hace poco… «La policía venezolana era la mejor del mundo»… me dijo otro hace unas semanas… «Somos el país más violento del mundo» comentamos en las calles… «Somos el país más corrupto» afirmamos unánimes.

     Los párrafos compendiados están tomados del capítulo siete «La reconstrucción de la naturaleza humana», del apartado «El problema del desarrollo económico» del libro «Una herencia incómoda. Genes, raza, e historia humana» del escritor inglés Nicholas Wade del año 2015. Dichos breves compendios tienen como finalidad presentar, a mi parecer, una visión perspicaz, reflexiva, y ajena de ideologías y posturas vehementes acerca de ser ser humano venezolano hoy.

     El libro como su título indica propone una visión comprometida y polémica acerca de la relación entre raza, cultura y economía, pero siguiendo los consejos de Javier Sanpedro, sería bueno leerlo «sin escándalo, dejando en suspenso el dogma recibido, inclinando la cabeza en el ángulo adecuado para entender el argumento del otro. Así se construyen las sociedades abiertas». Sin embargo, yo he dejado de lado aquellas afirmaciones del autor que podrían generar demasiada aprensión, con el fin de ser lo más objetivo posible y allanar mi punto de vista, sin caer en polémicas.

    Sin más preámbulos, he aquí mi compendio:

     Cada una de las principales civilizaciones ha desarrollado las instituciones apropiadas para sus circunstancias y supervivencia. Pero dichas instituciones aunque fuertemente impregnadas de tradiciones culturales, se fundamentan en una base de comportamiento humano conformado genéticamente. Y cuando una civilización produce un conjunto distintivo de instituciones que resisten durante muchas generaciones, esta es la señal de una serie de variaciones de apoyo en los genes que influyen sobre el comportamiento social humano.

     Desde la invención de la agricultura, en casi todas las sociedades la mayoría de la gente, excepción hecha de la élite gobernante, ha vivido bajo condiciones rigurosas. Pero, en el caso de Inglaterra cambios de comportamiento en su población desde el 1200 a 1800 fueron de una importancia económica enorme. Transformaron gradualmente una población campesina violenta e indisciplinada en una fuerza laboral eficiente y productiva. Ir a trabajar puntualmente cada día y soportar ocho horas o más de trabajo repetitivo está lejos de ser un comportamiento humano natural, pero las sociedades agrarias exigieron desde sus inicios la disciplina para trabajar en los campos, y plantar y cosechar en las épocas adecuadas.

     Si se proporciona capital suficiente y se imponen instituciones favorables para los negocios, con toda seguridad se producirá un robusto crecimiento económico. Una prueba clara de este efecto parece haberlo proporcionado el Plan Marshall, que ayudó a revivir a las economías europeas después de la Segunda Guerra Mundial.

    Sobre la base de esta teoría, Occidente ha gastado a lo largo de los últimos 50 años unos 2,3 billones de dólares en ayuda, sin conseguir mejorar el nivel de vida de los africanos. ¿Acaso hay algo que no funciona del todo en la teoría? ¿Acaso las unidades humanas de las economías mundiales serían menos completamente intercambiables de lo que asume la teoría económica, con la consecuencia de que las variaciones en su naturaleza, como su preferencia temporal, su ética del trabajo y su propensión a la violencia, tendrían algún efecto sobre las decisiones económicas que toman? Estudiosos interesados en el desarrollo han comenzado a sugerir que quizá las personas importen… Su sugerencia es que la cultura desempeña un papel importante en el comportamiento económico de la gente.

     A principios de la década de 1960, Ghana y Corea del Sur tenían economías similares y parecidos niveles de producto interior bruto per cápita. Unos treinta años después, Corea del Sur se había convertido en la decimocuarta economía principal del mundo, y exportaba artículos manufacturados muy elaborados. Ghana se había estancado, y su PIB había caído hasta ser la quinceava parte del de Corea del Sur. «Me parecía que la cultura tenía que ser una gran parte de la explicación», señalaba el científico Samuel Huntington al considerar esta divergencia de destinos económicos. «Los coreanos del sur valoraban la frugalidad, la inversión, el trabajo duro, la educación, la organización y la disciplina. Los ghaneses tenían valores diferentes».

     El economista Jeffrey Sachs, defensor incansable del aumento de la ayuda, ha admitido la posibilidad de que la cultura pueda desempeñar algún papel menor en las diferencias de desarrollo económico. Aunque «las grandes divisiones entre países ricos y pobres tiene que ver con la geografía y la política», escribe Sachs, «no obstante, hay en efecto algunos indicios de fenómenos mediados culturalmente».

     «Vistas desde dentro, las sociedades africanas son como un equipo de fútbol en el que, como resultado de rivalidades personales y de la carencia de espíritu de equipo, un jugador no pasará el balón a otro por miedo a que este pudiera marcar un gol. ¿Cómo podemos esperar ganar el partido? En nuestras repúblicas, las personas situadas fuera del ‘cemento’ étnico… tienen una identificación mutua tan reducida que la mera existencia del estado es un milagro», escribe Daniel Etoungaman-Manguelle, un economista camerunés.

     África y gran parte de Oriente Medio siguen siendo esencialmente tribales. El tribalismo tiene una triste reputación porque la organización tribal es incompatible con la de un estado moderno. El tribalismo descansa sobre la idea de la protección de grupo. Cuando un gobierno no proporciona el sistema legal en que un ciudadano puede buscar y conseguir justicia, en su lugar la gente depende de sus parientes… El sistema tribal tiene como defecto grave la dependencia de la fuerza y de la lealtad al grupo y no a la ley. En términos de política nacional el espíritu del tribalismo conduce al «monopolio del poder, opresión despiadada de los oponentes y acumulación de beneficios. En resumen, es una receta para el despotismo, para la tiranía», escribe Philip Salzman, un antropólogo de la Universidad McGill.

     «Un sistema político controlado por elites, por más que esté embellecido con aderezos democráticos, no producirá resultados que propicien la seguridad humana para todos los ciudadanos», predicen los autores árabes en un informe de las Naciones Unidas sobre el desarrollo árabe.

     En gran parte de África, el modo de gobierno estándar es la cleptocracia: quien obtiene el poder lo usa para enriquecer a su familia y a su tribu, que es la manera en que siempre se ha usado el poder en los sistemas tribales. Las instituciones extractivas son generales en África, en particular en países ricos en recursos naturales. La corrupción es desenfrenada y muchos servicios para los pobres son desviados por las elites, que dejan sólo un hilillo para los receptores a los que iban destinados.

     La raíz del problema, cree Meredicth, es que los líderes africanos no han conseguido proporcionar un gobierno efectivo. «África ha sufrido lastimosamente a manos de sus grandes hombres y de las elites gobernantes», escribe. «Su preocupación, por encima de todo, ha sido conservar el poder con el propósito de enriquecerse… Gran parte de las riquezas que han adquirido se ha despilfarrado en una vida de lujo o se han escondido en cuentas bancarias en otros países o en inversiones en el extranjero. El Banco Mundial ha estimado que el 40% de las riquezas privadas de África se hallan fueran del continente. Su brega por conseguir riquezas ha generado una cultura de corrupción que impregna todos los niveles de la sociedad». Tan grave como la fuga de capital es la fuga de personas capaces y educadas. El periodista Richard Dowden estima que 70.000 personas calificadas se marchan del continente africano cada año.

     África al sur del Sahara está arruinada por la violencia frecuente, y alrededor de la tercera parte de sus países se encuentra en la actualidad implicada en conflictos. Sudán, desde su independencia en 1956, ha estado enzarzado en una serie de guerras civiles. El Congo es una región de calamidades sin fin. Nigeria, maldita por el petróleo, es un mar de corrupción aquejado de disputas regionales.

     La entrada al mundo industrial moderno tiene requerimientos, uno de ellos es la transformación de los rasgos sociales de una población desde el comportamiento violento, a corto plazo, impulsivo, típico de muchas sociedades de cazadores-recolectores y tribales, hasta el comportamiento más disciplinado y orientado al futuro.

     Los coreanos del norte y del sur son probablemente muy similares entre sí desde el punto de vista genético, pero los habitantes de Corea del Norte son pobres mientras que Corea del Sur ha desarrollado una economía de tigre que es postmalthusiana, moderna y próspera. La diferencia, evidentemente, no reside en los genes o la geografía de los dos países, sino en el hecho de que el mismo conjunto de comportamientos sociales puede soportar instituciones buenas o malas. Corea del Norte carece de derechos de propiedad o de un sistema judicial fiable, lo que proporciona a la gente pocos incentivos para invertir en el futuro, puesto que el estado puede confiscar las propiedades a voluntad.

     En 2011, los coreanos del sur se habían hecho casi 18 veces más ricos que sus antiguos compatriotas del norte, con un PIB per cápita estimado en 32.100 dólares, comparado con un PIB de 1.800 dólares en Corea del Norte.

     El hecho de que China, Japón y Corea del Sur desarrollaran economías modernas tan fácilmente, una vez que se establecieron las instituciones apropiadas, es prueba de que sus poblaciones, como las de Europa, habían experimentado cambios de comportamiento equivalentes a los que se han documentado en Inglaterra desde el año 1200.

     El comportamiento social, sea cual sea su grado de fundamento cultural o genético, puede ser modulado por la educación y los incentivos, de modo que un mejor conocimiento de su papel en el rendimiento económico podría tener consecuencias prácticas. Los que ignoran la cultura ignoran también «una parte importante de la explicación de por qué algunas sociedades o grupos etnorreligiosos se desempeñan mejor que otros con respecto al gobierno democrático, la justicia social y la prosperidad», escribe el experto en desarrollo Lawrence Harrison.

     La relación entre raza y cultura es evidente en el experimento bien conocido que pusieron en marcha las migraciones humanas. Consideremos el caso de los inmigrantes japoneses a los Estados Unidos. Llegaron como jornaleros agrícolas a Hawái a finales del siglo XIX para trabajar en el cultivo de la caña de azúcar y posteriormente se trasladaron al continente y se labraron una reputación de trabajo duro. En 1959, los americanos de origen japonés ganaban los mismos ingresos familiares que los de origen europeo, y en 1990 sus ingresos eran 45% superiores.

     En el Perú, los trabajadores japoneses consiguieron una reputación de trabajo duro, integridad y honestidad, y tuvieron tanto éxito tanto en la agricultura como en la industria. En Brasil, los colonos japoneses resultaron eficientes, industriosos y respetuosos de la ley. A medida que prosperaban, entraron en los negocios bancarios y fabriles y llegaron a poseer en Brasil casi 75% de la superficie de terreno que hay en Japón.

     La inmigración china importante hacia los Estados Unidos se inició en 1850 con la fiebre del oro de California. Aunque a menudo sólo se les permitía dedicarse a la minería en aquellas áreas que otros consideraban improductivas, los chinos persistieron y prosperaron donde otros no pudieron.

     En los Estados Unidos, muchos inmigrantes alemanes se dedicaron a la agricultura y fueron más productivos que muchos otros grupos. «Eran ampliamente conocidos por su diligencia, austeridad, pulcritud, puntualidad y formalidad a la hora de cumplir sus obligaciones financieras», indica Sowell.

     Trabajo duro, eficiencia y cohesión del grupo caracterizan el comportamiento de los grupos migrantes de asiáticos orientales (China y Japón), y Europeos. Es particularmente notable que japoneses y chinos lleguen a alcanzar niveles de vida superiores a la media en los Estados Unidos, compitiendo contra la población predominantemente europea.

     Cuando Corea del Norte adopte instituciones favorables al mercado, una predicción segura es que con el tiempo se hará tan próspera como Corea del Sur. Sería bastante menos seguro predecir que Guinea Ecuatorial o Haití sólo necesitan mejores instituciones para alcanzar una economía moderna; quizá sus gentes no han tenido la oportunidad de desarrollar los comportamientos profundamente arraigados de confianza, no violencia y austeridad que una economía productiva requiere.

     Una investigación muy encomiada sobre la naturaleza de la pobreza nacional es el reciente libro Why Nations Fail de Daron Acemoğlu, un economista y James Robinson, un científico político, ambos coinciden al considerar que las instituciones son fundamentales para comprender cómo funcionan las sociedades humanas. Según ambos autores los científicos sociales e historiadores no han logrado ofrecer una explicación convincente acerca de la desigualdad sustancial. La mayoría de las hipótesis que los científicos sociales han propuesto para los orígenes de la pobreza y la prosperidad sencillamente no funcionan, y no consiguen explicar de manera convincente el estado de las cosas.

     Las tesis de ambos autores para tratar de explicar la desigualdad es que existen instituciones buenas e instituciones malas, o como ellos las denominan, instituciones extractivas o inclusivas. Las instituciones malas, extractivas, son aquellas en las que una pequeña elite extorsiona todo lo que puede de los recursos productivos de una sociedad. La elite se opone al cambio tecnológico porque desorganiza el orden político y económico necesario para mantener su posición. Mediante su avaricia, la elite empobrece a todos los demás e impide el progreso. Un círculo vicioso permanente entre las instituciones políticas y económicas extractivas de la sociedad mantiene el estancamiento continuado.

     Las instituciones buenas, inclusivas, por el contrario, son aquellas en las que el poder político y el económico se comparten ampliamente. El imperio de la ley y los derechos de propiedad recompensan el esfuerzo. No hay sector de la sociedad que sea lo bastante poderoso para bloquear el cambio económico. Un círculo virtuoso entre la política y la economía mantiene una prosperidad creciente.

     Si las instituciones inclusivas son la única cosa que importa a la hora de conseguir la prosperidad, de ahí se sigue que la ayuda exterior es inútil a menos que empiece una reforma institucional. Pero este casi nunca es el caso, porque las elites gobernantes se resisten a estas condiciones, dado que las reformas pondrían en peligro sus intereses. Tal como explican Acemoğlu y Robinson, «Los países necesitan instituciones económicas y políticas inclusivas para romper el ciclo de pobreza. Típicamente, la ayuda exterior puede hacer poco al respecto, y ciertamente no de la manera en que la actualidad está organizada».

    Ambos autores además piensan que las instituciones son modeladas por la historia, pero que la historia se mueve en una «senda contingente», es decir que es una sucesión de accidentes.

     Los países ricos tienen economías no tribales, basadas en la confianza e instituciones favorables. Los países pobres son los que no se han librado totalmente del tribalismo y del trabajo bajo instituciones extractivas que reflejan su limitado radio de confianza.

     Si bien los párrafos anteriores no mencionan explícitamente el caso de América del Sur, nosotros podemos hasta cierto punto hacer una trasposición y tratar de ver la situación de «no-sabiduría» en la que nos encontramos en Venezuela y conjeturar que muchos de los planteamientos propuestos por Wade y los autores por él citados encajan, si no a la perfección, sí para tener una visión lúcida y a la vez desafiante del por qué aún no estamos preparados para acercarnos a un cambio digno, honrado, igualitario, justo, pacífico, y disciplinado de nuestra sociedad.

     Este estado de «no-sabiduría» nos invita a estar preparados interiormente para aprender de nuestra misma vulnerabilidad, de nuestra misma resistencia a la disciplina, al esfuerzo, al trabajo duro; de nuestra condición dramática como sociedad, y a la vez a tener la gallardía de mirar y vivir desde la esperanza, desde la honradez, desde la creatividad: tal vez, de ese modo, nos daremos cuenta, sabiamente, que los humanos no hemos venido simplemente a este planeta para satisfacer nuestro cuerpo y nuestras concepciones.

     Somos parte de la historia de la humanidad, formamos parte de la narración de esta raza desvalida que surgió hace más de 200.000 años, necesitada continuamente de compensaciones frente a la prepotencia y «absolutismo de la realidad». Siguiendo al filósofo Hans Blumenberg debemos «abogar por una honesta cultura de la contingencia, asumida individualmente», en la cual sin importar la situación exterior que nos circunda, favorable o desfavorable, nosotros podamos asumir y contemplar la vida como una «gran enseñanza»: ser ser humano es una gran enseñanza, tan grande y profunda como la gloriosa sencillez misma del brote de una flor, o el fugaz rocío de estas mañanas lluviosas de agosto.

     Sé que no respondo a ninguna interrogante apremiante de estos días oscuros y ansiosos, pero como menciona Isidoro Reguera en una recensión a Blumenberg: «debemos conservar todo, recordarlo todo, especialmente las grandes preguntas, que no han de desaparecer sólo porque no puedan responderse, sólo porque no tengan sentido lógico o porque desde él no sean pregunta alguna (ya que no tienen respuesta)».

TALLER 2 DE SEPTIEMBRE DE 2017: «LA VIDA HUMANA COMO BÚSQUEDA DE LA SABIDURÍA Y EL RIESGO DE SER HOMO SAPIENS»

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LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ.

FECHA: SÁBADO 2 de Septiembre de 2017.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 35 MINUTOS Y CUATRO MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

SER SABIOS EN LA «PRECARIEDAD»

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Traducción y comentarios de Leandro Posadas

Ajahn Amaro, Every Thing is Uncertain, (http://www.amaravati.org/dhamma-article-ajahn-amaro-every-thing-uncertaining/).

     Han pasado varios meses desde mi última publicación en el blog. Y quisiera presentar una libre traducción hecha por mí mismo de una conferencia de Ajahn Amaro, Every Thing is Uncertain, (‘Todo en el mundo es incierto’). Nuestra vida humana se caracteriza por la vulnerabilidad e incerteza. Muchos de nosotros afrontamos situaciones llenas de desconcierto en las cuales no sabemos cómo actuar o actuamos sin darnos cuenta de lo que hacemos.

     Desde hace muchos meses trato de seguir las noticias que se publican sobre Venezuela y nuestra situación. Y algo en mi corazón me susurraba: «no hay sabiduría aquí», no me decía a mí mismo, ‘no hay justicia’, ‘no hay libertad’, ‘no hay paz’, ‘no hay comida’, sino la frase «no hay sabiduría aquí». Y sinceramente no me convencía la gran cantidad de lamentaciones y quejas parciales que me llegaban de todos lados. Cada vez que aquellos que buscamos la sabiduría nos dejamos llevar por nuestras mentes no adiestradas generamos violencia, generamos reacciones insensatas.

     Me encontré, alegremente, con esta profunda conferencia de Ajahn Amaro, un maestro británico, budista Theravada, y sentí la necesidad de traducirla y compartirla como un humilde aporte a esta ‘situación de no sabiduría’ en la que estamos inmersos. Vivamos en situaciones de conflicto o no, los seres humanos vivimos en una sociedad que promueve la vulnerabilidad, la incerteza, la insatisfacción.

     Mi traducción no es textual, he tratado de tomar pasajes completos y dejar aquellos que forman parte de su contexto práctico original. En algunas partes he hecho comentarios o he colocado entre paréntesis mis anotaciones. Para quienes deseen leer el texto completo pueden encontrarlo en el link que he dejado al inicio de la presente entrada. He aquí la traducción:

     «El cambio de clima es una buena enseñanza sobre adaptabilidad. Un día, calurosos rayos de sol, primavera, flores, pájaros que cantan, después, vientos y nieve ¿Qué será mañana? Si somos sabios el corazón siempre se adaptará para recibir las cambiantes cualidades del presente circunstancial. Calma y movimiento; viento; luminosidad; oscuridad; elogios, críticas; beneficios y pérdidas; lo conocido y lo imprevisible».

     «Siempre que nuestra práctica espiritual, nuestra paz mental, dependa de condiciones particulares o aparentemente previsibles; haciendo las cosas en la manera que nosotros esperamos y deseamos que sean, en el mismo momento, nosotros estamos creando las causas de la insatisfacción (dukkha). ¿Por qué? Porque todo es incierto (contingente): esa es la verdadera naturaleza de todas las cosas, mentales y físicas. Si nosotros buscamos certeza y seguridad en lo que es incierto e inestable ¿qué otra cosa puede resultar sino la insatisfacción (dukkha), el estrés, y el sentimiento de injusticia y equivocación? Nosotros andamos buscando seguridad donde no podemos encontrarla; buscando previsibilidad donde no puede hallarse ¿Cómo entonces no resultar decepcionados? Si estamos buscando satisfacción en lo que no satisface, estamos buscando en el lugar erróneo. Si buscamos solidez en lo que es inestable nosotros estamos buscando en el lugar equivocado».

     Y quien traduce y comenta, reflexiona: si buscamos juventud en un cuerpo cuya naturaleza es la caducidad y la senectud, nosotros estamos buscando en el lugar equivocado. Si andamos buscando el amor verdadero, la fidelidad, la justicia, la igualdad, la comprensión, en la naturaleza humana cuya particularidad es la contradicción, entonces nosotros no conocemos sabiamente lo que es ser ser humano. En cuya contradicción cabe también, insólitamente, el amor por la verdad y la paz.

     «Las enseñanzas de los sabios maestros cristianos y orientales a lo largo de los siglos nos preparan en la calidad de la adaptabilidad para no estar buscando en los cinco agregados de la mente (khandhas: form, feeling, perception, mental formations and discriminative consciousness), y enfrascarse en una particular manera de ser felices. Si tratamos de buscar seguridad, estabilidad, en las percepciones, en las sensaciones, en las emociones, en las formaciones mentales, nosotros acabaremos decepcionados. El cuerpo, las sensaciones, las percepciones, los estados mentales, los pensamientos, y el mundo a nuestro alrededor son inestables. La estabilidad no puede hallarse en ellos».

     «… En los refugios es donde pueden encontrarse la estabilidad y la seguridad. Una mente contemplativa, es el templo de la sabiduría (vijjâ), una atención plena y una consciencia clara son los refugios… Precisamente, sentados aquí en el Templo, nosotros oímos las ráfagas del viento, y la nieve que golpea en las ventanas, pero dentro está caliente, tranquilo, pacífico. Del mismo modo, cuando el corazón toma refugio en la consciencia sintoniza con la realidad de las cosas tal como son (dhamma), consecuentemente, hay calma, seguridad y firmeza. El clima puede ser el que sea fuera del templo, del mismo modo, cuando el corazón se cimienta en la sabiduría de la realidad de las cosas tal cual son, el mundo de los sentidos, los pensamientos, las emociones, el cuerpo, pueden ser lo que sean. Deja que la lluvia caiga, que el viento sople, porque el corazón es el más grande refugio. Es confiable».

     «Cuando establecemos los refugios de ese modo, comenzamos a confiar más y más. Un corazón que confía -desde la paz del silencio interior-, puede adaptarse a las cambiantes circunstancias: a los beneficios y a las pérdidas; a la enfermedad y a la salud; a los elogios y a las críticas; a la prosperidad y a la tribulación. Y esta conformación/disposición se construye alrededor de la actitud que se cimienta en la manera en que las cosas son. El corazón no crea la percepción de la injusticia (wrongness), incluso cuando lo que es percibido, el objeto sentido, pueda ser doloroso o feo, no deseado, deplorable; el corazón no se suma al sentimiento de la ‘erroneidad’. No crea la idea de que no debería de ser así: ‘No es justo ¿Por qué la vida me está haciendo esto?’».

     «Cuando el corazón toma refugio en las enseñanzas de los grandes maestros, en la conformación con la ‘realidad tal cual es’, y en el compartir generoso con aquellas personas que quieren seguir el camino de la sabiduría y de la atención plena, no hay sentimiento de ‘erroneidad’. Todo encaja; el sosiego y los días de primavera encajan; los días tempestuosos y oscuros encajan; la amabilidad y la generosidad encajan; la violencia y el egoísmo también encajan. Darnos cuenta que somos transformables -adaptables-, es ser sinceros para reconocer que esa es la manera en que el mundo es. Y a partir de ese reconocimiento, cuando una mente despierta/atenta conoce la manera en que las cosas son… (…), responde con sanas acciones, con acciones altruistas…».

     «Sin embargo, aceptar la manera en que las cosas son no significa ser pasivo. No significa quedarse inmovilizados o insensibles, -o ser violentos precisamente porque semejantes sentimientos afloran-. Todo lo contrario, es estar totalmente solícitos y dedicados, pero no en una dedicación basada en nuestros puntos de vista, en una dedicación neurótica o idealista. Es una dedicación, por el contrario, basada en la sintonía, en la conformidad…».

     «El corazón atento y dedicado se preocupa por todos los seres, cuida de todas las cosas, pero tal atención se manifiesta en conformidad con el tiempo, el lugar y la situación. Intuye qué puede hacerse y qué no puede hacerse».

     «De ese modo, cuando una mente despierta conoce la manera en que las cosas son -la realidad tal cual es-, se da cuenta sabiamente sobre cómo debe responder a la misma realidad. Nosotros tratamos de entrenar el corazón, lo que no significa que debemos soplar alrededor del viento, sino conocer el viento. Es acomodarse a la sintonía del viento… Es estar abierto a los cambios y a las posibilidades de cada momento… Si nosotros hemos entrenado el corazón (mente-cuerpo), para sintonizar con cada circunstancia, sea de responsabilidad o de tomar distancia, el corazón permanece gratamente equilibrado en todas las diferentes situaciones. Si las cosas están tranquilas o agitadas, si el viento está tranquilo o tempestuoso, el corazón sabe que sigue siendo el mismo corazón».

     «A medida que nosotros desarrollamos nuestro refugio en las enseñanzas de los sabios maestros, en la sabia concordancia con la realidad tal cual es, y con la libertad de la generosidad, más adaptable, menos vulnerable, y más receptiva se hará nuestra vida. Más sosegado con la quietud y la soledad, con la actividad y los compromisos, porque el corazón que conoce la quietud y el silencio es el mismo que conoce la actividad y el compromiso. Es el mismo corazón, el mismo refugio…».

     «Muchas veces nosotros usamos el tiempo de los retiros y los desiertos de silencio para desarrollar destrezas espirituales en una directa, sistemática y considerable forma; nosotros desarrollamos estas capacidades en óptimas condiciones. Pero si nos hacemos dependientes de dichas condiciones, si sentimos que sólo practicando el silencio o la paz mental cuando las condiciones son perfectamente sustentadas, nosotros estamos usando dichas condiciones en una forma insensata. Nos hacemos a nosotros mismos dependientes, y en vez de ayudar al corazón para hacerse más adaptable (menos vulnerable de las circunstancias), usamos dichas condiciones para hacerlo más frágil y necesitado, y creamos más causas para sufrir en nuestras vidas».

     «Por consiguiente, nosotros debemos usar las condiciones de nuestros retiros comprendiendo que es un específico tipo de ambiente del cual tomamos ventaja no para engancharnos a ellos, sino para aprender las destrezas necesarias para aplicarlas en cada situación de nuestra vida. Es por ello que ‘tomar refugio en el propio corazón’ significa encarnarse en la consciencia plena y atenta. Encarnar la realidad, siendo la realidad…».

     «En el aprendizaje -disciplinado, constante, perseverante y sabio-, de estas destrezas, podemos ver por nosotros mismos cuán apto es el corazón humano (mente-cuerpo), para vivir desde la paz en todas las circunstancias: en la ganancia y en la pérdida; en la enfermedad y en la salud; en los elogios y en las críticas; en la felicidad y en la tribulación. El corazón está sosegado, abierto, despierto, flexible, y dispuesto para aprender. Cualquier circunstancia que la vida nos presente -cualquier cosa que venga, momento a momento, día tras día-, el corazón está pronto para aprender de cada momento, desarrollando sabiduría, comprensión, y atención».

     «… Nosotros desarrollamos estas destrezas para hacernos transformables; para tener independencia; para ser vigorosos. De ese modo el corazón no dependerá de particulares condiciones: compartir sólo con la gente que nos gusta; comer sólo lo que nos gusta; o enfrascarse en una particular rutina de vida. Independencia significa ser libre de dependencias ¡Qué bendición! ¡Qué grandioso! ¡Que regocijo! Verdadera independencia, libertad. Dejar que el mundo sea como es; dejar que el clima haga lo que quiera. Dejar que llueva, dejar que el viento sople, dejar que la nieve caiga. El corazón permanece sereno y seguro».