RECIBIR CON SABIDURÍA LA EXPERIENCIA DE SER ‘SER HUMANO’

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REFLEXIONES SOBRE EL DHAMMAPADA

‘Traducción libre’ del Italiano por Leandro Posadas

 AJAHN MUNINDO

 25.05.2017.

Libres del miedo

Perderse en el placer

produce sufrimiento;

perderse en el placer

genera miedo.

Manteniéndose libre en la experiencia del placer

el sufrimiento cesa,

¿Cómo podría existir el miedo?

Dhammapada 214.

¿Es posible convivir verdaderamente con toda la satisfacción y el dolor de la vida, y al mismo tiempo permanecer libres del sufrimiento? Claramente, nuestra confianza en la transformación de los Grandes Maestros significa que nosotros creemos que la libertad del sufrimiento es posible. Tal confianza es un eficaz incentivo y contribuye a formar la base sobre la que construimos nuestra práctica espiritual.

Y desde la perspectiva de la ‘práctica de la atención sabia y plena de las cosas tal cual son, aquí y ahora’, no nos interesa solamente aquello que experimentamos, sino además cómo aprehendemos todas nuestras experiencias. Como consecuencia de la inconsciencia (inconsapevolezza), fácilmente nos perdemos en las experiencias: aquellas dichosas; aquellas absolutamente intolerables y todas aquellas que están en el medio de ambas. Pero cuando la atención plena (consapevolezza) está bien cultivada existe la posibilidad de recibir cada experiencia sin perderse, sin obstaculizar la libertad.

Con amor compasivo,

Bhikkhu Munindo.

SER SABIOS EN LA «PRECARIEDAD»

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Traducción y comentarios de Leandro Posadas

Ajahn Amaro, Every Thing is Uncertain, (http://www.amaravati.org/dhamma-article-ajahn-amaro-every-thing-uncertaining/).

     Han pasado varios meses desde mi última publicación en el blog. Y quisiera presentar una libre traducción hecha por mí mismo de una conferencia de Ajahn Amaro, Every Thing is Uncertain, (‘Todo en el mundo es incierto’). Nuestra vida humana se caracteriza por la vulnerabilidad e incerteza. Muchos de nosotros afrontamos situaciones llenas de desconcierto en las cuales no sabemos cómo actuar o actuamos sin darnos cuenta de lo que hacemos.

     Desde hace muchos meses trato de seguir las noticias que se publican sobre Venezuela y nuestra situación. Y algo en mi corazón me susurraba: «no hay sabiduría aquí», no me decía a mí mismo, ‘no hay justicia’, ‘no hay libertad’, ‘no hay paz’, ‘no hay comida’, sino la frase «no hay sabiduría aquí». Y sinceramente no me convencía la gran cantidad de lamentaciones y quejas parciales que me llegaban de todos lados. Cada vez que aquellos que buscamos la sabiduría nos dejamos llevar por nuestras mentes no adiestradas generamos violencia, generamos reacciones insensatas.

     Me encontré, alegremente, con esta profunda conferencia de Ajahn Amaro, un maestro británico, budista Theravada, y sentí la necesidad de traducirla y compartirla como un humilde aporte a esta ‘situación de no sabiduría’ en la que estamos inmersos. Vivamos en situaciones de conflicto o no, los seres humanos vivimos en una sociedad que promueve la vulnerabilidad, la incerteza, la insatisfacción.

     Mi traducción no es textual, he tratado de tomar pasajes completos y dejar aquellos que forman parte de su contexto práctico original. En algunas partes he hecho comentarios o he colocado entre paréntesis mis anotaciones. Para quienes deseen leer el texto completo pueden encontrarlo en el link que he dejado al inicio de la presente entrada. He aquí la traducción:

     «El cambio de clima es una buena enseñanza sobre adaptabilidad. Un día, calurosos rayos de sol, primavera, flores, pájaros que cantan, después, vientos y nieve ¿Qué será mañana? Si somos sabios el corazón siempre se adaptará para recibir las cambiantes cualidades del presente circunstancial. Calma y movimiento; viento; luminosidad; oscuridad; elogios, críticas; beneficios y pérdidas; lo conocido y lo imprevisible».

     «Siempre que nuestra práctica espiritual, nuestra paz mental, dependa de condiciones particulares o aparentemente previsibles; haciendo las cosas en la manera que nosotros esperamos y deseamos que sean, en el mismo momento, nosotros estamos creando las causas de la insatisfacción (dukkha). ¿Por qué? Porque todo es incierto (contingente): esa es la verdadera naturaleza de todas las cosas, mentales y físicas. Si nosotros buscamos certeza y seguridad en lo que es incierto e inestable ¿qué otra cosa puede resultar sino la insatisfacción (dukkha), el estrés, y el sentimiento de injusticia y equivocación? Nosotros andamos buscando seguridad donde no podemos encontrarla; buscando previsibilidad donde no puede hallarse ¿Cómo entonces no resultar decepcionados? Si estamos buscando satisfacción en lo que no satisface, estamos buscando en el lugar erróneo. Si buscamos solidez en lo que es inestable nosotros estamos buscando en el lugar equivocado».

     Y quien traduce y comenta, reflexiona: si buscamos juventud en un cuerpo cuya naturaleza es la caducidad y la senectud, nosotros estamos buscando en el lugar equivocado. Si andamos buscando el amor verdadero, la fidelidad, la justicia, la igualdad, la comprensión, en la naturaleza humana cuya particularidad es la contradicción, entonces nosotros no conocemos sabiamente lo que es ser ser humano. En cuya contradicción cabe también, insólitamente, el amor por la verdad y la paz.

     «Las enseñanzas de los sabios maestros cristianos y orientales a lo largo de los siglos nos preparan en la calidad de la adaptabilidad para no estar buscando en los cinco agregados de la mente (khandhas: form, feeling, perception, mental formations and discriminative consciousness), y enfrascarse en una particular manera de ser felices. Si tratamos de buscar seguridad, estabilidad, en las percepciones, en las sensaciones, en las emociones, en las formaciones mentales, nosotros acabaremos decepcionados. El cuerpo, las sensaciones, las percepciones, los estados mentales, los pensamientos, y el mundo a nuestro alrededor son inestables. La estabilidad no puede hallarse en ellos».

     «… En los refugios es donde pueden encontrarse la estabilidad y la seguridad. Una mente contemplativa, es el templo de la sabiduría (vijjâ), una atención plena y una consciencia clara son los refugios… Precisamente, sentados aquí en el Templo, nosotros oímos las ráfagas del viento, y la nieve que golpea en las ventanas, pero dentro está caliente, tranquilo, pacífico. Del mismo modo, cuando el corazón toma refugio en la consciencia sintoniza con la realidad de las cosas tal como son (dhamma), consecuentemente, hay calma, seguridad y firmeza. El clima puede ser el que sea fuera del templo, del mismo modo, cuando el corazón se cimienta en la sabiduría de la realidad de las cosas tal cual son, el mundo de los sentidos, los pensamientos, las emociones, el cuerpo, pueden ser lo que sean. Deja que la lluvia caiga, que el viento sople, porque el corazón es el más grande refugio. Es confiable».

     «Cuando establecemos los refugios de ese modo, comenzamos a confiar más y más. Un corazón que confía -desde la paz del silencio interior-, puede adaptarse a las cambiantes circunstancias: a los beneficios y a las pérdidas; a la enfermedad y a la salud; a los elogios y a las críticas; a la prosperidad y a la tribulación. Y esta conformación/disposición se construye alrededor de la actitud que se cimienta en la manera en que las cosas son. El corazón no crea la percepción de la injusticia (wrongness), incluso cuando lo que es percibido, el objeto sentido, pueda ser doloroso o feo, no deseado, deplorable; el corazón no se suma al sentimiento de la ‘erroneidad’. No crea la idea de que no debería de ser así: ‘No es justo ¿Por qué la vida me está haciendo esto?’».

     «Cuando el corazón toma refugio en las enseñanzas de los grandes maestros, en la conformación con la ‘realidad tal cual es’, y en el compartir generoso con aquellas personas que quieren seguir el camino de la sabiduría y de la atención plena, no hay sentimiento de ‘erroneidad’. Todo encaja; el sosiego y los días de primavera encajan; los días tempestuosos y oscuros encajan; la amabilidad y la generosidad encajan; la violencia y el egoísmo también encajan. Darnos cuenta que somos transformables -adaptables-, es ser sinceros para reconocer que esa es la manera en que el mundo es. Y a partir de ese reconocimiento, cuando una mente despierta/atenta conoce la manera en que las cosas son… (…), responde con sanas acciones, con acciones altruistas…».

     «Sin embargo, aceptar la manera en que las cosas son no significa ser pasivo. No significa quedarse inmovilizados o insensibles, -o ser violentos precisamente porque semejantes sentimientos afloran-. Todo lo contrario, es estar totalmente solícitos y dedicados, pero no en una dedicación basada en nuestros puntos de vista, en una dedicación neurótica o idealista. Es una dedicación, por el contrario, basada en la sintonía, en la conformidad…».

     «El corazón atento y dedicado se preocupa por todos los seres, cuida de todas las cosas, pero tal atención se manifiesta en conformidad con el tiempo, el lugar y la situación. Intuye qué puede hacerse y qué no puede hacerse».

     «De ese modo, cuando una mente despierta conoce la manera en que las cosas son -la realidad tal cual es-, se da cuenta sabiamente sobre cómo debe responder a la misma realidad. Nosotros tratamos de entrenar el corazón, lo que no significa que debemos soplar alrededor del viento, sino conocer el viento. Es acomodarse a la sintonía del viento… Es estar abierto a los cambios y a las posibilidades de cada momento… Si nosotros hemos entrenado el corazón (mente-cuerpo), para sintonizar con cada circunstancia, sea de responsabilidad o de tomar distancia, el corazón permanece gratamente equilibrado en todas las diferentes situaciones. Si las cosas están tranquilas o agitadas, si el viento está tranquilo o tempestuoso, el corazón sabe que sigue siendo el mismo corazón».

     «A medida que nosotros desarrollamos nuestro refugio en las enseñanzas de los sabios maestros, en la sabia concordancia con la realidad tal cual es, y con la libertad de la generosidad, más adaptable, menos vulnerable, y más receptiva se hará nuestra vida. Más sosegado con la quietud y la soledad, con la actividad y los compromisos, porque el corazón que conoce la quietud y el silencio es el mismo que conoce la actividad y el compromiso. Es el mismo corazón, el mismo refugio…».

     «Muchas veces nosotros usamos el tiempo de los retiros y los desiertos de silencio para desarrollar destrezas espirituales en una directa, sistemática y considerable forma; nosotros desarrollamos estas capacidades en óptimas condiciones. Pero si nos hacemos dependientes de dichas condiciones, si sentimos que sólo practicando el silencio o la paz mental cuando las condiciones son perfectamente sustentadas, nosotros estamos usando dichas condiciones en una forma insensata. Nos hacemos a nosotros mismos dependientes, y en vez de ayudar al corazón para hacerse más adaptable (menos vulnerable de las circunstancias), usamos dichas condiciones para hacerlo más frágil y necesitado, y creamos más causas para sufrir en nuestras vidas».

     «Por consiguiente, nosotros debemos usar las condiciones de nuestros retiros comprendiendo que es un específico tipo de ambiente del cual tomamos ventaja no para engancharnos a ellos, sino para aprender las destrezas necesarias para aplicarlas en cada situación de nuestra vida. Es por ello que ‘tomar refugio en el propio corazón’ significa encarnarse en la consciencia plena y atenta. Encarnar la realidad, siendo la realidad…».

     «En el aprendizaje -disciplinado, constante, perseverante y sabio-, de estas destrezas, podemos ver por nosotros mismos cuán apto es el corazón humano (mente-cuerpo), para vivir desde la paz en todas las circunstancias: en la ganancia y en la pérdida; en la enfermedad y en la salud; en los elogios y en las críticas; en la felicidad y en la tribulación. El corazón está sosegado, abierto, despierto, flexible, y dispuesto para aprender. Cualquier circunstancia que la vida nos presente -cualquier cosa que venga, momento a momento, día tras día-, el corazón está pronto para aprender de cada momento, desarrollando sabiduría, comprensión, y atención».

     «… Nosotros desarrollamos estas destrezas para hacernos transformables; para tener independencia; para ser vigorosos. De ese modo el corazón no dependerá de particulares condiciones: compartir sólo con la gente que nos gusta; comer sólo lo que nos gusta; o enfrascarse en una particular rutina de vida. Independencia significa ser libre de dependencias ¡Qué bendición! ¡Qué grandioso! ¡Que regocijo! Verdadera independencia, libertad. Dejar que el mundo sea como es; dejar que el clima haga lo que quiera. Dejar que llueva, dejar que el viento sople, dejar que la nieve caiga. El corazón permanece sereno y seguro».

TALLER 25 DE FEBRERO DE 2017: «APROXIMACIÓN A UNA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA DEL AQUÍ Y EL AHORA»

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«APROXIMACIÓN A UNA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA DEL AQUÍ Y EL AHORA»

 Divagaciones fenomenológicas sobre la experiencia del presente y la transformación interior.

 Dirigido por: Leandro Posadas, Monje benedictino

teandrico.wordpress.com

silenciotransformante@gmail.com

LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

FECHA: SÁBADO 25 DE FEBRERO DE 2017.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE CUATRO CONFERENCIAS DE 35 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA:

PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA

Exordio

«El espejo de la mente»: espiritualidad, neurociencia y fenomenología.

 PRIMERA PARTE

«El tiempo como aroma de la inmanencia que somos».

Neurofenomenología del tiempo.

El tiempo: ¿un sufrimiento contemporáneo?

La «consciencia del tiempo presente» y la «distorsión de nuestro reloj psicológico».

«El presente como forma de vida».

La paradoja del presente y el cultivo cotidiano de la sabiduría.

-20 minutos de Praktiké-.

SEGUNDA PARTE

«Aprehender a Dios a partir del tiempo».

«El tiempo del ser humano como favorable ambigüedad».

«De la sabia ausencia de Dios ‘en el tiempo’».

«Dios como recuerdo del presente».

Jesucristo: «consciencia genuina del tiempo».

-20 minutos de Praktiké-.

TERCERA PARTE

El sabio silencio como respuesta a «este tiempo que somos».

El silencio contemplativo y la regeneración continua del tiempo.

La atención silenciosa del tiempo.

Entrenar el ‘espíritu’ en-y-desde «este tiempo que somos».

-20 minutos de Praktiké-.

Epílogo

El silencio como «amorosa no-acción».

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EL TIEMPO: «AROMA DE LA INMANENCIA QUE SOMOS»

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Autor: Leandro Posadas

«Lo que hay de más pequeño, de más silencioso, de más ligero, el deslizar de un lagarto en la hierba, un soplo, un ¡sssh…!, un parpadeo…, es su poco lo que da el valor a la mejor felicidad. ¡Silencio!… ¿Qué me ha sucedido? ¡Escucha! ¿Ha huido por ventura el tiempo?».

Friedrich Nietzsche, Así hablaba Zaratustra[1].

     En la hora más silenciosa de la noche, «aquella en la que el rocío cae sobre la hierba», el Zaratustra de Nietzsche se da cuenta de que ‘tiene el poder y no quiere reinar’, por ello debe volver a saborear la soledad. En pleno mediodía y tendido sobre un árbol se quedó dormido, y después de un largo sueño se dijo a sí mismo: «¡Levántate dormilón! ¡Perezoso! … ¡Vamos viejas piernas! ¡Ya es hora, es el gran momento! Te has entregado al sueño ¿Durante cuánto tiempo? ¿Durante media eternidad?… ¿Vas a estar siempre estirándote, bostezando, suspirando, cayendo al fondo de pozos profundos?»[2].

     Nuestra existencia es como el momento más silencioso de la noche en el que cae el rocío sobre la hierba: un momento único y sublime de la naturaleza, pero a la vez fugazmente intrascendente. Para Heidegger en su obra Camino de campo, citado por Byung-Chul Han[3], «lo sencillo encierra el enigma de lo que permanece y es grande… En lo imperceptible de lo que es siempre se oculta su misma bendición». Y por ello en la Antigua China la caída del rocío era signo de la unión armoniosa entre el cielo y la tierra, pues en su misma fugacidad se resuelve la oposición entre las aguas de arriba y de abajo, las aguas terrenales y las celestiales[4].

     Cuenta Matthieu Ricard en Plaidoyer pour le bonheur, que un día estando de visita por el sur de Francia con un grupo de monjes del monasterio donde vive en Nepal vio a unos jubilados jugando a la petanca en la plaza, justo en ese momento uno de los monjes tenía lagrimas en los ojos, se volvió a Matthieu y le dijo: «juegan… ¡como niños! En nuestro país, los ancianos que ya no trabajan, cuando se acerca la muerte, consagran su tiempo a la práctica del silencio y de la contemplación»[5]. En España es muy común la frase «matar el tiempo», frase que está a las antípodas de la posibilidad de que cada instante, cada segundo de nuestro ser y estar en este mundo sea un tesoro, y no polvo de oro que se desliza inconscientemente entre nuestras manos. Dicho tiempo derrochado es propio de aquellos que no son conscientes del potencial de realización del que somos portadores, y para quienes el tiempo, como un fardo, abruma a quien no soporta la espera, el retraso, el aburrimiento, la soledad, la contrariedad, y a veces ni siquiera la existencia. Para aquellos para quienes la vida no es más que una gran diversión y dependen por entero de las distracciones, y que se aburren en cuanto el espectáculo se interrumpe. Espectáculo, indica Ricard, que desgrana sus notas en el desorden de la mente.

     Es como el tiempo en el internet en el cual se va de un link a otro, de un ahora al otro. No hay nada que incite a detenerse durante mucho tiempo en un punto de ahora. La multitud de posibilidades y alternativas hace que uno no tenga la obligación ni la necesidad de demorarse en un lugar. Demorarse largo y tendido sólo provocaría aburrimiento. El veloz encadenamiento de fragmentos no deja lugar a una demora contemplativa. Las imágenes que pasan de una manera fugaz por la retina, no logran captar una atención duradera[6]. Así es como vamos haciendo zapping por el mundo.

     El terror al aburrimiento domina nuestros tiempos de ocio, en el que «el tiempo pierde duración, perdurabilidad y sosiego, en el que la atención no puede crear un lazo duradero, en el que surgen intervalos vacíos, que deben ser franqueados con lo drástico, lo sorprendente, lo que arrastra y golpea, con lo excitante[7]. Byung-Chul Han citando a Heidegger sostiene que dicho aburrimiento domina la brecha cada vez más amplia entre el sujeto y el mundo, entre la libertad y la facticidad, entre el actuar y el Ser. En contraposición con el aburrimiento, Heidegger sostiene que existe otra forma de relacionarse con el tiempo-mundo, la llamada serenidad (Gelassenheit), la cual nos da la posibilidad de estar en el mundo de un modo completamente distinto. Aquella a la que en la Antigüedad se le llamaba Theoria, el demorarse contemplativo en la belleza de las cosas inmutables que descansan en sí mismas[8], y que permite al ser humano aparecer, desde toda su potencialidad, tal cual es: como ser humano.

     Pese a su inmenso valor, dice Matthieu Ricard en Plaidoyer pour le bonheur, el tiempo no sabe protegerse a sí mismo, pues es como un niño que se deja llevar por cualquiera que lo toma de la mano. Para un contemplativo, es decir, un ser humano comprometido con el desarrollo profundo de su propia existencia, el tiempo es de oro pues permite al ser humano mismo «maravillarse» plenamente del momento presente[9].

     Byung-Chul Han en las primeras páginas de su obra titulada El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse, trata de examinar a grandes rasgos, pero con atento ingenio, la relación del ser humano con el tiempo. Y haciendo una diferencia entre el «repetitivo mundo de los dioses» y el «mundo histórico y lineal», considera que para el segundo no es la eterna repetición de lo mismo, sino la posibilidad del cambio lo que le da sentido al tiempo, y sin embargo el transcurso histórico no está determinado por el progreso, sino por la repetición. Repetición que será superada por la Ilustración y la «Revolución», en las cuales la relación del ser humano con el tiempo no está determinada por la libertad, sino por estar arrojado en él; por estar sometido a las leyes de las estrellas.

     Leyes que rigen de modo convencionalmente científico nuestra realidad, y que sin embargo son relativas y sujetas al mismo transcurso histórico, que a medida que avanza trae nuevas explicaciones sobre lo que nosotros llamamos universo, y al que le hemos dado un valor, de acuerdo a los movimientos cognoscitivos y experimentales de la mente humana, la mayoría de la veces absoluto, y al que el ser humano se aferra y desde el cual implanta sistemas fundamentalistas de pensamiento que van desde la ciencia hasta la política y la religión. Stephen Hawking, a propósito, nos indica que la imagen que tenemos de dicho universo se remonta a 1924, cuando Edwin Hubble demostró que nuestra galaxia no era la única. En la actualidad sabemos que nuestra galaxia es sólo una de entre varios cientos de miles de millones de galaxias que pueden verse con los modernos telescopios, y que cada una de ellas contiene cientos de miles de millones de estrellas[10].

     Para el gran filósofo de Königsberg, Immanuel Kant, en su Crítica de la Razón Pura, el tiempo, junto al espacio, son intuiciones puras, y las formas por medio de las cuales el ser humano es percipiente. Para Kant el tiempo no es una realidad absoluta, sino la «forma por medio de la cual los seres humanos percibimos la realidad de la cosas en el modo como aparecen ante nosotros»[11]. A partir de Kant con su llamada Revolución Copernicana, «la razón debe –sin fantasear en torno a ella-, buscar en la naturaleza, en conformidad con lo que ella misma pone allí, aquello que debe aprender de la naturaleza, y de lo que nada podría saber por sí misma. Así la física pudo internarse por primera vez en el camino seguro de la ciencia, después de muchos siglos de avanzar a tientas»[12].

     El tiempo en la post-modernidad, lo queramos o no, ya no se sostiene sobre una narración teológica, pues es la época, según Byung-Chul Han de la desfactización: la libertad ya no está definida por la facticidad, pues ahora es la libertad la que determina la relación del hombre con el tiempo. La historia está animada por la idea de la libertad, del «progreso de la razón humana». Según Han, Dios ya no es el sujeto del tiempo, ni el juez que espera a los hombres en su supremo tribunal, ni el fundador de un presente eterno estabilizador en todo sentido, sino que es el ser humano libre quien se proyecta en el futuro. «Ahora es el hombre libre, y no Dios, el amo del tiempo. Liberado del estar arrojado, diseña lo venidero», por ello el ser humano moderno no depende de un destino, sino de su diseño[13].

     Aristóteles distinguió varios tipos de vida que puede elegir el ser humano libre para relacionarse con el tiempo. Para el Filósofo, la forma de vida más alta era la bios theoretikos, una vida que se dedica a la contemplación, la cual es ajena a cualquier impulso de dominación o interés[14].

     «Cualquier espíritu que se vacíe de lo «inútil» tiene acceso a un tiempo bueno. Vaciar el espíritu, liberarlo de los deseos, da profundidad al tiempo. El deseo hace que el tiempo sea radicalmente efímero, empujando al espíritu hacia adelante. Cuando se queda en reposo, cuando se recoge en sí mismo, aparece el tiempo bueno»[15].

     Si el ser humano pierde toda capacidad contemplativa se rebaja a animal laborans[16]. La postmoderna sociedad del trabajo que tuvo su origen en el protestantismo es una sociedad en la que el trabajo en sí está separado de las necesidades de la vida, se ha independizado y se ha convertido en un fin en sí mismo absoluto. El trabajo se totaliza de tal modo que, más allá del tiempo laboral, sólo queda matar el tiempo[17], como dicen en España. La sociedad del trabajo cargada de prisas e inquietudes y en la que el ocio (otium), es un tiempo de recuperación o de relajación necesario simplemente en función del trabajo, es una sociedad opresora siempre y cuando no integre en sí la vita contemplativa[18].

   Byung-Chul Han no se refiere a la vita contemplativa que presenta Hannah Arendt en la Condición humana, en la cual sostiene que la contemplación como tranquilidad pasiva es una detención de todos los movimientos y actividades, y que reduce la vita activa al nivel exclusivo del trabajo útil y necesario[19]. Para Han, Arendt no reconoce que la vita contemplativa presenta una forma de quietud sólo porque descansa en sí misma, sin dejar de carecer de movimiento ni de actividad. La vita contemplativa a la que se refiere Byung-Chul Han es la capacidad intrínseca que posee el ser humano de fundarse en el tiempo, como diría Ajahn Liem: «fundarse en lo que está sucediendo aquí y ahora».

     Un ser humano que observa «las cosas» sin obstrucciones está en una condición realmente favorable para comprender y desarrollar la vida en el tiempo[20]». Para ello necesitamos que nuestra mente, dotada desde su nacimiento de la capacidad de desarrollar sabiduría y ecuanimidad ante el mundo, se relacione con el tiempo que, junto con el espacio, sirve de sustentáculo para que las cosas, las situaciones, los contextos, las emociones, las sensaciones, surjan y luego cesen, como dijo Kant en su Crítica de la Razón Pura. «Ser un ser humano es una gran ventaja» afirma Ajahn Liem, y por ello el Zaratustra de Nietzsche, debe volver a saborear su soledad para darse cuenta que tiene el poder para reinar en y desde sí mismo en ese aquí y ahora que le fue concedido para desarrollar eso que llamamos humanidad.

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[1] Nietzsche F, Así hablaba Zaratustra, Edaf, Madrid 1998, p. 280.

[2] Ibid., p. 281.

[3] Byung-Chul Han, El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse, Herder, Barcelona 2015, p. 97.

[4] Cf. Chevalier J., / Gheerbrant A., Diccionario de los símbolos, Herder, Barcelona 1988, p. 887.

[5] Ricard M., Plaidoyer pour le bonheur, Nil Éditions, Paris 2003, p. 241.

[6] Byung-Chul Han, op. cit., p. 63-64.

[7] Ibid., p. 120.

[8] Ibid., p. 125.

[9] Cf. Ricard M., op. cit., p 241.

[10] Cf. Hawking S., p. 41. Historia del tiempo. Del Big Bang a los Agujeros Negros, Alianza Editorial España 2011, p. 41.

[11] Cf. Giovani Reale y Dario Antiseri, Historia del Pensamiento filosófico y científico, vol. II., Del Humanismo a Kant, Herder, España 2004, p. 738.

[12] Cf. Ibid., p. 735.

[13] Cf. Chul-Han B., op. cit., p. 33.

[14] Ibid., p. 138.

[15] Ibid., p. 90.

[16] Ibid., p. 132.

[17] Ibid., p. 133.

[18] Ibid., p. 141.

[19] Ibid., p. 146.

[20] Ajahn Liem Thitadhammo, Il pontenziale di un essere umano, Santacittarama 2012. Traducción del inglés por Roberto Paciocco. Traducción del italiano de algunas notas para el presente artículo por Leandro Posadas, p. 1.

TALLER 17 DE DICIEMBRE DE 2016:«HACIA UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA»

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«HACIA UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA»

Aproximación desde la práctica del silencio al cuerpo humano como ‘anclaje’ de una espiritualidad contemplativa.

DIRIGIDO POR: Leandro Posadas, monje benedictino.

silenciotransformante@gmail.com

teandrico.wordpress.com

 LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

 FECHA: SÁBADO 17 DE DICIEMBRE DE 2016.

 HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

 EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 40 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

EN EL ARCHIVO ADJUNTO PUEDEN ENCONTRAR EL DISEÑO DEL PROGRAMA DEL TALLER.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

«Lo que la ciencia no sabe».

Más allá de nuestros «automatismos egoicos»

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

¿El por qué de una espiritualidad contemplativa transformante?

El silencio como respuesta neurocientífica al fenómeno humano.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

SEGUNDA PARTE

 ¿Cuál es nuestra verdadera casa?

Consciencia plena.

Comprensión clara.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

El cuerpo como refugio del «dejar ir desde el silencio».

Las emociones y la verdadera naturaleza de la realidad.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

 TERCERA PARTE

 «Sentarse sin esperar nada a cambio».

El progreso en la ‘ecuanimidad interior’ y la ‘consciencia plena’

La actitud justa de la consciencia.

Praktiké y vida cotidiana

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

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