JUAN CASIANO Y EVAGRIO PÓNTICO: CÓMO «COMBATIR» NUESTROS «DEMONIOS» INTERIORES, Y POSEER UNA MENTE SERENA Y APTA PARA LA VIDA ESPIRITUAL

     En artículos anteriores hemos tratado algunos aspectos de la oración en la obra espiritual de Evagrio Póntico. En esta breve reflexión, que viene a ser la continuación de las dos entradas anteriores sobre Juan Casiano, deseamos presentar algunos aspectos centrales en la obra espiritual de estos dos grandes escritores espirituales del Cristianismo de los primeros siglos, quienes intuyeron la imperiosa necesidad de conocer la mente del ser humano, sus obstáculos y sus posibilidades con el fin de un verdadero progreso espiritual.

     Evagrio, quien nació, aproximadamente, en el año 356 en Ébora, en el Ponto, y murió en el año 400 en el desierto de «Las Celdas» en Egipto, nos ha legado una serie de breves tratados espirituales que son realmente joyas del cristianismo primitivo, cuyos contenidos por su profundidad y elaboración siguen siendo indudablemente actuales y válidos para el buscador o buscadora del espíritu/Espíritu.

     El monje trapense Juan Mª. de la Torre, en su obra: «Literatura Cristiana Antigua. Entornos y Contenidos», vol. III, Zamora España 2004, considera a Evagrio Póntico como el primer ‘sistematizador’ de la vida monástica en Egipto.

     Su obra espiritual, como ya lo hemos mencionado en artículos anteriores, gira en torno a la «Hesyquía», que designa el estado de perfecta tranquilidad, obtenida por medio de la victoria contra los «demonios» o pensamientos («logismoi»), que provocan las pasiones y mantienen al ser humano atado a sus «enganchamientos».

Debemos lograr una mente ecuánime para la vida espiritual
Una mente ansiosa y angustiada es un obstáculo para la vida espiritual.

     El método espiritual para observar con sabiduría los pensamientos («demonios», sin connotación metafísica), lo desarrolla y describe Evagrio en su «Tratado Práctico», en el cual puntualiza detalladamente los ocho pensamientos fundamentales que invaden la mente humana continuamente y no la dejan ver la realidad en cuanto tal. Dichos ocho pensamientos son: la avidez, la lujuria, la avaricia, la tristeza, la ira, la ociosidad, la vanidad y el orgullo. Los pensamientos sugeridos por cada uno de estos deseos o aversiones requieren, según Evagrio, remedios apropiados para recuperar la impasibilidad o ecuanimidad.

     Los «logismoi», que algunas veces se traducen como «pensamientos», otras como «pasiones» o «vicios», y muchas otras como «impulsos», ocuparon y preocuparon a los monjes y «psicólogos» del desierto cristiano primitivo. Dichos «pensamientos» obligaron a Evagrio Póntico y a Juan Casiano al estudio minucioso y casi escrupuloso del «misterioso» corazón humano. Estos filósofos del desierto, como los llama el monje e historiador García Colombás, conocían bastante bien lo que la psicología moderna llama «subconsciente», como lo demuestra Evagrio cuando advierte: «Muchas pasiones están escondidas en nuestra alma y escapan a la atención; cuando sobreviene el impulso, ya sea de la ira, la tristeza o la soberbia, se ponen de manifiesto». Evagrio enseña que ante tales pasiones debemos ser como médicos que simplemente las observan con la mayor ecuanimidad, sin reaccionar, ni identificarse con ellas; con tal observación ecuánime se logra descomponer la confusión en sus diferentes elementos, a fin de no perder la cabeza viendo el mal donde no existe. El interés primordial de Evagrio y Casiano y de los demás Padres del Desierto era tratar de mantener claro y lúcido el «mundo interior» con el fin de lograr la pureza de corazón (puritas cordis), a través de la «oración pura» y continua, y la «apatheia» o sabiduría ecuánime del espíritu.

     En la espiritualidad del monacato primitivo desempeñaba, además, un papel fundamental la «népsis», que significaba estar atento, sobrio y vigilante. Es un método espiritual que tiene como objetivo estar alerta ante los impulsos que surgen del «continuo de consciencia» que se adhiere continuamente a emociones y pensamientos pasajeros que impiden ver la realidad en cuanto tal, y nublan la visión y atención del ser humano. Un ejemplo de esta «népsis» la podemos ver en el prólogo de uno de los breves tratados de Evagrio, el Antirrhetikós (método refutatorio): «Sé un portero de tu corazón (mente), y no dejes entrar algún pensamiento (emoción o concepción), sin interrogarlo. Interroga con el silencio cada simple pensamiento y dile: ¿Eres uno de nosotros o uno de nuestros adversarios? Y si es uno de casa, te colmará de sabiduría, si en cambio es del enemigo, te confundirá con la ira, la acedia, la tristeza, la soberbia, o la confusión, y te perturbará con un deseo».

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LA «LECTIO DIVINA» O LECTURA ORANTE DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS CRISTIANAS COMO PRÁCTICA EFICAZ PARA LA TRANSFORMACIÓN DEL CORAZÓN HUMANO 3ª PARTE: PASOS DE LA LECTIO DIVINA

lectio ‘Busquen leyendo (lectio); hallarán meditando (meditatio); llamen orando (oratio); les abrirán contemplando (contemplatio)’.

LECTIO

En la Biblia encontramos algunos pasajes que pueden ofrecernos algunas aclaraciones con respecto a la relevancia de la “lectura” como primer movimiento o momento de la lectio divina.

En el Evangelio de San Mateo la pregunta central ¿No han leído? (Mt 12, 3-5; 21, 16; 22, 31; 24, 15), está dirigida a interpelar a los lectores acerca del Logos encarnado, es decir de Cristo, y nos indica la importancia de la búsqueda de la revelación del Hijo de Dios en la Sagrada Escritura misma. Jesucristo mismo, en el Evangelio de Lucas (Lc 4, 16-20) lee en voz alta y en público su destino. Él, delante de la comunidad, revela o se desvela a sí mismo con y desde la lectura.

La Sagrada Escritura nos enseña que leer significa construir un sentido. Se leen los textos bíblicos para aprender a vivir delante de Dios y del prójimo desde la profundidad de nosotros mismos. Se lee la Escritura para leerse dentro, y poder ser “tocado”, existencialmente, por la gracia de Dios. Leer la Sagrada Escritura nos exhorta a responder, con prudencia, ciertas preguntas sobre la vida humana, la muerte, el dolor, Dios, la libertad, el amor, entre otras. El primer paso de la lectio divina, o la búsqueda por medio de la lectura de la Biblia, nos guía en nuestro camino hacia un sentido cada vez más profundo sobre nosotros mismos, sobre el otro y sobre Dios.

Leer es acceder a la visión de un autor y confrontarse con su modo de ver el mundo. En la Biblia leer significa comprender la experiencia de Dios en cada autor y sus visiones teológicas.

Algunos consejos prácticos para comenzar la lectio divina:

Sería conveniente, en la práctica asidua de la lectio divina, tener una Biblia personal que con el tiempo se nos hará preciosa y querida y con la cual se entablará una relación especial de cuidado y amistad. Es aconsejable, además, contar con un lugar adecuado (acojedor, silencioso, y familiar) que puede ser la propia habitación, un oratorio o un lugar apartado. Alessandro Barban, monje camaldulence, http://www.camaldoli.it/, nos aconseja leer tres veces el pasaje elegido para realizar la lectio divina, (puede ser el Evangelio del día): una primera vez sobre la propia Biblia, una segunda sobre una sinópsis de los cuatro Evangelios, y una tercera que presente la versión griega con una traducción al lado o interlineal. Muy útil sería también, leer el pasaje en un idioma extrangero: dichas tres lecturas del mismo pasaje tienen como finalidad crear una atención nueva hacia el texto.

Lectio: ¿pre-comprensión o transformación?

909La lectio requiere además una atención nueva de escucha. Nuestra experiencia, en el primer momento de la lectura orante de la Biblia, debería ser como la vivida por Moisés frente a la zarza ardiente (Ex 3, 1-6ss): nos encontramos frente a algo que no habíamos notado antes, somos movidos por una cierta curiosidad a comprender mejor y nos queremos acercar precisamente con el deseo de “ver”.

Alessandro Barban distingue dos tipos de lectura que podemos realizar. Él habla del versículo de cabeza y el versículo de corazón.

Versículo de cabeza: muchas veces, cuando leemos un texto bíblico, no lo estamos escuchando verdaderamente, porque lo estamos ya interpretando, consciente o incoscientemente, a través de nuestro pensamiento constituido por ideas teológicas, espirituales o por convencimientos personales habituales y ordinarios. El versículo de cabeza viene a ser, por consiguiente, aquella pre-comprensión filtrada por nuestra racionalidad y por nuestra comprensión más inmediata.

Versículo de corazón: cuando Dios se dirige hacia nosotros quiere poner en crisis nuestros pensamientos, convicciones, y toda nuestra existencia, quiere obrar dentro de nuestra vida (Is 55, 6-11); se trara entonces de dejarnos “tocar” (transformar) y alcanzar por medio del versículo de corazón, que se presenta como una palabra inaudita, inédita, e interpelante, ante la cual, en un principio no comprendemos casi nada. El versículo de corazón viene a ser aquel anuncio que nos atrae, nos soprende, que no alcanzamos a descifrar, y que quiere atención y oídos de iniciados. Dicho versículo es como un don que necesita atención y escucha (Lc 8, 18).

MEDITATIO

Meditar es masticar y rumiar, es repetir, reflexionar, recordar, interpretar, penetrar. Quien medita la Palabra se transforma poco a poco según la Palabra y se convierte en mediador de la Palabra. En el Antiguo Testamento el grupo de textos que usan el término hgh (susurrar, pensar murmurando, leer en voz alta) ponen en evidencia el sentido objetivo del meditar, entendido como reflexión profunda sobre la Torah o enseñanza del Señor a su pueblo Israel, o bien como recuerdo actualizante de las maravillas realizadas por Dios. A Josué, por ejemplo, se le ordena “meditar día y noche en la Torah del Señor (Jos 1,8). El salmista y los autores inspirados recuerdan con frecuencia esta actitud orante: Sal 1, 1; 118; 63, 7; 143, 5; Eclo 39, 7; Dn 9, 2; Lc 2, 19.51.  

c0e60-truevineLa meditación tiene como finalidad la profundización de la Palabra de Dios para conocer su voluntad y adherirse a ella.

En la Lectio divina la meditación (meditatio) corresponde a un verdadero ejercicio espiritual en el cual la escucha se transforma en interpretación.

Meditatio significa interpretar, en el sentido de sintonizar, con aquella experiencia del divino que se nos ha dado en forma de don, invitación, llamada del Antiguo y Nuevo Testamento. Dicha experiencia dada a nosotros por medio de las Sagradas Escrituras nos habla, en cuanto texto, sobre el mundo en la perspectiva del ser humano que lo habita, y en cuanto texto sagrado del Sentido del mundo en la perspectiva del más allá de donde proviene.

La meditatio nos ayuda a entrar en la “inteligencia de la Escritura”, por medio de la cual comienza una especie de éxodo personal: todos los que son “tocados” por la Palabra, comienzan un coraggioso ed ampio ma non troppo éxodo hacia su conversión, hacia el encuentro con el Señor. 

Carlos Mesters ha actualizado el término meditatio considerándolo como un segundo paso o actitud dentro de la lectura orante de la Palabra: es el momento en el cual se trata de descubrir lo que el texto me dice y nos dice: dialogar con el texto para actualizar su sentido y dejar que penetre nuestra vida para que la Palabra de Dios habite en nuestra boca y en nuestro corazón.

Los autores clásicos, versados en la práctica asidua de la lectio divina, han entendido la meditatio como una especie de asimilación o ruminatio. La meditación abre una línea interpretativa que nos hace ver y comprender las cosas nuevas del Reino de Dios.

ORATIO

de-dioses-y-hombres-monjeCuando se alcanza a escuchar y hospedar el “versiculo de corazón”, a traves de la meditatio, la palabra de Dios invita a un diálogo entre el yo del hombre y el Tú de Dios. Sobre este diálogo, Alessandro Barban, monje camaldulense, habla de un salmo personal, es decir, a través de la meditatio o ruminatio, el atento lector debería comprender la intuición fundamental del texto bíblico rumiado, y formular una especie de invocación divina que ayuda al surgimiento de nuestra oración. La oratio (oración como tercer momento de la lectio divina) brotará de nuestras profundidades, desde nuestro yo más auténtico, desde el cual se comprende a Dios como origen y fin de la existencia. El Señor la espera de nosotros como expresión más auténtica de nuestro éxodo existencial (conversión). Se trata con este salmo personal de dar voz a nuestra oración a la manera de los Salmos. Tenemos como ejemplo, al respecto, en el Evangelio de S. Lucas las oraciones del Benedictus y el Magnificat, los cuales son presentados como los “salmos personales” de Zacarías y María, respectivamente. Ambos, luego de escuchar la Palabra de Dios en sus vidas y llenos del Espíritu del Señor, toman dichos textos antiguos como suyos y los elevan al Señor como oración personal.

Siguiendo las sugerencias de A. Barban, cada uno de nosotros si desea entrar en el tercer movimiento de la lectio divina llamado oratio, debería tratar de responder a la Palabra de Dios con su propio salmo personal. Se trata, según el mismo autor, de dar lenguaje a nuestro grito más profundo, o en las palabras de S. Lucas, de estar delante del Señor como el Publicano en el templo (Lc 10,13).

El salmo personal del que habla A. Barban, es la oración (oratio) que nace de la escucha atenta y solícita de la Palabra del Señor como respuesta del propio grito existencial. Dicha oración comienza en cada uno de nosotros, se hace diálogo trascendente, crece como oración por otros, y va madurando proféticamente como visión del Reino de Dios.

CONTEMPLATIO

índiceLa contemplación a la cual debe conducir la lectio divina es delineada de modo claro en el Evangelio de Lucas (24, 13-35). Lucas concluye su evangelio haciendo comprender que los discípulos de Jesús pueden participar y creer al misterio de la muerte y resurrección de su Señor y maestro sólo prosiguiendo un camino que comporta una mistagogía, que al final encuentra en el don del Espíritu Santo el nuevo conocimiento espiritual del creyente mismo.

El texto de los discípulos de Emaus narra la posibilidad de la apertura de los ojos que ocurre a través de una escucha de la Palabra de Dios que aviva el corazón.

Se trata para el evangelista Lucas de afirmar que se puede superar la propia ceguera existencial constituida por la dureza del corazón, frustraciones personales, desconfianza en relación con los demás, condicionamientos por la misma historia personal, heridas de la infancia y de la adolescencia, complejos en las diferentes dimensiones de nuestra personalidad. Dicha ceguera puede ser superada a través de una comprensión distinta por nuestra parte de la Escritura.

A la apertura de los ojos sigue luego una apertura de la mente a la inteligencia de las Escrituras (Lc 24, 44-49).

Para Carlos Mesters el punto de llegada de la lectura orante de la Palabra es la contemplatio que consiste según él en:

– Tener en los ojos algo de la sabiduría que lleva a la salvación (2Tim 3,15).

– Empezar a ver el mundo y la vida con los ojos de los pobres, con los ojos de Dios.

– Asumir la propia pobreza y eliminar de nuestro modo de pensar todo aquello que viene de los poderosos.

– Decir siempre “Hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1,38). De esta forma todo lo que se haga será de acuerdo con la Palabra del Señor.

Bibliografía

BARBAN, A., “Una cosa ha detto Dio, due ne abbiamo udite” (Sal 62, 12). El Cammino spirituale della lectio divina, en Come acqua di sorgente. La spiritualità camaldolese tra memoria e profezia, edd. Barban A., e Wong, Joseph, Bologna 2005, pp. 187-220.

DE VOGÜÉ, A., La Regla de san Benito. Comentario doctrinal y espiritual, Ediciones Monte Casino, Zamora 1985.

MAGRASSI, E., “Lectio divina” en Diccionario de espiritualidad, vol. II, ed. Ancilli E., Herder, Barcelona, España 1983, pp. 468-471.

LA «LECTIO DIVINA»O LECTURA ORANTE DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS CRISTIANAS COMO PRÁCTICA EFICAZ PARA LA TRANSFORMACIÓN DEL CORAZÓN HUMANO 2ª PARTE

BibliaEn la antigua tradición espiritual cristiana, que tiene sus fuentes en la Sagrada Escritura y en el monacato más antiguo, la Lectio divina representa una de las condiciones prioritarias y esenciales de la vida espiritual cristiana. El santo Abad, Benito de Nursia (480), en el capítulo 48 de su Regla (RB) invita a sus monjes a huir de la ociosidad, que es enemiga del alma, y les plantea el trabajo manual y la lectura divina (ora et labora).

San Romualdo, fundador de los monjes Camaldulences, indica como condición prioritaria de la vida monástica el estar sentados en la celda.Esta actitud no debe ser entendida como simple pasividad del alma, sino como una de las actividades espirituales más importantes del monje: como custodia de la tranquilidad, del silencio, como oración de los salmos, como lectio divina y como compunción del corazón.

San Pedro Damián, continuador de la reforma de S. Romualdo, en su obra ‘El camino hacia la luz’, propone la celda del monje (Cf. Mt 6, 5-6: oración personal; Dn 6, 11), como espacio propicio para el conocimiento de Dios: ‘En ella Dios es todo aquello que se aprende … Oh celda, maravillosa, oficina del ejercicio espiritual donde el alma humana renueva en sí la imagen de su Creador; Oh celda, verdadero hábitat del espíritu, que haces humildes a los soberbios, sobrios a los golosos, píos a los crueles, mansos a los iracundos, y amantes de la verdadera caridad a los odiosos; Tú pones freno a la lengua ociosa …Tú eres el alimento de los ayunos y de las vigilias; tú custodias la paciencia; tú eres maestra de la más pura simplicidad; tú ayudas al monje a ser límpido, equilibrado y coherente consigo mismo y su llamado’.

Termina diciendo S. Pedro Damián que la celda del monje (Mt 6, 5-6) es el lugar en el cual se aprende a amar a Dios a través del conocimiento amante de su Palabra: ‘Solamente aquellos que te conocen te aman … aquellos que no saben estas cosas no pueden conocerte’.

orar-manos-cogidas-bibliaTomando las anteriores citaciones de estos grandes escritores espirituales de la Tradición Monástica Occidental, podemos actualizar y contextualizar sus consejos para cada uno de nosotros que debemos vivir y laborar en el mundo. Las Sagradas Escrituras Cristianas (la Biblia), son un tesoro sagrado que la historia, divina y humana, nos ha legado para ayudarnos en nuestro camino hacia la emancipación interior. Si emprendemos el camino de la escucha atenta a dicha Palabra; estudiada y rumiada desde serias y profundas investigaciones, y desde el silencio interior transformante, comenzaremos a caminar por la vía de la paz, de la justicia, de la bondad, que tales textos antiguos nos indican.

No hace falta ser monje o ermitaño para comenzar la práctica de la ‘Lectio Divina’, basta tener la disciplina y el deseo sincero  de ser fiel a dicha práctica.

LA «LECTIO DIVINA» O LECTURA ORANTE DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS CRISTIANAS COMO PRÁCTICA EFICAZ PARA LA TRANSFORMACIÓN DEL CORAZÓN HUMANO 1ª PARTE

Lectio1La expresión «Lectio Divina» en el lenguaje actual es casi intraducible, pues no consiste en una simple lectura ni tampoco en una especie de estudio académico de la Biblia o Sagradas Escrituras Cristianas. Según el monje italiano M. Magrassi el término más cercano sería «meditación», pero debemos tomar en cuenta que dicho término comprende, además de los antiquísimos métodos orientales, también a los métodos relativamente recientes de oración cristiana. Es recomendable conservar la expresión latina: lectio divina, pues engloba en sí misma los diferentes movimientos y “pasos” que la práctica de la lectio misma requiere.

Teniendo en cuenta las anteriores aclaraciones, el especialista en el tema, L. Bouyer, ha definido la lectio divina como «una lectura personal de la palabra de Dios, mediante la cual nos esforzamos por asimilar su substancia; una lectura que se hace en la fe, en espíritu de oración creyente en la presencia actual de Dios que nos habla en el texto sagrado, mientras nos esforzamos por estar nosotros mismos presentes, en espíritu de obediencia y de completa entrega tanto a las promesas como a las exigencias divinas»[1].

lectioMagrassi presenta algunas de las características más notables de la lectio divina: (LD): a) es una lectura preparada por la ascesis: es necesario que la lectura se sitúe en un clima orante, para ello es necesario un cierto compromiso ascético que ayude a desembocar al atento o solícito lector en la puritas cordis (pureza de corazón) o ausencia de afectos confusos hacia las criaturas que distraigan del eficiente deseo de entrar y estar ante la presencia divina. Dicha práctica requiere igualmente un sosegado esfuerzo de recogimiento a través de un clima de silencio y de calma interior que haga confluir en la escucha al lector orante y contemplante; b) es una lectura dialógica: arraigada en la convicción de que “Dios ahora me está hablando por medio de su Palabra”, de ese modo Dios se nos hace presente como “persona”: el Yo divino me sitúa como interlocutor suyo; me dirige su Palabra sagrada y yo puedo y debo responderle. El diálogo se articula en varios momentos fundamentales: 1) Lectio; 2) Meditatio; 3) Oratio; 4) Contemplatio. Una antigua frase condensa los diferentes movimientos o momentos de la práctica de la lectio divina: Buscad leyendo; hallaréis meditando; llamad orando y os abrirán contemplando.

[1] Magrassi, E., “Lectio divina” en Diccionario de espiritualidad, tomo II, ed. Ancilli Ernanno, Herder, Barcelona, España 1983, pp. 468-471.

LUDWIG WITTGENSTEIN, KEN WILBER, Y LA BÚSQUEDA DE UNA «ESPIRITUALIDAD EFICAZ» 2ª PARTE: LA CONSCIENCIA HUMANA Y LA EXPERIENCIA ESPIRITUAL

gran_ken-wilber     Para el pensador y escritor norteamericano Ken Wilber, el mayor logro de la física del siglo XX, más allá de la teoría de la relatividad y la fusión de espacio y tiempo que ella comporta, o de la teoría cuántica con su aparente negación de las leyes de la causalidad, o la disección del átomo, y el consiguiente descubrimiento de que las cosas no son como parecen, es el reconocimiento generalizado de que todavía no estamos en contacto con la «realidad última». Así nos los reseña Eddington: «Hemos tenido ocasión de aprender que la exploración del mundo exterior con los métodos de la ciencia física no nos lleva a encontrarnos con la realidad concreta, sino con un mundo de sombras y símbolos (matemáticos), por debajo de los cuales aquellos métodos no resultan ya adecuados para seguir penetrando». James Jeans, al respecto, afirma: «Nunca podemos comprender lo que sucede, sino que debemos limitarnos a describir las pautas de comportamiento en términos matemáticos; no podemos aspirar a otra cosa». El mismo Wittgenstein en el Tractatus 6.52, señala, que incluso si todas las cuestiones científicas fueran contestadas, lo que él llama «los problemas de la vida» ni siquiera serían rozados. Pues «lo místico», según Wittgenstein, no es explicable por su misma naturaleza, que no pertenece al orden de las explicaciones, sino de los «hechos» que trascienden las explicaciones mismas.

      Cuando el físico observa la realidad cuántica o relativa, no contempla las «cosas en sí mismas, sino una serie de ecuaciones diferenciales sumamente abstractas, esto es, no la «realidad en cuanto tal», sino los símbolos matemáticos de la realidad.

      Para Eddington es evidente que los métodos de la física no pueden ir más allá del lenguaje simbólico, es decir del lenguaje matemático, y atreverse a ir más allá de la física misma es apuntar a la meta-física.

       Para el mismo Eddington, quien ayudó a clarificar la teoría de la relatividad, realizó aportaciones matemáticas al respecto, e investigó acerca de la evolución y constitución de las estrellas, debemos volver a la «consciencia humana» como punto de partida, al único centro donde podríamos encontrar algo más y llegarlo a conocer. «Ahí (en el inmediato interior de la consciencia), nos encontramos con otros movimientos y otras revelaciones distintas de las que nos llegan condicionadas a través del mundo de los símbolos».

     Ese «volver a la consciencia humana», tanto para Eddington, Schrödinger, Wilber y las tradiciones místicas orientales y occidentales, no es una simple sentencia ética, moral, religiosa o dogmática, sino la posibilidad tangible y demostrable de «entrenar la mente humana», a través de la meditación y la contemplación, para captar los dominios del «Espíritu/espíritu». Pues en la «experiencia mística», a diferencia del campo y método de la física, «se aprehende directa e inmediatamente la Realidad, es decir sin ningún tipo de mediación, ni de elaboración simbólica, conceptualización o abstracción alguna. El sujeto y el objeto se unifican en un acto fuera del tiempo y del espacio, que trasciende todas las formas posibles de mediación.

     Todos los místicos hablan universalmente de contactar la realidad en su mismidad, en su entidad, en su taleidad, sin ninguna clase de intermediarios, más allá de las palabras, los símbolos, los nombres o las imágenes». (Pensemos al respecto en el Zazen, en el capítulo 6 del Bhagavad-Gita, Dionisio Areopagita, el Hesicasmo, Evagrio Póntico, Maestro Eckhart, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, el Advaita-vedanta, los místicos sufíes, etc. Cada uno de los anteriores tratado en mayor o menor medida en nuestro blog).

      Nuestra esperanza al dar a conocer el tema de la espiritualidad, de la meditación, de la contemplación, de la oración de quietud u oración contemplativa, y otras formas de centrar, aquietar y conocer el modo como funciona nuestra mente, no forma parte de la frívola pretensión contemporánea de «wellness», es decir, del insubstancial deseo de salud física y estética para simplemente «sentirnos bien», satisfacer un capricho más, y seguir con nuestras vanas y triviales formas de vida. Por el contrario, nuestro prudente y sincero deseo nace del profundo convencimiento de la capacidad que poseemos los seres humanos para trascender nuestra, -muchas veces-, forma habitual e «ilusoria» de ver y vivir nuestra existencia. Las tradiciones espirituales más antiguas y profundas lo certifican, y cientos de personas en todo el mundo tratan de vivir una «forma nueva de vida», apartados del engaño del «sistema mundial» actual, representado por cientos de instituciones económicas, religiosas, sociales, etc., que no desean que el ser humano piense por sí mismo y se dé cuenta que su finalidad es la «emancipación», la cual trasciende los convencionalismos culturales, sociales, religiosos, psicológicos, geográficos, impuestos en gran parte por la «civilización» occidental, ávida de capital, egocentrismo, límites, categorías, concepciones, dogmatismos, etc. Para tratar de dar respuesta a tan digno y delicado deseo nuestro blog trata, en la medida de sus límites y posibilidades, de ser lo más serio, veraz, y científico posible en sus publicaciones.

      En el párrafo anterior de modo intencionalmente erróneo inscribí la frase «forma nueva de vida» para referirme al estilo de vida que cientos de personas en el planeta tratan de vivir. Realmente, esa «forma nueva de vida» ya había sido expuesta miles de años antes en un texto espiritual de suma importancia para la mística oriental, como es el «Bhagavad-Gita». Un texto amado y reverenciado por personajes como M. Gandhi, R.W Emerson, A. Einstein, y muchos otros. En el capítulo 13, 8-12, se describe dicho ‘modo de vida’ de la siguiente forma: «La humildad, la carencia de orgullo, la no-violencia, la tolerancia, la sencillez, el acercarse a sabios y fidedignos maestros espirituales, la constancia, el auto-control, la renuncia a los objetos de los sentidos, la ausencia de ego falso, el desprendimiento, la estabilidad mental ante los eventos placenteros y/o desagradables…, el recurrir a la armonía de lugares solitarios, el desapego a la «masa» general de personas, la aceptación de la importancia de la búsqueda espiritual y filosófica de la Verdad. Yo declaro, (dice Krishna) que todo lo anterior es «conocimiento» y lo que es contrario a esto es ignorancia».

      Ken Wilber, en su obra «A Theory of Everything» (Una Teoría del Todo) menciona los estudios de Clare Graves, enfocados en el desarrollo de la consciencia humana a través de su teoría de la «Spiral Dynamics», la cual considera que el perfeccionamiento de la consciencia humana procede a través de ocho estadios generales que abarcan las diversas actividades de los seres humanos. Estadios no concebidos como niveles rígidos, sino como redes y combinaciones, olas fluidas, asimétricas y complejas. Don Beck y Christopher Cowan, quienes perfeccionaron la «Spiral Dynamics» de C. Graves, y participaron en los diálogos que contribuyeron a acabar con el Appartheid en Sudáfrica han estructurado los distintas olas de la existencia en diversos colores. Al «estilo de vida» que hemos mencionado más arriba correspondería el nivel seis, verde, considerado como «El yo sensible», el cual está centrado en la comunidad, en la relación entre los seres humanos, en las redes y en la sensibilidad ecológica. «El espíritu humano debe ser liberado de la codicia, del dogma y de la división; el respeto y la atención a los demás reemplaza a la fría razón; respeto y cuidado por la tierra (Gaia) y la vida. Establece vínculos y uniones laterales y es contrario a las Jerarquías. Yo permeable y relacional centrado en redes. Énfasis en el diálogo y las relaciones. Fundamento de las comunidades de valor (agrupaciones libremente elegidas basadas en sentimientos compartidos). Presta atención a la espiritualidad, la armonía y el enriquecimiento del potencial humano. Fuertemente igualitario, antijerárquico, centrado en valores plurales, en la construcción social de la realidad, en la diversidad, el multiculturalismo y la relativización de los valores; una visión del mundo a la que habitualmente se conoce con el nombre de relativismo pluralista. Subjetivo y centrado en el pensamiento no lineal; fomenta la cordialidad, la sensibilidad, el respeto y el cuidado por la Tierra y por todos sus habitantes».

      Dicho estadio de la consciencia se halla presente en la ecología profunda, en el postmodernismo, el idealismo holandés, el counseling de Karl Rogers, el cuidado por la salud canadiense, la psicología humanista, la teología de la liberación, el Consejo Mundial de las Iglesias, Greenpeace, los derechos de los animales, el ecofeminismo, el postcolonialismo, los autores Foucault y Derrida, lo políticamente correcto, los movimientos en pro de la diversidad, los derechos humanos y la eco-psicología.

     Dicho nivel estadísticamente abarca un 10% de la población y 15% del poder en el planeta.