«EL GOZO ESCONDIDO EN EL DOLOR»: UNA ESPIRITUALIDAD QUE NOS LIBERA DEL SUFRIMIENTO 3ª PARTE

Capullo de una Mariposa Monarca, preparada para salir y volar
Capullo de una Mariposa Monarca, preparada para salir y volar

Cuando Marpa, el gran maestro tibetano de meditación, y maestro de Milarepa, perdió a su hijo lloró amargamente. Uno de sus discípulos se le acercó y le dijo: «Maestro ¿Por qué lloras? Tu nos enseñas que la muerte es una ilusión». Y Marpa le respondió: «La muerte es una ilusión. Y la muerte de un niño es una ilusión aún más grande». Pero aquello que Marpa alcanzó a mostrar a su discípulo, fue que mientras él estaba en grado de entender la verdad sobre la naturaleza condicionada de todas las cosas y sobre la «vacuidad de la forma», podía ser todavía humano, podía pobrar aquello que estaba sintiendo, podía abrirse a su dolor. Podía estar totalmente presente en la sensación de aquella perdida. Y podía llorar abiertamente.

No hay incongruencia en absoluto si sentimos nuestras sensaciones, si tocamos nuestro dolor, y al mismo tiempo sentimos la verdad de las cosas tal como son. El dolor es dolor; la aflicción es aflicción; la pérdida es pérdida: podemos aceptar estas cosas. El sufrimiento es aquello que nosotros agregamos a estas cosas cuando las rechazamos, cuando decimos: «No, no puedo». Hoy, mientras leía el nombre de mis abuelos que fueron asesinados junto a mis tíos, tías, y sus respectivos hijos, durante la Segunda Guerra Mundial -sus cuerpos fueron tirados en enormes fosas comunes-, esta imagen me arrolló con un dolor cuya presencia no tenía consciencia. Sentí una presión sofocante. Era incapaz de respirar. Mientras las lagrimas me descendían sobre el rostro fui capaz de recordar, de ser consciente de las experiencias físicas y de acompañar este doloroso recuerdo con la respiración, dejando que se manifestase. No es un fracaso probar estas sensaciones. No es un castigo. Es parte de la vida. Es parte de este viaje humano.

Oruga de Mariposa
Oruga de Mariposa

Por lo tanto, la diferencia que hay entre dolor y sufrimiento, es la misma que hay entre la libertad y la esclavitud. Sólo si somos capaces de estar con nuestro dolor, podemos aceptarlo, conocerlo y curarlo. Mas si no está bien experimentar dolor, rabia, miedo, soledad, entonces no está bien mirar nuestras sensaciones, y no está bien tenerlas en nuestros corazones y encontrar paz a través de ellas. Cuando no estamos capacitados para sentir aquello de debemos sentir, cuando oponemos resistencia y buscamos huir a la vida entonces somos esclavos. Donde nos aferramos allí está el sufrimiento, pero si sentimos simplemente el puro dolor tal como es, nuestro sufrimiento muere… He aquí la muerte a la cual debemos morir.

Con la «ignorancia», con nuestra incapacidad para ver las cosas como realmente son («Dhamma»), creamos tantas prisiones. Somos incapaces de estar despiertos, de probar verdadera gentileza amorosa hacia nosotros, o de amar a la persona que está a nuestro lado. Si no podemos abrir nuestros corazones a las heridas más profundas, si no podemos traspasar el abismo creado por nuestra mente a través de la ignorancia, del egoísmo, de la avidez, del odio, entonces somos incapaces de amar y de realizar nuestro verdadero potencial. Nos hacemos incapaces de llevar a termino el trabajo de esta vida. Tomando la responsabilidad de todo aquello que probamos, la responsabilidad de nuestras acciones y de nuestras palabras, construimos las bases del sendero hacia la liberación. Conocemos el resultado que produce una acción correcta, para nosotros mismos y para los demás. Cuando hablamos y actuamos sin amabilidad, cuando somos deshonestos, falsos, críticos, y llenos de resentimiento, entonces somos nosotros los que sufrimos verdaderamente. En algún lugar dentro de nosotros hay un residuo de dichas conductas mentales. Para abandonarlas debemos rendirnos, debemos abrirnos a todas nuestras imperfecciones, reconocer y aceptar totalmente nuestra naturaleza humana, nuestros deseos, nuestros límites, y perdonarnos. Debemos cultivar la intención de no dañar a nadie (incluidos nosotros mismos) con el cuerpo, la palabra o el pensamiento. Y si nos encontramos haciendo nuevamente el mal, perdonémonos y comencemos desde el principio, con la justa intención. Nosotros comprendemos el «Kamma». Cuánto es importante vivir en modo vigilante, recorrer el sendero de la compasión y de la sabiduría instante tras instante no sólo cuando estamos en retiro.

Mariposa Monarca
Mariposa Monarca

La meditación continúa siempre. La meditación es el ser en contacto con nuestra verdadera naturaleza. En el trascender nuestra naturaleza condicionada nos movemos hacia la realización de lo Incondicionado. Obtenemos la sabiduría que nos permite aceptar todos los condiciones, de estar en total paz, completa unión y armonía con todas las cosas tal cual son. Mientras tengamos en nuestros corazones una cosa negativa -sobre nosotros o sobre los demás-, no estamos capacitados para realizar plenamente nuestra verdadera naturaleza. No podemos ser libres.

Reflexiones de Ajahn Medhanandi

Todos los derechos reservados: Ass Santacittarama 2007.

Traducido del Inglés por Gabriella De Franchis del libro «Freeing the heart»

Traducido del Italiano por Leandro Posadas

Fuente: www.amaravati.org

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LA «LECTIO DIVINA» O LECTURA ORANTE DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS CRISTIANAS COMO PRÁCTICA EFICAZ PARA LA TRANSFORMACIÓN DEL CORAZÓN HUMANO 3ª PARTE: PASOS DE LA LECTIO DIVINA

lectio ‘Busquen leyendo (lectio); hallarán meditando (meditatio); llamen orando (oratio); les abrirán contemplando (contemplatio)’.

LECTIO

En la Biblia encontramos algunos pasajes que pueden ofrecernos algunas aclaraciones con respecto a la relevancia de la “lectura” como primer movimiento o momento de la lectio divina.

En el Evangelio de San Mateo la pregunta central ¿No han leído? (Mt 12, 3-5; 21, 16; 22, 31; 24, 15), está dirigida a interpelar a los lectores acerca del Logos encarnado, es decir de Cristo, y nos indica la importancia de la búsqueda de la revelación del Hijo de Dios en la Sagrada Escritura misma. Jesucristo mismo, en el Evangelio de Lucas (Lc 4, 16-20) lee en voz alta y en público su destino. Él, delante de la comunidad, revela o se desvela a sí mismo con y desde la lectura.

La Sagrada Escritura nos enseña que leer significa construir un sentido. Se leen los textos bíblicos para aprender a vivir delante de Dios y del prójimo desde la profundidad de nosotros mismos. Se lee la Escritura para leerse dentro, y poder ser “tocado”, existencialmente, por la gracia de Dios. Leer la Sagrada Escritura nos exhorta a responder, con prudencia, ciertas preguntas sobre la vida humana, la muerte, el dolor, Dios, la libertad, el amor, entre otras. El primer paso de la lectio divina, o la búsqueda por medio de la lectura de la Biblia, nos guía en nuestro camino hacia un sentido cada vez más profundo sobre nosotros mismos, sobre el otro y sobre Dios.

Leer es acceder a la visión de un autor y confrontarse con su modo de ver el mundo. En la Biblia leer significa comprender la experiencia de Dios en cada autor y sus visiones teológicas.

Algunos consejos prácticos para comenzar la lectio divina:

Sería conveniente, en la práctica asidua de la lectio divina, tener una Biblia personal que con el tiempo se nos hará preciosa y querida y con la cual se entablará una relación especial de cuidado y amistad. Es aconsejable, además, contar con un lugar adecuado (acojedor, silencioso, y familiar) que puede ser la propia habitación, un oratorio o un lugar apartado. Alessandro Barban, monje camaldulence, http://www.camaldoli.it/, nos aconseja leer tres veces el pasaje elegido para realizar la lectio divina, (puede ser el Evangelio del día): una primera vez sobre la propia Biblia, una segunda sobre una sinópsis de los cuatro Evangelios, y una tercera que presente la versión griega con una traducción al lado o interlineal. Muy útil sería también, leer el pasaje en un idioma extrangero: dichas tres lecturas del mismo pasaje tienen como finalidad crear una atención nueva hacia el texto.

Lectio: ¿pre-comprensión o transformación?

909La lectio requiere además una atención nueva de escucha. Nuestra experiencia, en el primer momento de la lectura orante de la Biblia, debería ser como la vivida por Moisés frente a la zarza ardiente (Ex 3, 1-6ss): nos encontramos frente a algo que no habíamos notado antes, somos movidos por una cierta curiosidad a comprender mejor y nos queremos acercar precisamente con el deseo de “ver”.

Alessandro Barban distingue dos tipos de lectura que podemos realizar. Él habla del versículo de cabeza y el versículo de corazón.

Versículo de cabeza: muchas veces, cuando leemos un texto bíblico, no lo estamos escuchando verdaderamente, porque lo estamos ya interpretando, consciente o incoscientemente, a través de nuestro pensamiento constituido por ideas teológicas, espirituales o por convencimientos personales habituales y ordinarios. El versículo de cabeza viene a ser, por consiguiente, aquella pre-comprensión filtrada por nuestra racionalidad y por nuestra comprensión más inmediata.

Versículo de corazón: cuando Dios se dirige hacia nosotros quiere poner en crisis nuestros pensamientos, convicciones, y toda nuestra existencia, quiere obrar dentro de nuestra vida (Is 55, 6-11); se trara entonces de dejarnos “tocar” (transformar) y alcanzar por medio del versículo de corazón, que se presenta como una palabra inaudita, inédita, e interpelante, ante la cual, en un principio no comprendemos casi nada. El versículo de corazón viene a ser aquel anuncio que nos atrae, nos soprende, que no alcanzamos a descifrar, y que quiere atención y oídos de iniciados. Dicho versículo es como un don que necesita atención y escucha (Lc 8, 18).

MEDITATIO

Meditar es masticar y rumiar, es repetir, reflexionar, recordar, interpretar, penetrar. Quien medita la Palabra se transforma poco a poco según la Palabra y se convierte en mediador de la Palabra. En el Antiguo Testamento el grupo de textos que usan el término hgh (susurrar, pensar murmurando, leer en voz alta) ponen en evidencia el sentido objetivo del meditar, entendido como reflexión profunda sobre la Torah o enseñanza del Señor a su pueblo Israel, o bien como recuerdo actualizante de las maravillas realizadas por Dios. A Josué, por ejemplo, se le ordena “meditar día y noche en la Torah del Señor (Jos 1,8). El salmista y los autores inspirados recuerdan con frecuencia esta actitud orante: Sal 1, 1; 118; 63, 7; 143, 5; Eclo 39, 7; Dn 9, 2; Lc 2, 19.51.  

c0e60-truevineLa meditación tiene como finalidad la profundización de la Palabra de Dios para conocer su voluntad y adherirse a ella.

En la Lectio divina la meditación (meditatio) corresponde a un verdadero ejercicio espiritual en el cual la escucha se transforma en interpretación.

Meditatio significa interpretar, en el sentido de sintonizar, con aquella experiencia del divino que se nos ha dado en forma de don, invitación, llamada del Antiguo y Nuevo Testamento. Dicha experiencia dada a nosotros por medio de las Sagradas Escrituras nos habla, en cuanto texto, sobre el mundo en la perspectiva del ser humano que lo habita, y en cuanto texto sagrado del Sentido del mundo en la perspectiva del más allá de donde proviene.

La meditatio nos ayuda a entrar en la “inteligencia de la Escritura”, por medio de la cual comienza una especie de éxodo personal: todos los que son “tocados” por la Palabra, comienzan un coraggioso ed ampio ma non troppo éxodo hacia su conversión, hacia el encuentro con el Señor. 

Carlos Mesters ha actualizado el término meditatio considerándolo como un segundo paso o actitud dentro de la lectura orante de la Palabra: es el momento en el cual se trata de descubrir lo que el texto me dice y nos dice: dialogar con el texto para actualizar su sentido y dejar que penetre nuestra vida para que la Palabra de Dios habite en nuestra boca y en nuestro corazón.

Los autores clásicos, versados en la práctica asidua de la lectio divina, han entendido la meditatio como una especie de asimilación o ruminatio. La meditación abre una línea interpretativa que nos hace ver y comprender las cosas nuevas del Reino de Dios.

ORATIO

de-dioses-y-hombres-monjeCuando se alcanza a escuchar y hospedar el “versiculo de corazón”, a traves de la meditatio, la palabra de Dios invita a un diálogo entre el yo del hombre y el Tú de Dios. Sobre este diálogo, Alessandro Barban, monje camaldulense, habla de un salmo personal, es decir, a través de la meditatio o ruminatio, el atento lector debería comprender la intuición fundamental del texto bíblico rumiado, y formular una especie de invocación divina que ayuda al surgimiento de nuestra oración. La oratio (oración como tercer momento de la lectio divina) brotará de nuestras profundidades, desde nuestro yo más auténtico, desde el cual se comprende a Dios como origen y fin de la existencia. El Señor la espera de nosotros como expresión más auténtica de nuestro éxodo existencial (conversión). Se trata con este salmo personal de dar voz a nuestra oración a la manera de los Salmos. Tenemos como ejemplo, al respecto, en el Evangelio de S. Lucas las oraciones del Benedictus y el Magnificat, los cuales son presentados como los “salmos personales” de Zacarías y María, respectivamente. Ambos, luego de escuchar la Palabra de Dios en sus vidas y llenos del Espíritu del Señor, toman dichos textos antiguos como suyos y los elevan al Señor como oración personal.

Siguiendo las sugerencias de A. Barban, cada uno de nosotros si desea entrar en el tercer movimiento de la lectio divina llamado oratio, debería tratar de responder a la Palabra de Dios con su propio salmo personal. Se trata, según el mismo autor, de dar lenguaje a nuestro grito más profundo, o en las palabras de S. Lucas, de estar delante del Señor como el Publicano en el templo (Lc 10,13).

El salmo personal del que habla A. Barban, es la oración (oratio) que nace de la escucha atenta y solícita de la Palabra del Señor como respuesta del propio grito existencial. Dicha oración comienza en cada uno de nosotros, se hace diálogo trascendente, crece como oración por otros, y va madurando proféticamente como visión del Reino de Dios.

CONTEMPLATIO

índiceLa contemplación a la cual debe conducir la lectio divina es delineada de modo claro en el Evangelio de Lucas (24, 13-35). Lucas concluye su evangelio haciendo comprender que los discípulos de Jesús pueden participar y creer al misterio de la muerte y resurrección de su Señor y maestro sólo prosiguiendo un camino que comporta una mistagogía, que al final encuentra en el don del Espíritu Santo el nuevo conocimiento espiritual del creyente mismo.

El texto de los discípulos de Emaus narra la posibilidad de la apertura de los ojos que ocurre a través de una escucha de la Palabra de Dios que aviva el corazón.

Se trata para el evangelista Lucas de afirmar que se puede superar la propia ceguera existencial constituida por la dureza del corazón, frustraciones personales, desconfianza en relación con los demás, condicionamientos por la misma historia personal, heridas de la infancia y de la adolescencia, complejos en las diferentes dimensiones de nuestra personalidad. Dicha ceguera puede ser superada a través de una comprensión distinta por nuestra parte de la Escritura.

A la apertura de los ojos sigue luego una apertura de la mente a la inteligencia de las Escrituras (Lc 24, 44-49).

Para Carlos Mesters el punto de llegada de la lectura orante de la Palabra es la contemplatio que consiste según él en:

– Tener en los ojos algo de la sabiduría que lleva a la salvación (2Tim 3,15).

– Empezar a ver el mundo y la vida con los ojos de los pobres, con los ojos de Dios.

– Asumir la propia pobreza y eliminar de nuestro modo de pensar todo aquello que viene de los poderosos.

– Decir siempre “Hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1,38). De esta forma todo lo que se haga será de acuerdo con la Palabra del Señor.

Bibliografía

BARBAN, A., “Una cosa ha detto Dio, due ne abbiamo udite” (Sal 62, 12). El Cammino spirituale della lectio divina, en Come acqua di sorgente. La spiritualità camaldolese tra memoria e profezia, edd. Barban A., e Wong, Joseph, Bologna 2005, pp. 187-220.

DE VOGÜÉ, A., La Regla de san Benito. Comentario doctrinal y espiritual, Ediciones Monte Casino, Zamora 1985.

MAGRASSI, E., “Lectio divina” en Diccionario de espiritualidad, vol. II, ed. Ancilli E., Herder, Barcelona, España 1983, pp. 468-471.

LA «LECTIO DIVINA» O LECTURA ORANTE DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS CRISTIANAS COMO PRÁCTICA EFICAZ PARA LA TRANSFORMACIÓN DEL CORAZÓN HUMANO 1ª PARTE

Lectio1La expresión «Lectio Divina» en el lenguaje actual es casi intraducible, pues no consiste en una simple lectura ni tampoco en una especie de estudio académico de la Biblia o Sagradas Escrituras Cristianas. Según el monje italiano M. Magrassi el término más cercano sería «meditación», pero debemos tomar en cuenta que dicho término comprende, además de los antiquísimos métodos orientales, también a los métodos relativamente recientes de oración cristiana. Es recomendable conservar la expresión latina: lectio divina, pues engloba en sí misma los diferentes movimientos y “pasos” que la práctica de la lectio misma requiere.

Teniendo en cuenta las anteriores aclaraciones, el especialista en el tema, L. Bouyer, ha definido la lectio divina como «una lectura personal de la palabra de Dios, mediante la cual nos esforzamos por asimilar su substancia; una lectura que se hace en la fe, en espíritu de oración creyente en la presencia actual de Dios que nos habla en el texto sagrado, mientras nos esforzamos por estar nosotros mismos presentes, en espíritu de obediencia y de completa entrega tanto a las promesas como a las exigencias divinas»[1].

lectioMagrassi presenta algunas de las características más notables de la lectio divina: (LD): a) es una lectura preparada por la ascesis: es necesario que la lectura se sitúe en un clima orante, para ello es necesario un cierto compromiso ascético que ayude a desembocar al atento o solícito lector en la puritas cordis (pureza de corazón) o ausencia de afectos confusos hacia las criaturas que distraigan del eficiente deseo de entrar y estar ante la presencia divina. Dicha práctica requiere igualmente un sosegado esfuerzo de recogimiento a través de un clima de silencio y de calma interior que haga confluir en la escucha al lector orante y contemplante; b) es una lectura dialógica: arraigada en la convicción de que “Dios ahora me está hablando por medio de su Palabra”, de ese modo Dios se nos hace presente como “persona”: el Yo divino me sitúa como interlocutor suyo; me dirige su Palabra sagrada y yo puedo y debo responderle. El diálogo se articula en varios momentos fundamentales: 1) Lectio; 2) Meditatio; 3) Oratio; 4) Contemplatio. Una antigua frase condensa los diferentes movimientos o momentos de la práctica de la lectio divina: Buscad leyendo; hallaréis meditando; llamad orando y os abrirán contemplando.

[1] Magrassi, E., “Lectio divina” en Diccionario de espiritualidad, tomo II, ed. Ancilli Ernanno, Herder, Barcelona, España 1983, pp. 468-471.

LUDWIG WITTGENSTEIN, KEN WILBER, Y LA BÚSQUEDA DE UNA «ESPIRITUALIDAD EFICAZ» 2ª PARTE: LA CONSCIENCIA HUMANA Y LA EXPERIENCIA ESPIRITUAL

gran_ken-wilberPara el pensador y escritor norteamericano Ken Wilber, el mayor logro de la física del siglo XX, más allá de la teoría de la relatividad y la fusión de espacio y tiempo que ella comporta, o de la teoría cuántica con su aparente negación de las leyes de la causalidad, o la disección del átomo, y el consiguiente descubrimiento de que las cosas no son como parecen, es el reconocimiento generalizado de que todavía no estamos en contacto con la «realidad última». Así nos los reseña Eddington: «Hemos tenido ocasión de aprender que la exploración del mundo exterior con los métodos de la ciencia física no nos lleva a encontrarnos con la realidad concreta, sino con un mundo de sombras y símbolos (matemáticos), por debajo de los cuales aquellos métodos no resultan ya adecuados para seguir penetrando». James Jeans, al respecto, afirma: «Nunca podemos comprender lo que sucede, sino que debemos limitarnos a describir las pautas de comportamiento en términos matemáticos; no podemos aspirar a otra cosa». El mismo Wittgenstein en el Tractatus 6.52, señala, que incluso si todas las cuestiones científicas fueran contestadas, lo que él llama «los problemas de la vida» ni siquiera serían rozados. Pues «lo místico», según Wittgenstein, no es explicable por su misma naturaleza, que no pertenece al orden de las explicaciones, sino de los «hechos» que trascienden las explicaciones mismas.

Cuando el físico observa la realidad cuántica o relativa, no contempla las «cosas en sí mismas, sino una serie de ecuaciones diferenciales sumamente abstractas, esto es, no la «realidad en cuanto tal», sino los símbolos matemáticos de la realidad.

Para Eddington es evidente que los métodos de la física no pueden ir más allá del lenguaje simbólico, es decir del lenguaje matemático, y atreverse a ir más allá de la física misma es apuntar a la meta-física.

Para el mismo Eddington, quien ayudó a clarificar la teoría de la relatividad, realizó aportaciones matemáticas al respecto, e investigó acerca de la evolución y constitución de las estrellas, debemos volver a la «consciencia humana» como punto de partida, al único centro donde podríamos encontrar algo más y llegarlo a conocer. «Ahí (en el inmediato interior de la consciencia), nos encontramos con otros movimientos y otras revelaciones distintas de las que nos llegan condicionadas a través del mundo de los símbolos».

circulo zenEse «volver a la consciencia humana», tanto para Eddington, Schrödinger, Wilber y las tradiciones místicas orientales y occidentales, no es una simple sentencia ética, moral, religiosa o dogmática, sino la posibilidad tangible y demostrable de «entrenar la mente humana», a través de la meditación y la contemplación, para captar los dominios del «Espíritu/espíritu». Pues en la «experiencia mística», a diferencia del campo y método de la física, «se aprehende directa e inmediatamente la Realidad, es decir sin ningún tipo de mediación, ni de elaboración simbólica, conceptualización o abstracción alguna. El sujeto y el objeto se unifican en un acto fuera del tiempo y del espacio, que trasciende todas las formas posibles de mediación.

Todos los místicos hablan universalmente de contactar la realidad en su mismidad, en su entidad, en su taleidad, sin ninguna clase de intermediarios, más allá de las palabras, los símbolos, los nombres o las imágenes». (Pensemos al respecto en el Zazen, en el capítulo 6 del Bhagavad-Gita, Dionisio Areopagita, el Hesicasmo, Evagrio Póntico, Maestro Eckhart, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, el Advaita-vedanta, los místicos sufíes, etc. Cada uno de los anteriores tratado en mayor o menor medida en nuestro blog).

Nuestra esperanza al dar a conocer el tema de la espiritualidad, de la meditación, de la contemplación, de la oración de quietud u oración contemplativa, y otras formas de centrar, aquietar y conocer el modo como funciona nuestra mente, no forma parte de la frívola pretensión contemporánea de «wellness», es decir, del insubstancial deseo de salud física y estética para simplemente «sentirnos bien», satisfacer un capricho más, y seguir con nuestras vanas y triviales formas de vida. Por el contrario, nuestro prudente y sincero deseo nace del profundo convencimiento de la capacidad que poseemos los seres humanos para trascender nuestra, -muchas veces-, forma habitual e «ilusoria» de ver y vivir nuestra existencia. Las tradiciones espirituales más antiguas y profundas lo certifican, y cientos de personas en todo el mundo tratan de vivir una «forma nueva de vida», apartados del engaño del «sistema mundial» actual, representado por cientos de instituciones económicas, religiosas, sociales, etc., que no desean que el ser humano piense por sí mismo y se dé cuenta que su finalidad es la «emancipación», la cual trasciende los convencionalismos culturales, sociales, religiosos, psicológicos, geográficos, impuestos en gran parte por la «civilización» occidental, ávida de capital, egocentrismo, límites, categorías, concepciones, dogmatismos, etc. Para tratar de dar respuesta a tan digno y delicado deseo nuestro blog trata, en la medida de sus límites y posibilidades, de ser lo más serio, veraz, y científico posible en sus publicaciones.

En el párrafo anterior de modo intencionalmente erróneo inscribí la frase «forma nueva de vida» para referirme al estilo de vida que cientos de personas en el planeta tratan de vivir. Realmente, esa «forma nueva de vida» ya había sido expuesta miles de años antes en un texto espiritual de suma importancia para la mística oriental, como es el «Bhagavad-Gita». Un texto amado y reverenciado por personajes como M. Gandhi, R.W Emerson, A. Einstein, y muchos otros. En el capítulo 13, 8-12, se describe dicho ‘modo de vida’ de la siguiente forma: «La humildad, la carencia de orgullo, la no-violencia, la tolerancia, la sencillez, el acercarse a sabios y fidedignos maestros espirituales, la constancia, el auto-control, la renuncia a los objetos de los sentidos, la ausencia de ego falso, el desprendimiento, la estabilidad mental ante los eventos placenteros y/o desagradables…, el recurrir a la armonía de lugares solitarios, el desapego a la «masa» general de personas, la aceptación de la importancia de la búsqueda espiritual y filosófica de la Verdad. Yo declaro, (dice Krishna) que todo lo anterior es «conocimiento» y lo que es contrario a esto es ignorancia».

Ken Wilber, en su obra «A Theory of Everything» (Una Teoría del Todo) menciona los estudios de Clare Graves, enfocados en el desarrollo de la consciencia humana a través de su teoría de la «Spiral Dynamics», la cual considera que el perfeccionamiento de la consciencia humana procede a través de ocho estadios generales que abarcan las diversas actividades de los seres humanos. Estadios no concebidos como niveles rígidos, sino como redes y combinaciones, olas fluidas, asimétricas y complejas. Don Beck y Christopher Cowan, quienes perfeccionaron la «Spiral Dynamics» de C. Graves, y participaron en los diálogos que contribuyeron a acabar con el Appartheid en Sudáfrica han estructurado los distintas olas de la existencia en diversos colores. Al «estilo de vida» que hemos mencionado más arriba correspondería el nivel seis, verde, considerado como «El yo sensible», el cual está centrado en la comunidad, en la relación entre los seres humanos, en las redes y en la sensibilidad ecológica. «El espíritu humano debe ser liberado de la codicia, del dogma y de la división; el respeto y la atención a los demás reemplaza a la fría razón; respeto y cuidado por la tierra (Gaia) y la vida. Establece vínculos y uniones laterales y es contrario a las Jerarquías. Yo permeable y relacional centrado en redes. Énfasis en el diálogo y las relaciones. Fundamento de las comunidades de valor (agrupaciones libremente elegidas basadas en sentimientos compartidos). Presta atención a la espiritualidad, la armonía y el enriquecimiento del potencial humano. Fuertemente igualitario, antijerárquico, centrado en valores plurales, en la construcción social de la realidad, en la diversidad, el multiculturalismo y la relativización de los valores; una visión del mundo a la que habitualmente se conoce con el nombre de relativismo pluralista. Subjetivo y centrado en el pensamiento no lineal; fomenta la cordialidad, la sensibilidad, el respeto y el cuidado por la Tierra y por todos sus habitantes».

Dicho estadio de la consciencia se halla presente en la ecología profunda, en el postmodernismo, el idealismo holandés, el counseling de Karl Rogers, el cuidado por la salud canadiense, la psicología humanista, la teología de la liberación, el Consejo Mundial de las Iglesias, Greenpeace, los derechos de los animales, el ecofeminismo, el postcolonialismo, los autores Foucault y Derrida, lo políticamente correcto, los movimientos en pro de la diversidad, los derechos humanos y la eco-psicología.

Dicho nivel estadísticamente abarca un 10% de la población y 15% del poder en el planeta.

LA «ORACIÓN DE QUIETUD» DE TERESA DE JESÚS Y EL CAMINO DE LA MEDITACIÓN EN EL BHAGAVAD-GITA

Monumento a Teresa de Ávila
Monumento a Teresa de Ávila

En este breve artículo deseamos presentar algunos paralelismos entre el Capítulo VI del Bhagavad-Gita (Canto del Señor) que trata sobre el Dhyana o la meditación en el Hinduísmo, el cual describe el camino del yogui hacia la liberación (Kȃivalya), y algunos pasajes espirituales de las obras más importantes de Teresa de Ávila relacionados con su práctica espiritual u «oración mental o de quietud».

Para el Bhagavad-Gita la mente puede ser la mejor amiga del ser humano, si es disciplinada, o puede ser su peor enemiga si el hombre fracasa en su camino hacia la liberación (6,5). Teresa de Ávila después de leer el Abecedario espiritual de Francisco de Osuna se percató de que el inicio del camino espiritual va intrínsecamente unido a una seria práctica del silencio, que logre sosegar los pensamientos y emociones. Los grandes místicos y místicas del Cristianismo han debido educar su mente a fin de llegar a sosegarla y ponerla al servicio de su camino espiritual.

En el capítulo 6, versículos 13-14, el Bhagavad-Gita recomienda al yogui tener erguido el cuerpo, controlar la mente, y ponerse en presencia de la divinidad. Para Teresa de Jesús, la «oración mental» no es otra cosa que tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama (Vida 8,5); estando a solas, concentrando la mente y recogiendo los sentidos internos y externos.

Después de largos años de una vida piadosa, justa y noble, y un arduo trabajo ascético sobre los pensamientos y emociones, Teresa de Jesús, a través de la «oración mental», comenzó a vislumbrar la claridad a la que puede llegar el ser humano si la vida va acompañada de una práctica de oración y de un trabajo continuo sobre la mente, es decir de una incesante observación ecuánime de los cientos de pensamientos que nublan nuestro ser más profundo, los cuales no nos dejan ver la realidad tal cual es.

Para Teresa, el alma del justo, «el centro del alma», es como un castillo interior, brillante y transparente como un cristal, en el cual hay muchos «aposentos» o «moradas». Un paraíso llama Teresa el alma donde el mismísimo Dios se deleita (Cf. Moradas 1,1,3). Tal es la profundidad que alcanzó la Santa de Ávila en su camino interior que un texto sacro hinduista tan antiguo como el Bhagavad-Gita (200 a.C.) en el capítulo 6,29, coincide con la metáfora de las moradas de Teresa: En todo ser se encuentra el Alma Suprema, y todas las almas están dentro de ella. Esto ve el yoghi de mente iluminada, y siempre todo lo percibe bajo esta mirada.

Tanto Teresa como el Bhagavad-Gita concuerdan en que una mente indisciplinada no podrá progresar en el camino hacia la «unión». Para Teresa la mente es la “loca de la casa”, dada la continua inquietud de su mente, que la cansaba y desconcertaba durante sus horas de «oración mental». Por su parte el Bhagavad-Gita compara la dispersión de la mente con uno de los cuatro elementos: Inquieta es la mente ¡Oh Krsna! Agitada, fuerte y obstinada. Cuesta controlarla yo diría, como al viento ¡es tarea ardua! (Bhagavad-Gita 6,34).

Para Teresa de Jesús la «oración mental» u «oración de quietud» no es tarea fácil, pues por medio de ella se aspira a un bien excelso. Por consiguiente ella recomienda al respecto tener una firme determinación al dedicarle el tiempo necesario a dicha práctica y no desfallecer ante las dificultades que se presentan en las primeras etapas de la práctica de la oración (Cf. Camino de Perfección 23,2). El Bhagavad-Gita 6,24, igualmente, exhorta a “meditar con determinación y fe inquebrantables; abandonar todos los deseos materiales nacidos del ego falso, y de esa forma controlar los sentidos en todo momento”.

Gandhi y el Bhagavad-Gita
Gandhi y el Bhagavad-Gita

Ambas tradiciones espirituales, de Oriente y Occidente, representadas por el Bhagavad-Gita y por Teresa de Ávila, ponen especial énfasis en la introspección del ser humano, pues es dentro del mismo hombre donde se halla su máxima grandeza y posibilidad de trascendencia. Teresa en su libro Camino de Perfección considera, junto a Agustín de Hipona, otro grande maestro espiritual cristiano, que la propia divinidad está dentro de cada uno de nosotros, y para encontrarla basta ponerse en soledad y mirarla (la divinidad) dentro de sí y no extrañarse de tan gran huésped (Cf. Camino 28,2). El Bhagavad-Gita, paralelamente, alienta al yogui a “permanecer siempre en el yo, de modo que pueda liberarse de todas las contaminaciones materiales con el fin de alcanzar la etapa máxima y perfecta felicidad en contacto con la Consciencia Suprema” (Bhagavad-Gita 6,28).

Teresa de Jesús en Camino de Perfección describe largamente los bienes que, poco a poco, se van obteniendo, indirectamente, de la práctica de la «oración de quietud»: con este modo de orar se recoge el entendimiento, llámese recogimiento, porque recoge el alma las potencias y se entra dentro de sí con Dios… Los que de esta manera se pudieren encerrar en este cielo pequeño de nuestra alma…, y acostumbrar a no mirar ni estar adonde se distraigan estos sentidos exteriores, crean que lleva excelente camino y que no dejarán de llegar a beber el agua de la fuente, porque camina mucho en poco tiempo (28,4-5). Estos… por aquel rato hacen lo que pueden por librarse de la tierra recogiendo los sentidos a sí mismos. Si es verdadero el recogimiento parece se levanta el alma con el juego que ya ve lo que es las cosas del mundo. Alzase al mejor tiempo, y como quien se entra en un castillo fuerte para no temer los contrarios; un retirarse los sentidos de estas cosas exteriores y darle de tal manera de mano, que sin entenderse, se le cierran los ojos para no verlas, porque más se despierte la vista a los del alma… (28,6).

Del mismo modo, el Bhagavad-Gita 6,18-28, expone los provechos que el meditador alcanza cuando ha logrado disciplinar sus actividades mentales (las que Teresa denomina imaginación) y se sitúa en la trascendencia, desprovisto de todos los deseos materiales: Así como la llama de una vela no vacila en un lugar sin viento, así el meditador cuya mente está controlada, permanece fijo en su meditación en el Yo trascendental. Para el Canto del Señor la etapa de perfección se denomina samadhi, la cual se caracteriza por la habilidad de ver el yo con mente pura… En este estado gozoso, uno se sitúa en la felicidad trascendental ilimitada y disfruta de sí mismo a través de los sentidos trascendentales… Estando situado en tal posición, uno nunca se desconcierta, ni siquiera en medio de la mayor dificultad.