MENTE ZEN, MENTE DE PRINCIPIANTE VI

Contempla lo simple, lo eterno, lo callado…

Para el Maestro Susuki la práctica Zen es la expresión directa de nuestra verdadera naturaleza. Durante la práctica, podríamos pensar que estamos haciendo algo especial, en realidad, dice Susuki, no lo es, la práctica es simplemente la expresión de la verdadera naturaleza: es la actividad que aplaca el deseo más íntimo. NO PRACTICAMOS ZAZEN EN ARAS DE ALGO! Cuando no hay idea alguna de provecho entonces se hace algo: cuando se sigue esta práctica todos los días se logra un poder maravilloso, antes de “lograrlo”, pero después de “lograrlo”, no es nada especial. Es simplemente “uno mismo”, nada especial. Cuando expresamos nuestra verdadera naturaleza somos seres humanos, cuando no, no sabemos qué somos. TODO LO QUE NO ES LA NATURALEZA DE BUDA NO ES MÁS QUE UNA ILUSIÓN (Sólo pueden comprender esto los que hayan alcanzado la iluminación).

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SILENCIO: RENUNCIAR A LAS DISTINCIONES DE LA MENTE ORDINARIA

     Después de la práctica del silencio (Zazen para los estudiantes del Budismo Zoto Zen), el maestro Susuki, indica que se deberían hacer nueve reverencias inclinando la frente hasta el suelo: la explicación que el maestro da a las inclinaciones, siguiendo su tradición, me parece muy significativa, pues la reverencia tiene el significado de entregarse, de renunciar a las ideas dualistas: cuando todo existe dentro de nuestra mente se desvanecen todas las relaciones dualistas, no hay distinción entre el cielo y la tierra, el hombre y la mujer, el maestro y el alumno. En nuestra gran mente todo tiene el mismo valor, todo es el mismo Buda.

     En la práctica se debe aceptar todo tal como es y sentir por cada cosa el mismo respeto que se siente por Buda. Uno se inclina ante uno mismo = esta es la verdadera reverencia. Quien es simplemente “uno mismo” se inclina ante sí mismo en el verdadero sentido, y es uno con todo. La inclinación en reverencia, agrega el maestro, contribuye a eliminar las ideas centradas en el propio ser, lo cual no es muy fácil. Cada inclinación simboliza uno de los cuatro votos budistas: 1) Aunque los seres sensibles sean innumerables, HACEMOS VOTO DE SALVARLOS; 2) Aunque nuestros malos deseos son incontables, HACEMOS VOTO DE SUPRIMIRLOS; 3) Aunque la enseñanza no tiene límites, HACEMOS VOTO DE ABARCARLA TODA; 4) Aunque el Budismo es inalcanzable, HACEMOS VOTO DE LOGRARLO. Debemos intentarlo: eso es Budismo! afirma el maestro Susuki. Aunque se trate de algo imposible, debemos intentarlo, pues no es cuestión de que sea posible o no lo sea. SI LA SUPRESIÓN DE LAS IDEAS CENTRADAS EN EL PROPIO SER ES NUESTRO DESEO MÁS ÍNTIMO, DEBEMOS CONSEGUIRLA.

     Alegremente, para todos aquellos que estamos comenzando en la práctica el maestro Susuki nos advierte que no es posible hacer progresos rápidos y extraordinarios, por mucho que nos esforcemos todo progreso en la práctica viene poco a poco. No hay que preocuparse porque el progreso sea lento.

SILENCIO: INTENTARLO UNA, Y OTRA, Y OTRA VEZ

     Mente Zen, Mente de principiante, es una obra escrita para los estudiantes interesados en el tema del Zazen, de la práctica del silencio del Budismo Zoto Zen, sin embargo, el autor nos da algunas pistas a todos aquellos que simplemente deseamos adentrarnos en la práctica del silencio no desde una tradición específica, sino desde la sencillez del silencio mismo.     

     Susuki afirma en su breve obra, Mente Zen, Mente de Principiante, que en la postura Zazen el cuerpo y la mente poseen gran fuerza para aceptar las cosas tal como son, sean ellas agradables o desagradables. Y nos señala, para todos aquellos que no podemos tomar la postura correcta, que si podemos despertar la mente real, la que busca el sendero, es posible practicar el Zen en su verdadero sentido.

     Según Dôgen, el fundador del Budismo Zoto Zen,  ir de equivocación en equivocación en la práctica puede ser también Zen: “aunque fuésemos  el peor caballo en la carrera, es posible encontrar la médula del Zen”. Y bienaventuradamente, nos aconseja que DEBEMOS, si somos verdaderos estudiantes Zen, tener la experiencia de sentarnos cuando nos encontramos en una situación difícil, ya sea física o psíquica, (usando un lenguaje dualista/unitivo). CUANDO SE EXPERIMENTA DESAGRADO CONVIENE SENTARSE, no hay otra manera de aceptar y elaborar el problema, nos repite el Maestro Susuki. Cuando se está sentado considerando el problema ¿qué es más real, el problema o uno mismo?

     La forma es la vacuidad y la vacuidad es la forma, cita el Maestro Susuki del Sutra prajña paramita, y la enseñanza continúa: la forma es la forma y la vacuidad es la vacuidad. Mientras importe lo que uno hace hay dualismo: cuando uno se sienta, se sienta, cuando uno come, come. Cuando se logre hacer todo, sea bueno o malo, sin perturbación o sin molestia por lo que se sienta, durante la práctica eso es en realidad lo que significamos, dice el Maestro, cuando decimos la forma es la forma y la vacuidad es la vacuidad. Un año de vida es bueno. Cien años de vida también son buenos. Cuando se hace algo, el propósito debe ser simplemente hacerlo. La forma es la forma, uno mismo es uno mismo y la verdadera vacuidad se logrará en la práctica.

ZAZEN: DEJAR SER A LA MENTE TAL CUAL ES

     Cuando se desea lograr una calma perfecta durante la práctica de Zazen, nos dice Shunryu Suzuki en su obra Mente Zen, mente de principiante, uno no debe dejarse perturbar por las diversas imágenes que le pasan por la imaginación. HAY QUE DEJARLAS VENIR Y DEJARLAS PASAR, así estarán bajo “control”. El verdadero propósito del Zazen es ver las cosas tal como son y dejar que todo siga su curso. La práctica pretende abrir nuestra pequeña mente y para abrirla debemos mantenerla al ritmo de la respiración y el cuerpo en la postura correcta del Zazen.

     Zazen no consiste en tratar de detener el pensamiento, hay que dejar que el pensamiento se detenga por sí mismo: si algo nos viene a la mente se deja que entre y se deja que salga, no permanecerá mucho tiempo. Cuando queremos detener el pensamiento nos preocupamos y no hay que preocuparse por nada, lo que viene a la mente, que parece que viniera de fuera, en realidad son olas de la mente misma y si uno no se preocupa por ellas se van calmando gradualmente. Si se deja a la mente tal cual es según su naturaleza, simplemente observándola, se calmará.

     Cuando la mente se relaciona con algo exterior esa mente es una mente pequeña y limitada, cuando la mente no se relaciona con ninguna otra cosa, entonces no hay comprensión dualista de ninguna especie en su actividad. Aunque surjan olas la esencia de la mente es pura: el agua y las olas son una misma cosa: la gran mente y la pequeña mente son una misma cosa, cuando la mente no espera nada del exterior está siempre satisfecha. Todo lo que se experimenta es una expresión de la gran mente.