«¡Esto es lo que hay!»: hacia una fenomenología de la insatisfacción humana

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Escrito por Leandro Posadas

Bajo mi tiempo

pasas

llevado de la mano

como una vieja

transparencia[1].

     Somos seres esencialmente vulnerables: cualquier cosa puede dañarnos. Ser un cuerpo/mente es ser muy vulnerables. Transcurrimos nuestra vida tratando de proteger este cuerpo/mente; intentando resguardar, divertir, consolar, satisfacer este ser consciente de ser sentiente que somos. Incluso tomamos decisiones, a veces difíciles y paradójicas, en función del resguardo de este cuerpo, y de la idea que tenemos de este «yo» que nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida.

     El psiquiatra y fenomenólogo italiano Eugenio Borgna en su hermoso ensayo La Fragilità che è in noi[2] del año 2014, (La fragilidad que está en nosotros), nos recuerda que la vulnerabilidad forma parte de nuestras raíces ontológicas, que es una estructura que llevamos siempre con nosotros, y que sin embargo, y esta será la clave de este escrito, en nuestra fragilidad, en nuestro ser vulnerables, «se esconden valores de sensibilidad y de delicadeza, de gentileza y dignidad, y de intuición de lo ‘indecible’».

     Entendido este ‘indecible’ como gracia, como línea luminosa de la vida, como espacio sagrado y límite gallardo que constituye el meollo temático de las experiencias fundamentales de cada edad de nuestra vida: sombras que resquebrajan las relaciones humanas -la relación con nosotros mismos-, y las hacen intermitentes, y sabiamente precarias, si tomamos consciencia de que somos dependientes de tantas cosas.

     Experimentarse fragilidad puede ser motivo de insatisfacción: somos frágiles ante el tiempo; frente a las circunstancias exteriores; ante los adioses que tantas veces debemos decir: adiós a la juventud que ya no está; al amor que se fue, a la madre que se ha marchado, al padre que tal vez nunca estuvo, a los amigos que deben marcharse. Ser seres humanos es ser esencialmente vulnerables.

     Para Dzongsar Jamyang Khyentse, un maestro tibetano, ser vulnerables es estar sujeto segundo a segundo a condiciones: «todos dependemos de condiciones, ninguno de nosotros tiene el control sobre nada. No podemos tener el control ni siquiera de lo que estaremos sintiendo y pensando el próximo minuto».

     Nuestra vida, afirma este maestro, es como tratar de poner tres frutillas, una encima de la otra, pero no funciona porque son resbaladizas y de forma irregular. El problema, el quicio de nuestro problema humano, es que a veces la segunda casi se queda sobre la primera, momentáneamente, y eso nos da alguna esperanza: «¡puede ser que funcione!», pensamos, pero la vida en general nunca funciona. Cuántas veces hemos tratado de vivir esa experiencia Hollywood, ese vivir felices para siempre…

     Este simpático maestro, sin embargo, no nos deja simplemente con afirmaciones pesimistas, aunque sabias, sobre la vida. Nos dice que debemos aprender a ver nuestra vida como la «experiencia hotel»: «Check-in» … «Check-out»… ¡Es así como es!. … ¡Esto es lo que hay!… El cabello después de los cuarenta comienza a caerse… ¡Esto es lo que hay!… Nuestros párpados comienzan a perder su firmeza… ¡Esto es lo que hay!… Check-in … check-out… Nuestra vida es así: amigos entran, amigos salen. La vida misma es una maravillosa experiencia cuando logramos aprehender su naturaleza: surge y cesa continuamente. Ser ser humano es una gran enseñanza. Nuestra belleza está en la temporalidad.

     Borgna se pregunta: ¿Cómo definir la fragilidad en su raíz fenomenológica? Frágil es una cosa (una situación), que fácilmente se rompe; frágil es un equilibrio psíquico (un equilibrio emocional), que fácilmente se despedaza. También frágil es una cosa que no puede ser no frágil: siendo su destino.

     En Venezuela se usa un dicho popular: «¡Esto es lo que hay!» expresión usada antes y después de esta regresión histórica nacional hace más de 15 años. Hace unas semanas unos buenos amigos vinieron a visitarnos y la clave de lectura de nuestras amenas y recreadas conversaciones giraba en torno a esta frase. Yo usaré este dicho no sólo para hablar de lo que estamos viviendo en este país, sino también como expresión de una búsqueda sabia de lo que es ser ser humano desde y en la insatisfacción en cualquier lugar y en cualquier situación en la que nos encontremos. Porque como dice Eugenio Borgna: «son frágiles, vulnerables y se rompen fácilmente no sólo nuestras emociones y nuestras razones de vida, sino también nuestras esperanzas, nuestras inquietudes, nuestras tristezas, nuestros impulsos del corazón», por el mismo hecho de ser seres humanos.

     Ajahn Candasiri, una maestra theravada en su conferencia Sentirsi appagati[3] (Sentirse satisfechos), del año 2010 afirma por su parte, que el tema de la insatisfacción es un tema de elección: sufrir o no sufrir. La vida, sostiene, está llena de cosas por las cuales lamentarse… pero, podemos también elegir no hacerlo. Cuenta Candasiri que cuando fue a la India observó personas que eran extremadamente pobres, pero que a menudo tenían un chispa de luminosidad y gozo en sus rostros. Ella comprendió que aquello que nos hace felices es el ser capaces de sacar el máximo de las cosas más simples de la vida. Existen modos para practicar la satisfacción sabia en nuestra relación con la vida misma, con nuestras relaciones, con nuestro proyecto vital, con la concepción que tenemos sobre nosotros mismos. Ella, desde su experiencia, nos aconseja, primeramente a relacionarnos con nosotros mismos desde la compasión: amor desinteresado, compasión, alegría, y ecuanimidad hacia este ser que soy aquí.

     Sé que la mayoría de personas que me leen son personas buenas, que jamás le harían daño a nadie: de eso debemos alegrarnos, sentirnos satisfechos, de que estamos tratando de vivir esta vida desde la bondad o desde el intento diario, y a veces precario y limitado de la bondad. Yo me alegro de ello, de ser alguien que trata diariamente de no hacer daño, que intenta cultivar la mente para que no esté distraída y no se pierda en la ilusión de la comprensión errónea de la realidad: ser ser humano, tender diariamente a ser ser humano es una gran enseñanza. Pensemos en la edad que tenemos y contemplemos con sabiduría esto que somos: ¡Lo hemos hecho bien! ¡Lo estamos haciendo bien! Es una bendición haber nacido como seres humanos, independientemente, de las circunstancias y condiciones exteriores. Todos tenemos problemas, pero cuando la sabiduría llega a nuestra vida estamos en grado de ocuparnos mejor de dichos problemas y cultivar formas hábiles para afrontarlos desde la comprensión sabia de la naturaleza de la realidad.

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[1] García Beatriz., Plenos Poderes, El perro y la rana 2007, p. 38.

[2] Borgna Eugenio, La fragilità che è in noi, Einaudi, Torino 2014.

[3] Ajahn Candasiri, Sentirsi appagati: https://santacittarama.altervista.org/sentirsi_appagati.htm Traducción del italiano por Leandro Posadas.

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SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016: EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR»

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EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR». LA PRÁCTICA ESPIRITUAL DE LOS PADRES DEL DESIERTO CRISTIANO Y LAS ENSEÑANZAS DE LOS MAESTROS ORIENTALES SE UNEN PARA OFRECER UNA PRÁCTICA ESPIRITUAL DESDE LA SABIDURÍA DE LA OBSERVACIÓN ECUÁNIME DE LOS PENSAMIENTOS Y EMOCIONES.

DIRIGIDO POR: Leandro Posadas, monje benedictino.

LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

FECHA: SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

TRAER REFECCIÓN O ALMUERZO.

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 45 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON AL TALLER ANTERIOR DEL 17 DE SEPTIEMBRE: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA:

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«JESUCRISTO, SABIO MAESTRO ESPIRITUAL» A TRAVÉS DEL TESTIMONIO DE UNA MAESTRA BUDISTA 2ª PARTE

«Jesús visto a los ojos budistas», Ajahn Candasiri, monja y maestra budista de la Tradición Theravada del Bosque del linaje de Ajahn Chah

Traducción del italiano por Leandro Posadas

Amaravati Publications 2011

Ajahn Candasiri en el centro de la fotografia
Ajahn Candasiri en el centro de la fotografia

Jesús murió joven. Su ministerio comienza a los 30 años (estoy muy interesada en conocer más sobre su formación espiritual, que sin lugar a dudas debió recibir antes de su ministerio), y termina bruscamente cuando tiene apenas 33 años. Afortunadamente, antes de la crucifixión logra enseñar a sus discípulos más cercanos un simple ritual con el cual ellos puedan reafirmar su vínculo con él. Me refiero, obviamente, a la Última Cena. Constituyendo con tal ritual un punto central de devoción y de renovación para sus discípulos, que continúa en la actualidad.

Tengo la impresión que no estaba particularmente interesado en convertir a las personas a su manera de pensar, sino a enseñarlas a estar preparadas. Es curioso notar que a menudo las personas que lo buscan provienen de ambientes desintegrados y humildes. Para Jesús es claro que la pureza es una cualidad del corazón, y no cualquier cosa que viene por la ciega adhesión a un sistema de reglas. Su respuesta a los fariseos cuando critican a sus discípulos por no cumplir el mandato respecto a las normas de pureza durante las comidas, lo demuestra perfectamente: «No hay nada de fuera que pueda contaminar al ser humano». Y hacia sus discípulos es decididamente explicito sobre lo que ocurre cuando el alimento es consumido… «más bien, es del corazón que nacen las contaminaciones». Lamentablemente, en este punto no sigue adelante para explicar qué hacer con ellas (las contaminaciones).

Lo que se nos describe sobre sus últimas horas -el proceso, el escarnio, la agonía, y la humillación de ser desnudado y al final clavado a muerte sobre una cruz- es una extraordinaria narración de paciente tolerancia, y de voluntad de soportar lo insoportable, sin sentimientos de reprobación o de hostilidad. Me recuerda una semejanza usada por el Buda para mostrar la cualidad de «mettâ», o gentileza, que se esperaba de sus discípulos: «Asimismo, si los ladrones los agrediesen o les cercenaran sus propios miembros uno a uno, y cedieran el paso a la rabia, no estarán siguiendo mi enseñanza». Una tarea ardua, pero que Jesús cumple claramente a la perfección: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».

Entonces ¿por qué tuve necesidad de buscar en otro lugar un guía? ¿quizás, Jesús era incompleto como modelo espiritual? ¿era insatisfacción en relación con la iglesia -aquello que la cristiandad ha hecho con la figura de Jesús-? ¿o simplemente, se había asomado otra posibilidad que respondía más adecuadamente a mi necesidad de entonces?

Relieve del Buda en meditación
Relieve del Buda en meditación

En el Budismo he encontrado aquello que faltaba en mi experiencia cristiana. Podría ser resumido, simplemente, en fe mí misma. No creo que había comprendido plenamente cuánto todo me parecía desesperado, hasta que no tuve los medios y el estimulo necesarios para entenderlo. Hay una historia, al respecto, de un estudiante ‘brahmín’, llamado Dhotaka, que implora al Buda: «Por favor, Maestro, líbrame de la confusión». La respuesta, en un cierto modo, sorprendente del Buda fue: «No es mi tarea liberar a alguien de la confusión. Cuando hayas comprendido el Dhamma, la Verdad, entonces encontrarás la libertad». ¡Qué responsabilidad!

En los Evangelios leemos que Jesús habla con autoridad; habla además de la necesidad de tener la actitud de un niño. Ahora, si bien esto puede ser interpretado como un estimulo a una dependencia infantil en relación con el maestro, las enseñanzas budistas me han ayudado a ver esto desde otra luz y visión. La palabra «Buda» significa «despierto» -despierto al Dhamma, o a la Verdad, que el Buda ha comparado con un antiguo sendero cubierto de vegetación y que él ha simplemente descubierto. Su enseñanza indica el sendero: es aquí, ahora, justamente sobre nuestros pies- pero, a veces, ¡nuestras mentes están tan llenas de ideas sobre la vida que están imposibilitadas a gustarla verdaderamente!

Hay un episodio en el cual una joven madre, Kisagotami, aturdida por la muerte de su hijito, va al Buda. La respuesta del Buda a su dolor, cuando ella le pide que cure a su hijo, es la de pedirle que le traiga una semilla de mostaza de una casa donde ninguno jamás haya muerto. Al final, después de días de búsqueda, la angustia de Kisagotami se aquieta; comprende que no está sola en su sufrimiento, pues muerte y luto son hechos inevitables de la existencia humana. También Jesús enseña, a veces, de este modo. Cuando se reúne una multitud dispuesta a lapidar a muerte a una mujer acusada de adulterio, invita a cualquiera que esté sin pecado a lanzarle a ella la primera piedra. Uno a uno se van retirando, pues habiendo mirado en sus propios corazones sienten vergüenza frente a dicha frase.

 En la práctica he encontrado el modo de poder estar en sintonía, y poder participar atentamente a lo que ocurre dentro de mí, sintiendo cuándo se está al propio aire, en armonía, y sabiendo también cuándo el propio punto de vista está en contraste con «aquello que es». Encuentro que la imagen que Jesús usa para describir el Reino de los Cielos lo explica bien. Dice que es como una semilla que, cuando las condiciones son favorables, germina y crece como un árbol. Nosotros mismos creamos las condiciones que promueven el bienestar y el crecimiento de la comprensión, o las condiciones que nos causan daño a nosotros mismos y a los demás. No hay necesidad de un dios que nos entregue en lo recóndito de cualquier infierno, ya que si somos necios y egoístas eso ocurre por sí mismo. Del mismo modo, cuando colmamos nuestra vida de bondad nos sentimos felices, el cual es un estado paradisíaco.

350px-Coptic_Crucifixion_IconEn aquel primer retiro budista me fue mostrado que hay un Camino Medio: ni identificarse, ni esforzarse para reprimir los pensamientos dañinos que se presentan. He aprendido que a través de la meditación, puedo simplemente ser espectadora y permitir a dichos pensamientos pasar, en base a su misma naturaleza. No tengo necesidad, en efecto, de identificarme con ningún aspecto de ellos. La enseñanza de Jesús, de que incluso tener un pensamiento lujurioso es como cometer adulterio, me parecía demasiado duro, mientras, se tiene un sentido lógico, la idea de cortar una mano o un pie, o sacarse un ojo en caso de que fueran motivo de ofensa. En concreto ¿cómo es posible practicar de ese modo? ¡Me parece que requería de una fe muy grande de cuanta en aquel período tuviese a mi disposición por aquel entonces! De ese modo, fui muy feliz de aprender una respuesta alternativa en relación con los estados de avidez, odio o ilusión, que surgen en la consciencia, y que oscurecen nuestra visión y nos llevan a todo tipo de problemas.

Como dice el Dalai Lama: «Cada uno quiere ser feliz, nadie quiere sufrir». Jesús y el Buda son amigos y maestros extraordinarios. Pueden mostrarnos la Vía, pero no podemos contar con ellos para que nos hagan felices y nos liberen del sufrimiento. Corresponde a nosotros.

 

Versión en Italiano traducido del Inglés por Roberto Luongo

El original en Inglés en: http://www.amaravati.org

«JESUCRISTO, SABIO MAESTRO ESPIRITUAL» A TRAVÉS DEL TESTIMONIO DE UNA MAESTRA BUDISTA 1ª PARTE

«Jesús visto a los ojos budistas», Ajahn Candasiri, monja y maestra budista de la Tradición Theravada del Bosque del linaje de Ajahn Chah

Traducción del italiano por Leandro Posadas

Amaravati Publications 2011.

Ajahn Candasiri en el centro de la fotografia
Ajahn Candasiri en el centro de la fotografia

Antes de presentar la traducción de este bello artículo quisiera resaltar que nuestro blog tiene como finalidad el estudio, la investigación, y la difusión de obras, temas, autores, maestros, escritores y escritoras de las diversas tradiciones místicas y espirituales tanto de Oriente como de Occidente. Por lo cual, invitamos a nuestros cordiales lectores y lectoras a adentrarse en este espacio web con espíritu abierto, solícito y atento para poder de ese modo aprovechar lo que cada sabia, respetable y profunda tradición espiritual nos ofrece para la «transformación» de nuestro corazón y nuestra consiguiente «liberación», «salvación» o «emancipación». Nuestro espacio web es eminentemente ecuménico e interreligioso y trata de indicar desde una forma fresca, no dogmática y no exclusiva una senda para aproximarnos a «nuestro propio misterio» y profundidad, como también al «misterio» que nos circunda, nos sobrepasa y nos alienta.

El siguiente artículo fue escrito por una maestra budista, Ajahn Candasiri, nacida en Inglaterra, de la «Tradición Theravada del Bosque», quien antes de ser «budista», fue una creyente cristiana. Las siguientes líneas son un hermoso testimonio de una espiritualidad profunda, abierta, sensata, sincera y eficaz. He aquí el artículo:

En 1984, su Santidad el Dalai Lama, hablando a un numeroso público en el Albert Hall de Londres, hizo coincidir rápidamente a los presentes a través de una simple afirmación: «Todos los seres quieren ser felices, quieren evitar el dolor y el sufrimiento». Quedé impresionada sobre cómo fue en grado de mostrar aquello que todos, en cuanto seres humanos, tenemos en común. Afirmó nuestra común humanidad, sin negar las obvias diferencias.

La Crucifixión, icono bizantino
La Crucifixión, icono bizantino

Si me invitasen a mirar a «Jesús a través de ojos budistas», usaría un enfoque, más o menos escolástico, que pone en evidencia las semejanzas y diferencias. Fui educada en la religión cristiana y me dirigí al Budismo hacia los 30 años, por lo cual puedo espontáneamente tener opiniones sobre ambas tradiciones, aquella en la cual crecí y de la cual me alejé, y aquella que he adoptado y continúo a practicar. Después de haber releído algunos episodios del Evangelio me gustaría descubrir a Jesús nuevamente desde una mirada renovada, y examinar hasta llegar al punto de vista en el cual veo que Jesús y el Buda ofrecen la misma guía, a pesar de que superficialmente las tradiciones del Cristianismo y el Budismo pueden aparecer muy diferentes.

Para comenzar, permítanme narrar un poco cómo llegué a ser monja budista. Después de haber buscado, sinceramente, acercarme al camino cristiano en un modo que fuese realmente significativo en mi vida cotidiana, había llegado a un punto de profundo cansancio y desesperación. Estaba cansada de la aparente complejidad de todo. Había surgido en mí un sentimiento de impotencia porque no sabía cómo lidiar con los estados negativos que se insinuaban espontáneamente en la mente: preocupaciones, celos, mal humor, entre otros. Y también estados positivos que podían cambiar y transformarse en soberbia, vanidad, y otros naturalmente indeseados.

Al final, encontré a Ajahn Sumedho, un monje budista estadounidense, que recientemente había llegado a Inglaterra después de 10 años de práctica en Tailandia. Su maestro era Ajahn Chah, un monje tailandés de la Tradición del Bosque, que a pesar de su poca instrucción formal, conquistó los corazones de miles de personas, entre ellos un buen número de occidentales. Participé a un retiro de 10 días en el Centro Budista de Oakenholt, cerca de Oxford. Me senté agonizante sobre una estera en el suelo de una sala de meditación llena de corrientes de aire, junto a 40 practicantes de todo tipo. Delante de nosotros, junto a otros tres monjes, estaba Ajahn Sumedho, quien nos impartía las enseñanzas y nos guiaba en la meditación.

Niño budista meditando
Niño budista meditando

Dicha experiencia fue un espacio de transformación para mí. Si bien la entera experiencia estuvo extremadamente dura, tanto física como espiritualmente, me sentía enormemente entusiasmada. Las enseñanzas fueron presentadas en un estilo maravillosamente accesible, de hecho parecía todo muy equilibrado. No pasó por mi mente que se tratara de Budismo. Además eran inmensamente concretos, y como prueba, habían frente a nosotros “profesionales”, personas que habían tomado la decisión de vivir 24 horas al día de acuerdo a tales enseñanzas. Estaba completamente fascinada con aquellos monjes: de sus hábitos y de sus cabezas rapadas, y de aquello que sentía acerca de sus vidas de renuncia con sus 227 reglas de formación. Percibí además que estaban relajados y felices, y esto fue quizás la cosa más importante, y además un poco sorprendente.

Me sentía profundamente atraída por las enseñanzas y por la Verdad que indicaban: el reconocimiento de que está vida es intrínsecamente insatisfactoria, y que nosotros experimentamos sufrimiento y malestar, pero que también hay una Vía que nos puede llevar al final de dicho sufrimiento. A pesar que la idea pareciese muy asombrosa para mí, observé que en mi interior se despertaba un interés de querer ser parte de una comunidad monástica.

De ese modo, después de veinte años trascurridos como monja budista, ¿qué descubro cuando encuentro a Jesús en los pasajes evangélicos?

Bien, debo decir, que se presenta más humano de como lo recordaba. Si bien, se nos decía repetidamente que era el Hijo de Dios, en cualquier modo esto no me parece demasiado significativo, sino más bien el hecho de que es una persona: un hombre de gran presencia, enorme energía y compasión, y notables capacidades mentales. Tiene incluso el don de saber transmitir las verdades espirituales en forma de imágenes, utilizando los objetos cotidianos (pan, campos, grano, sal, niños, árboles), para ilustrar los puntos que quiere aclarar. Las gentes no siempre entendían inmediatamente, pero Jesús les deja una imagen sobre la cual reflexionar. Además, tiene una misión: reabrir la Vía a la vida eterna; y está completamente decidido en su empeño -como el mismo dice, «Hacer la voluntad del su Padre»-.

Su ministerio es breve, pero rico en acontecimientos. Leyendo la narración del Evangelio de Marcos, yo misma me siento fatigada mientras imagino las demandas incesantes de tiempo y de energía que le vienen requeridas. Es un alivio ver que de vez en cuando tiene el tiempo para estar solo o con sus discípulos más cercanos; leer que al igual que nosotros, a veces tiene necesidad de descanso. Una historia que me gusta mucho es aquella en la que después de una jornada extenuante trascurrida en ofrecer enseñanzas a una multitud inmensa, dormía profundamente sobre una barca que lo transportaba a través del mar. Cuando en mi vida hay una agitación de eventos, encuentro muy útil recordar su calma en respuesta a la violenta tempestad que arreciaba mientras dormía.

Me siento muy vinculada con la intensidad de las situaciones que se desarrollan una después de otra. Las gentes lo escuchan, aprecian lo que dice, y en algunos casos está irritada o colérica, en otros casos viene curada. No tienen jamás suficiente de aquello que él puede darles. Me conmueve su respuesta a las 4.000 personas, que después de transcurrir tres días con él en el desierto y escuchar sus enseñanzas están cansadas y hambrientas. Dándose cuenta usa sus dones para propinarles pan y peces con los cuales todos puedan comer.

Versión Italiana traducida del Inglés por Roberto Luongo

El original en Inglés en: http://www.amaravati.org