TALLER 17 DE DICIEMBRE DE 2016:«HACIA UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA»

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«HACIA UNA ESPIRITUALIDAD QUE TRANSFORMA»

Aproximación desde la práctica del silencio al cuerpo humano como ‘anclaje’ de una espiritualidad contemplativa.

DIRIGIDO POR: Leandro Posadas, monje benedictino.

silenciotransformante@gmail.com

teandrico.wordpress.com

 LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

 FECHA: SÁBADO 17 DE DICIEMBRE DE 2016.

 HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

 EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 40 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

EN EL ARCHIVO ADJUNTO PUEDEN ENCONTRAR EL DISEÑO DEL PROGRAMA DEL TALLER.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA

PRIMERA PARTE

«Lo que la ciencia no sabe».

Más allá de nuestros «automatismos egoicos»

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

¿El por qué de una espiritualidad contemplativa transformante?

El silencio como respuesta neurocientífica al fenómeno humano.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

SEGUNDA PARTE

 ¿Cuál es nuestra verdadera casa?

Consciencia plena.

Comprensión clara.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

El cuerpo como refugio del «dejar ir desde el silencio».

Las emociones y la verdadera naturaleza de la realidad.

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

 TERCERA PARTE

 «Sentarse sin esperar nada a cambio».

El progreso en la ‘ecuanimidad interior’ y la ‘consciencia plena’

La actitud justa de la consciencia.

Praktiké y vida cotidiana

-Momento de Praktiké de 20 minutos-.

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SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016: EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR»

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EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR». LA PRÁCTICA ESPIRITUAL DE LOS PADRES DEL DESIERTO CRISTIANO Y LAS ENSEÑANZAS DE LOS MAESTROS ORIENTALES SE UNEN PARA OFRECER UNA PRÁCTICA ESPIRITUAL DESDE LA SABIDURÍA DE LA OBSERVACIÓN ECUÁNIME DE LOS PENSAMIENTOS Y EMOCIONES.

DIRIGIDO POR: Leandro Posadas, monje benedictino.

LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

FECHA: SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

TRAER REFECCIÓN O ALMUERZO.

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 45 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON AL TALLER ANTERIOR DEL 17 DE SEPTIEMBRE: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA:

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LA PERCEPCIÓN COMO CLAVE DE LA ‘EVOLUCIÓN ESPIRITUAL’ DEL SER HUMANO SEGÚN HEINRICH ROMBACH

The eyes of god Cavern

“Seremos el espejo que refleja la realidad,

pero que no se engancha con ella,

cuando dejemos ir,

cuando dejemos de seguir creando “identidad”,

cuando nos reconozcamos simplemente

reflejo que contempla”.

Quisiera en esta segunda parte sobre el tema de la percepción, como atención plena a la manifestación de la taleidad, presentar una paráfrasis y algunas reflexiones al libro del filósofo italiano de origen alemán Andrea De Santis, Dalla dialettica al kairós. L’ontologia dell’evidenza en Heinrich Rombach, publicado en Roma en el año 2002.

Nos podríamos preguntar a modo de recapitulación ¿por qué estamos tratando este tema tan arduo, y al parecer tan áspero como es el tema de la fenomenología de la percepción? Porque necesitamos comprender tal como aparece, desde nuestro mismo lenguaje, nuestra capacidad perceptiva, pues en ella está nuestra estructura de contemplación de la realidad misma. Somos cuerpo-mente, es decir, receptáculo y reflejo de la sabiduría de la naturaleza. Darse cuenta de tal grandeza es comenzar a comprendernos como seres llamados a ‘evolucionar’ más allá de tantas convenciones y pre-comprensiones de la naturaleza humana, de la cultura humana, de la sociedad humana, de la psique humana.  Dichas pre-comprensiones las hemos ido construyendo insensatamente desde categorías reduccionistas, y desde un sistema de valores que no comprende al ser humano en su integralidad.

God Eyes CavernPara Rombach no es suficiente percibir, no basta ver, sino que se necesita ver reflexivamente, es decir vernos desde el acto mismo de ver. “Ver que se ve es ver qué se ve; cuánto más reflexividad, más objetividad”. Somos el propio lugar de la percepción, y nuestro “yo”, como parlamento interior, significa una composición de prospectivas biográficas a través de las cuales asimilamos la realidad; es desde nuestro “mente-cuerpo” que somos y a la vez habitamos que aprehendemos la realidad tal cual es y nos percibimos como “estructura contemplante” capaz de trascender y trascenderse a sí misma.

Nuestra corporalidad, no es simplemente, para Rombach, el instrumento del acto/fenómeno de la percepción, sino su fin y su punto de llegada. La corporalidad se constituye en el fenómeno de la percepción y no viceversa. La corporalidad consciente que somos y nuestra consciencia corpórea nos hace ser y estar en el mundo de modo concreto. No somos mera materia pensante, sino lugar de comunión, de co-pertenencia, de intersubjetividad, de con-creatividad, de ‘prospectividad’, y de identidad con las demás formas de vida.

Eyes God CaveLa percepción, tal como la entiende Heinrich Rombach, y como deseamos interpretarla en este lacónico estudio, no es un acto superficial del ser humano, sino con-tacto consigo mismo y con los demás seres conscientes o no de ser sintientes; es con-tacto con la realidad y con el mundo; es consciencia de ser y tomar parte; es atención constante a la pluriforme epifanía del real, como lo indicábamos en el artículo anterior; es posibilidad de cultivarse y desarrollarse como concreción de una comunión universal. Es por ello que las más sabias y profundas tradiciones espirituales de nuestro planeta han colocado toda su atención en el acto mismo de percibir. Y es allí donde se encuentra la clave de la misma evolución espiritual humana.

Consiguientemente, Rombach, tal vez sin tener plena consciencia de las prácticas contemplativas de los grandes sistemas espirituales, habla de una ética de la percepción, es decir, de un adiestramiento y de una disciplina de la percepción, cuya finalidad es evitar que nuestro noble tesoro se degrade, y delinee las condiciones para que la misma percepción pueda estar a la altura de la realidad. Para Rombach, la percepción determina las condiciones que hacen que la realidad se deje aprehender y fundamenta las bases para una verdadera subjetividad y una verdadera objetividad en un encuentro con-creativo y estructural.

Para Rombach, la percepción debe ser crítica en relación consigo misma, no puede ceder ante las ideologías ni ante los dogmatismos. Debe mantenerse libre para acompañar los traspasos dimensionales de los fenómenos, es decir su inabarcable ‘poliedricidad’, su multiforme presencia, y la complejidad de su estructura íntima, que a menudo puede aparecer como contradictoria. En este acompañar ella debe hacerse consciente de poderse realizar sólo a través de un acuerdo, en un vibrar conjunto con la realidad; acompañando con-creativamente el aparecer de los fenómenos y comprendiendo sabiamente su consiguiente desaparecer: debe hacerse consciente de la propia ‘momentaneidad’ y del carácter temporal de cada surgir y desaparecer de los fenómenos. Cada fenómeno según Rombach exige un respeto, dicho respecto es en la ética rombachniana que cada fenómeno debe ser aprehendido desde su propia fenomenología, pues cada uno en su aparecer y desaparecer tiene su propio logos, su propio límite espacio-temporal.

Podríamos preguntarnos a modo de previa conclusión ¿qué intenta Rombach a través de su filosofía como fenomenología? De Santis nos da una repuesta hondamente satisfactoria: Rombach desea reconstruir la unidad, hoy perdida, propia de los orígenes de la filosofía, entre pensamiento y ser. Vemos en Rombach lo que las filosofías orientales han conservado a lo largo de los siglos, y que la filosofía occidental envenenada por la técnica; por el ansía desmedida del progreso, y por la excesiva confianza en la razón categórica, ha abandonado y olvidado.

Parafraseando a Rombach, diríamos para concluir, que somos ‘evidencia kairológica’, es decir presencia y evento del “aquí del ser”. En la fenomenología de Rombach aparece evidente cómo la realidad y el pensamiento se hacen transparentes por medio del acto con-creativo y con-natural de la percepción. El final del proceso no es la percepción como simple acto con-creativo, sino que dicha percepción es la condición preliminar de su misma apertura y de su mismo exordio, el cual se realiza en el momento en el cual se transforma en otro medio, como si ella misma pudiese llegar a su plenitud sólo abriéndose a formas, según de Santis, extra-filosóficas. Dichas formas extra-filosóficas conforman para Rombach la ‘dimensión estética’ y religiosa de la percepción. Dicha dimensión es para nosotros la clave de entrada al mundo de las ciencias del espíritu humano y la posibilidad del sabio adiestramiento de este receptáculo y reflejo que somos de la sabiduría misma de la naturaleza.

LA PERCEPCIÓN COMO ATENCIÓN CONSTANTE A “LA EPIFANÍA DE LA REALIDAD EN CUANTO TAL”

percepciónDeseo en este breve artículo continuar contemplando la posibilidad de una ciencia espiritual desde la reflexión científica y filosófica, específicamente desde la Gestalttheorie y la fenomenología, las cuales desde su relación representan la posibilidad de crear un lenguaje/práctica que nos permita una re-lectura de nuestra historia personal en clave profunda, y a la vez un abanico de posibilidades en nuestro horizonte humano de expectativas.

Pareciera que por el mismo hecho de ser seres humanos no tenemos nunca un acceso inmediato a nuestro sí mismo, al otro, y a la realidad, sino que aprehendemos la realidad de modo indirecto; nos comprendemos por medio de procesos simbólicos, gestuales y lingüísticos.

Lamentablemente, afirma Elmar Salmann en Presenza di Spirito, nuestro lenguaje acerca de nosotros mismos cae siempre en banalidad funcional, es decir en mera información que luego no dice nada más. La mayoría de las veces desde el drama, desde las ‘psicologizaciones’, desde la ideología, desde la intelectualización, nuestro lenguaje no tiene nada que ver con la realidad de la que trata de apoderarse. Todo lo contrario, este lenguaje estereotipado, cotidiano, ideológico, pre-comprensivo, sofoca la realidad y la libertad y no sirve para hacerlas emerger tal cual son. Nos damos cuenta de cuánto es limitado y pobre nuestro lenguaje normal a través de nuestra cotidianidad: repetitivo, siempre rápido en inflar, exagerar, tergiversar y ensombrecer la realidad. Por ello, a través de la influencia de la gestalttheorie en la fenomenología, y de una ciencia del espíritu humano en cuanto tal, alcanzaremos un lenguaje que ilumine y abra las potencias de la realidad, de las personas, e incluso de la misma lengua, y de ese modo quizá el ser humano podría estar a la altura de sí mismo; de su misma consciencia de ser sintiente; del mundo, y a la vez vislumbrarse, intuye Salmann, como símbolo, como “teatro” que representa, en su pequeño cosmos cuerpo-mente, la escena del universo.

Alessandro Montagna en su artículo L’nfluenza della psicología della Gestalt sulla teoría della percezione di Merleau-Ponty, nos orienta y contribuye en nuestra búsqueda, pues nos guía en la forma en que el filósofo francés asimiló los fundamentos más importantes de la Gesltalttheorie, es decir del enfoque gestáltico en la psicología clínica. Desde dicha asimilación nosotros deseamos aprovechar el profundo y serio trabajo sobre la percepción realizado por Merleau-Ponty e introducirlo en una práctica de la transformación de la consciencia humana a través del sabio silencio que puede equilibrar este receptáculo humano que somos.

Una de las innovaciones de Merleau-Ponty en su filosofía de la percepción, nos dice Alessandro M., es la brillante reflexión sobre la no oposición entre el cuerpo y la mente, entre el espíritu y la materia; dualismo que la tradición racionalista había heredado de Descartes. Para Merleau-Ponty, en el cuerpo la percepción y las sensaciones forman parte de un mismo fondo. Y el cuerpo es la base de la misma percepción, la cual a su vez es la base del conocimiento y la clave de la relación entre el ser humano y el mundo. A través de la observación clínica de algunos casos puntuales, sobre pacientes que han perdido algún miembro importante de su cuerpo, Ponty llega a la conclusión que existe un “esquema corporal” que permite a todo ser humano tomar consciencia del cuerpo, de las articulaciones de los miembros y de la posición que estos ocupan en el espacio. De dichos análisis, afirma Montagna, aparece evidente la influencia en Ponty de la Gestalttheorie, la cual enfatiza el rol activo y organizativo que la mente humana ejerce en la actividad perceptiva.

En su crítica a la filosofía racionalista y su continua idea dualista sobre el ser humano, Merleau-Ponty en su Fenomenología de la Percepción trata de evidenciar que también la tradición empirista basada en las pretensiones evidentes del sentir se equivocó al intentar hacer del sentir mismo el testimonio de la consciencia, cuando en realidad, afirma Ponty, aquello que sabemos sobre el sentir es el resultado de una sucesiva y compleja re-elaboración de nuestra consciencia a partir del dato de la percepción. Es por ello que el filósofo francés busca una tercera vía en su teoría gnoseológica, la cual va más allá del realismo empirista y del idealismo de la tradición racionalista.

La percepción para Ponty es de por sí apertura de un campo de gestaltungen, es decir de posibilidad de configuración, una especie de quicio existencial, de inconsciente percibido y no percibido que nos permite interpretar el mundo e interpretarnos desde el mundo. Nuestra percepción se efectúa en las cosas y nos modula en el mundo y con el mundo. Según Montagna, para el filósofo francés, la percepción está tan intrínsecamente incrustada en la realidad física del mundo que aparece como la realidad misma de las cosas.

Para el fenomenólogo moderno Heinrich Rombach (1923), la percepción es entendida como el evento del con-tacto, del co-origen entre el sujeto y el objeto, entre el ser humano y el mundo. Su filosofía de la percepción, dice Andrea de Santis en su obra Dalla dialletica al kairós. L’ontologia dell’evidenza in Heinrich Rombach, es una fenomenología de la presencia concreta y actual del origen, del génesis de todos los fenómenos y del acto con el cual el ser humano los reconoce y se aproxima a ellos. La percepción (como aprehensión de la verdad), no es simplemente, dice De Santis, un modelo teórico, sino una experiencia fundamental y primordial que engloba al ser humano en su totalidad. La percepción como fondo originario en la perspectiva de Rombach no es simplemente actividad del ser humano, sino aquello que precede tanto al sujeto como al objeto: mi consciencia y el mundo que emergen en un encuentro con-creativo continuo.

En esta primera parte hemos presentado escuetamente algunas reflexiones sobre la percepción, y cómo ésta representa para el ser humano la forma de leer y de leerse en el mundo, con el mundo y desde el mundo. La filosofía a través de la fenomenología nos muestra la realidad de los fenómenos tal como aparecen. Nuestro cuerpo-mente es a la vez coordenada de lectura de nuestra misma percepción. Detrás de estos aparentes soliloquios fenomenológicos se encuentra la gran riqueza que esconde nuestra misma estructura consciente de ser perceptiva.

UNA ESPIRITUALIDAD DEL “AQUÍ Y AHORA” DESDE LA NEUROCIENCIA Y LA FENOMENOLOGÍA

Senecio, Paul Klee
Senecio by Paul Klee

En esta entrada quisiera presentar una lectura sobre las emociones a propósito de un artículo de Filomena Talento (Sulle emozioni) sobre la relación entre fenomenología y neurociencia, en el que enfatiza las divergencias y coincidencias entre el filósofo francés Maurice Merleau-Ponty y el famoso médico neurólogo portugués Antonio Damasio, director del Brain and Creativity Institute de la Southern California University. Ambos, siguiendo varios casos clínicos, cada uno desde su campo de investigación, logran llegar a conclusiones muy similares sobre la conexión intrínseca entre el cuerpo y la consciencia, entre la correlación entre el ser humano y el mundo. Para nosotros dichas conclusiones son fundamentales a la hora de plantear una espiritualidad del aquí y ahora basada en la transformación del cuerpo-mente.

El Dalai Lama en uno de sus discursos afirmó que si en la vía del Buda existiese una sola proposición que estuviese en contra de la ciencia dicha tesis debería ser desechada, pues la “vía del Despierto” es una ciencia de la mente, es una ciencia de la realidad. No es una religión donde hay dogmas de fe, o donde debes creer en algo que no entiendes. Se trata básicamente, afirma el Dalai Lama, de transformarse a uno mismo con el objetivo de lograr el despertar de la consciencia a formas nuevas, sabias, amorosas, y amplias de comprensión de la vida, del mundo y de los otros. Es por ello que hoy deseo presentar esta breve fundamentación acerca de lo que está detrás de una búsqueda espiritual eficaz, sincera y realmente comprometida, no ligada a dogmáticas, ni creencias que escapan a nuestro aquí y ahora.

Afirmamos previamente que nuestra transformación es la posibilidad de “conversión a la realidad contingente”, es decir a este aquí y ahora que se manifiesta en nuestro cuerpo, desde nuestro cuerpo y para nuestro cuerpo segundo a segundo, y que nosotros continuamente soslayamos por el ansia de un futuro que no es y de un pasado que ha dejado de ser.

Maurice Merleau-Ponty (1908-1961) fue profesor de filosofía en la Universidad de Lyon, de la Sorbona, más tarde de la École Normale, y a partir de 1952 titular de filosofía en el College de France. Sus principales obras fueron La estructura del comportamiento (1942); La Fenomenología de la percepción -la cual citamos en la entrada anterior-; Lo visible y lo invisible; Sentido y sin sentido; además de notables ensayos como Humanismo y terror, Las aventuras de la dialéctica y Signos. Fue un filósofo existencialista influenciado profundamente por la fenomenología de Husserl, por la psicología científica y por la biología.

Para Ponty la existencia es “estar en el mundo”, “una cierta manera de afrontar el mundo” y esta cierta manera es anterior a la contraposición entre mente y cuerpo, entre lo psíquico y lo físico. Para Merleau-Ponty el dualismo cartesiano entre alma y cuerpo no tiene cabida en su interpretación sobre el ser humano. Para él un ser humano normal no es un cuerpo portador de ciertos instintos autónomos, y unido a una vida psicológica definida por determinados procesos característicos -placer y dolor, emoción, asociación de ideas-. Y sólo podemos hablar del ser humano como cuerpo humano y como vida humana, pues el espíritu no utiliza al cuerpo, sino que es a través y sólo a través suyo. Dichas afirmaciones son fundamentales a la hora de plantear una espiritualidad basada en el aquí y ahora: pues sólo podemos transformarnos a través de nuestro cuerpo y nuestra mente. No hay una “carne que actúe en contra del espíritu”, como lo ha pensado y adoquinado la tradición judeo-cristiana, y que tantos horrores ha causado en nuestra forma de comprendernos como hombres y mujeres religiosos. No podemos reducirnos al modelo materialista que la sonámbula sociedad actual plantea, como tampoco al incauto modelo espiritualista que nos ha insertado la tradición cristiana. Merleau-Ponty plantea un “nuevo orden humano” en el cual el cuerpo es la actuación del espíritu, es decir nuestra forma de ser espíritu aquí y ahora, y el espíritu es en la medida en que se actúa en lo corporal. No estamos sujetos a dogmáticas históricas que no comprendemos para reconocernos seres intrínsecamente dotados (neo corteza), por el mismo hecho de ser cuerpo-mente, de una capacidad de contemplación inigualable en el orden de la vida de nuestro planeta: somos seres conscientes de ser sintientes y por consiguiente es nuestro desafío contemplar esta capacidad sagrada de interpretarnos continuamente más allá de lo aparente e ilusorio de esta forma contractual, convencional, social, cultural, económica y psicológica que nos aleja de ser realmente lo que somos en esencia.  

Es importante resaltar que para Ponty -más allá de un espiritualismo o un materialismo-, no existe un ser humano interior, sino que el ser humano está en el mundo y se conoce en el mundo. Somos seres consagrados al mundo, presencias activas en el mundo y ante los otros. El ser humano y el mundo no se podrán comprender si no es con base en su facticidad, es decir en su taleidad, en su dejarse “afectar”, o como diría otro fenomenólogo Michel Henry, la afectividad -nuestra capacidad de ser afectados por el mismo hecho de ser fenómenos correlacionados con la exterioridad-, o el modo de aparecer de todo lo que aparece, nos permite experimentarnos como seres vivientes desde el pathos de la vida, desde la exterioridad como paradigma filosófico del sentir-se. Por consiguiente mi cuerpo, afirma Ponty, es mi punto de vista sobre el mundo, y la percepción es la inserción del cuerpo en el mundo, o más sagazmente, el cuerpo es nuestro medio general de tener un mundo. Y es por ello que el “nuevo orden humano” que plantea Merleau-Ponty está basado en una de nuestras características principales: la capacidad de percibir. Para Él la percepción es el surgir de una experiencia originaria no mediada por el pensamiento o el juicio, pues la percepción es la inserción del cuerpo en el mundo “nuestro cuerpo está en el mundo como el corazón está en el organismo… forma con él una especie de sistema inextricable”. La percepción nos promete otros ángulos de enfoque sobre el mundo, sobre los otros, sobre las cosas, sobre las situaciones, y permanece siempre abierta y nos remite siempre a un “más allá” de nuestra simple manifestación individual, de modo que el significado mismo de la “exterioridad-interioridad” permanece abierto, o como dice Ponty, permanece “ambiguo”, y esta ambivalencia, esta poliedricidad, es algo constitutivo de la existencia.

Para Antonio Damasio las emociones son parte de nuestro sistema automatizado que nos permite ser y actuar en el mundo, de una forma inmediata y sin necesidad de pensar, pues son parte del proceso de regulación de un cuerpo vivo consciente de ser sintiente, es decir nuestra capacidad de ser afectados y de afectar. Añade que las emociones, como nuestro equipo básico con el que nacemos, no es aprendido como un hecho, sino que lo vamos descifrando a través de la asociación de las emociones y sus respectivos sentimientos, es decir no aprendemos las emociones, sino que nacemos con ellas y aprendemos a conectar emociones a través del sistema de hechos con una emoción que ya está ahí: ambos van unidos, tal como nos afirmaba Merleau-Ponty sobre la correlación interdependiente entre nuestro cuerpo y el mundo.

Las emociones, continua Damasio, logran su objetivo al generar acciones y éstas a su vez provocan los sentimientos. Nuestro cuerpo está diseñado para ser emociones y a la vez receptáculo de ellas. Nuestras amígdalas sostienen el miedo ante las posibles amenazas externas; nuestro corazón contiene la tristeza o el amor, dependiendo del impacto que viene de la exterioridad. Las emociones son por consiguiente programas de acción, y los sentimientos de esas emociones son las percepciones compuestas que provienen del estado del cuerpo. Para un neurocientífico la mente está hecha por el cerebro y las emociones son unos cambios muy reales y perceptibles en nuestro sistema nervioso, no son algo ambiguo que flota en el cosmos. Los sentimientos tienen una realidad, y son tan reales como el hecho de estar leyendo estas líneas en este preciso momento. Forman parte de los mapas internos y externos con que el cuerpo-mente trata de percibir y percibirse continuamente. Nuestro cerebro en la parte denominada “ínsula” está continuamente “mapeando” el proceso que va desde las emociones hasta los sentimientos, o nuestra manera de estar, reaccionar, sentir y ser en el mundo y ante el mundo, en un período de tiempo de aproximadamente 500 milisegundos. Al hablar de emociones nuestra mente traza inmediatamente la forma en que reaccionamos ante nuestra misma capacidad de vivir las emociones, para muchos como enemigas, para otros como un desafío entre victorias y derrotas en el que hay que ejercitarse continuamente.

Las milenarias prácticas religiosas de nuestro planeta a través de siglos de observación sabia y paciente han ideado formas eficaces para poder observar ecuánimemente ese fluir de 500 milisegundos entre pensamientos, emociones, sentimientos, reacciones y estados de bienestar o malestar. El ser humano es intrínsecamente libre, sin embargo nuestra libertad es una libertad condicionada, desafiantemente condicionada: se halla determinada por el mundo en el que vive y por el pasado que ha vivido. Y sin embargo, una espiritualidad del “aquí y ahora” debe adiestrarnos en esta libertad que nos desafía desde el teatro mismo de la intersignificación recíproca de nuestra estructura cuerpo-mente y su implicación con los acontecimientos que produce la exterioridad en nuestra interioridad fenomenológica (pensamientos, emociones, sentimientos) la cual encarna la manifestación de la “vida invisible”.