ENOMIYA-LASALLE: ZAZEN

     En su libro, Vivir en la nueva consciencia, el sacerdote católico y jesuita Enomiya-Lasalle, discípulo del maestro Zen japonés Harada, quien unió las dos corrientes clásicas de “Soto” y “Rinzai”, insiste de modo especial en la actitud interior, sin la cual la apertura a los niveles más profundos de consciencia no es posible.

     Zazen significa “sentarse”, e importan tres aspectos básicos: la postura corporal, que debería es la «postura del loto»; la respiración, la cual debe ser profunda y abdominal; y la actitud interior que es según el maestro Dôgen (1200-1252), dedicarse a «pensar el no-pensar»; otra expresión para describir dicha actitud es “sin conceptos, sin pensamientos”.

     Durante el Zazen, nos dice Enomiya-Lassalle, se trata de una actitud interior en la que se omite toda actividad dirigida por el ‘yo’. Para poner en práctica esta actitud interior se proponen, a modo de ayuda, tres formas de comportamiento: 1) concentrarse en la respiración; 2) estar con un Koan; y 3) simplemente sentarse sin apoyo. La respiración es de total importancia, pues significa la vida misma. El Koan tiene la finalidad de romper con la lógica del pensamiento y llevar al discípulo hacia estados más profundos de consciencia o a vaciar la mente de toda concatenación racional con el fin de llevarlo a la “iluminación”. El simplemente sentarse “shikintaza”: pensar el no-pensar, cuando surgen pensamientos, no se siguen, ni tampoco se rechazan.

     En el Zen el maestro es esencial y de suma importancia, pues el Zen no puede transmitirse a través de enseñanzas teóricas, sino por un camino iniciático. El fin del Zazen es tomar consciencia de la naturaleza “búdica”: el ser humano, sea budista, cristiano o musulmán, “participa” del ser indiviso, único y absoluto, que subyace a todo lo que existe.

Anuncios

KOAN

Maestro Huang Po Chan

Es una palabra japonesa que literalmente significa “documento público”, “documento” que cada ser humano trae al nacer y que trata de descifrar antes de morir. Un Koan es una especie de problema que un maestro propone a sus discípulos para que, concentrándose en él, agoten toda la energía mental de la que disponen. Los Koan están específicamente construidos para cortar la actividad discriminadora del intelecto que persiste en querer distinguir entre objeto y sujeto, y también para ridiculizar el razonamiento. Al suspender la facultad racional, el Koan deja en reposo la actividad más superficial de la mente, y así sus partes centrales y profundas pueden exteriorizarse y manifestarse. Deja al intelecto que vea por sí mismo hasta dónde puede llegar, y le muestra que existe una región en la que, con su funcionamiento ordinario, no puede penetrar. He aquí un conocido Koan: ¿Tiene un perro la naturaleza de Buda? –preguntó un monje al maestro Tchao Tchú. La respuesta de éste, fue una exclamación: “¡Uh!”: Concentrando todos sus pensamientos sobre el ¡Uh! Los discípulos comprenderán, no de modo racional, lo que contiene, llegará un momento en que dejarán de levantarse todos los pensamientos, se darán cuenta que están en un callejón sin salida, la consciencia ya no trabajará, entonces el cerebro del discípulo saltará en mil pedazos y por primera vez comprenderá que está en posesión de la verdad. 

 LA TAZA DE TÉ

Nan-in, un maestro Japonés de la era Meiji (1868-1912), recibió la visita de un profesor de universidad que quería informarse sobre el Zen.

Nan-in le sirvió té. Llenó la taza de su visita hasta el borde, y siguió vertiendo más té.

El profesor observó como el té llenaba la taza y se derramaba sobre la mesa hasta que no puedo aguantarse más: “¡Está rebosando, no cabe nada más!”

“Al igual que esta taza,” dijo Nan-in, “usted esta lleno de sus propias opiniones e ideas. ¿Cómo le voy a enseñar Zen si no vacía primero su taza?”.