SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016: EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR»

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EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR». LA PRÁCTICA ESPIRITUAL DE LOS PADRES DEL DESIERTO CRISTIANO Y LAS ENSEÑANZAS DE LOS MAESTROS ORIENTALES SE UNEN PARA OFRECER UNA PRÁCTICA ESPIRITUAL DESDE LA SABIDURÍA DE LA OBSERVACIÓN ECUÁNIME DE LOS PENSAMIENTOS Y EMOCIONES.

DIRIGIDO POR: Leandro Posadas, monje benedictino.

LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

FECHA: SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

TRAER REFECCIÓN O ALMUERZO.

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 45 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON AL TALLER ANTERIOR DEL 17 DE SEPTIEMBRE: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA:

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LUDWIG WITTGENSTEIN, KEN WILBER, Y LA BÚSQUEDA DE UNA «ESPIRITUALIDAD EFICAZ» 2ª PARTE: LA CONSCIENCIA HUMANA Y LA EXPERIENCIA ESPIRITUAL

gran_ken-wilberPara el pensador y escritor norteamericano Ken Wilber, el mayor logro de la física del siglo XX, más allá de la teoría de la relatividad y la fusión de espacio y tiempo que ella comporta, o de la teoría cuántica con su aparente negación de las leyes de la causalidad, o la disección del átomo, y el consiguiente descubrimiento de que las cosas no son como parecen, es el reconocimiento generalizado de que todavía no estamos en contacto con la «realidad última». Así nos los reseña Eddington: «Hemos tenido ocasión de aprender que la exploración del mundo exterior con los métodos de la ciencia física no nos lleva a encontrarnos con la realidad concreta, sino con un mundo de sombras y símbolos (matemáticos), por debajo de los cuales aquellos métodos no resultan ya adecuados para seguir penetrando». James Jeans, al respecto, afirma: «Nunca podemos comprender lo que sucede, sino que debemos limitarnos a describir las pautas de comportamiento en términos matemáticos; no podemos aspirar a otra cosa». El mismo Wittgenstein en el Tractatus 6.52, señala, que incluso si todas las cuestiones científicas fueran contestadas, lo que él llama «los problemas de la vida» ni siquiera serían rozados. Pues «lo místico», según Wittgenstein, no es explicable por su misma naturaleza, que no pertenece al orden de las explicaciones, sino de los «hechos» que trascienden las explicaciones mismas.

Cuando el físico observa la realidad cuántica o relativa, no contempla las «cosas en sí mismas, sino una serie de ecuaciones diferenciales sumamente abstractas, esto es, no la «realidad en cuanto tal», sino los símbolos matemáticos de la realidad.

Para Eddington es evidente que los métodos de la física no pueden ir más allá del lenguaje simbólico, es decir del lenguaje matemático, y atreverse a ir más allá de la física misma es apuntar a la meta-física.

Para el mismo Eddington, quien ayudó a clarificar la teoría de la relatividad, realizó aportaciones matemáticas al respecto, e investigó acerca de la evolución y constitución de las estrellas, debemos volver a la «consciencia humana» como punto de partida, al único centro donde podríamos encontrar algo más y llegarlo a conocer. «Ahí (en el inmediato interior de la consciencia), nos encontramos con otros movimientos y otras revelaciones distintas de las que nos llegan condicionadas a través del mundo de los símbolos».

circulo zenEse «volver a la consciencia humana», tanto para Eddington, Schrödinger, Wilber y las tradiciones místicas orientales y occidentales, no es una simple sentencia ética, moral, religiosa o dogmática, sino la posibilidad tangible y demostrable de «entrenar la mente humana», a través de la meditación y la contemplación, para captar los dominios del «Espíritu/espíritu». Pues en la «experiencia mística», a diferencia del campo y método de la física, «se aprehende directa e inmediatamente la Realidad, es decir sin ningún tipo de mediación, ni de elaboración simbólica, conceptualización o abstracción alguna. El sujeto y el objeto se unifican en un acto fuera del tiempo y del espacio, que trasciende todas las formas posibles de mediación.

Todos los místicos hablan universalmente de contactar la realidad en su mismidad, en su entidad, en su taleidad, sin ninguna clase de intermediarios, más allá de las palabras, los símbolos, los nombres o las imágenes». (Pensemos al respecto en el Zazen, en el capítulo 6 del Bhagavad-Gita, Dionisio Areopagita, el Hesicasmo, Evagrio Póntico, Maestro Eckhart, Juan de la Cruz, Teresa de Ávila, el Advaita-vedanta, los místicos sufíes, etc. Cada uno de los anteriores tratado en mayor o menor medida en nuestro blog).

Nuestra esperanza al dar a conocer el tema de la espiritualidad, de la meditación, de la contemplación, de la oración de quietud u oración contemplativa, y otras formas de centrar, aquietar y conocer el modo como funciona nuestra mente, no forma parte de la frívola pretensión contemporánea de «wellness», es decir, del insubstancial deseo de salud física y estética para simplemente «sentirnos bien», satisfacer un capricho más, y seguir con nuestras vanas y triviales formas de vida. Por el contrario, nuestro prudente y sincero deseo nace del profundo convencimiento de la capacidad que poseemos los seres humanos para trascender nuestra, -muchas veces-, forma habitual e «ilusoria» de ver y vivir nuestra existencia. Las tradiciones espirituales más antiguas y profundas lo certifican, y cientos de personas en todo el mundo tratan de vivir una «forma nueva de vida», apartados del engaño del «sistema mundial» actual, representado por cientos de instituciones económicas, religiosas, sociales, etc., que no desean que el ser humano piense por sí mismo y se dé cuenta que su finalidad es la «emancipación», la cual trasciende los convencionalismos culturales, sociales, religiosos, psicológicos, geográficos, impuestos en gran parte por la «civilización» occidental, ávida de capital, egocentrismo, límites, categorías, concepciones, dogmatismos, etc. Para tratar de dar respuesta a tan digno y delicado deseo nuestro blog trata, en la medida de sus límites y posibilidades, de ser lo más serio, veraz, y científico posible en sus publicaciones.

En el párrafo anterior de modo intencionalmente erróneo inscribí la frase «forma nueva de vida» para referirme al estilo de vida que cientos de personas en el planeta tratan de vivir. Realmente, esa «forma nueva de vida» ya había sido expuesta miles de años antes en un texto espiritual de suma importancia para la mística oriental, como es el «Bhagavad-Gita». Un texto amado y reverenciado por personajes como M. Gandhi, R.W Emerson, A. Einstein, y muchos otros. En el capítulo 13, 8-12, se describe dicho ‘modo de vida’ de la siguiente forma: «La humildad, la carencia de orgullo, la no-violencia, la tolerancia, la sencillez, el acercarse a sabios y fidedignos maestros espirituales, la constancia, el auto-control, la renuncia a los objetos de los sentidos, la ausencia de ego falso, el desprendimiento, la estabilidad mental ante los eventos placenteros y/o desagradables…, el recurrir a la armonía de lugares solitarios, el desapego a la «masa» general de personas, la aceptación de la importancia de la búsqueda espiritual y filosófica de la Verdad. Yo declaro, (dice Krishna) que todo lo anterior es «conocimiento» y lo que es contrario a esto es ignorancia».

Ken Wilber, en su obra «A Theory of Everything» (Una Teoría del Todo) menciona los estudios de Clare Graves, enfocados en el desarrollo de la consciencia humana a través de su teoría de la «Spiral Dynamics», la cual considera que el perfeccionamiento de la consciencia humana procede a través de ocho estadios generales que abarcan las diversas actividades de los seres humanos. Estadios no concebidos como niveles rígidos, sino como redes y combinaciones, olas fluidas, asimétricas y complejas. Don Beck y Christopher Cowan, quienes perfeccionaron la «Spiral Dynamics» de C. Graves, y participaron en los diálogos que contribuyeron a acabar con el Appartheid en Sudáfrica han estructurado los distintas olas de la existencia en diversos colores. Al «estilo de vida» que hemos mencionado más arriba correspondería el nivel seis, verde, considerado como «El yo sensible», el cual está centrado en la comunidad, en la relación entre los seres humanos, en las redes y en la sensibilidad ecológica. «El espíritu humano debe ser liberado de la codicia, del dogma y de la división; el respeto y la atención a los demás reemplaza a la fría razón; respeto y cuidado por la tierra (Gaia) y la vida. Establece vínculos y uniones laterales y es contrario a las Jerarquías. Yo permeable y relacional centrado en redes. Énfasis en el diálogo y las relaciones. Fundamento de las comunidades de valor (agrupaciones libremente elegidas basadas en sentimientos compartidos). Presta atención a la espiritualidad, la armonía y el enriquecimiento del potencial humano. Fuertemente igualitario, antijerárquico, centrado en valores plurales, en la construcción social de la realidad, en la diversidad, el multiculturalismo y la relativización de los valores; una visión del mundo a la que habitualmente se conoce con el nombre de relativismo pluralista. Subjetivo y centrado en el pensamiento no lineal; fomenta la cordialidad, la sensibilidad, el respeto y el cuidado por la Tierra y por todos sus habitantes».

Dicho estadio de la consciencia se halla presente en la ecología profunda, en el postmodernismo, el idealismo holandés, el counseling de Karl Rogers, el cuidado por la salud canadiense, la psicología humanista, la teología de la liberación, el Consejo Mundial de las Iglesias, Greenpeace, los derechos de los animales, el ecofeminismo, el postcolonialismo, los autores Foucault y Derrida, lo políticamente correcto, los movimientos en pro de la diversidad, los derechos humanos y la eco-psicología.

Dicho nivel estadísticamente abarca un 10% de la población y 15% del poder en el planeta.

LUDWIG WITTGENSTEIN, KEN WILBER, Y LA BÚSQUEDA DE UNA «ESPIRITUALIDAD EFICAZ» 1ª PARTE

L. Wittgenstein
L. Wittgenstein

Deseamos presentar, a través del gran filósofo del siglo XX, Ludwig Wittgenstein, y el pensador y escritor contemporáneo Ken Wilber, el tema de la mística, es decir, del auténtico «camino» que nos puede llevar a un eficaz desarrollo de nuestra dimensión espiritual. Acabo de usar atrevidamente las palabras ‘eficaz’ y ‘desarrollo’ para referirme al tema de la mística, tema que ha sido considerado, erróneamente, desde el prejuicio y la ignorancia, en Occidente, como incierto, «raro», abstracto y ambiguo.

John Hyman en su artículo «El Evangelio según Wittgenstein» nos indica que la influencia de dicho filósofo en la «Filosofía de la religión», se debe a algunas observaciones que aparecen dispersas a lo largo de su obra. Nunca, al parecer, tuvo intención de publicar sobre dicho tema, sin embargo, añade Hyman, es posible formarse una idea bastante clara y útil de sus opiniones sobre la naturaleza y justificación o no justificación de temas relacionados con «lo religioso».

En el prefacio que escribió para el ‘Tractatus Logico-philosophicus’, Wittgenstein indica, enfáticamente: «Lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente; y de lo que no se puede hablar hay que callar». Para el filósofo austríaco «el método correcto de la filosofía es no decir nada más que lo que se puede decir», y cualquier pensamiento que aspiramos a tener sobre el significado de la vida, o sobre la «divinidad», pertenece a lo que Ludwig Wittgenstein llamaba «lo místico», y nada de ello puede decirse a través de las palabras. Todo esfuerzo humano por resolver o, incluso, para formular lo que Wittgenstein llamaba «los problemas de la vida», será vano. Podemos concluir, siguiendo a nuestro autor, que lo que pueden o podrían decir la filosofía, la lógica, la misma cultura occidental, científica, tecnológica, sociológica, psicológica, y teológica actual, acerca de «lo místico» es insignificante comparado con lo que no pueden decir. Pues es justamente el interés de Wittgenstein por «lo místico» que lo incita a combatir el lenguaje metafísico que «embruja» al intelecto humano, haciéndolo creer que puede ir más allá de sus propios límites. Para el filósofo austríaco los límites de nuestro lenguaje, son los límites de nuestro mundo (ver al respecto las proposiciones de Wittgenstein sobre los «Juegos Lingüísticos»). Y un lenguaje metafísico que pretenda definir y categorizar «lo inexplicable» es un lenguaje enfermo, cancerigeno, que necesita ser curado y purificado.

La historia de Occidente ha estado marcada por una forma de pensar «lo religioso» a través de categorías unilaterales, cerradas y limitadas. La mayoría de hombres y mujeres que somos herederos de la cultura religiosa occidental hemos sido educados para «creer y pensar» la religión no siempre desde el sentido común y la ecuanimidad, o desde nuestras necesidades espirituales más profundas y legítimas, sino desde los intereses, aciertos, equívocos y necesidades de instituciones que han nacido de los avatares y circunstancias de la historia misma.

El tema que deseamos presentar puede ser tratado desde muchos puntos de vista, y ciertamente nuestra aportación puede ser relativa. Sin embargo, nosotros deseamos presentarlo a través de la circunspección, prudencia, y sabio discernimiento de los dos autores mencionados en el título del presente estudio.

Ken Wilber
Ken Wilber

Ken Wilber, en su obra «Quantum Questions. Escritos místicos de los físicos más famosos», nos introduce en un tema profundamente significativo para todos aquellos que hemos emprendido el camino hacia el «Espíritu/espíritu». Dicha antología de textos espirituales de grandes científicos, como Heisenberg, Schrödinger, Einstein, Jeans, Planck, Pauli, Bohr, Eddington, nos introduce en las prudentes indagaciones hechas por tales científicos acerca de la «relación-no relación», entre la «Nueva Física» («Cuántica» y «Relativa») y sus investigaciones sobre el «Reino del Espíritu/espíritu».

Si bien, todos los físicos, citados por K. Wilber, a través de sus argumentaciones, nos indican que no existe un apoyo positivo de la física moderna, o una prueba ni a favor ni en contra, o una demostración o refutación de una visión mística del mundo, cada uno de ellos, indago con suma sinceridad, laboriosidad, empeño y compromiso, aspectos relacionados con la mística, la religión y la espiritualidad.

K. Wilber considera que fue el mismo estudio de la física lo que introdujo a estos científicos en el tema de la mística, pues fue precisamente a través de un duro esfuerzo, y del uso continuado de sus propios intelectos críticos, y no el recurso a las emociones, ni a las intuiciones, ni a la fe, lo que los llevó a trascender los linderos de la ciencia física.

Lo importante para nosotros en este artículo no es hallar una reconciliación entre la ciencia y la mística, pues si ésta última es auténtica y legítima, ella misma, si fuese necesario, es capaz de ofrecer su propia «defensa» y su propia «evidencia» en el mundo, y ante el mundo contemporáneo.

APROXIMACIÓN A LA «CONCEPCIÓN MÍSTICO-CIENTÍFICA DE LA MENTE» DEL PREMIO NOBEL DE FÍSICA, ERWIN SCHRÖDINGER (1887-1961) 2ª PARTE

Consideraciones desde la obra de Ken Wilber, «Cuestiones Cuánticas». Escritos místicos de los físicos más famosos

Erwin Schrödinger
Erwin Schrödinger

La visión de la ciencia no encuentra una relación objetiva entre el sujeto «percipiente, sintiente, contemplante» y el mundo tal como aparece a los ojos de la ciencia misma. Es como si la mente fuese simplemente un «añadido insignificante que igual podría estar ausente sin que quedara por ello dañado el efecto total». Para el premio Nobel de física de 1933, el absoluto silencio de la gran parte de investigaciones científicas sobre las cuestiones relativas al significado y finalidad globales de todo cuanto sucede, resulta muy doloroso. El mundo tal como lo concebimos, nuestras ideas y concepciones acerca de lo «humano» sólo adquiere un sentido en relación «con una mente capaz de contemplarlo», pero todo lo que la ciencia nos pueda decir es paradójico. Es como si la mente hubiera sido solo «un producto de ese mismo espectáculo que estamos contemplando, y estuviera condenada a desaparecer con él cuando el sol acabe finalmente por enfriarse y la tierra se haya convertido en un desierto de nieve y hielo…».

¿Cómo tratar de resolver tal antinomia? Un universo que tiene miles de millones de años, y que, al parecer, sólo tiene sentido en la medida en que es contemplado por un «sujeto consciente, percipiente, sintiente, contemplante», y que, al parecer, sólo lleva algunos «segundos» en la historia de tal universo.

Schrödinger, después de exponer algunas ideas y máximas científicas sobre tal antinomia, desea presentar un punto de vista más personal, y añade algunas consideraciones realmente brillantes que para algunos, occidentales o «sub-productos» de Occidente, podrían resultar desconcertantes.

Para nuestro autor, «la mente humana se encuentra a sí misma en íntima conexión y dependencia con el estado físico de una porción concreta de materia: el propio cuerpo». La arcaica hipótesis occidental de que a cada cuerpo corresponde un alma individual, resulta muy sugestiva para todos. La mayoría de personas, e incluso de filósofos occidentales, lo aceptan así sin más. Tal hipótesis admitida como «déspotamente notoria» ha llevado a instaurar toda una «forma mentis» cultural, y a trazar el esquema de pensamiento religioso occidental, e inventar tantas almas como cuerpos existen; su posible inmortalidad, y por consiguiente un etéreo y dogmático sistema moral y ético, que resulta casi insostenible para el ser humano de hoy, y que sin embargo forma parte de todos los credos oficiales occidentales. Para Schrödinger, nuestra mente está llena de historias fantásticas al respecto, pues todos tenemos la «indiscutible impresión» de que la suma total de las propias experiencias y recuerdos forman una unidad, absolutamente distinta de la de cualquier otra persona, a cuya unidad le hemos dado el nombre de «yo», como materia prima que sirve de soporte a todos aquellos datos».

¿Cómo pudo entonces surgir la idea de pluralidad? se pregunta E. Schrödinger. Para la filosofía Vedanta, (Del sánscrito, ‘veda’ «conocimiento» y ‘anta’ «fin». Una de las seis filosofías ortodoxas del Hinduismo, preocupada ante todo por el conocimiento del ‘Brahman’, de «lo Absoluto»), tal pluralidad de mentes y consciencias es solamente «una apariencia, no es real». «Hace unos 2500 años o más, los Upanishads consideraban que el reconocimiento del Atman como idéntico al Brahman (el yo personal igual al yo eterno omnipresente y omniabarcativo) representaba la quintaesencia de la más profunda intuición acerca del mundo. El anhelo de todos los discípulos del Vedanta consistía, después de haber aprendido a pronunciarlo con sus labios, en llegar a asimilar realmente en sus mentes este pensamiento, el más grandioso que cabe concebir».

Para la «forma mentis» occidental dicha concepción continua siendo extraña, a pesar de que grandes místicos cristianos a lo largo de la historia del Cristianismo han experimentado la «unificación con la divinidad». Tal experiencia puede condensarse en la siguente frase: «deus factus sum» (me he convertido en Dios). El Advaita-vedanta, (O «No dualismo», escuela filosófica hindú fundada por el filósofo y pensador Shankara (788-820), trata de explicar dicha experiencia a través de analogías. «Una de las más atractivas es la de un cristal tallado con multitud de caras, que reflejando alrededor cientos de pequeñas imágenes de un único objeto existente situado frente a él, no lo multiplica sin embargo en modo alguno».

Para Erwin Schrödinger, siguiendo la convicción básica del Vedanta, no hay algo que justifique, fehacientemente, la «obstinación moderna» de descubrir la diferencia entre mi propio yo y los demás, cuando objetivamente lo que hay en todos es la «misma cosa». Para la filosofía Vedanta «no es posible que esa unidad de conocimiento, de sentimiento y de decisiones a la que llamamos el «propio yo» haya saltado de la nada al ser en un momento dado hace apenas un poco de tiempo; más bien, ese conocimiento, sentimiento y decisión son en lo esencial eternos, inmutables y numéricamente «unos y los mismos» en todos los seres humanos, más aún, en todos los seres dotados de sensibilidad». No en el sentido panteísta, como si cada uno de nosotros sea un aparte o una porción de un ser infinito y eterno, o un aspecto o modificación del mismo. Por inconcebible que resulte a la razón ordinaria, añade nuestro autor, todos nosotros y todos los demás seres en cuanto tales, estamos «todos en todos», sólo que «ese todo» no se deja abarcar con una sola mirada o con un concepto o definición de nuestras mentes e intelectos finitos. Los antiquísimos, firmes e inconmovibles cimientos de nuestro planeta tierra, son tan antiguos, firmes e inconmovibles como los nuestros. Tal como lo re-vela la formula mística sagrada de los brahmines: ‘Tat twan asi’: «Eso eres tú».

EN EL CAMINO ESPIRITUAL «EL PECADO ES SÓLO UN CONCEPTO, UNA SIMPLE PALABRA»

La crítica trascendental de la religión en el Vimalakirti Nirdesha

El pecado no es una atadura en nuestra vida interior
El pecado no es una atadura en nuestra vida interior

Para tratar el tema del “pecado” en nuestro camino espiritual narraremos, fugazmente, el episodio entre Vimalakirti y otro discípulo del Buda, Upali, quien es considerado por la tradición budista como el gran experto en el código monástico (Vinaya). Narra el Vimalakirti Nirdesha, este escrito del Budismo Mahayana, que un día acudieron a Upali dos monjes que habían cometido una falta contra las normas monásticas, para que éste los liberara de la inquietud aceptando su confesión y sus deseos de enmendarse. Upali aprovechó la ocasión para reprender a los monjes, y justo en ese momento pasaba por allí Vimalakirti, quien dándose cuenta que Upali estaba haciendo más grande el problema, le dijo: «Venerable Upali, no agraves más las fallas de estos dos monjes. Sin confundirlos más, libéralos de su remordimiento. Venerable Upali, la naturaleza de su falta no habita ni dentro ni fuera de ellos, ni entre los dos ¿Por qué? El Buda dijo: a los seres sensibles les afligen las pasiones de la mente y se purifican por la purificación de la mente». Sangharakshita comenta dicho episodio puntualizando algunos elementos del relato: los dos monjes cometieron una falta, es decir quebrantaron una regla. Pero, primeramente la regla se estableció para que el individuo, en este caso cada monje, se desarrollara en el ámbito espiritual. Al infligir la regla, ambos monjes, señala Sangharakshita, colocaron un obstáculo en su camino al desarrollo espiritual, quizá incluso sufrieran un retroceso. De modo que a Upali no debería preocuparse tan sólo del hecho de que una norma se hubiera infringido. Esto sería tomar el reglamento como un fin en sí mismo. Lo que Vimalakirti está dando a entender es que lo que debería importarle realmente a Upali sería reencausar a los dos monjes.

Vimalakirti considera, prosigue Sangharakshita, que no hay semejante cosa como lo que llamamos “pecado”, pues declara: «La naturaleza de su falta no habita ni dentro, ni fuera de ellos, ni entre los dos». La creencia en el “pecado”, predicamento esencialmente cristiano, no es más que una piedra suelta con la que uno tropieza cuando toma las reglas como fines en sí mismos. Cuando rompemos una regla damos vida al “pecado” y perdemos el tiempo preocupándonos por la manera en que podremos liberarnos de él en lugar de continuar con nuestra labor, concerniente al desarrollo espiritual. Si uno cree en Dios, y en los mandamientos que creemos estableció ¿qué ocurre cuando uno infringe uno de esos mandamientos? El “pecado” adquiere existencia, la persona se siente culpable y temerosa del “castigo”. Cuando esto sucede busca que alguien lo salve de las consecuencias de su pecado: “un salvador”. Todo esto, afirma Sangharakshita, es lo que se conoce en Occidente como “religión”. El asunto es aún más amargo, pues para el Cristianismo, el pecado es nuestro legado, incluso antes de nacer ya somos herederos, por medio de Adam y Eva, del “pecado original”. Si queremos evitar dicho predicamento debemos ser conscientes del peligro que hay en considerar las reglas como fines en sí mismos. Los mandamientos que nos fueron legados como Torá (enseñanza de amor) a través de Moisés fueron instaurados para nuestro progreso espiritual, no para confundirnos y paralizarnos en nuestro camino de fe.

El pecadoVimalakirti sencillamente está haciendo notar que nuestro interés debería estar puesto más allá de nuestros errores. El pecado es sólo un concepto, una simple palabra. Lo fundamental es darnos cuenta de la razón de nuestros actos, el debido arrepentimiento práctico, y la revitalización inmediata de nuestra inspiración para seguir creciendo espiritualmente. Si procedemos de tal modo el “pecado” con todas sus consecuencias psicológicas nefastas no llega a existir en absoluto.

Para contextualizar aún más, citemos un párrafo de nuestra entrada anterior: «Pongamos como ejemplo (en la Iglesia Católica) el sacramento de la reconciliación, o la comúnmente llamada confesión: nos acercamos al sacerdote, le planteamos nuestros problemas, y él permanece apegado a conceptos como pecado, absolución, penitencia, gracia, moral, etc. Nos “pone una penitencia” (tres Padre Nuestro y una Ave María…) que para nada funciona, objetivamente hablando, con el problema planteado. En el Cristianismo oficial no existe actualmente una pedagogía seria y bien fundamentada que pueda ser eficaz y didáctica en nuestro camino de fe. El Cristianismo organizado debe plantearse seriamente que algunos de sus conceptos, doctrinas, ritos, dogmas, y filosofías, posiblemente, no están al alcance de las posibilidades infinitas de la mente humana. Y que, a lo mejor, dichas concepciones formaron parte de una época y fueron útiles para una cultura y tiempo determinado». (Cf. Ken Wilber, Una Teoría del Todo).