TALLER 2 DE SEPTIEMBRE DE 2017: «LA VIDA HUMANA COMO BÚSQUEDA DE LA SABIDURÍA Y EL RIESGO DE SER HOMO SAPIENS»

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LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ.

FECHA: SÁBADO 2 de Septiembre de 2017.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 35 MINUTOS Y CUATRO MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

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RECIBIR CON SABIDURÍA LA EXPERIENCIA DE SER ‘SER HUMANO’

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REFLEXIONES SOBRE EL DHAMMAPADA

‘Traducción libre’ del Italiano por Leandro Posadas

 AJAHN MUNINDO

 25.05.2017.

Libres del miedo

Perderse en el placer

produce sufrimiento;

perderse en el placer

genera miedo.

Manteniéndose libre en la experiencia del placer

el sufrimiento cesa,

¿Cómo podría existir el miedo?

Dhammapada 214.

¿Es posible convivir verdaderamente con toda la satisfacción y el dolor de la vida, y al mismo tiempo permanecer libres del sufrimiento? Claramente, nuestra confianza en la transformación de los Grandes Maestros significa que nosotros creemos que la libertad del sufrimiento es posible. Tal confianza es un eficaz incentivo y contribuye a formar la base sobre la que construimos nuestra práctica espiritual.

Y desde la perspectiva de la ‘práctica de la atención sabia y plena de las cosas tal cual son, aquí y ahora’, no nos interesa solamente aquello que experimentamos, sino además cómo aprehendemos todas nuestras experiencias. Como consecuencia de la inconsciencia (inconsapevolezza), fácilmente nos perdemos en las experiencias: aquellas dichosas; aquellas absolutamente intolerables y todas aquellas que están en el medio de ambas. Pero cuando la atención plena (consapevolezza) está bien cultivada existe la posibilidad de recibir cada experiencia sin perderse, sin obstaculizar la libertad.

Con amor compasivo,

Bhikkhu Munindo.

TALLER 25 DE FEBRERO DE 2017: «APROXIMACIÓN A UNA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA DEL AQUÍ Y EL AHORA»

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«APROXIMACIÓN A UNA ESPIRITUALIDAD CRISTIANA DEL AQUÍ Y EL AHORA»

 Divagaciones fenomenológicas sobre la experiencia del presente y la transformación interior.

 Dirigido por: Leandro Posadas, Monje benedictino

teandrico.wordpress.com

silenciotransformante@gmail.com

LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

FECHA: SÁBADO 25 DE FEBRERO DE 2017.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE CUATRO CONFERENCIAS DE 35 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA:

PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA

Exordio

«El espejo de la mente»: espiritualidad, neurociencia y fenomenología.

 PRIMERA PARTE

«El tiempo como aroma de la inmanencia que somos».

Neurofenomenología del tiempo.

El tiempo: ¿un sufrimiento contemporáneo?

La «consciencia del tiempo presente» y la «distorsión de nuestro reloj psicológico».

«El presente como forma de vida».

La paradoja del presente y el cultivo cotidiano de la sabiduría.

-20 minutos de Praktiké-.

SEGUNDA PARTE

«Aprehender a Dios a partir del tiempo».

«El tiempo del ser humano como favorable ambigüedad».

«De la sabia ausencia de Dios ‘en el tiempo’».

«Dios como recuerdo del presente».

Jesucristo: «consciencia genuina del tiempo».

-20 minutos de Praktiké-.

TERCERA PARTE

El sabio silencio como respuesta a «este tiempo que somos».

El silencio contemplativo y la regeneración continua del tiempo.

La atención silenciosa del tiempo.

Entrenar el ‘espíritu’ en-y-desde «este tiempo que somos».

-20 minutos de Praktiké-.

Epílogo

El silencio como «amorosa no-acción».

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EL TIEMPO: «AROMA DE LA INMANENCIA QUE SOMOS»

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Autor: Leandro Posadas

«Lo que hay de más pequeño, de más silencioso, de más ligero, el deslizar de un lagarto en la hierba, un soplo, un ¡sssh…!, un parpadeo…, es su poco lo que da el valor a la mejor felicidad. ¡Silencio!… ¿Qué me ha sucedido? ¡Escucha! ¿Ha huido por ventura el tiempo?».

Friedrich Nietzsche, Así hablaba Zaratustra[1].

     En la hora más silenciosa de la noche, «aquella en la que el rocío cae sobre la hierba», el Zaratustra de Nietzsche se da cuenta de que ‘tiene el poder y no quiere reinar’, por ello debe volver a saborear la soledad. En pleno mediodía y tendido sobre un árbol se quedó dormido, y después de un largo sueño se dijo a sí mismo: «¡Levántate dormilón! ¡Perezoso! … ¡Vamos viejas piernas! ¡Ya es hora, es el gran momento! Te has entregado al sueño ¿Durante cuánto tiempo? ¿Durante media eternidad?… ¿Vas a estar siempre estirándote, bostezando, suspirando, cayendo al fondo de pozos profundos?»[2].

     Nuestra existencia es como el momento más silencioso de la noche en el que cae el rocío sobre la hierba: un momento único y sublime de la naturaleza, pero a la vez fugazmente intrascendente. Para Heidegger en su obra Camino de campo, citado por Byung-Chul Han[3], «lo sencillo encierra el enigma de lo que permanece y es grande… En lo imperceptible de lo que es siempre se oculta su misma bendición». Y por ello en la Antigua China la caída del rocío era signo de la unión armoniosa entre el cielo y la tierra, pues en su misma fugacidad se resuelve la oposición entre las aguas de arriba y de abajo, las aguas terrenales y las celestiales[4].

     Cuenta Matthieu Ricard en Plaidoyer pour le bonheur, que un día estando de visita por el sur de Francia con un grupo de monjes del monasterio donde vive en Nepal vio a unos jubilados jugando a la petanca en la plaza, justo en ese momento uno de los monjes tenía lagrimas en los ojos, se volvió a Matthieu y le dijo: «juegan… ¡como niños! En nuestro país, los ancianos que ya no trabajan, cuando se acerca la muerte, consagran su tiempo a la práctica del silencio y de la contemplación»[5]. En España es muy común la frase «matar el tiempo», frase que está a las antípodas de la posibilidad de que cada instante, cada segundo de nuestro ser y estar en este mundo sea un tesoro, y no polvo de oro que se desliza inconscientemente entre nuestras manos. Dicho tiempo derrochado es propio de aquellos que no son conscientes del potencial de realización del que somos portadores, y para quienes el tiempo, como un fardo, abruma a quien no soporta la espera, el retraso, el aburrimiento, la soledad, la contrariedad, y a veces ni siquiera la existencia. Para aquellos para quienes la vida no es más que una gran diversión y dependen por entero de las distracciones, y que se aburren en cuanto el espectáculo se interrumpe. Espectáculo, indica Ricard, que desgrana sus notas en el desorden de la mente.

     Es como el tiempo en el internet en el cual se va de un link a otro, de un ahora al otro. No hay nada que incite a detenerse durante mucho tiempo en un punto de ahora. La multitud de posibilidades y alternativas hace que uno no tenga la obligación ni la necesidad de demorarse en un lugar. Demorarse largo y tendido sólo provocaría aburrimiento. El veloz encadenamiento de fragmentos no deja lugar a una demora contemplativa. Las imágenes que pasan de una manera fugaz por la retina, no logran captar una atención duradera[6]. Así es como vamos haciendo zapping por el mundo.

     El terror al aburrimiento domina nuestros tiempos de ocio, en el que «el tiempo pierde duración, perdurabilidad y sosiego, en el que la atención no puede crear un lazo duradero, en el que surgen intervalos vacíos, que deben ser franqueados con lo drástico, lo sorprendente, lo que arrastra y golpea, con lo excitante[7]. Byung-Chul Han citando a Heidegger sostiene que dicho aburrimiento domina la brecha cada vez más amplia entre el sujeto y el mundo, entre la libertad y la facticidad, entre el actuar y el Ser. En contraposición con el aburrimiento, Heidegger sostiene que existe otra forma de relacionarse con el tiempo-mundo, la llamada serenidad (Gelassenheit), la cual nos da la posibilidad de estar en el mundo de un modo completamente distinto. Aquella a la que en la Antigüedad se le llamaba Theoria, el demorarse contemplativo en la belleza de las cosas inmutables que descansan en sí mismas[8], y que permite al ser humano aparecer, desde toda su potencialidad, tal cual es: como ser humano.

     Pese a su inmenso valor, dice Matthieu Ricard en Plaidoyer pour le bonheur, el tiempo no sabe protegerse a sí mismo, pues es como un niño que se deja llevar por cualquiera que lo toma de la mano. Para un contemplativo, es decir, un ser humano comprometido con el desarrollo profundo de su propia existencia, el tiempo es de oro pues permite al ser humano mismo «maravillarse» plenamente del momento presente[9].

     Byung-Chul Han en las primeras páginas de su obra titulada El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse, trata de examinar a grandes rasgos, pero con atento ingenio, la relación del ser humano con el tiempo. Y haciendo una diferencia entre el «repetitivo mundo de los dioses» y el «mundo histórico y lineal», considera que para el segundo no es la eterna repetición de lo mismo, sino la posibilidad del cambio lo que le da sentido al tiempo, y sin embargo el transcurso histórico no está determinado por el progreso, sino por la repetición. Repetición que será superada por la Ilustración y la «Revolución», en las cuales la relación del ser humano con el tiempo no está determinada por la libertad, sino por estar arrojado en él; por estar sometido a las leyes de las estrellas.

     Leyes que rigen de modo convencionalmente científico nuestra realidad, y que sin embargo son relativas y sujetas al mismo transcurso histórico, que a medida que avanza trae nuevas explicaciones sobre lo que nosotros llamamos universo, y al que le hemos dado un valor, de acuerdo a los movimientos cognoscitivos y experimentales de la mente humana, la mayoría de la veces absoluto, y al que el ser humano se aferra y desde el cual implanta sistemas fundamentalistas de pensamiento que van desde la ciencia hasta la política y la religión. Stephen Hawking, a propósito, nos indica que la imagen que tenemos de dicho universo se remonta a 1924, cuando Edwin Hubble demostró que nuestra galaxia no era la única. En la actualidad sabemos que nuestra galaxia es sólo una de entre varios cientos de miles de millones de galaxias que pueden verse con los modernos telescopios, y que cada una de ellas contiene cientos de miles de millones de estrellas[10].

     Para el gran filósofo de Königsberg, Immanuel Kant, en su Crítica de la Razón Pura, el tiempo, junto al espacio, son intuiciones puras, y las formas por medio de las cuales el ser humano es percipiente. Para Kant el tiempo no es una realidad absoluta, sino la «forma por medio de la cual los seres humanos percibimos la realidad de la cosas en el modo como aparecen ante nosotros»[11]. A partir de Kant con su llamada Revolución Copernicana, «la razón debe –sin fantasear en torno a ella-, buscar en la naturaleza, en conformidad con lo que ella misma pone allí, aquello que debe aprender de la naturaleza, y de lo que nada podría saber por sí misma. Así la física pudo internarse por primera vez en el camino seguro de la ciencia, después de muchos siglos de avanzar a tientas»[12].

     El tiempo en la post-modernidad, lo queramos o no, ya no se sostiene sobre una narración teológica, pues es la época, según Byung-Chul Han de la desfactización: la libertad ya no está definida por la facticidad, pues ahora es la libertad la que determina la relación del hombre con el tiempo. La historia está animada por la idea de la libertad, del «progreso de la razón humana». Según Han, Dios ya no es el sujeto del tiempo, ni el juez que espera a los hombres en su supremo tribunal, ni el fundador de un presente eterno estabilizador en todo sentido, sino que es el ser humano libre quien se proyecta en el futuro. «Ahora es el hombre libre, y no Dios, el amo del tiempo. Liberado del estar arrojado, diseña lo venidero», por ello el ser humano moderno no depende de un destino, sino de su diseño[13].

     Aristóteles distinguió varios tipos de vida que puede elegir el ser humano libre para relacionarse con el tiempo. Para el Filósofo, la forma de vida más alta era la bios theoretikos, una vida que se dedica a la contemplación, la cual es ajena a cualquier impulso de dominación o interés[14].

     «Cualquier espíritu que se vacíe de lo «inútil» tiene acceso a un tiempo bueno. Vaciar el espíritu, liberarlo de los deseos, da profundidad al tiempo. El deseo hace que el tiempo sea radicalmente efímero, empujando al espíritu hacia adelante. Cuando se queda en reposo, cuando se recoge en sí mismo, aparece el tiempo bueno»[15].

     Si el ser humano pierde toda capacidad contemplativa se rebaja a animal laborans[16]. La postmoderna sociedad del trabajo que tuvo su origen en el protestantismo es una sociedad en la que el trabajo en sí está separado de las necesidades de la vida, se ha independizado y se ha convertido en un fin en sí mismo absoluto. El trabajo se totaliza de tal modo que, más allá del tiempo laboral, sólo queda matar el tiempo[17], como dicen en España. La sociedad del trabajo cargada de prisas e inquietudes y en la que el ocio (otium), es un tiempo de recuperación o de relajación necesario simplemente en función del trabajo, es una sociedad opresora siempre y cuando no integre en sí la vita contemplativa[18].

   Byung-Chul Han no se refiere a la vita contemplativa que presenta Hannah Arendt en la Condición humana, en la cual sostiene que la contemplación como tranquilidad pasiva es una detención de todos los movimientos y actividades, y que reduce la vita activa al nivel exclusivo del trabajo útil y necesario[19]. Para Han, Arendt no reconoce que la vita contemplativa presenta una forma de quietud sólo porque descansa en sí misma, sin dejar de carecer de movimiento ni de actividad. La vita contemplativa a la que se refiere Byung-Chul Han es la capacidad intrínseca que posee el ser humano de fundarse en el tiempo, como diría Ajahn Liem: «fundarse en lo que está sucediendo aquí y ahora».

     Un ser humano que observa «las cosas» sin obstrucciones está en una condición realmente favorable para comprender y desarrollar la vida en el tiempo[20]». Para ello necesitamos que nuestra mente, dotada desde su nacimiento de la capacidad de desarrollar sabiduría y ecuanimidad ante el mundo, se relacione con el tiempo que, junto con el espacio, sirve de sustentáculo para que las cosas, las situaciones, los contextos, las emociones, las sensaciones, surjan y luego cesen, como dijo Kant en su Crítica de la Razón Pura. «Ser un ser humano es una gran ventaja» afirma Ajahn Liem, y por ello el Zaratustra de Nietzsche, debe volver a saborear su soledad para darse cuenta que tiene el poder para reinar en y desde sí mismo en ese aquí y ahora que le fue concedido para desarrollar eso que llamamos humanidad.

______________________

[1] Nietzsche F, Así hablaba Zaratustra, Edaf, Madrid 1998, p. 280.

[2] Ibid., p. 281.

[3] Byung-Chul Han, El aroma del tiempo. Un ensayo filosófico sobre el arte de demorarse, Herder, Barcelona 2015, p. 97.

[4] Cf. Chevalier J., / Gheerbrant A., Diccionario de los símbolos, Herder, Barcelona 1988, p. 887.

[5] Ricard M., Plaidoyer pour le bonheur, Nil Éditions, Paris 2003, p. 241.

[6] Byung-Chul Han, op. cit., p. 63-64.

[7] Ibid., p. 120.

[8] Ibid., p. 125.

[9] Cf. Ricard M., op. cit., p 241.

[10] Cf. Hawking S., p. 41. Historia del tiempo. Del Big Bang a los Agujeros Negros, Alianza Editorial España 2011, p. 41.

[11] Cf. Giovani Reale y Dario Antiseri, Historia del Pensamiento filosófico y científico, vol. II., Del Humanismo a Kant, Herder, España 2004, p. 738.

[12] Cf. Ibid., p. 735.

[13] Cf. Chul-Han B., op. cit., p. 33.

[14] Ibid., p. 138.

[15] Ibid., p. 90.

[16] Ibid., p. 132.

[17] Ibid., p. 133.

[18] Ibid., p. 141.

[19] Ibid., p. 146.

[20] Ajahn Liem Thitadhammo, Il pontenziale di un essere umano, Santacittarama 2012. Traducción del inglés por Roberto Paciocco. Traducción del italiano de algunas notas para el presente artículo por Leandro Posadas, p. 1.

«EL AMABLE DESARME DEL YO»

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De la posibilidad de una vida espiritual postmoderna

Escrito por Leandro Posadas.

     El escritor coreano-alemán Byung-Chul Han[1], afirma al inicio de su breve, pero brillante obra La sociedad del cansancio, que toda época a lo largo de la historia humana ha tenido sus enfermedades emblemáticas, y al igual que los tiempos pasados, nuestra sociedad también tiene una pandemia que ha infectado a cada uno de los humanos del siglo XXI. El autor la llama la violencia neuronal, -que da lugar a infartos psíquicos-, la cual a diferencia de la época bacterial que descubrió los antibióticos, aún no ha descubierto su «antídoto». La bipolaridad, la depresión, el trastorno por déficit de atención (TDAH), el trastorno límite de la personalidad (TLP), el síndrome de desgaste ocupacional (SDO); y la angustia, según Han, definen el panorama patológico de comienzos de este siglo[2]. Tales perturbaciones son provocadas por el exceso de positividad, de una especie de violencia de positividad que resulta de la super-producción, del super-rendimiento, y la super-comunicación sistemáticas como aspectos inmanentes de la violencia sistémica que ha creado una sociedad en función del rendimiento, cuyo lema es: «Yes, we can!», como nuevo mandato de la sociedad del trabajo tardo-moderna. Para el sistema de rendimiento la positividad del poder es mucho más eficiente que la negatividad del imperativo del deber[3]. Ante una sociedad donde nada es imposible el sujeto de rendimiento se encuentra en una guerra consigo mismo, y el depresivo es el inválido de esta guerra interiorizada, desprotegido frente al exceso de positividad, de estímulos, de información e impulsos, lo cual modifica, según nuestro autor, la estructura y economía de la atención, dando lugar a una percepción de la realidad fragmentada y dispersa[4].

     En vez de una atención profunda y contemplativa ante la realidad que surge a cada momento a nuestro entorno y en nosotros mismos, -y que origina el recogimiento para lograr el pacífico desprendimiento-, nos vemos obligados a una desenfrenada y neurótica hiperatención frente al exceso de información y agitación.

     Llama la atención que este autor en su obra recurra a nociones como contemplación, espiritualidad, para hacer ver la aceleración neurótica en la que vive el hombre contemporáneo. Para él, aprender a mirar constituye la primera enseñanza preliminar para la espiritualidad[5]. Y a diferencia de esta primera enseñanza, reaccionar sin observar -sin discernir-, reaccionar inmediatamente a cada impulso, es siguiendo a Nietzsche, en sí ya una enfermedad, un declive, un síntoma de agotamiento. La espiritualidad en lugar de exponer la mirada a merced de los impulsos externos, la guía con soberanía.

     La hiperactividad lleva al ser humano a una hiperpasividad: estado en el cual uno sigue sin oponer resistencia cualquier impulso e instinto. Los hiperactivos ruedan como rueda una piedra, conforme a la estupidez de la mecánica, incapaz de detenerse. Paradójicamente, afirma Han, es por la misma capacidad de no percibir (-no estamos totalmente expuestos a todos los impulsos e instintos atosigantes-), que existe la posibilidad de una «espiritualidad»[6]. Refiriéndose a una espiritualidad como la propuesta por el Budismo Zen, en la cual se propone la «negatividad del no» como rasgo característico de la contemplación, y fundamento para alcanzar un punto de soberanía en sí mismo, frente a la positividad del mundo actual. Y para nosotros referida esta «negatividad del no», a todas aquellas tradiciones, orientales y occidentales, que logran intuir sabia y pedagógicamente la naturaleza de lo que nosotros llamamos yo e identidad.

     En la última parte de su obra titulada propiamente La sociedad del cansancio, Byung-Chul Han afirma con Maurice Blanchot que el cansancio tiene un gran corazón. Para Byung-Chul Han la sociedad del rendimiento como sociedad hiperatenta e hiperactiva está convirtiéndose en una sociedad de dopaje que permite mayor rendimiento y mayor funcionamiento sin alteraciones, y a diferencia de un cansancio curativo y revitalizante, la sociedad de rendimiento produce un cansancio a solas que aísla y divide, y que genera la incapacidad de mirar contemplativamente, pues todo es visto desde la supremacía del yo. El «cansancio fundamental» es para Byung-Chul Han una facultad especial que inspira y deja que el espíritu surja, pues se deja ir todo aquello que es siempre considerado producto, ganancia, eficiencia, mercadeo, utilidad. Es un cansancio despierto que permite el acceso a una atención totalmente diferente, de formas lentas y duraderas que se sustraen de la rápida y breve hiperatención, y que al final afloja la atadura de la identidad[7].

_____________

[1] Byung-Chul Han, La sociedad del cansancio, 2012, p. 6.

[2] Cf. Ibid., p. 8.

[3] Cf. Ibid., p. 17.

[4] Cf. Ibid., 21.

[5] Cf. Ibid., 33.

[6] Cf., Ibid., 37.

[7] Cf. Ibid., 47.