UN MÍSTICO CRISTIANO EN LAS NACIONES UNIDAS: DAG HAMMARSKJÖLD

Dag Hammarskjöld, Secretario General de las Naciones Unidas (1953-1961)

En este breve y escueto artículo deseo presentar a un místico cristiano en el sentido más serio y respetuoso posible. Al premio Nobel de la Paz póstumo del año 1961.

¿Quién fue Dag Hammarskjöld? Si no hubiese sido por su paciente e incansable guía la ONU tal vez hoy no existiría. Con calma e inteligencia trabajó por conservarla y aumentar su eficacia. Si la humanidad sobrevive hoy a la amenaza de una guerra nuclear se debe en parte a su trabajo en aquellos años difíciles a favor de la paz. Nació en Jonkoping, en el Reino de Suecia el 24 de julio de 1905. Ocupó el cargo de Secretario General de las Naciones Unidas desde el año 1953 hasta su muerte en el año 1961 en un «oscuro» accidente aéreo en Zambia, en plena crisis política en el Congo. Demostró gran personalidad en esta crisis lejos de las posiciones de la URSS y de los Estados Unidos. Fue condecorado, después de su muerte ese mismo año con el premio Nóbel de la Paz.

Después de su fallecimiento fue encontrado en su apartamento en Nueva York una especie de diario con una carta a un amigo suyo a quien le pedía que lo publicara. En la introducción de este libro titulado «MARKINGS», Hammarskjöld describe este diario como una «especie de libro blanco que narra mis negocios conmigo mismo y con Dios». Las expresiones «libro blanco» y «negocios» derivan de discursos de diplomacia. La vida de Hammarskjöld estaba llena de asuntos políticos de la más grande importancia, y su background hace de su diario un libro único entre las confesiones de la historia cristiana.

Podemos decir que la vida de Dag Hammarskjöld fue la de un «contemplativo en la acción», metido de lleno en la política internacional de los años 50 y 60. Conocemos su vida interior, su vida mística, gracias a su diario «Markings» que fue publicado después de su muerte, y fue traducido al español con el título «Marcas en el Camino» (B.A.C., Clásicos de Espiritualidad 13, Madrid 1999).

Como nos refiere Marco Vannini, especialista italiano de la mística cristiana, en la obra autobiografía de Dag Hammarskjöld no encontraremos un lenguaje retórico de la religión al que muy a menudo estamos habituados, no hay ningún suspiro, anhelo o sollozo buscando consuelo en la fe. En este diario encontraremos LA MÍSTICA COMO DIMENSIÓN VERDADERA DEL ESPÍRITU, la mayoría de las veces activa y mundana, característica del hombre moderno y hombre de ciencia como lo era Dag Hammarskjöld, quien vivió en medio de la realidad, muchas veces dura y difícil. Esto hace de este diario una obra realmente importante. Allí vemos que el descubrimiento de los místicos medievales como el Maestro Eckhart (s. XIII)., de quien Hammarskjöld fue un asiduo lector, sobre las leyes de la vida interior y de la acción, no pierden su significado para la búsqueda espiritual de la especie humana con el pasar del tiempo[1].

Dag Hammarskjöld era un hombre solitario, a pesar de estar rodeado de tantas personas. Pero su soledad era habitada por «una Presencia», como se puede intuir cuando proyectó y después siguió personalmente en cada detalle los trabajos para la creación de una sala para la meditación en el Palacio de las Naciones Unidas, que se puede visitar hoy en la zona abierta al público del hall de la Asamblea General.

Del hermoso tríptico a disposición del millar de visitantes, leemos:

Sala de meditación y oración de las Naciones Unidas, creada por Dag Hammarskjöld
Sala de meditación y oración de las Naciones Unidas, creada por Dag Hammarskjöld

«Cada uno de nosotros tiene dentro de si un centro de calma envuelto en el silencio. Este edificio dedicado al trabajo y a la discusión al servicio de la paz, debe tener un lugar dedicado al silencio en el sentido interior y a la quietud en el sentido exterior. El objetivo ha sido crear en esta pequeña habitación un lugar en donde podamos abrirnos a los espacios infinitos del pensamiento y de la oración. Aquí encontramos personas de diversas creencias y por esta razón no se podía usar ningún símbolo a los que estamos acostumbrados en nuestra meditación. Existen, sin embargo cosas simples que nos hablan a todos en el mismo idioma. Hemos buscado este tipo de cosas, y creemos lo hemos encontrado en el rayo de luz que golpea la superficie resplandeciente de la sólida roca. Así al centro de la habitación vemos como símbolo, diariamente, la luz de los cielos que da vida a la tierra en la cual todos nos encontramos, un símbolo que para muchos de nosotros representa la luz del espíritu que da vida a la materia. No obstante la piedra en medio de la habitación tiene más cosas que decirnos. Podemos verla como un altar vacío, no porque no hay un dios, tampoco es un altar a un dios desconocido, sino porque esta dedicado al Dios que el hombre adora bajo muchos nombres y en multitud de formas. La piedra que está en medio de la sala nos recuerda además aquello que esta estable en un mundo de movimiento y mutación (…) El rayo de luz golpea la piedra en una habitación de extrema simplicidad, no hay otros símbolos, ni nada que distraiga nuestra atención e irrumpa en nuestra quietud interior. Cuando nuestra mirada se mueve de este símbolo hacia la pared de enfrente encuentra un diseño simple, que abre la sala a la armonía, a la libertad y al equilibrio del espacio. Un antiguo proverbio recuerda que el sentido del recipiente no esta en el recipiente mismo sino en el vacío que crea en él. Así es el sentido de esta sala para cuantos vienen aquí a llenar el vacío que se encuentra en y a través del propio centro de quietud».

[1] Cf. Hammarskjold, D., Tracce di camino. Diario 1925-1961, 11