«¡Esto es lo que hay!»: hacia una fenomenología de la insatisfacción humana

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Escrito por Leandro Posadas

Bajo mi tiempo

pasas

llevado de la mano

como una vieja

transparencia[1].

     Somos seres esencialmente vulnerables: cualquier cosa puede dañarnos. Ser un cuerpo/mente es ser muy vulnerables. Transcurrimos nuestra vida tratando de proteger este cuerpo/mente; intentando resguardar, divertir, consolar, satisfacer este ser consciente de ser sentiente que somos. Incluso tomamos decisiones, a veces difíciles y paradójicas, en función del resguardo de este cuerpo, y de la idea que tenemos de este «yo» que nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida.

     El psiquiatra y fenomenólogo italiano Eugenio Borgna en su hermoso ensayo La Fragilità che è in noi[2] del año 2014, (La fragilidad que está en nosotros), nos recuerda que la vulnerabilidad forma parte de nuestras raíces ontológicas, que es una estructura que llevamos siempre con nosotros, y que sin embargo, y esta será la clave de este escrito, en nuestra fragilidad, en nuestro ser vulnerables, «se esconden valores de sensibilidad y de delicadeza, de gentileza y dignidad, y de intuición de lo ‘indecible’».

     Entendido este ‘indecible’ como gracia, como línea luminosa de la vida, como espacio sagrado y límite gallardo que constituye el meollo temático de las experiencias fundamentales de cada edad de nuestra vida: sombras que resquebrajan las relaciones humanas -la relación con nosotros mismos-, y las hacen intermitentes, y sabiamente precarias, si tomamos consciencia de que somos dependientes de tantas cosas.

     Experimentarse fragilidad puede ser motivo de insatisfacción: somos frágiles ante el tiempo; frente a las circunstancias exteriores; ante los adioses que tantas veces debemos decir: adiós a la juventud que ya no está; al amor que se fue, a la madre que se ha marchado, al padre que tal vez nunca estuvo, a los amigos que deben marcharse. Ser seres humanos es ser esencialmente vulnerables.

     Para Dzongsar Jamyang Khyentse, un maestro tibetano, ser vulnerables es estar sujeto segundo a segundo a condiciones: «todos dependemos de condiciones, ninguno de nosotros tiene el control sobre nada. No podemos tener el control ni siquiera de lo que estaremos sintiendo y pensando el próximo minuto».

     Nuestra vida, afirma este maestro, es como tratar de poner tres frutillas, una encima de la otra, pero no funciona porque son resbaladizas y de forma irregular. El problema, el quicio de nuestro problema humano, es que a veces la segunda casi se queda sobre la primera, momentáneamente, y eso nos da alguna esperanza: «¡puede ser que funcione!», pensamos, pero la vida en general nunca funciona. Cuántas veces hemos tratado de vivir esa experiencia Hollywood, ese vivir felices para siempre…

     Este simpático maestro, sin embargo, no nos deja simplemente con afirmaciones pesimistas, aunque sabias, sobre la vida. Nos dice que debemos aprender a ver nuestra vida como la «experiencia hotel»: «Check-in» … «Check-out»… ¡Es así como es!. … ¡Esto es lo que hay!… El cabello después de los cuarenta comienza a caerse… ¡Esto es lo que hay!… Nuestros párpados comienzan a perder su firmeza… ¡Esto es lo que hay!… Check-in … check-out… Nuestra vida es así: amigos entran, amigos salen. La vida misma es una maravillosa experiencia cuando logramos aprehender su naturaleza: surge y cesa continuamente. Ser ser humano es una gran enseñanza. Nuestra belleza está en la temporalidad.

     Borgna se pregunta: ¿Cómo definir la fragilidad en su raíz fenomenológica? Frágil es una cosa (una situación), que fácilmente se rompe; frágil es un equilibrio psíquico (un equilibrio emocional), que fácilmente se despedaza. También frágil es una cosa que no puede ser no frágil: siendo su destino.

     En Venezuela se usa un dicho popular: «¡Esto es lo que hay!» expresión usada antes y después de esta regresión histórica nacional hace más de 15 años. Hace unas semanas unos buenos amigos vinieron a visitarnos y la clave de lectura de nuestras amenas y recreadas conversaciones giraba en torno a esta frase. Yo usaré este dicho no sólo para hablar de lo que estamos viviendo en este país, sino también como expresión de una búsqueda sabia de lo que es ser ser humano desde y en la insatisfacción en cualquier lugar y en cualquier situación en la que nos encontremos. Porque como dice Eugenio Borgna: «son frágiles, vulnerables y se rompen fácilmente no sólo nuestras emociones y nuestras razones de vida, sino también nuestras esperanzas, nuestras inquietudes, nuestras tristezas, nuestros impulsos del corazón», por el mismo hecho de ser seres humanos.

     Ajahn Candasiri, una maestra theravada en su conferencia Sentirsi appagati[3] (Sentirse satisfechos), del año 2010 afirma por su parte, que el tema de la insatisfacción es un tema de elección: sufrir o no sufrir. La vida, sostiene, está llena de cosas por las cuales lamentarse… pero, podemos también elegir no hacerlo. Cuenta Candasiri que cuando fue a la India observó personas que eran extremadamente pobres, pero que a menudo tenían un chispa de luminosidad y gozo en sus rostros. Ella comprendió que aquello que nos hace felices es el ser capaces de sacar el máximo de las cosas más simples de la vida. Existen modos para practicar la satisfacción sabia en nuestra relación con la vida misma, con nuestras relaciones, con nuestro proyecto vital, con la concepción que tenemos sobre nosotros mismos. Ella, desde su experiencia, nos aconseja, primeramente a relacionarnos con nosotros mismos desde la compasión: amor desinteresado, compasión, alegría, y ecuanimidad hacia este ser que soy aquí.

     Sé que la mayoría de personas que me leen son personas buenas, que jamás le harían daño a nadie: de eso debemos alegrarnos, sentirnos satisfechos, de que estamos tratando de vivir esta vida desde la bondad o desde el intento diario, y a veces precario y limitado de la bondad. Yo me alegro de ello, de ser alguien que trata diariamente de no hacer daño, que intenta cultivar la mente para que no esté distraída y no se pierda en la ilusión de la comprensión errónea de la realidad: ser ser humano, tender diariamente a ser ser humano es una gran enseñanza. Pensemos en la edad que tenemos y contemplemos con sabiduría esto que somos: ¡Lo hemos hecho bien! ¡Lo estamos haciendo bien! Es una bendición haber nacido como seres humanos, independientemente, de las circunstancias y condiciones exteriores. Todos tenemos problemas, pero cuando la sabiduría llega a nuestra vida estamos en grado de ocuparnos mejor de dichos problemas y cultivar formas hábiles para afrontarlos desde la comprensión sabia de la naturaleza de la realidad.

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[1] García Beatriz., Plenos Poderes, El perro y la rana 2007, p. 38.

[2] Borgna Eugenio, La fragilità che è in noi, Einaudi, Torino 2014.

[3] Ajahn Candasiri, Sentirsi appagati: https://santacittarama.altervista.org/sentirsi_appagati.htm Traducción del italiano por Leandro Posadas.

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RECIBIR CON SABIDURÍA LA EXPERIENCIA DE SER ‘SER HUMANO’

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REFLEXIONES SOBRE EL DHAMMAPADA

‘Traducción libre’ del Italiano por Leandro Posadas

 AJAHN MUNINDO

 25.05.2017.

Libres del miedo

Perderse en el placer

produce sufrimiento;

perderse en el placer

genera miedo.

Manteniéndose libre en la experiencia del placer

el sufrimiento cesa,

¿Cómo podría existir el miedo?

Dhammapada 214.

¿Es posible convivir verdaderamente con toda la satisfacción y el dolor de la vida, y al mismo tiempo permanecer libres del sufrimiento? Claramente, nuestra confianza en la transformación de los Grandes Maestros significa que nosotros creemos que la libertad del sufrimiento es posible. Tal confianza es un eficaz incentivo y contribuye a formar la base sobre la que construimos nuestra práctica espiritual.

Y desde la perspectiva de la ‘práctica de la atención sabia y plena de las cosas tal cual son, aquí y ahora’, no nos interesa solamente aquello que experimentamos, sino además cómo aprehendemos todas nuestras experiencias. Como consecuencia de la inconsciencia (inconsapevolezza), fácilmente nos perdemos en las experiencias: aquellas dichosas; aquellas absolutamente intolerables y todas aquellas que están en el medio de ambas. Pero cuando la atención plena (consapevolezza) está bien cultivada existe la posibilidad de recibir cada experiencia sin perderse, sin obstaculizar la libertad.

Con amor compasivo,

Bhikkhu Munindo.

NUESTRO CUERPO: «REFUGIO DEL DEJAR IR DESDE EL SILENCIO»

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Por Leandro Posadas

«Guárdame,

dentro de la palma de tus manos.

Afuera, camina el miedo».

Memoria por Beatriz G. Cardona.

     En una reciente entrevista el biogerontólogo británico Aubrey de Grey[1], afirmó que es posible no morir por causa del envejecimiento a través de la restauración de la estructura del cuerpo: «el cuerpo humano es una maquina, pero muy compleja; arreglarlo es un proceso complejo pero no imposible». Para él, como científico, el envejecimiento «es un problema degenerativo causado por varios tipos de daños moleculares y celulares que se acumulan: las mutaciones nucleares causantes del cáncer, las mutaciones mitocondriales, la acumulación de desechos intercelulares y extracelulares, la pérdida irreversible de células, el envejecimiento celular y la proliferación de interconexiones entre células de algunos tejidos». Para Aubrey de Grey, abordar tal proceso degenerativo desde el punto de vista de la ingeniería, y utilizando la biología marcará una gran diferencia en la forma en que la ciencia trata de acercarse al fenómeno de la vejez.

     El Dr. Aubrey de Grey, académico de Cambridge, investiga la posibilidad de la recuperación de los tejidos, por medio de estrategias de bioingeniería para reparar los daños causados por el envejecimiento, y es director de la Fundación para la Investigación de la Senescencia Negligible Ingenierizada (SENS), la cual, según la presentación en su web page, se especializa en la investigación de medicina regenerativa y en la aplicación de la misma en las enfermedades producidas por el declive temporal del cuerpo. Dicha fundación afirma: «We believe that a world free of age-related disease is possible… Our goal is to help build the industry that will cure the diseases of aging». («Nosotros creemos que un mundo libre de las enfermedades relacionadas con la edad es posible… Nuestra meta es ayudar a construir una industria que curará las enfermedades del envejecimiento»).

     Ante la pregunta del por qué la gente muchas veces en el aspecto psicológico-emocional está cansada de vivir, el Dr. Aubrey responde: «Una de las razones es que no invertimos lo suficiente en educación, no le damos a la gente las suficientes habilidades para sacar lo máximo de estar vivos…»

     Las tradiciones espirituales han dedicado siglos al estudio minucioso y delicado de crear «habilidades» para sacar lo máximo de la profundidad de ser seres humanos. Dichas tradiciones siempre han considerado que ser un cuerpo y desde un cuerpo es una enseñanza muy profunda. Ser plenamente conscientes, aquí y ahora, de que dependemos de tantas condiciones para estar vivos desde un cuerpo es tener la posibilidad de crear un espacio sabio, sereno, y atento en nosotros mismos. Tal vez desde dicho espacio no ganaremos más tiempo para respirar unos años más, pero sí crearemos condiciones de sabiduría y claridad para contemplar esta experiencia de ser y estar en el mundo desde un cuerpo y una mente humana. Tal espacio nos permitirá apreciar en su totalidad el cambio permanente de la experiencia, juventud, amor, tristeza, placer, dolor, enfermedad, alegría, muerte, sin temor ni represión.

     En una profunda y a la vez hermosa conferencia titulada «La Nostra vera casa»[2] el venerable Ajahn Chah se dirigía a una mujer moribunda para hablarle sobre su cuerpo. Trataba de acompañarla en su práctica espiritual desde verdades muy profundas acerca de la naturaleza misma de ser/tener un cuerpo. Otro maestro theravada, Ajahn Sumedho, discípulo de Ajahn Chah, en una conferencia que cité en la entrada anterior «È sempre possibile ricominciare»[3] relata un fragmento de su infancia cuando en los años 50 veía un film sobre una mujer que iba a morir en la silla eléctrica. El título del film era I want to live! y su protagonista era Susan Hayward. La actriz en una escena de dicho film grita con desesperación ¡No quiero morir! y dicho grito para él permaneció como una impresión indeleble en su mente. Diez años después en su estadía en Tailandia, Ajahn Sumedho, experimentó una experiencia terrible en su cuerpo que casi lo lleva a la muerte. En dicha situación recordaba el grito de Susan Hayward ¡No quiero morir! Pero ya en aquella época, como él narra, se había establecido en él una visión correcta del presente acerca de su cuerpo y de sus emociones. Era plenamente consciente que la tendencia de las emociones es aquella de impedirnos ver las cosas tal cual son, pues las mismas tienen el poder de ser muy convincentes y nos hacen sentir que son reales y muy importantes. Las emociones como objetos mentales (que surgen y desaparecen, pues su naturaleza es el cambio y la impermanencia), repite Ajahn Sumedho, son potentes como una película melodramática, desde que surgen en el cuerpo/mente se manifiestan con apariencia de ser avasalladoramente reales y verdaderas. «Fue difícil», comenta, pero él confió en el refugio que había cultivado en sí mismo y desde el que se conoce la naturaleza cambiante de las emociones que se manifiestan muchas veces en nosotros de modo patético, sollozante y confuso. Desde allí las encontró vacías y sin consistencia, incluso «si tenían toda la fuerza de la voz de Susan Hayward. Sólo una actriz, nada más».

     En nuestra vida humana, sujeta a ser emociones y desde las emociones, por el hecho mismo de poseer un cuerpo que percibe con cada centímetro de la existencia, adquirir un conocimiento sabio y atento sobre las emociones (atención plena; mindfulness; presencia consciente; metanoia; emancipación), es realmente muy importante, sostiene Ajahn Sumedho, pues desde tal forma de contemplación de la realidad dejaremos de ser tan vulnerables; «dejaremos de ser inconscientemente seducidos por nuestras emociones y las de los demás seres humanos que habitan con nosotros; dejaremos de ser pasivamente sacudidos por las bofetadas cotidianas, los mensajes urgentes, los frenesíes y la agresividad de cada cosa y situación». Para estos maestros, el mundo desde la mente de los que no observan sabiamente, se presenta como una masa de intimidaciones, ‘urgencias’, ‘situaciones muy importantes’, profecías terribles, destructivas, desconcertantes, toda una serie de mensajes del pasado y de cosas apocalípticas, las cuales como creaciones de nuestra propia mente, fácilmente, nos pueden aprisionar, a través de la ansiedad, del miedo, y de la inseguridad, haciéndonos sentir amenazados.

     Ajahn Chah, en su conferencia a aquella mujer moribunda, nos indica: «esta masa de carne que yace aquí consumiéndose es la realidad». Esta masa de nervios, huesos, carne, articulaciones, emociones, pensamientos, reacciones, es la realidad. Y el modo justo y sabio de relacionarnos con ella es contemplándola en su naturaleza cambiante. ¿Cómo relacionarnos con la vicisitudes y aventuras del cuerpo, entendidas como sensaciones, percepciones, emociones, pensamientos, reacciones? Observándolas con sabiduría desde la experiencia directa de la verdad, de las cosas tal cual son.

     Hemos vivido muchos años con este cuerpo y desde este cuerpo; hemos sido, y somos este cuerpo. Los maestros nos invitan a observar cómo desde el momento de nuestro nacimiento estamos sujetos a cambios continuos: mostramos en nosotros los signos del uso, como la ropa nueva que una vez compramos y que hoy ha cambiado de forma y color. Muchos de nuestros dientes han sido ‘reparados’, algunos de nuestros huesos no son tan fuertes como cuando éramos jóvenes. Nuestra piel no tiene la apariencia de aquellos años… ¡Esta es nuestra naturaleza! Contemplemos, desde el silencio, esta verdad con claridad, sin engancharnos a lo que una vez fue, y sin odiar lo que hoy es. Contemplemos, exploremos, inspeccionemos cada emoción, cada pensamiento, cada sensación con sabiduría, dejando que sean tal cual son: dejando que surjan, se manifiesten y cesen.

     Ajahn Chah le dice a la mujer moribunda «no hay nada malo en tu cuerpo doliente… El sufrimiento no deriva del cuerpo, sino de un modo erróneo de pensar sobre él». Si nos enganchamos a esto que llamamos «mi» cuerpo, «mis» emociones, «mis» pensamientos, «mis» concepciones, sufriremos. Contemplar nuestros enganchamientos desde el silencio es tomar refugio en el dejar ir.

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[1] Entrevista publicada en El País titulada «Hay que ver por qué la gente se cansa de vivir»: http://elpais.com/elpais/2016/10/13/ciencia/1476353983_661713.html.

[2] Del venerabile Ajahn Chah. Ass. Santacittarama, 2007. Tutti i diritti sono riservati. Dal libro “Il Dhamma vivo”. Traduzione di Letizia Baglioni. Estratto del libro Il Dhamma vivo, su gentile concessione dell’Editore Ubaldini. Traducción del italiano de algunos pasajes al español por Leandro Posadas: http://santacittarama.altervista.org/vera_casa.htm.

[3] Del venerabile Ajahn Sumedho. Ass. Santacittarama, 20014. Tutti i diritti sono riservati. Traduzione di Carlo Duncan. Pubblicato per la prima volta in inglese Novembre 1995 nel Buddhism Now. Traducción del italiano de algunos pasajes al español por Leandro Posadas: http://santacittarama.altervista.org/sempre_ricominciare.htm.

 

«SOMOS EL REFUGIO DESDE DONDE SIEMPRE PODEMOS VOLVER A EMPEZAR»

neocortex

Por Leandro Posadas

«…Grandes y sublimes,

destructoras y dominantes,

la dicha y la desdicha

invitadas y no invitadas,

irrumpen solemnemente

por entre los hombres estremecidos,

y a aquellos a los que visitan

los adornan y revisten

de gravedad y dedicación…»[1].

Dietrich Bonhoeffer, Dicha y desdicha.

     Dietrich Bonhoeffer, el pastor y teólogo luterano que fue encarcelado y asesinado en un campo de concentración nazi en 1945 en su obra Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio[2], se pregunta, al inicio de su obra: «¿Ha habido alguna vez en la historia personas que tuviesen tan poco terreno bajo los pies como ahora, y para quienes todas las alternativas posibles del presente aparecieran igualmente insoportables, contrarias a la vida y carentes de sentido?… ¿Quién se mantiene firme?»[3], Ciertamente, las preguntas de Bonhoeffer están enmarcadas en un contexto preciso, el de la II Guerra Mundial y la experiencia de los campos de exterminio, pero a veces nuestras vidas pueden volverse campos de exterminio, cámaras de gas, prisiones llenas de zozobra cargadas de emociones y pensamientos oprimentes ¿Quién se mantiene firme? Glosando a Bonhoeffer, en líneas sucesivas, afirma que existe una fuerza de la esperanza (en nosotros), para soportar los reveses; una fuerza que nunca entrega el futuro al enemigo; una fuerza que nos ayuda a mantener erguida la cabeza cuando los demás abandonan[4]. Y para culminar su Balance al cabo de diez años, Bonhoeffer exclama: «¡Ojalá que en este tiempo la amargura o la envidia no hayan devorado nuestro corazón, de tal manera que podamos ver con nuevos ojos la grandeza y la pequeñez, la felicidad y la desdicha, la fortaleza y la debilidad; de tal manera que nuestra mirada para lo grande, para lo humano, para el derecho y la compasión se haya hecho más clara, más libre, más limpia; más aún, para que el sufrimiento personal sea una valiosa clave, un principio fecundo para desvelar contemplativamente el mundo y verlo activamente como felicidad personal!… Y podamos hacer justicia a la vida en todas sus dimensiones, y afirmemos de este modo la vida»[5].

     Matthieu Ricard, un autor y maestro muy querido para nosotros, afirmó: «cualquiera que sea nuestra situación actual, siempre podemos evolucionar y cambiar». Y quisiera comentar esta afirmación desde una breve y cotidiana historia. Un buen amigo, lleno de nobleza y pasión por la vida y por ser mejor persona cada día, ha visto cómo su vida se torna incierta, muchas veces sin un dónde estar, sin un dónde asirse, sin un cómo seguir, pero siempre con un sentido natural del por qué seguir. Cuando Ricard afirma que «cualquiera que sea nuestra situación actual siempre podemos cambiar», estaba hablando desde un tipo de conocimiento del cual quiero hablar en este breve artículo: Un conocimiento no teórico, no conceptual, no psicologizante, no moralizante, no institucional, sino un conocimiento que surge de ver con claridad lo que realmente somos: no aprendido por los libros, por las redes sociales, o por especialistas de las ciencias humanas, sino nacido de la experiencia que surge desde la observación disciplinada, perseverante, decidida y ecuánime de una mente serena y sabia que contempla (examina-inspecciona-explora), la realidad de su mente y su cuerpo sin enganchamientos y sin rechazos.

     Los maestros espirituales siempre nos recuerdan que las circunstancias exteriores no nos determinan, no nos condicionan, y al mismo tiempo nos indican que ser ser humano es ser muy vulnerable: cualquier situación negativa puede dañarnos, puede afectarnos. Poseer neocorteza y ser consciente de poseerla es ser vulnerables. Poseer un cuerpo, ser un cuerpo es ser vulnerables. Ajahn Sumedho, un maestro budista theravada, en una conferencia titulada: «È sempre possibile ricominciare» nos habla de un conocimiento desde el cual siempre es posible volver a comenzar cuando la vida se vuelve insalubre, y cuando creemos que las circunstancias no son las más favorables. Sumedho dice que tal conocimiento «lo debemos establecer desde el presente de nuestro cuerpo/mente, y con la percepción de las cosas, las personas, y las situaciones tal como son, sin permitir que las memorias del pasado o las ansias del futuro corrompan, disturben e influencien el momento presente». Es importante destacar que tal conocimiento no viene simplemente de discurrir, por medio de teorías, la manera más práctica para evitar sufrir lo menos posible, sino que viene de un lugar especifico, un lugar despejado y plenamente atento: del silencio que transforma nuestra visión de la realidad, que convierte (metanoia) en posibilidad de sabiduría nuestra percepción acerca de nosotros mismos, de las cosas, de las personas, y de las circunstancias exteriores. Este amigo, que mencioné al comienzo, en medio de la incertidumbre, trata de volver cada vez más al refugio del silencio y me comenta que experimenta alegremente ese conocimiento que nos mantiene serenos y claros ante todo lo que muda y cambia a nuestro alrededor.

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[1] Bonhoeffer D., Resistencia y sumisión. Cartas y apuntes desde el cautiverio. Sígueme, Salamanca 2008, p. 186.

[2] Bonhoeffer D., op. cit.

[3] Ibid., p. 14-16.

[4] Ibid., Cf., p. 28.

[5] Ibid., p. 30.

SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016: EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR»

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EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR». LA PRÁCTICA ESPIRITUAL DE LOS PADRES DEL DESIERTO CRISTIANO Y LAS ENSEÑANZAS DE LOS MAESTROS ORIENTALES SE UNEN PARA OFRECER UNA PRÁCTICA ESPIRITUAL DESDE LA SABIDURÍA DE LA OBSERVACIÓN ECUÁNIME DE LOS PENSAMIENTOS Y EMOCIONES.

DIRIGIDO POR: Leandro Posadas, monje benedictino.

LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

FECHA: SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

TRAER REFECCIÓN O ALMUERZO.

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 45 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON AL TALLER ANTERIOR DEL 17 DE SEPTIEMBRE: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA:

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