«¡Esto es lo que hay!»: hacia una fenomenología de la insatisfacción humana

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Escrito por Leandro Posadas

Bajo mi tiempo

pasas

llevado de la mano

como una vieja

transparencia[1].

     Somos seres esencialmente vulnerables: cualquier cosa puede dañarnos. Ser un cuerpo/mente es ser muy vulnerables. Transcurrimos nuestra vida tratando de proteger este cuerpo/mente; intentando resguardar, divertir, consolar, satisfacer este ser consciente de ser sentiente que somos. Incluso tomamos decisiones, a veces difíciles y paradójicas, en función del resguardo de este cuerpo, y de la idea que tenemos de este «yo» que nos ha acompañado a lo largo de nuestra vida.

     El psiquiatra y fenomenólogo italiano Eugenio Borgna en su hermoso ensayo La Fragilità che è in noi[2] del año 2014, (La fragilidad que está en nosotros), nos recuerda que la vulnerabilidad forma parte de nuestras raíces ontológicas, que es una estructura que llevamos siempre con nosotros, y que sin embargo, y esta será la clave de este escrito, en nuestra fragilidad, en nuestro ser vulnerables, «se esconden valores de sensibilidad y de delicadeza, de gentileza y dignidad, y de intuición de lo ‘indecible’».

     Entendido este ‘indecible’ como gracia, como línea luminosa de la vida, como espacio sagrado y límite gallardo que constituye el meollo temático de las experiencias fundamentales de cada edad de nuestra vida: sombras que resquebrajan las relaciones humanas -la relación con nosotros mismos-, y las hacen intermitentes, y sabiamente precarias, si tomamos consciencia de que somos dependientes de tantas cosas.

     Experimentarse fragilidad puede ser motivo de insatisfacción: somos frágiles ante el tiempo; frente a las circunstancias exteriores; ante los adioses que tantas veces debemos decir: adiós a la juventud que ya no está; al amor que se fue, a la madre que se ha marchado, al padre que tal vez nunca estuvo, a los amigos que deben marcharse. Ser seres humanos es ser esencialmente vulnerables.

     Para Dzongsar Jamyang Khyentse, un maestro tibetano, ser vulnerables es estar sujeto segundo a segundo a condiciones: «todos dependemos de condiciones, ninguno de nosotros tiene el control sobre nada. No podemos tener el control ni siquiera de lo que estaremos sintiendo y pensando el próximo minuto».

     Nuestra vida, afirma este maestro, es como tratar de poner tres frutillas, una encima de la otra, pero no funciona porque son resbaladizas y de forma irregular. El problema, el quicio de nuestro problema humano, es que a veces la segunda casi se queda sobre la primera, momentáneamente, y eso nos da alguna esperanza: «¡puede ser que funcione!», pensamos, pero la vida en general nunca funciona. Cuántas veces hemos tratado de vivir esa experiencia Hollywood, ese vivir felices para siempre…

     Este simpático maestro, sin embargo, no nos deja simplemente con afirmaciones pesimistas, aunque sabias, sobre la vida. Nos dice que debemos aprender a ver nuestra vida como la «experiencia hotel»: «Check-in» … «Check-out»… ¡Es así como es!. … ¡Esto es lo que hay!… El cabello después de los cuarenta comienza a caerse… ¡Esto es lo que hay!… Nuestros párpados comienzan a perder su firmeza… ¡Esto es lo que hay!… Check-in … check-out… Nuestra vida es así: amigos entran, amigos salen. La vida misma es una maravillosa experiencia cuando logramos aprehender su naturaleza: surge y cesa continuamente. Ser ser humano es una gran enseñanza. Nuestra belleza está en la temporalidad.

     Borgna se pregunta: ¿Cómo definir la fragilidad en su raíz fenomenológica? Frágil es una cosa (una situación), que fácilmente se rompe; frágil es un equilibrio psíquico (un equilibrio emocional), que fácilmente se despedaza. También frágil es una cosa que no puede ser no frágil: siendo su destino.

     En Venezuela se usa un dicho popular: «¡Esto es lo que hay!» expresión usada antes y después de esta regresión histórica nacional hace más de 15 años. Hace unas semanas unos buenos amigos vinieron a visitarnos y la clave de lectura de nuestras amenas y recreadas conversaciones giraba en torno a esta frase. Yo usaré este dicho no sólo para hablar de lo que estamos viviendo en este país, sino también como expresión de una búsqueda sabia de lo que es ser ser humano desde y en la insatisfacción en cualquier lugar y en cualquier situación en la que nos encontremos. Porque como dice Eugenio Borgna: «son frágiles, vulnerables y se rompen fácilmente no sólo nuestras emociones y nuestras razones de vida, sino también nuestras esperanzas, nuestras inquietudes, nuestras tristezas, nuestros impulsos del corazón», por el mismo hecho de ser seres humanos.

     Ajahn Candasiri, una maestra theravada en su conferencia Sentirsi appagati[3] (Sentirse satisfechos), del año 2010 afirma por su parte, que el tema de la insatisfacción es un tema de elección: sufrir o no sufrir. La vida, sostiene, está llena de cosas por las cuales lamentarse… pero, podemos también elegir no hacerlo. Cuenta Candasiri que cuando fue a la India observó personas que eran extremadamente pobres, pero que a menudo tenían un chispa de luminosidad y gozo en sus rostros. Ella comprendió que aquello que nos hace felices es el ser capaces de sacar el máximo de las cosas más simples de la vida. Existen modos para practicar la satisfacción sabia en nuestra relación con la vida misma, con nuestras relaciones, con nuestro proyecto vital, con la concepción que tenemos sobre nosotros mismos. Ella, desde su experiencia, nos aconseja, primeramente a relacionarnos con nosotros mismos desde la compasión: amor desinteresado, compasión, alegría, y ecuanimidad hacia este ser que soy aquí.

     Sé que la mayoría de personas que me leen son personas buenas, que jamás le harían daño a nadie: de eso debemos alegrarnos, sentirnos satisfechos, de que estamos tratando de vivir esta vida desde la bondad o desde el intento diario, y a veces precario y limitado de la bondad. Yo me alegro de ello, de ser alguien que trata diariamente de no hacer daño, que intenta cultivar la mente para que no esté distraída y no se pierda en la ilusión de la comprensión errónea de la realidad: ser ser humano, tender diariamente a ser ser humano es una gran enseñanza. Pensemos en la edad que tenemos y contemplemos con sabiduría esto que somos: ¡Lo hemos hecho bien! ¡Lo estamos haciendo bien! Es una bendición haber nacido como seres humanos, independientemente, de las circunstancias y condiciones exteriores. Todos tenemos problemas, pero cuando la sabiduría llega a nuestra vida estamos en grado de ocuparnos mejor de dichos problemas y cultivar formas hábiles para afrontarlos desde la comprensión sabia de la naturaleza de la realidad.

_______________

[1] García Beatriz., Plenos Poderes, El perro y la rana 2007, p. 38.

[2] Borgna Eugenio, La fragilità che è in noi, Einaudi, Torino 2014.

[3] Ajahn Candasiri, Sentirsi appagati: https://santacittarama.altervista.org/sentirsi_appagati.htm Traducción del italiano por Leandro Posadas.

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HACIA UNA SABIA Y BREVE FENOMENOLOGÍA DEL «HABITAR EN EL MUNDO»

Esfera - Refugio

Reflexiones y anotaciones en torno a ser-y-estar-en-el-mundo y su relación con «nuestra verdadera casa».

Escrito por Leandro Posadas.

     En este breve artículo deseo presentar algunas reflexiones sobre el hecho de vivir en el mundo, sobre cómo observar, contemplar, y discernir sabiamente nuestro habitar en el mundo. Para el poeta japonés Matsuo Bashô habitar significa familiarizarse con la finitud que somos[1]; con la «maravillosa limitación (condizionatezza), de ser ser humano en el modo de nuestra representación»[2], es decir en este modo espacio-temporal de ser y estar en el mundo desde la vulnerabilidad de un cuerpo y mente, cuya naturaleza es la cesación y la caducidad.

     El maestro Ajahn Munindo nos recuerda que hay dos formas de relacionarnos con el lugar en el que habitamos, con el país en el que vivimos, con la habitación en la que dormimos: Cuando buscamos comprender cómo vivir nuestra vida convendría considerar que el modo en el que vivimos en un lugar produce un efecto sobre nuestro ser. Si consideramos el lugar en el que habitamos y vivimos simplemente como un lugar para obtener beneficios, placeres; un lugar en el que enfrentamos desafíos, enfermedades y problemas, entonces es simplemente un lugar para vivir. Pero si lo habitamos como un lugar de discernimiento, entonces posiblemente construiremos algo que sostiene e impulsa nuestro deseo de vivir sabiamente[3].

   El Dhammapada, un texto oriental muy antiguo, hace alrededor de 2500 años, usó una metáfora natural sobre cómo debemos movernos sabiamente en el mundo:

«Como una abeja recogiendo el néctar

no lastima ni daña el color ni el perfume de la flor,

del mismo modo el sabio se mueve en el mundo»[4].

     Ajahn Munindo, un discípulo de las enseñanzas de este antiguo texto, comentando dicha estrofa sostiene que la implicación de esta enseñanza es que necesitamos la sabiduría para movernos en este mundo sin perjudicarlo. Una abeja puede recolectar el sustento que necesita sin lastimar la belleza de la flor. Nosotros no nos causamos, ni causaremos aflicción a los otros cuando vemos con claridad lo que está frente a nosotros. Pero, como [frecuentemente] no vemos con claridad, fácilmente percibimos en modo erróneo los sonidos, los olores, los sabores, los contactos, las impresiones mentales y las visiones del mundo, e inmediatamente tendemos a acusar al mundo. No es culpa del mundo, sino de nuestra limitada capacidad de ver la realidad con claridad. Si queremos contribuir a la belleza que nos rodea y no alimentar el caos, debemos buscar y practicar la sabiduría»[5].

   Para Martin Heidegger el mundo no es un «objeto» enfrentado a un «sujeto», como lo que está «ahí afuera»; como lo que el «yo» observa desde la «jaula» de su conciencia individual[6]. Frente a este carácter ficticio de la dualidad sujeto-objeto Heidegger sostiene que «esto que somos», este Dasein, es decir este hallarnos siempre en una situación, arrojados en ella y en relación activa con respecto a ella, nos constituye intrínsecamente, pues es «en»[7] nosotros, por el mismo hecho de ser existencia humana, en «donde» puede darse toda relación de un sujeto a un objeto[8]. Por su parte, para la filósofa española Mónica Cavallé, especialista en la filosofía Advaita, el ser humano y el mundo constituyen una unidad, y el ser humano es siempre un ser-humano-en-el-mundo[9]: «los seres humanos tienen conciencia de un mundo porque es la clase de mundo -conocido hasta ahora-, que engendra organismos conocedores, y sólo por eso»[10].

     Un anciano maestro, Ajahn Chah, preguntó a sus discípulos: «¿Dónde piensan ir para encontrar la felicidad en el mundo? ¿Esperan que los demás hagan y digan sólo cosas agradables? ¿Es posible? No, no lo es ¿Y si no es posible, hacia dónde irán? Ese es el modo del mundo ¡El mundo es así! Debemos conocer el mundo, conocer la verdad de este mundo. El mundo es algo que debemos comprender con claridad»[11]. Y el anciano para ser aún más preciso sobre nuestra relación y manera de vivir en el mundo, indica: «sentados, en pie, caminando, podemos siempre contemplar las cosas que nos rodean, las contemplamos en modo natural, recibimos todo con apertura; tal cual las cosas son: sonidos, olores, sabores, sensaciones, pensamientos, que surgen y cesan»[12].

     Otro sabio maestro, Eihei Dôgen, nos ilustra sobre nuestro caminar en este mundo. Para él caminar significa hacer que también «el sí mismo esté en camino». Es decir el ser humano que «caminando» no habita en ninguna parte, tampoco «en sí mismo», y paradójicamente, de ese modo está en casa: pues está de huésped en sí mismo, renunciando a toda forma de posesión, y de posesión de sí mismo»[13].

     Las personas, dice Ajahn Chah, viven en una «casa» (un cuerpo que envejece y muere; un país ambivalente; una salud contingente; unos bienes perecederos, etc.), y para dejar sabiamente la «casa» e ir donde «no hay casa», no saben cómo hacerlo porque han vivido siempre con el devenir, con el enganchamiento: si no sabemos apegarnos a todo, no sabemos cómo ni dónde vivir[14]. Nuestra «verdadera casa» es la sabiduría del dejar ir. Por ello, el filósofo Byung-Chul-Han, conocedor de la filosofía Zen, sostiene que el «sabio no morar en ninguna parte» no implica ninguna huida del mundo […] No morar en ninguna parte es un habitar, es un habitar sin desear, un alegre morar sin el yo firmemente encerrado[15].

     Ahora bien ¿Cómo contemplar y existir en el mundo en el que respiramos, sufrimos, nos alegramos, y envejecemos? Yo por mi parte deseo responder a esta interrogante con una citación de Hans Blumenberg en su libro La legibilidad del mundo. El libro como metáfora de la naturaleza, en el cual cita un poema de Goethe: «Mira, la naturaleza es un libro viviente, incomprendido, pero no incomprensible» […] El mundo es un espléndido libro para adquirir más sensatez[16].

   El filósofo alemán de origen surcoreano Byung-Chul Han en su ensayo La salvación de lo bello sostiene que al mundo hay que observarlo más allá del vasto campo del deseo indolente, del interés diverso, del gusto inconsecuente: del «me gusta»/«no me gusta» [I like/I don’t][17] de la actualidad. Y para la filósofa francesa Simone Weil la realidad (este mundo que somos y en el que vivimos), exige de nosotros renunciar a nuestra figurada posición como centro. No es que cesemos de estar en el centro de nuestro mundo, sino que perspicaz y voluntariamente cedemos nuestro terreno a las cosas ante las cuales nos hallamos[18]. Pues, cuando el querer se retira y el sí mismo toma distancia se puede contemplar el mundo desde la quietud: desde el sabio demorarse en la realidad misma[19].

     Se dice que el sabio es como el pez, que nada con los ojos muy abiertos: atraviesa el mundo fenoménico manteniendo muy abiertos los ojos del conocimiento[20]. El mundo, con sus avatares y tráfagos, también puede ser un gran maestro, un libro para aprender a ver con sabiduría: siempre abierto y disponible. Byung-Chul Han citando a Rilke en los Apuntes de Malte Laurids Brigge, apunta: «Estoy aprendiendo a ver. No sé a qué se debe, pero todo penetra en mí más hondamente y no se queda en el lugar en el que siempre solía terminar. Tengo un interior del que no sabía. Ahora todo va ahí. No sé qué es lo que ahí sucede»[21].

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Así como el hielo no es sino como agua solidificada, la solidez que atribuimos al mundo no es su realidad última, y sin embargo, como diría Kant, el fenómeno no es la cosa en sí, y al mismo tiempo es nuestra realidad[22].

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[1].Cf. Han Byung-Chul, Filosofía del Budismo Zen, Herder, Barcelona 2015, p. 97.

[2] Cf. Blumenber Hans, La leggibilità del mondo. Il libro come metafora della natura, Il Mulino, Bologna 1984, p. 221.

[3] Cf. Ajahn Munindo, La mente condiziona il mondo, [Julio 1988]: www.santacittarama.org. [Traducción del italiano por Leandro Posadas].

[4] Dhammapada, estrofa 49.

[5] Ajahn Munindo, Muoversi nel mondo. Reflexión sobre el Dhammapada, [Sábado 11 de febrero de 2017]: www.santacittarama.org. [Traducción del italiano por Leandro Posadas].

[6] Cf. Cavallé M., La sabiduría de la No-dualidad. Una reflexión comparada entre Nisargadatta y Heidegger, Kairós, Barcelona 2008, p. 501.

[7] «No comprendido como un «sí mismo», sino como sustentado verticalmente por un «no-entre»: la inmediatez de lo abierto»: Cavallé M., La sabiduría de la No-dualidad. Una reflexión comparada entre Nisargadatta y Heidegger, Kairós, Barcelona 2008, p. 508.

[8] Cf. Cavallé M., Op. Cit., p. 501 .

[9] Cf. Ibid., 502.

[10] Idem.

[11] Ajahn Chah, Insegnamenti, Amaravati Publications [Traduzione di Roberto Paciocco], Regno Unito 2016, p. 239. [Traducción del italiano por Leandro Posadas].

[12] Idem.

[13] Han Byung-Chul, Filosofía del Budismo Zen, Herder, Barcelona 2015, p. 100.

[14] Ajahn Chah, Insegnamenti, Amaravati Publications [Traduzione di Roberto Paciocco], Regno Unito 2016, p. 84. [Traducción del italiano por Leandro Posadas].

[15] Cf. Han Byung-Chul, Filosofía del Budismo Zen, Op. Cit., p. 108.

[16] Cf. Blumenber Hans, La leggibilità del mondo. Il libro come metafora della natura, Il Mulino, Bologna 1984, p. 214.

[17] Cf. Han Buyng-Chul, La salvación de lo bello, Herder, Barcelona 2015, p. 43.

[18] Cf. Ibid., p. 69.

[19] Cf.Ibid., p. 75.

[20] Ricard Matthieu, El monje y el filósofo, Ediciones Urano, Barcelona 1998, p. 153.

[21] Han Buyng-Chul, La salvación de lo bello, Herder, Barcelona 2015, p. 42.

[22] Ricard Matthieu, Op. Cit., p. 164.

TALLER SÁBADO 4 DE NOVIEMBRE DE 2017: LA SABIDURÍA DEL SILENCIO ANTE LA «VULNERABILIDAD DE LA NATURALEZA HUMANA»

Esfera - Camino

Aproximación a una «posibilidad sabia de la existencia humana» frente a la «cultura de la barbarie», desde la «práctica del silencio», la fenomenología y la neurociencia contemplativa.

Dirigido por Leandro Posadas, monje benedictino de la Abadía San José.

silenciotransformante@gmail.com

Fenomenología de la Espiritualidad

 teandrico.worpress.com

LUGAR: HOTEL JW MARRIOTT CARACAS, Urb. EL ROSAL.  

Dirección: Av. Venezuela con calle Mohedano, Caracas.

FECHA: SÁBADO 4 de Noviembre de 2017.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-6449788 -– 0424-4546939 – 0416-4718185.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE CUATRO CONFERENCIAS DE 35 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON A LOS TALLERES ANTERIORES: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA

PRELUDIO

HOMO SAPIENS SAPIENS: ¿UNA ESPECIE MALOGRADA?

PRIMERA PARTE

EL ACERTIJO DE LA ESPECIE HUMANA

«¿Qué es la vida?»

«Humanidad versus feromonas».

«El acoso de las fantasías».

Los humanos en tiempos de oscuridad.

La «cultura de la barbarie»: la «negación del pathos de la vida».

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

SEGUNDA PARTE

EL SENDERO DE LA PAZ: «LA PRESENCIA DE LA MENTE»

Neurología de la consciencia: «un misterio silencioso».

«El self viene a la mente».

«Desde que hubo sentimientos».

Los «ídolos de la mente»: instinto, religión y libertad.

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

TERCERA PARTE

EL SILENCIO: «LA SABIDURÍA DE UN FUTURO SIN ILUSIONES»

El «frágil absoluto» ante la «cultura de la barbarie».

Aprender a ver: «el conocimiento contemplativo de sí mismo».

«El saber originario de la vida».

-momento de Praktiké de 20 minutos-.

EPÍLOGO

«EL TIEMPO QUE QUEDA»: La fiesta de la insignificancia.

«APRENDER EN LA OSCURIDAD Y DESDE LA OSCURIDAD»

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Leandro Posadas

     Evagrio Póntico, un monje cristiano del siglo IV, en su breve tratado espiritual, El Praktikós, recomendaba a sus discípulos a experimentar la oscuridad de sus pensamientos y emociones para tener un profundo conocimiento de sí mismos. Decía: «Si un monje quiere tener conocimiento de los demonios más crueles y familiarizarse con sus estrategias para adquirir experiencia en su arte, debe observar sus pensamientos y emociones» (Praktikós 50). Ser ser humano, es decir ser consciente de ser sintiente es saber que nuestro cuerpo-mente es la posibilidad de crear la misma experiencia de vivir, y en dicha maravillosa experiencia nos topamos segundo a segundo con emociones y pensamientos sobre nosotros mismos, sobre los demás seres sintientes, sobre la realidad que nos circunda, sea esta favorable o desfavorable.

     En la misma emancipación del sufrimiento, en la misma paz que buscamos, todos aquellos que caminamos por la vía de la atención plena y sabia, se encuentran oscuridades, tentaciones, o demonios, como decían los monjes cristianos antiguos. Si no conocemos a dichos «demonios» no podremos saber sobre la causa de tales «demonios», si no sabemos sobre su causa, tampoco sabremos sobre el cese de estos «demonios». Donde experimentamos oscuridad podemos encontrar, si somos hábiles en la sabiduría atenta y plena, la emancipación de los «demonios», independientemente de las circunstancias en las que nos encontremos.

     En esta experiencia de ser seres humanos nuestra misma naturaleza nos incita siempre a tomar partido continuamente. Sin embargo, exponiendo el versículo 403 del Dhammapada, Ajahn Munindo, siempre desde el camino de la atención plena y sabia, nos indicará que hay una opción de experimentarnos como humanos desde la aptitud, habilidad y disponibilidad de aprender de la experiencia de toparnos con la oscuridad: aprender desde ella, aprender en ella.

     Si esperamos que la vida nos ofrezca las circunstancias más aptas para poder ser y estar en este mundo estamos tomando partido como hacen los inexpertos, pero si aprendemos a ser sabios desde la oscuridad, viéndola como una maestra de la experiencia, entonces tal vez nos daremos cuenta que ser ser humano no consiste exclusivamente en buscar ansiosamente la protección para este cuerpo-mente que somos.

     He aquí la reflexión de Ajahn Munindo:

Reflexiones sobre el Dhammapada

Ajahn Munindo

27 Enero 2017.

Libre traducción del italiano por Leandro Posadas.

http://santacittarama.altervista.org/

«Quien tiene profunda comprensión;

quien ve con sabiduría.

Quien no se engancha en el camino.

Quien ha alcanzado el fin más elevado,

a ese yo lo llamo un ser grande y noble».

Dhammapada 403.

     «La idea de poder alcanzar el fin más elevado de la naturaleza humana, puede ser de inspiración en el camino espiritual. Sin embargo, no muchos caminantes de esta vía alcanzan un cierto nivel de grandeza sin caer, en algún momento en la desesperación. Lo esencial no es la sensación constante de acercarse cada vez más a la transformación interior, sino la disponibilidad de aprender de todos los aspectos de la vida mientras la vivimos. Si nos enganchamos a ideas elevadas, nos programamos a nosotros mismos para apegarnos, y en ese sentido a extraviarnos en ideas no tan elevadas. El sendero de la sabiduría nos invita a dejar ir todas las ideas y a tener fe en la tranquila aptitud de la comprensión. Las ideas van y vienen: aquellas elevadas y alentadoras; aquellas mediocres y banales; y aquellas totalmente deprimentes. Si somos hábiles aprendemos de cada una de ellas. Cuando apreciamos verdaderamente cómo funciona el conocimiento (consapevolezza) maduro, estamos dispuestos a encontrarnos con cualquier forma de oscuridad con la cual nos topemos, y no simplemente a tomar partido en la lucha por la luz».

Con amor compasivo,

Ajan Munindo.

«VEN, CONTEMPLA ESTE MUNDO DESDE LA MIRADA DE LOS SABIOS»

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Reflexiones sobre el Dhammapada

‘Traducción libre del italiano’, y comentarios por Leandro Posadas.

25.04.17

Estudiar el mundo

http://santacittarama.altervista.org/

Ven, contempla este mundo.

Míralo: es como una carroza adornada para una fiesta.

Mira como los necios (stolti) son secuestrados (rapiti)

por sus propias ideas,

mientras el sabio no alimenta el apego.

Dhammapada 171.

     Es propiamente el mundo en el que vivimos nuestro campo de estudio espiritual. Podemos aprender de todo, pero probablemente hay ocasiones en las cuales preferimos mirar a otro lado. Tomar tiempo para recargarse y renovarse es ciertamente de ayuda como enseñan los Maestros, pero en este caso, el Dhammapada nos está indicando a observar directamente el mundo, no simplemente a mirarlo desde un punto de vista y condenarlo, sino a estudiarlo; a reflexionar; a notar dónde, cuándo, y cómo somos engañados por su apariencia. Un objeto encantador como una carroza festiva puede embrujarnos, si no somos sabios. Al mismo tiempo los objetos extremadamente desagradables pueden también mentirnos. Pero, proyectar amor u odio sobre un objeto es algo extra que hacemos, y no estamos obligados a añadir nada más. Como los Maestros dicen: ‘que en el ver haya sólo el ver, sin añadir ni quitar nada’.

Con amor compasivo (Metta),

Ajahn Munindo.

     Y quien traduce, añade: darse la oportunidad de estudiar el mundo: nuestras relaciones, nuestras emociones, nuestras necesidades, nuestro país, nuestras alegrías y tristezas desde la sabiduría es una gran aventura. Estudiar nuestro cuerpo, nuestra mente, la forma en la cual nos presentamos ante los otros y ante nosotros mismos es una gran aventura: la aventura de contemplar cada cosa desde una mente serena y ecuánime. ¿Cómo mirar nuestra crisis, nuestras propias crisis desde la sabiduría? ‘Ver simplemente desde el ver, sin añadir nada más’. Para aquellos que no estén de acuerdo, les diría: simplemente darse la oportunidad, a ver qué surge. Tal vez descubramos que esta crisis es una gran maestra sobre la forma en la que nos relacionamos con las cosas, con las demás personas, con los alimentos, con el dinero, con los objetos, con la gente que consideramos diferente y que no piensa como nosotros. El mundo, nuestro cuerpo/mente, son definitivamente nuestro campo de estudio y práctica espiritual.