SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016: EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR»

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EL «SILENCIO TRANSFORMANTE» COMO CAMINO DE TRANSFORMACIÓN Y «SANACIÓN INTERIOR». LA PRÁCTICA ESPIRITUAL DE LOS PADRES DEL DESIERTO CRISTIANO Y LAS ENSEÑANZAS DE LOS MAESTROS ORIENTALES SE UNEN PARA OFRECER UNA PRÁCTICA ESPIRITUAL DESDE LA SABIDURÍA DE LA OBSERVACIÓN ECUÁNIME DE LOS PENSAMIENTOS Y EMOCIONES.

DIRIGIDO POR: Leandro Posadas, monje benedictino.

LUGAR: ABADÍA BENEDICTINA SAN JOSÉ, GÜIGÜE.

FECHA: SÁBADO 15 DE OCTUBRE DE 2016.

HORA: 8:30 a.m., a 2:30 p.m. (Se agradece puntualidad).

TRAER REFECCIÓN O ALMUERZO.

PARA MAYOR INFORMACIÓN Y PARA CONFIRMAR SU PARTICIPACIÓN LLAMAR AL 0426-644.97.88.

O ESCRÍBANOS A: silenciotransformante@gmail.com

EL TALLER CONSTA DE TRES CONFERENCIAS DE 45 MINUTOS Y TRES MOMENTOS DE PRAKTIKÉ DE 20 MINUTOS.

NOTA PARA LOS QUE YA ASISTIERON AL TALLER ANTERIOR DEL 17 DE SEPTIEMBRE: SI CONOCEN PERSONAS QUE ESTÉN INTERESADAS EN EL TEMA A TRATAR Y EN LA PRÁCTICA DEL SILENCIO NO DUDEN POR FAVOR EN COMPARTIR CON ELLAS ESTA INFORMACIÓN.

PROGRAMA:

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«EL GOZO ESCONDIDO EN EL DOLOR»: UNA ESPIRITUALIDAD QUE NOS LIBERA DEL SUFRIMIENTO 4ª PARTE

La flor como símbolo de la vacuidad de la experiencia. Símbolo de la belleza y al mismo tiempo de la caducidad de la naturaleza

¿Cómo podemos tomar realmente la responsabilidad de nuestras acciones? Reflexionando sobre nuestras acciones virtuosas y correctas tomamos la responsabilidad, y esto es un apoyo para la práctica en el momento presente. Sentimos el instante de nuestra atención, de nuestra confianza, de nuestra fe; sentimos la energía de la pureza de la mente y esto nos ayuda a seguir adelante.

Contemplar las cosas que no me hacen estar bien tal vez puede traer una nube negra sobre la consciencia. En realidad es muy saludable; es el surgir de la vergüenza moral y del miedo moral. Nosotros sabemos cuando hemos hecho algo que no es justo y honestamente nos disgusta. Luego nos perdonamos, recordando que como seres humanos cometemos errores. Reconociendo nuestras acciones erradas, nuestros límites, nuestras debilidades, atravesamos el abismo y liberamos nuestros corazones. Y después comenzamos nuevamente. Este miedo moral genera en nuestra mente el propósito que nos conduce hacia lo justo, hacia la armonía y hacia la intención de no hacerse daño, ni hacerle daño a otros seres.

Esto sucede porque entendemos que la brama genera más brama, el odio más odio. Mientras que la amabilidad amorosa es la causa y la condición para la compasión y la unión. Sabiendo esto podemos vivir una vida hábil.

Se cuenta que una vez el Buda mientras impartía una enseñanza tenía una flor, y el Venerable Mahakassapa, uno de sus más grandes discípulos, sonreía. Hay un misterio sobre el por qué el Venerable Mahakassapa reía mientras el Buda sostenía una flor.

¿Qué vemos en una flor? En la flor vemos la esencia de la forma condicionada en perenne cambio. Vemos la naturaleza de la belleza y de la caducidad. Vemos la «totalidad» de la flor. Vemos la vacuidad de la experiencia. Todas las enseñanzas son contenidas en aquella flor que sostenía el Buda: las enseñanzas sobre el sufrimiento («dukkha»); y el sendero que conduce a la cesación del sufrimiento; sobre el sufrimiento y el no sufrimiento. Y si despertamos las enseñanzas en cada momento de consciencia es como si el Buda tuviese aquella flor sostenida en alto para nosotros.

Flores
Flores

¿Por qué le tenemos tanto miedo a la muerte? Porque no hemos comprendido la ley de la naturaleza; no hemos comprendido nuestra verdadera naturaleza en el esquema de las cosas. No hemos comprendido que existe el no-sufrimiento. Si hay nacimiento hay muerte. Si existe lo no-nacido, entonces existe también aquello que es sin muerte: «lo Inmortal, lo No Creado, lo No Condicionado, el Supremo, el Magnífico, el ‘Nibbana’».

Ardemos de dolor, pero con la presencia mental usamos el dolor para llegar a la extinción del dolor. No se trata de algo negativo. Es sublime. Es la completa liberación de cualquier tipo de sufrimiento que surge. Por causa de una realización, por causa de la sabiduría, no porque nos hemos liberado de experiencias desagradables y nos hemos quedado sólo con aquellas placenteras, aquellas sólo gozosas. Probamos incluso dolor si enfermamos y morimos, pero no tenemos más miedo, no nos agitamos más.

Cuando somos en grado de afrontar con el rostro descubierto nuestros más atroces miedos y nuestra vulnerabilidad, cuando nos podemos adentrar en lo desconocido con coraje y apertura, llegamos a tocar los misterios de esta travesía atravesando el reino humano hasta una auténtica auto-realización (¿plenitud interior?). Tocamos aquello que más nos da miedo, lo transformamos, vemos su vacuidad. En dicha vacuidad todas las cosas pueden tener morada, todas las cosas pueden surgir, pueden realizarse. En este preciso momento podemos liberarnos a nosotros mismos. El «Nibbana» (la emancipación del sufrimiento), no está allá afuera en el futuro; debemos dejar ir el futuro y abandonar el pasado.

Esto no significa que nos olvidemos de nuestros deberes y empeños. Tenemos que mantener nuestro trabajo y nuestros horarios, tenemos una familia y amigos que debemos apoyar. Pero en cada singular cosa que hacemos ponemos la máxima atención, nos abrimos. Dejamos que la vida venga a nuestro encuentro, no la alejamos. Logramos la manera en la cual este momento es todo lo que tenemos, contemplando y comprendiendo las cosas en el modo en el que realmente son, no condicionadas por nuestros hábitos emotivos y mentales, no condicionadas por nuestros deseos.

La lámpara tiene una luz. Aquella luz, esa pequeña luz que se encuentra sobre ese altar puede encender muchas otras lámparas sin que ella misma se debilite. Del mismo modo nosotros no disminuimos; lúcidos, inquebrantables, en paz con nuestras terribles emociones, y con las más indecibles pérdidas, con la muerte, de ese modo podemos liberarnos. Y en ese dejar ir hay esplendor. Seamos como luz en el mundo y nuestra vida será bendición para todos.

El poeta Jeluladdin Rumi ha escrito: «El lugar más seguro para esconder un tesoro de oro es un lugar desolado y desconocido ¿Por qué se debería esconder un tesoro a plena luz? Y así está dicho: ‘El gozo se esconde en el dolor’.

El iluminado maestro Marpa, que llora por la muerte de su propio hijo, ¿disminuyó tal vez su sabiduría como consecuencia de la experiencia del dolor? ¿O fue la experiencia solamente de la grande humildad de un gran hombre, un gran sabio capaz de expresar la entereza de su ser y de su humanidad? En realidad Marpa fue capaz de sentir al mismo tiempo el dolor natural de un padre que perdió a su propio hijo, y la profunda comprensión de la inevitable impermanencia («anicca») de todas las cosas condicionadas.

Quisiera animar a todos ustedes a continuar investigando, a abandonar los propios miedos. A recordar que el miedo a la muerte es como el miedo a la vida. ¿De qué tenemos miedo? Cuando al mismo tiempo sentimos profundamente y conocemos verdaderamente una experiencia, entonces alcanzamos el gozo. Es todavía posible vivir plenamente como un ser humano, aceptando completamente nuestros sufrimientos: podemos experimentar el dolor y al mismo tiempo gozar del modo en el cual son las cosas realmente.

Reflexiones de Ajahn Medhanandi

Todos los derechos reservados: Ass Santacittarama 2007.

Traducido del Inglés por Gabriella De Franchis del libro «Freeing the heart»

Traducido del Italiano por Leandro Posadas

Fuente: www.amaravati.org

«EL GOZO ESCONDIDO EN EL DOLOR»: UNA ESPIRITUALIDAD QUE NOS LIBERA DEL SUFRIMIENTO 3ª PARTE

Capullo de una Mariposa Monarca, preparada para salir y volar
Capullo de una Mariposa Monarca, preparada para salir y volar

Cuando Marpa, el gran maestro tibetano de meditación, y maestro de Milarepa, perdió a su hijo lloró amargamente. Uno de sus discípulos se le acercó y le dijo: «Maestro ¿Por qué lloras? Tu nos enseñas que la muerte es una ilusión». Y Marpa le respondió: «La muerte es una ilusión. Y la muerte de un niño es una ilusión aún más grande». Pero aquello que Marpa alcanzó a mostrar a su discípulo, fue que mientras él estaba en grado de entender la verdad sobre la naturaleza condicionada de todas las cosas y sobre la «vacuidad de la forma», podía ser todavía humano, podía pobrar aquello que estaba sintiendo, podía abrirse a su dolor. Podía estar totalmente presente en la sensación de aquella perdida. Y podía llorar abiertamente.

No hay incongruencia en absoluto si sentimos nuestras sensaciones, si tocamos nuestro dolor, y al mismo tiempo sentimos la verdad de las cosas tal como son. El dolor es dolor; la aflicción es aflicción; la pérdida es pérdida: podemos aceptar estas cosas. El sufrimiento es aquello que nosotros agregamos a estas cosas cuando las rechazamos, cuando decimos: «No, no puedo». Hoy, mientras leía el nombre de mis abuelos que fueron asesinados junto a mis tíos, tías, y sus respectivos hijos, durante la Segunda Guerra Mundial -sus cuerpos fueron tirados en enormes fosas comunes-, esta imagen me arrolló con un dolor cuya presencia no tenía consciencia. Sentí una presión sofocante. Era incapaz de respirar. Mientras las lagrimas me descendían sobre el rostro fui capaz de recordar, de ser consciente de las experiencias físicas y de acompañar este doloroso recuerdo con la respiración, dejando que se manifestase. No es un fracaso probar estas sensaciones. No es un castigo. Es parte de la vida. Es parte de este viaje humano.

Oruga de Mariposa
Oruga de Mariposa

Por lo tanto, la diferencia que hay entre dolor y sufrimiento, es la misma que hay entre la libertad y la esclavitud. Sólo si somos capaces de estar con nuestro dolor, podemos aceptarlo, conocerlo y curarlo. Mas si no está bien experimentar dolor, rabia, miedo, soledad, entonces no está bien mirar nuestras sensaciones, y no está bien tenerlas en nuestros corazones y encontrar paz a través de ellas. Cuando no estamos capacitados para sentir aquello de debemos sentir, cuando oponemos resistencia y buscamos huir a la vida entonces somos esclavos. Donde nos aferramos allí está el sufrimiento, pero si sentimos simplemente el puro dolor tal como es, nuestro sufrimiento muere… He aquí la muerte a la cual debemos morir.

Con la «ignorancia», con nuestra incapacidad para ver las cosas como realmente son («Dhamma»), creamos tantas prisiones. Somos incapaces de estar despiertos, de probar verdadera gentileza amorosa hacia nosotros, o de amar a la persona que está a nuestro lado. Si no podemos abrir nuestros corazones a las heridas más profundas, si no podemos traspasar el abismo creado por nuestra mente a través de la ignorancia, del egoísmo, de la avidez, del odio, entonces somos incapaces de amar y de realizar nuestro verdadero potencial. Nos hacemos incapaces de llevar a termino el trabajo de esta vida. Tomando la responsabilidad de todo aquello que probamos, la responsabilidad de nuestras acciones y de nuestras palabras, construimos las bases del sendero hacia la liberación. Conocemos el resultado que produce una acción correcta, para nosotros mismos y para los demás. Cuando hablamos y actuamos sin amabilidad, cuando somos deshonestos, falsos, críticos, y llenos de resentimiento, entonces somos nosotros los que sufrimos verdaderamente. En algún lugar dentro de nosotros hay un residuo de dichas conductas mentales. Para abandonarlas debemos rendirnos, debemos abrirnos a todas nuestras imperfecciones, reconocer y aceptar totalmente nuestra naturaleza humana, nuestros deseos, nuestros límites, y perdonarnos. Debemos cultivar la intención de no dañar a nadie (incluidos nosotros mismos) con el cuerpo, la palabra o el pensamiento. Y si nos encontramos haciendo nuevamente el mal, perdonémonos y comencemos desde el principio, con la justa intención. Nosotros comprendemos el «Kamma». Cuánto es importante vivir en modo vigilante, recorrer el sendero de la compasión y de la sabiduría instante tras instante no sólo cuando estamos en retiro.

Mariposa Monarca
Mariposa Monarca

La meditación continúa siempre. La meditación es el ser en contacto con nuestra verdadera naturaleza. En el trascender nuestra naturaleza condicionada nos movemos hacia la realización de lo Incondicionado. Obtenemos la sabiduría que nos permite aceptar todos los condiciones, de estar en total paz, completa unión y armonía con todas las cosas tal cual son. Mientras tengamos en nuestros corazones una cosa negativa -sobre nosotros o sobre los demás-, no estamos capacitados para realizar plenamente nuestra verdadera naturaleza. No podemos ser libres.

Reflexiones de Ajahn Medhanandi

Todos los derechos reservados: Ass Santacittarama 2007.

Traducido del Inglés por Gabriella De Franchis del libro «Freeing the heart»

Traducido del Italiano por Leandro Posadas

Fuente: www.amaravati.org

«EL GOZO ESCONDIDO EN EL DOLOR»: UNA ESPIRITUALIDAD QUE NOS LIBERA DEL SUFRIMIENTO 2ª PARTE

Encinas
Encinas

Perseguir las sombras… ¿Qué buscamos realmente en nuestra vida? Buscamos felicidad, un puesto seguro, paz. Pero ¿dónde buscamos estas cosas? Buscamos desesperadamente protegernos a nosotros mismos acumulando siempre más cosas, teniendo cerrojos cada vez más grandes para nuestras puertas, colocando un sistema de alarma. Nos blindamos constantemente los unos a los otros acrecentando el sentido de separación -teniendo más propiedades, más control, sintiéndonos más importantes con nuestras carreras, nuestros doctorados-. Nos esperamos más respeto y pedimos soluciones inmediatas: es una cultura de la gratificación inmediata. De este modo, estamos constantemente al borde de la decepción, ocurre, por ejemplo, si nuestra computadora se bloquea, si no alcanzamos un acuerdo de trabajo, o no obtenemos un ascenso.

Esto no significar disminuir el mundo material. Tenemos necesidad del soporte material, del alimento, de la ropa, de las medicinas; tenemos necesidad de un refugio y de una protección, de un lugar en cual reposar; tenemos necesidad del calor humano y de la amistad. Tenemos necesidad de muchas cosas para este viaje, pero al mismo tiempo, como consecuencia de nuestro apego a las cosas, de nuestros esfuerzos orientados a llenarnos de cosas y a encontrar satisfacción a través de ellas, permanece en nosotros un sentido de avidez, de insatisfacción, porque estamos buscando en el lugar equivocado. Cuando alguien repentinamente se enferma, pierde una pierna, sufre un infarto, afronta la muerte, contrae el SIDA, y debe soportar indecibles sufrimientos ¿Qué hacemos nosotros? ¿Dónde nos refugiamos?

Antes de su iluminación, cuando el Buda era todavía un príncipe, tenía todo. Tenía aquello que en el mundo la mayor parte de las personas buscan mientras alejan la muerte a los márgenes de la vida, mientras relegan el conocimiento de la propia mortalidad en el punto más extremo de la consciencia. Era un príncipe. Tenía una amada esposa y un hijo. Su padre había buscado desesperadamente protegerlo de las brutalidades de la vida, prodigándole todos los placeres de los sentidos, incluso un palacio para cada estación. Pero no podía retener a su hijo y un día el príncipe salió y vio aquello que debía ver: «los cuatro Mensajeros Celestes».

EL SUFRIMIENTO ES NUESTRO MAESTRO

Debemos lograr una mente ecuánime para la vida espiritual
Debemos lograr una mente ecuánime para la vida espiritual

Alguien podría pensar que es contradictorio el hecho que un mensajero celeste pueda presentarse con el semblante de un anciano: «Qué tiene de celestial un viejo que se arrastra por las calles» No obstante, es un mensajero divino porque el sufrimiento es nuestro maestro; es a través de nuestra experiencia y de nuestra habilidad de contemplar el sufrimiento como nosotros aprendemos la Primera Noble Verdad.

El segundo mensajero era un enfermo, y tercer mensajero era un cadáver lleno de gusanos y moscas, en descomposición sobre la pira funeraria. Estas fueron las cosas que el Buda vio y que le abrieron los ojos a la verdad sobre la vida y sobre la muerte. No obstante, el cuarto mensajero celeste era un monje: símbolo de renuncia, alguien que había renunciado al mundo para descubrir la auténtica verdad. Muchas personas quieren escalar el Everest, la montaña más alta del mundo, pero en realidad hay un Himalaya aquí, en cada uno de nosotros.

Yo quiero escalar dicho Himalaya para descubrir la verdad que está dentro de mí, para alcanzar la cumbre de la comprensión humana y para realizar mi verdadera naturaleza. Todo, sobre el plano material, especialmente la búsqueda de cosas por las cuales malgastamos tanta energía, parece pequeño e insignificante frente a la potencial transformación de la consciencia.

He aquí donde estos cuatro signos celestes fueron indicados al joven Siddhartha. Estos son los mensajeros que nos pueden indicar la Vía de la Verdad, lejos de la vía de la ignorancia y del egoísmo, dentro de la cual luchamos vanamente, atrapados en visiones erradas, incapaces de afrontar nuestra oscuridad, nuestra confusión, nuestro dolor. Stephen Levine se refiere a la distancia que creamos ante nuestro dolor, ante nuestra herida, ante nuestro miedo, ante nuestra aflicción, como a la distancia que nos separa de la comprensión de nuestra verdadera naturaleza.

Nuestras mentes crean el abismo, el inmenso precipicio. ¿Qué cosa nos llevará más allá del vacío? ¿Cómo podemos afrontar la oscuridad que sentimos? ¿Cómo podemos desarrollar aquel tipo de discernimiento con el cual podemos realizar el verdadero amor en sí, aquella paz sublime que no se apega a nada, ni rechaza nada? ¿Podemos contener todas las turbaciones y los sufrimientos en un abrazo compasivo, que entra en lo profundo de nuestros corazones con pura consciencia, presencia mental y sabia reflexión, que toca el centro de nuestro ser? Apenas comenzamos a ver más claramente, con visión profunda y penetrante, aprendemos la diferencia entre dolor y sufrimiento.

¿CUÁL ES LA EXPERIENCIA DEL DOLOR?

Es simplemente natural que nosotros experimentemos dolor cuando alguno de nuestros seres queridos muere. Estamos apegados a dicha persona, apegados a su compañía; tenemos recuerdos de los períodos trascurridos juntos. Dependíamos el uno del otro para muchas cosas, consuelo, intimidad, apoyo, amistad, y por ello sentimos la pérdida.

Cuando mi madre estaba muriendo, tenía dificultad para respirar y los fluidos corporales estaban comenzando a pudrirse, e imprevistamente se despertó de un coma profundo y sus ojos plenos de reconocimiento se encontraron con los míos. De la profundidad del Alzheimer que le había impedido reconocerme por los últimos diez años, en aquel momento volvió a ser plenamente consciente y sonreía con una sobrenatural y esplendida alegría. Un rayo cayó sobre ambas, y después, al poco tiempo, se fue.

¿Dónde estaba la enfermedad que la había raptado por tantos años? En aquel momento se dio la realización de la vacuidad de la forma. Ella no era aquel cuerpo. No había ningún Alzheimer y ella no estaba muriendo. Había solamente el desconocimiento con el corazón de la impermanencia, y a través del dejarse ir, la disolución de los elementos que retornan a sus orígenes.
Conociendo lo trascendente, conociendo la realidad de las cosas tal como es, -conociendo el cuerpo como cuerpo-, nos damos cuesta de que estamos en perenne cambio. Aprendemos a estar en la consciencia pura y tocamos aquello que es inmortal.

En nuestras relaciones personales, con nuestra familia, podemos iniciar a usar la sabiduría como refugio. No quiero decir que no amemos, que no suframos por nuestros seres queridos. Significa que no somos dependientes de nuestras percepciones sobre nuestra madre y nuestro padre, sobre nuestros hijos, y sobre nuestras amistades íntimas. No dependemos de su existencia, como nosotros pensamos, no creemos más que nuestra felicidad dependa de su amor hacia nosotros, o del hecho de que ellos vivan o mueran. Estamos en grado de rendirnos al ritmo de la vida y de la muerte, al ritmo de la ley natural, al Dhamma del nacimiento, del envejecimiento, de la enfermedad y de la muerte.

Reflexiones de Ajahn Medhanandi

Todos los derechos reservados: Ass Santacittarama 2007.

Traducido del Inglés por Gabriella De Franchis del libro «Freeing the heart»

Traducido del Italiano por Leandro Posadas

Fuente: www.amaravati.org