EL SER: «Cataclismo»

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EL SER

«Cataclismo»

Por Daniel Rios

     En el principio del tiempo y del espacio existió una deidad en forma de ave gigante llamada «Ser», no se sabía de dónde venía ni hacia dónde se dirigía. Confundida vagó sin rumbo durante milenios, y mientras más pasaba el tiempo más oscuro su sendero se volvía. Ansiosa de conseguir un rumbo, un día se dividió en tres partes, llamadas Pneuma[1], Psikhé[2] y Soma[3], pero su castigo por violentarse tuvo como resultado tres aves ciegas que nunca más lograron reencontrarse.

     ¡Cataclismo! Gritó un hombre con algarabía, observando lentamente como el «Ser» en el aire se desvanecía, arrojando hacia la tierra las tres aves que el testigo al instante reconocía: era una lechuza, un quebrantahuesos y un cuervo.

     El primero en separarse fue Pneuma, un cuervo misterioso que parecía haber conocido la muerte, y horrorizado se volvió uno con el viento, que lo sopló a cuatro montañas de distancia en un sólo  parpadeo, dejando una estela violeta en su camino; luego se dividió Psikhé, una lechuza radiante que parecía haber descubierto la vida, quiso ser mar y arena pero llena de fatiga se acogió dentro de la tormenta en el cielo reposando dormida sobre las agitadas y grises nubes; y por ultimo Soma quien descubrió los huesos y la sangre del hombre y le apeteció devorarlos, se fundió con el fuego y bajó al centro de la tierra para desde allí extender sus garras, alcanzar al hombre y consumirlo.

     A pesar que el cataclismo sucedió ante los ojos de aquel hombre, quien fue testigo de lo ocurrido, él sólo pudo describir la magnificencia del hecho, sumido en la ignorancia, alcanzado por el fuego y seducido por los placeres de Soma. Ha dejado como herencia a sus hijos un camino de hambre, sangre y muerte. Los habitantes de sus pueblos se llaman «hijos de la ira». Pues en ellos la Psikhé se encuentra reposando dormida sobre sus tormentosas nubes, mientras que Pneuma aún se esconde entre el viento de las montañas.

LECTURA: las tres aves representan la integridad del ser, compuesto por tres elementos fundamentales los cuales son: espíritu/esencia, conciencia, y cuerpo/materia. El cataclismo hace referencia a la división del ser por el conflicto que existe en él por desconocer sus orígenes y su destino. El conflicto produce una autodestrucción continua, monótona y repetitiva en el interior del ser humano. Cada una de ellas buscó la manera de vivir desde su confusión: el espíritu se esconde entre la brisa fresca de las montañas; la conciencia reposa dormida y soñando sobre las tormentosas nubes, y el cuerpo se volvió salvaje. El hombre, quien observó el cataclismo es a la vez testigo de sí mismo y de la violencia que se inflige al polarizar su integridad en direcciones opuestas y priorizar la dimensión material a la cual pertenece el cuerpo. Al darle la preeminencia al cuerpo su existencia se fundamenta en la violencia y el egoísmo. Este es el camino que nos han legado nuestros ancestros: un sistema reinado por Soma en el que sólo hay hambre, sangre y muerte.

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[1] Pneuma: esencia o espíritu,  soplo o aliento del vacio, semilla divina en el Cristianismo

[2] Psikhé: conciencia, mente y limbo, alma, vitalidad, vientre fecundo en el Cristianismo

[3] Soma: cuerpo, vehículo, materia, deseo de la carne. Soma representa el infierno cristiano, el cual no puede vivir sin depender de Psikhé y Pneuma, ya que un cuerpo sin la conciencia y el espíritu se consume a sí mismo en sus deseos y pasiones.

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3 comentarios en “EL SER: «Cataclismo»

  1. Interesante fábula. Solo que a mi entender, no deja espacio para la libertad, para el libre albedrío. Si todo está predestinado, si hay un destino escrito desde nuestros ancestros primigenios, el movimiento de la vida carece entonces de sentido. Y creo que no todos los seres humanos están encadenados en el cuerpo, o en el soma; yo diría que muchos están apresados en la Psikhé. Saludos!

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    1. Hola Carmen,
      Mis fábulas son una especie de intuición desde la psicología transpersonal que tratan de acercarse a los procesos internos del ser humano. He aquí mi respuesta a tu comentario:
      Nosostros somos el testigo de ese cataclismo… pero distraída y libremente hemos decidido que sea Soma la protagonista de esta nuestra transitoria historia. En la fábula se narra el origen de nuestro constante conflicto interior. Le dimos la preeminencia a Soma en nuestros sistemas y nos ha condicionado de tal modo que no vemos el conjunto de esto que somos. Narrar la realidad desde una fábula de un testigo confundido da la posibilidad de narrarla desde otro testigo que sí observa la realidad tal cual es, desde la naturaleza impermanente y transitoria de la realidad. No conciliamos la mente, el cuerpo y el espíritu de modo armónico. Mas que de destino, es la narración de una decisión de alguien que no logra ver su propio cataclismo, a pesar que somos testigos distraídos de ello segundo a segundo. No somos conscientes de la decisión que como homo sapiens hemos decidido desde el origen de esto que denominamos “civilización”… El espíritu es la paz que surje de la unión serena entre mente y cuerpo. Pues no existe psikhé sin cuerpo, ni cuerpo sin psikhé: una es la actuación de la otra en este aquí y ahora de ser testigos.
      Gracias por tu comentario. No dudes en escribirme y comentar mis fábulas!

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  2. Gracias por tu hermosa fábula del árbol! Me quedo con la imagen y el deseo de ser como él, “despreocupado de lo que floreció y de los tiempos venideros”. Que así sea! Saludos
    Carmen Isabel Maracara, escritora y periodista

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