GURDJIEFF: “SOMOS LA PARADOJA OBSERVANTE ENTRE EL LOBO Y EL CORDERO QUE HABITAMOS”

«Kipling dijo una vez que esos gemelos

-se refería a Oriente y Occidente-

nunca podrían entenderse.

Pero en la vida de Gurdjieff, en su obra y en su palabra, hay una filosofía,

salida de las profundidades de la sabiduría del Asia,

hay algo que el hombre de Occidente puede comprender.

Y en la obra de este hombre y en su pensamiento

-en lo que hizo y en la manera cómo lo hizo-

el Occidente encuentra verdaderamente al Oriente».

Frank Lloyd Wright

Arquitecto

 

GurdjieffHay más de 400.000 resultados de búsqueda en el omnisapiente Google acerca de Gueorgui Ivánovich Gurdjieff, -nació en Kars, una ciudad entre Rusia y Turquia, el 1º de enero de 1866, y murió en París el 29 de octubre de 1949-, y es realmente difícil no perderse entre tanta información. Sin embargo, tuve la oportunidad de leer su libro autobiográfico “Encuentros con hombres notables”, y además ver el film basado en dicha obra. Para todos aquellos y aquellas que sentimos la apremiante necesidad de transformarnos, no simplemente porque nos sentimos especiales o diferentes, o incluso mejores que los demás, sino porque comprendemos en primera persona la fugacidad de esto que llamamos “lo humano”, y experimentamos profundamente lo terrible que puede llegar a ser el ser conscientes de ser sintientes, y a la vez percatarnos de que somos artilugios perfectos para emanciparnos del sufrimiento o regodearnos en él y autodestruirnos, las enseñanzas de Gurdjieff tendrán un sabor peculiar, y por medio de él intuirán que detrás de un hombre tan particular se encuentran enseñanzas profundas y verdaderas acerca del espíritu humano. Este breve artículo no pretende ser una apología a Gurdjieff, simplemente desea exponer algunas reflexiones prácticas y vivenciales desde la experiencia y vida de este extraño maestro, para todos aquellos que anhelamos la “emancipación”.

Uno de sus primeros discípulos describe su primer encuentro con Gurdjieff en 1915 en un café en Moscú: «Lo recuerdo muy bien. Habíamos llegado a un pequeño café, situado fuera del centro, en una calle ruidosa. Vi a un hombre que ya no era joven, de tipo oriental, con bigotes negros y ojos penetrantes; al principio me sorprendió porque de ningún modo parecía en su lugar en tal sitio y tal atmósfera; estaba aún saturado de mis impresiones de Oriente, y este hombre con cara de rajá hindú o de jeque árabe, que hubiera visto mejor bajo un albornoz blanco o un turbante dorado, producía en ese pequeño café de tenderos y comisionistas, con su abrigo negro con cuello de terciopelo y su sombrero hongo negro, la impresión inesperada, extraña y casi alarmante de un hombre mal disfrazado». Gurdjieff siendo aún desconocido llegó a Francia en 1922 y se instaló en el Castillo del Prieuré de Avon, cerca de Fontainebleau donde fundó el “Instituto para el Desarrollo Armónico del Hombre”, allí el escritor Denis Saurat conoció también a Gurdjieff, y muchos años después describe en breves líneas dicho encuentro: «No soy de ninguna manera discípulo de Gurdjieff. El breve contacto que tuve con él me dejó la impresión de una poderosa personalidad humana, reforzada o dominada por una elevadísima espiritualidad moral y metafísica a la vez. Quiero decir que me pareció que sólo las más altas intenciones morales regían su conducta y que, por otra parte, sabía sobre el mundo espiritual cosas que pocos hombres conocen, y que era verdaderamente un maestro en el dominio de la inteligencia y del espíritu».

GurdjieffEl editor de la obra en español de la autobiografía de Gurdjieff menciona simpáticamente cómo Gurdjieff comenzó a escribir y cuáles fueron sus dificultades: “Él mismo cuenta en el primer capítulo de los Relatos de Belcebú a su nieto o crítica objetivamente imparcial de la vida de los hombres, cuáles fueron las dificultades que halló desde el principio. Después de haber dudado, escogió escribir en ruso. Sus idiomas natales eran, además del griego, el armenio y el turco; pensaba en persa, y bromeaba en ruso. Contaba chistes en inglés, «con una simplicidad oriental que desconcertaba por su aparente ingenuidad». No ocultaba su desdén por las convenciones gramaticales, englobadas por él en el vasto dominio de lo que llamaba, con acento cargado de ironía, «el buen tono». Y al contrario, sentía profundo interés por los giros de la sabiduría popular, y manejaba con gran destreza proverbios que atribuía al legendario Mulaj Nassr Eddin, incluso cuando eran de su propia cosecha”. Al respecto cabe mencionar uno de sus últimos libros titulado: “La vida es real sólo cuando ‘yo soy’”, cuyo objetivo es el de “favorecer en el pensar y el sentimiento del lector la aparición de una representación justa, no fantasiosa, del mundo real”, publicado en 1956.

En un principio quería escribir sobre este personaje como lo haría con tantos otros de los que he escrito en mi blog, sin embargo la extraña experiencia del espíritu en Gurdjieff escapa a mis convenciones y maneras adiestradas y discretas… (demasiado católicas, tal vez). Con Gurdjieff tuve que dejarme impactar por un maestro espiritual que fumaba, bebía, era un gran bailarín y músico, celebraba frecuentemente grandes banquetes, y compuso muchas danzas rituales. En la introducción a “Encuentros con hombres notables” Gurdjieff se dijo a sí mismo: “me había prometido no escribir ni una sola línea durante ese tiempo, y contentarme con beber suave y tranquilamente todas las botellas de añejo calvados que la voluntad del destino puso a mi disposición en la bodega del Prieuré, arreglada con gran esmero hace un centenar de años por hombres que comprendían el verdadero sentido de la vida”.

Danza SufíDichas usanzas para nuestra mente religiosa occidental son demasiado disolutas y ajenas a nuestra manera de concebir al hombre religioso, pero indudablemente, tales costumbres en Gurdjieff están enmarcadas en un proyecto espiritual de vida por medio del cual él desea “proponer la construcción de un mundo real, -susceptible de ser percibido como tal, sin el menor impulso de duda, por todo pensar humano-, en lugar de este mundo ilusorio que representan nuestros contemporáneos, quienes no son conscientes del mundo sino exclusivamente a partir de datos y de asociaciones (sociales, culturales, religiosos, emocionales, psicológicos, etc.), que desencadenan en ellos toda clase de rutinarios y amaestrados impulsos que desarmonizan completamente el conjunto del funcionamiento del mundo real. Todo ser humano capaz de aislarse de las influencias asociativas de la vida ordinaria, de manera más o menos sana, debería horrorizarse ante las consecuencias que tales asociaciones producen en la existencia humana. Para Gurdjieff el nombre de hombre lo merece “quien haya sabido adquirir los datos necesarios para conservar indemnes el lobo y el cordero que han sido confiados a su cuidado”. El lobo para Gurdjieff simboliza el conjunto del funcionamiento fundamental y reflejo del organismo humano (mente), y el cordero el conjunto del funcionamiento del sentimiento (corazón). Es interesante que entre ambos se encuentra el ser humano mismo, “aquel que es capaz de adquirir en el curso de su vida responsable, por sus esfuerzos conscientes y sus sufrimientos voluntarios, los datos que confieren el poder de crear siempre condiciones que hagan posible una existencia común para estas dos vidas individuales, extrañas la una a la otra, y de naturalezas distintas”. Ante esta enigmática tríada Gurdjieff se pregunta: ¿cómo un ser humano que tiene bajo su cuidado un lobo, un cordero y una col podrá transportarlos desde la orilla de un río a la otra orilla? ¿Puede el ser humano pasar a la otra orilla tomando en cuenta que sin su constante vigilancia y su influencia directa, el lobo siempre querrá comerse al cordero, y el cordero siempre querrá comerse la col? La solución para Gurdjieff de tal enigma consiste en la exigencia que todo hombre, que sea digno de llamarse hombre, debe imponerse a sí mismo ante sus lasitudes existenciales, inventando sin cesar nuevos compromisos y luchando contra sus debilidades a fin de llegar a la meta que se fijó y conservar indemnes estos dos animales independientes que fueron confiados a su cuidado, y que son, por su misma esencia opuestos uno al otro, y que sin embargo son parte indisoluble del ser humano.

GurdjieffJohn Selby en su libro “Siete maestros, un camino” (2003), define a Gurdjieff como un extrovertido aventurero, pintoresco y amante de la diversión, y a la vez como un maestro espiritual que guió a sus discípulos con firmeza hacia su propio despertar. Una de las técnicas que Gurdjieff enseñaba a sus discípulos para dicho despertar era la llamada “self-remembering”, es decir “el auto-recuerdo del sí mismo”, el cual consiste en ser consciente del lobo, del cordero y del sí mismo, es decir del conocedor, del proceso del conocido (observar en acción nuestra propia mente mientras percibe), y del que está detrás de ambos: nosotros mismos como nuestra propia fuente de consciencia, nuestro ser verdadero. Gurdjieff nos desafía a ampliar nuestra consciencia, e ir más allá. No solamente a centrarnos en un objeto de percepción, en nuestras prácticas ascéticas para cultivar la atención plena, sino a dividir nuestra atención tanto en el objeto que se percibe, como en el proceso de percibir, y esta práctica ejecutada en un mismo intervalo de tiempo. “El conocedor será su mente, lo conocido será el mundo, y nosotros nos convertiremos en un tercer punto, una consciencia, un testigo del aquí y del ahora de nuestra propia vida… más allá de la dualidad de nuestra percepción mental sujeto-objeto”, la cual nos lleva a una verdadera expansión de consciencia no programada por datos, ni asociaciones sociales, emocionales, psicológicas adquiridas, sino una realidad espiritual que va más allá de los temores y apegos (pasado) y las esperanzas y caprichos (futuro) que alimentan continuamente nuestros conflictos interiores.

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Un comentario en “GURDJIEFF: “SOMOS LA PARADOJA OBSERVANTE ENTRE EL LOBO Y EL CORDERO QUE HABITAMOS”

  1. Apasionante y hermoso texto sobre Gurdjieff, así como fue la vida y el legado del maestro citado. Apenas lo conozco en referencia al Eneagrama, que él también conoció y difundió, de modo velado. Muchas gracias, cordial saludo.

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