ETTY HILLESUM: «APRENDER A ‘CONTEMPLAR’ DESDE LAS REJAS DEL HORROR»

«Amo todas las horas obscuras de mi ser,

en las cuales se hunden mis sentidos;

en ellas he encontrado, como cartas antiguas,

mi cotidiana vida ya vivida

y como una leyenda lejana y superada.

Por ellas llego a comprender de pronto

que tengo espacio para otra vida ilimitada.

Y soy algunas veces el árbol que, maduro y susurrante,

sobre una tumba el sueño cumple

y al que el niño olvidado (en torno al cual sus ardientes raíces apretujan)

perdió en tristezas y perdió en canciones».

Rainer María Rilke, Poesías.

Descubrí a Etty Hillesum gracias al biólogo molecular y monje tibetano Matthieu Ricard en su libro «Plaidoyer pour le bonheur», traducido al español como ‘En defensa de la felicidad’. Ricard cita a Hillesum como una mujer que aprendió sabia y pacientemente a ver y amar la realidad tal cual es desde su misma relación con «la experiencia de ser ser humano» en un contexto desafiante y aterrador. Una historia que al principio parece trágica, pero que leyéndola con los ojos del «Espíritu/espíritu» nos revela un sentido que va más allá del objetivo de la vida al cual estamos acostumbrados, o al cual esta sociedad nos quiere acostumbrar y adiestrar.

Etty HillesumRicard en las primeras páginas de su libro cita a Etty Hillesum, quien un año antes de su muerte en Auschwitz, afirma «cuando tienes vida interior, es indiferente de qué lado de las verjas del campo estás… Ya he sufrido mil muertes en mil campos de concentración… Ninguna información nueva me angustia ya. De una u otra forma, lo sé todo. Y sin embargo, la vida me parece hermosa y llena de sentido en todos y cada uno de los instantes». Y en otro pasaje dice: «el gran obstáculo es siempre la representación, no la realidad». Al respecto la tradición oriental afirma que «la libertad es la comprensión de la realidad sin el estorbo de la mente». Los hombres y mujeres de mente pura, adiestrada, ecuánime, como Etty Hillesum nos estimulan a iniciarnos en el arduo pero sabio aprendizaje de observar la realidad tal cual es.

Etty (Esther) nace el 15 de enero de 1914 en Middelburg en Holanda, y fue asesinada en el campo de exterminio nazi en Auschwitz el 30 de noviembre de 1943, a la edad de 29 años, donde también fueron gaseados sus padres y uno de sus hermanos. Su padre fue un judío erudito, profesor de lenguas clásicas, y su madre una ama de casa de origen ruso. Hasta hace poco Etty era una persona desconocida, y últimamente ha emergido con fuerza a través de la traducción de su diario íntimo y su correspondencia epistolar, los cuales escribió a partir de los veintisiete años. Dichos escritos testimonian sus experiencias y evolución personal. Para muchos autores, conocedores de la vida de Etty, ella aparece como paradigma de identidad postmoderna (fragmentación de la subjetividad, falta de referentes de los grandes relatos, alto grado de emotivismo, indiferencia a las normas en el ámbito de la moral que afecten su estructuración mental, desaparición de sentimientos de culpa, y búsqueda y exploración afectiva y sexual).

Etty Hillesum se licencia en derecho en Amsterdam en 1939, es una joven brillante, con pasión por la lectura y por el estudio de la filosofía, y una buena escritora. Lee con dedicación a Jung, Rilke, y Dostoevskij. En su etapa universitaria se movió en círculos de izquierda. Tuvo una relación con Julius Spier, un psico-quirólogo de origen alemán. Etty escribe su diario íntimo por recomendación de Spier. Las anotaciones de dicho diario van desde el 9 de marzo de 1941 hasta el 13 de octubre de 1942. Posterior a su diario existen un buen número de cartas que Etty mantuvo con sus amistades desde el campo de concentración de Westerbork hasta que fue deportada a Auschwitz, donde fue gaseada dos meses después de llegar.

Etty HilesumPara Francesc Grané en su artículo sobre Etty Hillesum («Pensamiento» vol. 69 (2013), número 261), la especificidad de esta conmovedora mujer, que se ve reflejada en su diario, consiste en la coherencia que se da entre maduración personal y espiritual en un período relativamente corto de tiempo. Dicho período está caracterizado por el espíritu de lucha, perseverancia, curiosidad, confianza en los demás, confianza en la «trascendencia»; y por un deseo sincero de poner remedio a sus conflictos más profundos con el fin de enfrentarse a la vida de una forma diferente, más madura y más sana. El mismo autor dice que Etty trata de trascender lo dado (su tiempo como prisionera, primero de sí misma, y luego del nazismo), que incluyó un discernimiento sobre «quién es» y «dónde está», para ir a un conocimiento más auténtico sobre sí misma y sobre la realidad en la que estaba inmersa: su objetivo es encontrar nuevos sentidos (nuevas metáforas vivas) no sólo de sí misma sino también de todo lo que la envuelve (su captores, su cárcel, su pobreza, su ingenio, su débil salud, su brillantez, su femineidad, su fe y su esperanza, etc.). Poco a poco, Etty comienza a vivir desde su misma esencia interna, hasta el punto de poder tomar consciencia de que la vida, los seres humanos y el mundo, a pesar de los horrores de la guerra, del odio y de la violencia, son hermosos en sí mismos. Comienza a la vez a experimentar que la presencia del «Absoluto», -de la «Unidad»- lo envuelve todo y la incapacita para odiar y la mueve a amar y a estar unida a la humanidad en el amor y desde el amor. Este sentimiento de unidad en el amor, claramente está acompañado por el dolor, el dolor de vivir en una de las tragedias más horribles de los últimos siglos, la Segunda Guerra Mundial, en la cual su familia y sus seres queridos junto con ella fueron perseguidos y luego asesinados. Justamente, ese dolor para Etty, es la escuela de la fortaleza que le permite ensanchar su vida interior, y desde ella percibir una honda libertad ante la muerte como parte de la vida misma. Etty llega incluso a agradecer el hecho de poder compartir el sufrimiento, soportarlo y transformarlo en amor. En la última página de su diario se lee: «sufro por los indefensos, he roto y partido mi cuerpo como el pan y lo he repartido entre los hombres, pues estaban hambrientos y venían de largas privaciones». Etty siente que la «trascendencia» ha expandido su identidad, pues experimenta en dicha situación que está compartiendo un triste invierno con toda la humanidad, incluso con aquellos llamados enemigos. Ella siente que comparte el sufrimiento con millones de personas, la vida y la muerte. Lo más impactante es que logra intuir, en medio de dicha situación, una de las grandes verdades del Budismo: la vida y la muerte, la alegría y la tristeza, todo forma parte de la realidad, por lo tanto, dice en su diario, «la vida es hermosa y tiene sentido incluso en su sin sentido». Todo para Etty está interrelacionado, y se ha de considerar la vida en su totalidad como una unidad para que resulte un conjunto, y en cuanto se quiera excluir o no aceptar partes de ella, en cuanto se asuma arbitrariamente algo de la vida, pero no todo, entonces allí justamente pierde su sentido.

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Un comentario en “ETTY HILLESUM: «APRENDER A ‘CONTEMPLAR’ DESDE LAS REJAS DEL HORROR»

  1. Se me olvidó darle las gracias por este interesante artículo, la vida difícil y profunda de esta mujer tan joven y tan dada diría yo!

    Mil gracias, que D ios lo bendiga!

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