EL ORIGEN DEL «AMOR»: LA HERIDA DE LA SEPARACIÓN 2ªPARTE

Este escueto artículo pretende mostrar la dimensión del «amor» desde el camino espiritual con el fin de hacer ver ciertos aspectos que al ser puestos a la luz de la observación ecuánime de los fenómenos humanos nos descubren otras dimensiones en la historia de nuestra afectividad, de nuestras emociones, de nuestras concepciones, de nuestras sensaciones, de nuestras percepciones con las cuales tratamos de aprehendernos a nosotros mismos, al «otro» y al «mundo» y dar sentido a nuestra vida.

En esta historia de la «separación» y el «amor» según los maestros orientales la «sensación» de estar divididos surge a partir de los 7 años cuando se nos enseña que somos un «yo», que el otro es un «tú» y que estamos en un «mundo», concebido como un espacio fuera de nosotros. Estas tres percepciones de separación de la realidad nos fraccionan y a la vez nos conforman como «persona», de la cual surgen todos nuestros deseos y rechazos. En la adolescencia comenzamos a buscar maneras de huir de esta separación, de la incomodidad de estar separados. La herida es justamente haber dejado la posibilidad de ser siempre uno con la vida, como ocurría cuando éramos niños, cuando no sabíamos qué era el miedo, cuando no teníamos en nuestra mente la idea del «yo», la idea de «mío» y «tuyo», la cual conformará e irá conformando de acuerdo a la cultura y la herencia, quiénes convencionalmente seremos si no logramos «darnos cuenta». De allí que estemos destinados a interpretarnos continuamente a nosotros mismos, a buscar más allá de nuestras convenciones y precomprensiones acerca de lo que es ser «persona» en un mundo en relación con otras «personas».

El «amor», desde la impopular perspectiva espiritual, es la manifestación de esa separación intrínseca. En la adolescencia buscamos maneras de escapar de la incomodidad de sentirnos divididos, deseando vernos tal cual somos, y por ello andamos buscando espejos para ver nuestra verdadera identidad y aliviar la herida de nuestra separación interior. ¿Quién de nosotros no se ha enamorado durante la adolescencia? Enamorarse es mágico, da miedo y trae consigo una gran emoción y entusiasmo que prometen liberarnos de toda nuestra infelicidad…

El amor nos hace frágiles, nos obliga a salir de nuestros espacios de seguridad y adentrarnos, casi arbitrariamente y sin darnos cuenta, en la condicionada maravilla de ser conscientes de ser sintientes. El enamoramiento justamente es una experiencia que vista desde la reflexión pura nos aterroriza y a la vez nos atrae. Ante este fenómeno, dicen los maestros del espíritu humano, se requiere una manera en la que podamos hacer las preguntas más difíciles de nuestro corazón, y al mismo tiempo sentirnos libres y capaces de escuchar las respuestas. La primera pregunta que surge, si sabemos observar, es interpelarnos sobre si es cierto que siguiendo nuestros deseos y satisfaciéndolos continuamente podremos lograr la tan ansiada felicidad. La dificultad que surge de tal mecanismo reiterado es que la intensidad de «a mi manera» se va incrementando: «yo tengo que conseguir lo que yo quiero», y consiguientemente, con este «a mi manera» viene la correspondiente intensificación del miedo de no conseguir lo que deseamos. Y con dicho deseo hay una ulterior disminución dolorosa de nuestra verdadera y real capacidad de amar.

Incluso el «fenómeno del amor», que nos ciega y nos nubla el juicio, debe pasar por la observación ecuánime: darnos cuenta de cuándo el amor se transforma en un mecanismo dramático producto de nuestra arraigada adicción «deseo – rechazo». La esperanza de lograr el verdadero amor, un amor duradero se intensifica. Basta pensar en los millones de canciones, poemas, libros e incluso crímenes que se producen cada año… Al amor le escribimos poemas, le cantamos canciones, le redactamos ideas… sin darnos cuenta, en la mayoría de los casos, de nuestro cada vez mayor caos de división. Hay una manera de ver dicho caos y poder amar desde la libertad.

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Un comentario en “EL ORIGEN DEL «AMOR»: LA HERIDA DE LA SEPARACIÓN 2ªPARTE

  1. Beatriz García comentó esta entrada y me parece conveniente publicar sus impresiones sobre el mismo:
    “Yo creo que nacemos con esa herida. Esa escisión, posiblemente, aparece en el momento en que somos concebidos, cuando el fenómeno se manifiesta, a partir de la unión del óvulo con el espermatozoide. En mi opinión, allí, inevitablemente se produce la separación de esa energía unívoca, porque ese “nuevo” elemento físico y espiritual que surge, tiene ya un preconcepto de la vida y del amor, dado, por una parte, por esa “cosa” llamada mente, poderosa arma, a veces mortal, y la cual nos impone la necesidad de comprenderla, para poder ser, como tú dices, “uno con la vida”. Por la otra, por ese cúmulo de las llamadas emociones, que se conforman de acuerdo a una herencia ya establecida, producto de nuestro entorno familiar, social y cultural, y que va a condicionar la mayor parte de nuestras decisiones y acciones. Por eso, quizás, la necesidad de “ interpretarnos continuamente” en relación con “los otros”.
    De allí, que el sentimiento llamado amor nace con cada uno de nosotros, y ciertamente coincido contigo en que nos hace frágiles; y por eso, considero que es una necesaria obligación personal abordar racionalmente dicho sentimiento, que también nos hace uno y múltiple; de manera, que podamos acercarnos a esos “otros mundos” que nos rodean, con la suficiente humanidad y comprensión, tal cual si nos viéramos, a nosotros mismos, en nuestra infinita dimensión, humana y espiritual; y así, intentar amar con libertad”.

    Muchas gracias Beatriz!!!

    Leandro

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