EL SUFRIMIENTO COMO FUENTE DE TRANSFORMACIÓN Y DE SABIDURÍA

"Nadie se conoce si no es puesto a prueba"
“Nadie se conoce si no es puesto a prueba”

En el ser humano existen toda clase de resistencias a sufrir y a aceptar el sufrimiento como un aspecto característico de la realidad. Nuestra cultura actual propicia la negación del sufrimiento a través de modos cada vez más refinados para distraernos de nuestra vida misma, y de las dimensiones que nos hacen ser seres humanos, conscientes de ser ‘sintientes’, y de poseer límites espacio-temporales.

Si observamos con más detenimiento y con un grado de sabiduría, nos percataríamos de que todo lo que existe como resultado de condiciones está incompleto. La naturaleza de la existencia en sí misma es incompleta, pues está condicionada por el tiempo y el espacio, como sabias coordenadas que podrían enseñarnos a vernos tal cual somos. Si fuésemos menos dualistas, y dejásemos de anhelar sólo el aspecto de la felicidad en nuestras vidas, podríamos percibir que el camino hacia la verdadera felicidad está en «integrar» todas las dimensiones de la vida, agradables y desagradables, placenteras y menos placenteras en el marco de nuestra realidad, de nuestro aquí y ahora. Pero, el ser humano de hoy, es adicto a ver y buscar sólo el aspecto de la «felicidad inmediata y sensorial». Nuestra cultura se niega a reconocer la realidad del sufrimiento, entendida como posibilidad de transformación interior, de ecuanimidad, de libertad, de sabiduría, y de un conocimiento cada vez más profundo sobre nosotros mismos y sobre la realidad que nos rodea.

La enfermedad, la muerte, el dolor, son situaciones que han acompañado al ser humano desde el origen de su consciencia. Enfermarse, morir, sufrir, no es un problema personal, es una situación existencial, pero somos demasiado buenos para distraernos, y no nos damos cuenta que todos estamos en lo mismo, todos tarde o temprano, enfermaremos y experimentaremos cómo la tierra nos atrae hacia ella, con su fuerza de gravedad, y nosotros no tendremos la energía suficiente para seguir distrayéndonos y huir de la realidad que se impone. El sufrimiento es un área fundamental de la realidad, y es mejor usar nuestra energías y nuestro tiempo cuando estamos sanos y fuertes para investigarla y explorarla.

Los grandes maestros espirituales siempre han hablado del sufrimiento y de cómo liberarse del sufrimiento. Podemos verlo en los escritos sobre la vida y obra de Jesús, o en los testimonios y narraciones sobre la vida del Buda. Ambos se percataron de la terrible adicción del ser humano por la satisfacción inmediata de los deseos que ciegan y nublan la consciencia del hombre y lo transforman en un ser condicionado por sus apegos, pasiones, vicios y adicciones, llegando al oscuro olvido de su ser más profundo y verdadero.

Jesús ante una gran multitud de gente que lo seguía, una masa ciega que estaba detrás de él, sólo buscando sentirse bien por sus palabras y curaciones, se voltea y les dice solemnemente: «Si alguno viene a mí, y no renuncia a su padre y a su madre… ni a su propia vida, no puede ser mi discípulo… Y el que no toma su cruz y me sigue, no puede ser mi discípulo» (Evangelio de Lucas 14, 25-27). La cruz de la que habla Jesús, es la vida misma, es ese aquí y ahora, ese presente que continuamente se nos escapa, y al que continuamente evadimos buscando absurdamente ideales sobre lo que deberíamos ser; sobre lo que deberíamos tener; sobre cómo deberían ser los demás; sobre cómo debería ser mi país y mis vecinos; sobre como debería sentirme… etc., etc.

Niño budista meditando
Niño budista meditando

El Buda en la «Segunda Noble Verdad» nos dice que el sufrimiento tiene su raíz en nuestro enganchamiento a la «arraigada creencia de que existe un yo permanente» (Anatta). Un «yo» que se engancha adictivamente a ser el centro del cosmos; a creer que sólo satisfaciendo sus sentidos podrá ser feliz… Un «yo» dualista que va de deseo en rechazo, de rechazo en deseo. Un «yo» adicto a sus puntos de vista sobre sí mismo, sobre los demás, sobre las cosas. Un «yo» solidificado que no logra ver con compresión clara la realidad tal cual es.

‘Cargar la Cruz’ equivale a reconocer y ver al sufrimiento tal cual es, como síntoma de algo más, y no como realidad en sí misma. Nuestra cultura nos enseña a distraernos para no sufrir, para no aburrirnos, para no enfermarnos, para no envejecer, para no ser responsables de nuestra propia vida, cuando en realidad debería enseñarnos a buscar la causa del sufrimiento. Todo lo que hacemos es, de algún modo, cambiar la forma del sufrimiento: tratamos de suprimir la ira y nos deprimimos, tratamos de suprimir la confusión y aparece otra cosa y nos enganchamos a cada estado de ánimo.

Para el camino espiritual budista el sufrimiento es únicamente expresión de algo más. Y según los maestros de dicho camino, cuando vemos directamente el sufrimiento es cuando comienza para nosotros el final de sufrimiento: al, en realidad, verlo y reconocerlo ¿Cómo podemos ver el sufrimiento y reconocerlo? Al darnos cuenta que podemos ser los observadores del sufrimiento y no simplemente los que estamos oprimidos por el sufrimiento. Aprender a ver con ecuanimidad que no somos el sufrimiento, sino que podemos ser los que lo observan. Aprender a ver lo que realmente está pasando, lo que realmente está ocurriendo más allá de nuestra aversión, de nuestros deseos, de nuestros auto-engaños y confusiones. Ser realmente presencia consciente de nuestro mente/cuerpo, más allá de la adicción a quedarnos enganchados y perdidos en nuestros estados de ánimo.

Debemos lograr una mente ecuánime para la vida espiritual
Debemos lograr una mente ecuánime para la vida espiritual

Cuando tratamos de negar la existencia del sufrimiento o de ignorarlo acabamos sufriendo mucho más, pues para negarlo requerimos de mucha energía física, mental y emocional. Ver el sufrimiento cara a cara es darse cuenta y experimentar en primera persona que el sufrimiento puede ser atravesado. Para observar el sufrimiento tal cual es, es necesario buscar la calma y sosiego de la mente y del cuerpo. Y la mayoría de las religiones sabias y profundas tienen vías eficaces y legítimas para guiarnos a través del silencio sanador y transformante de la observación ecuánime de nosotros mismos desde nuestro aquí y ahora. Hace falta con «determinación» dedicar tiempo y espacio a la observación ecuánime de nuestro ser, y para ello debemos ser asiduos, fieles y constantes a nuestras practicas espirituales.

Temas como la vejez, la enfermedad y la muerte nos fuerzan a tener más claridad en nuestra vida. Cada uno de ellos pueden llegar a ser grandes maestros, pues nos invitan a una práctica espiritual cada vez más profunda.

Elucidación interreligiosa sobre la conferencia del maestro Theravada Ajahn Thiradhammo titulada: «El Sufrimiento y el Final del Sufrimiento», tomada del sitio: https://budismoteravada.wordpress.com/

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