«APRENDER ESPIRITUALMENTE A OBSERVAR CON ECUANIMIDAD NUESTRAS EMOCIONES» PARA IR MÁS ALLÁ DE LA ILUSIÓN DEL PLACER Y DEL SUFRIMIENTO

No somos "adictos paralizados" por nuestros estados de ánimo
No somos “adictos paralizados” por nuestros estados de ánimo

Hace pocos días presenté, brevemente, el tema de la «lujuria» (porneia), como uno de los ocho «logismoi» que descubrieron los filósofos del desierto cristiano de los primeros siglos, los llamados «Padres del Desierto», quienes sostenían que dicha fuerza cuando se transforma en un exceso lleva a la «distracción» y al olvido de nuestro ser más profundo.

Quisiera presentar una breve elucidación sobre la comprensión de nuestras emociones en nuestro camino espiritual, desde varias conferencias de algunos maestros budistas Theravadas. Considero que los Padres del Desierto tienen mucho en común con la tradición Theravada del Bosque cuando tratan en sus escritos sobre las «pasiones» («logismoi»), «pensamientos», «emociones», «vicios», «hábitos autodestructivos», pues, al igual que la tradición budista, trataron de conocer sus mentes y sus cuerpos desde la penetrante observación de los movimientos afectivos, mentales y corporales de su ser.

Ajahn Munindo, maestro budista Theravada, comienza su profunda conferencia, titulada en italiano «Fare conoscenza con la nostra emotività», es decir ‘conocernos desde nuestras emociones’, haciendo la pregunta ¿Qué cosa es una emoción? Y responde enfáticamente que las posibles explicaciones y definiciones psicológicas, neurofisiológicas sobre nuestra actividad emocional no nos serán de gran utilidad. Y, sin embargo, las emociones forman parte de nuestro espacio-tiempo, de nuestro aquí-ahora a cada instante de nuestra vida. Pueden ser grandes aliadas para lograr algo digno y noble con nuestro ser, pero también pueden ser terribles antagonistas que podrían destruir la posibilidad de que nuestra vida sea digna de ser vivida con sabia humanidad, profundidad espiritual y alegre ecuanimidad.

Seamos cristianos, ateos, budistas, o de cualquier denominación religiosa, sabemos que el camino del autoconocimiento interior, tan importante en la vida de los verdaderos buscadores y buscadoras espirituales, pasa a través del sabio y prudente cabalgar sobre-y-con nuestras emociones.

La vida espiritual es posibilidad de conocimiento interior y práctico. No podremos realmente empeñarnos en el camino interior si no comprendemos nuestra dimensión emocional. El Maestro Munindo nos dice que para una real comprensión de las emociones no es indispensable el conocimiento teórico sobre ellas, sino el lograr tener con ellas una relación desprendida. Ajahn Chah en una conferencia titulada «El enganchamiento», nos habla de nuestra adicción a nuestros fenómenos mentales. «Somos adictos y adictas a nuestras emociones, a nuestras percepciones. Somos adictos al mundo sensorial». Y nos advierte sobre el valor que le damos a lo que experimentamos a través de nuestros sentidos: «el valor que le damos a lo que experimentamos a través de los sentidos es más alto del que en realidad tienen». En el fondo, afirma Ajahn Chah, tenemos la arraigada y distorsionada idea que el mundo sensorial es el que le da sentido a nuestra vida, y que sin ese mundo de los sentidos (pensar, ver, oler, gustar, oír, tocar), no seríamos absolutamente nada. «Una mente que está atrapada en los fenómenos mentales está ciega, débil, no tiene poder, no tiene agudeza. Debemos, por lo tanto, llevar nuestra mente más allá de los fenómenos mentales».

Tenemos necesidad de comprender nuestra dimensión emocional. Debemos aprender que la espiritualidad no es una escapatoria para huir del sufrimiento que nos producen la emociones, sino la posibilidad y la capacidad de comprendernos y conocernos como realmente somos. La espiritualidad nos puede ayudar, según Ajahn Munindo, a ver dónde y cómo nos encontramos bloqueados en nuestra capacidad de recibir emociones. Nos invita a preguntarnos ¿Qué es sentir lo que sentimos? ¿Cuándo alcanzamos a sentir libremente aquello que sentimos? ¿Nos refugiamos en la cabeza y comenzamos a analizarnos buscando una mera explicación teórica y racional? Es muy fácil, y es lo que hemos aprendido de la «psicología moderna», a apegarnos a las ‘intelectualizaciones’ sobre nosotros mismos, como medio para evitar una comprensión más directa sobre nuestro ser. Ajahn Munindo al respecto nos indica que si no llegamos a la causa fundamental de nuestras sensaciones dolorosas y desagradables, o placenteras y agradables continuaremos perdidos y confundidos en el dualismo adictivo del placer como del sufrimiento, cayendo continuamente en su «convincente apariencia de permanencia».

Tenemos necesidad de acceder a recursos más eficaces sobre nuestra vida, que a las descripciones abstractas. Es por ello que nuestra práctica espiritual debe llevarnos a una verdadera experiencia de plenitud, no sólo en algunas dimensiones de nuestro ser, sino en cada una de nuestras dimensiones, las cuales nos hacen ser y estar en este mundo como seres humanos.

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