LA HISTORIA COMO «PARADOJA TEÁNDRICA»: PEDRO ABELARDO Y BERNARDO DE CLARAVAL 2ª PARTE

Bernardo, Abad de Claraval (s. XII)
Bernardo, Abad de Claraval (s. XII)

Pedro Abelardo se encuentra entre las grandes figuras que tratan de resolver el problema intelectual más perentorio de su época, el problema de los «Universales». Fue el fundador, al respecto, del «realismo moderado», pues Abelardo distinguía «vox» de «sermo», y no decía que el «universal» es «vox», sino que el «universal» es «sermo». Para Pedro Abelardo «vox», quiere decir palabra, en cuanto entidad física («flatus», «vocis»), es decir una cosa. Ninguna cosa puede ser predicada de otra. Mientras «sermo», significa palabra en su relación con el contenido lógico, y es eso lo que viene predicado. Abelardo continua alegando que los conceptos universales se forman por abstracción, y que por medio de estos conceptos nosotros concebimos aquello que está en el objeto.

En el campo teológico Pedro Abelardo formula la «duda metódica» como vía para alcanzar la verdad, es decir, la exigencia de un precedente examen crítico del «objeto de fe». Su primera obra teológica, recientemente descubierta, es la «Theologia Summi Boni», del cual, el capítulo «De unitate et trinitate divina» (un intento arriesgadamente científico para rendir racionalmente aceptable, mediante la lógica demostración, el dogma cristiano fundamental), fue condenado por «Sabelianismo» en el Sínodo de Soissons en 1121. -El Sabelianismo toma su nombre de Sabelio, originario del Libia, quien admitía tres revelaciones de Dios: como Padre en la creación y en la legislación; como Hijo en la redención; como Espíritu Santo en la obra de santificación. Desde finales del siglo III, la postura de Sabelio fue usada en Oriente para indicar el «monarquianismo modalista»-. Las otras obras de Abelardo fueron «Theologia Christiana» (incompleta); «Theologia Scholarium»; «Sit et Non»; y «Scito te ipsum».

Tumba fúnebre de Abelardo y Eloísa
Tumba fúnebre de Abelardo y Eloísa

Al respecto de sus incursiones en el ámbito teológico, sus contemporáneos, en especial aquellos que nutrían poca simpatía por la dialéctica y la sutileza intelectual, lo consideraban un pensador peligroso. Abelardo fue perseguido por la hostilidad persistente de Bernardo de Claraval, abad y monje de la floreciente Orden Cisterciense, quien acusó a Abelardo de proponer una doctrina herética sobre la «Santísima Trinidad», pero Pedro Abelardo negó tenazmente tales acusaciones, pues él no entendía negar la revelación o explicar completamente el «misterio» de dicho dogma, sino utilizar la dialéctica en la ciencia teológica. Sin embargo, fue propiamente la aplicación de la dialéctica a la teología lo que hizo posible el progreso teológico, y facilitó la sistematización escolástica de la teología en los siglos posteriores.

De sus obras «Sit et Non» y «Scito te ipsum» fueron extraídas, por interés de Bernardo, 19 proposiciones que luego serían condenadas como heréticas en el Sínodo de Sens en 1141. El Papa de turno, Inocencio II, convalidó el veredicto e impuso a Abelardo perpetuo silencio, fue exiliado y acogido en Cluny por Pedro el Venerable, el personaje más magnánimo de la época. La doctrina de Abelardo está siendo en la actualidad muy apreciada en los campos filosóficos, teológicos y culturales.

Anuncios