«EL GOZO ESCONDIDO EN EL DOLOR»: UNA ESPIRITUALIDAD QUE NOS LIBERA DEL SUFRIMIENTO 4ª PARTE

La flor como símbolo de la vacuidad de la experiencia. Símbolo de la belleza y al mismo tiempo de la caducidad de la naturaleza

¿Cómo podemos tomar realmente la responsabilidad de nuestras acciones? Reflexionando sobre nuestras acciones virtuosas y correctas tomamos la responsabilidad, y esto es un apoyo para la práctica en el momento presente. Sentimos el instante de nuestra atención, de nuestra confianza, de nuestra fe; sentimos la energía de la pureza de la mente y esto nos ayuda a seguir adelante.

Contemplar las cosas que no me hacen estar bien tal vez puede traer una nube negra sobre la consciencia. En realidad es muy saludable; es el surgir de la vergüenza moral y del miedo moral. Nosotros sabemos cuando hemos hecho algo que no es justo y honestamente nos disgusta. Luego nos perdonamos, recordando que como seres humanos cometemos errores. Reconociendo nuestras acciones erradas, nuestros límites, nuestras debilidades, atravesamos el abismo y liberamos nuestros corazones. Y después comenzamos nuevamente. Este miedo moral genera en nuestra mente el propósito que nos conduce hacia lo justo, hacia la armonía y hacia la intención de no hacerse daño, ni hacerle daño a otros seres.

Esto sucede porque entendemos que la brama genera más brama, el odio más odio. Mientras que la amabilidad amorosa es la causa y la condición para la compasión y la unión. Sabiendo esto podemos vivir una vida hábil.

Se cuenta que una vez el Buda mientras impartía una enseñanza tenía una flor, y el Venerable Mahakassapa, uno de sus más grandes discípulos, sonreía. Hay un misterio sobre el por qué el Venerable Mahakassapa reía mientras el Buda sostenía una flor.

¿Qué vemos en una flor? En la flor vemos la esencia de la forma condicionada en perenne cambio. Vemos la naturaleza de la belleza y de la caducidad. Vemos la «totalidad» de la flor. Vemos la vacuidad de la experiencia. Todas las enseñanzas son contenidas en aquella flor que sostenía el Buda: las enseñanzas sobre el sufrimiento («dukkha»); y el sendero que conduce a la cesación del sufrimiento; sobre el sufrimiento y el no sufrimiento. Y si despertamos las enseñanzas en cada momento de consciencia es como si el Buda tuviese aquella flor sostenida en alto para nosotros.

Flores
Flores

¿Por qué le tenemos tanto miedo a la muerte? Porque no hemos comprendido la ley de la naturaleza; no hemos comprendido nuestra verdadera naturaleza en el esquema de las cosas. No hemos comprendido que existe el no-sufrimiento. Si hay nacimiento hay muerte. Si existe lo no-nacido, entonces existe también aquello que es sin muerte: «lo Inmortal, lo No Creado, lo No Condicionado, el Supremo, el Magnífico, el ‘Nibbana’».

Ardemos de dolor, pero con la presencia mental usamos el dolor para llegar a la extinción del dolor. No se trata de algo negativo. Es sublime. Es la completa liberación de cualquier tipo de sufrimiento que surge. Por causa de una realización, por causa de la sabiduría, no porque nos hemos liberado de experiencias desagradables y nos hemos quedado sólo con aquellas placenteras, aquellas sólo gozosas. Probamos incluso dolor si enfermamos y morimos, pero no tenemos más miedo, no nos agitamos más.

Cuando somos en grado de afrontar con el rostro descubierto nuestros más atroces miedos y nuestra vulnerabilidad, cuando nos podemos adentrar en lo desconocido con coraje y apertura, llegamos a tocar los misterios de esta travesía atravesando el reino humano hasta una auténtica auto-realización (¿plenitud interior?). Tocamos aquello que más nos da miedo, lo transformamos, vemos su vacuidad. En dicha vacuidad todas las cosas pueden tener morada, todas las cosas pueden surgir, pueden realizarse. En este preciso momento podemos liberarnos a nosotros mismos. El «Nibbana» (la emancipación del sufrimiento), no está allá afuera en el futuro; debemos dejar ir el futuro y abandonar el pasado.

Esto no significa que nos olvidemos de nuestros deberes y empeños. Tenemos que mantener nuestro trabajo y nuestros horarios, tenemos una familia y amigos que debemos apoyar. Pero en cada singular cosa que hacemos ponemos la máxima atención, nos abrimos. Dejamos que la vida venga a nuestro encuentro, no la alejamos. Logramos la manera en la cual este momento es todo lo que tenemos, contemplando y comprendiendo las cosas en el modo en el que realmente son, no condicionadas por nuestros hábitos emotivos y mentales, no condicionadas por nuestros deseos.

La lámpara tiene una luz. Aquella luz, esa pequeña luz que se encuentra sobre ese altar puede encender muchas otras lámparas sin que ella misma se debilite. Del mismo modo nosotros no disminuimos; lúcidos, inquebrantables, en paz con nuestras terribles emociones, y con las más indecibles pérdidas, con la muerte, de ese modo podemos liberarnos. Y en ese dejar ir hay esplendor. Seamos como luz en el mundo y nuestra vida será bendición para todos.

El poeta Jeluladdin Rumi ha escrito: «El lugar más seguro para esconder un tesoro de oro es un lugar desolado y desconocido ¿Por qué se debería esconder un tesoro a plena luz? Y así está dicho: ‘El gozo se esconde en el dolor’.

El iluminado maestro Marpa, que llora por la muerte de su propio hijo, ¿disminuyó tal vez su sabiduría como consecuencia de la experiencia del dolor? ¿O fue la experiencia solamente de la grande humildad de un gran hombre, un gran sabio capaz de expresar la entereza de su ser y de su humanidad? En realidad Marpa fue capaz de sentir al mismo tiempo el dolor natural de un padre que perdió a su propio hijo, y la profunda comprensión de la inevitable impermanencia («anicca») de todas las cosas condicionadas.

Quisiera animar a todos ustedes a continuar investigando, a abandonar los propios miedos. A recordar que el miedo a la muerte es como el miedo a la vida. ¿De qué tenemos miedo? Cuando al mismo tiempo sentimos profundamente y conocemos verdaderamente una experiencia, entonces alcanzamos el gozo. Es todavía posible vivir plenamente como un ser humano, aceptando completamente nuestros sufrimientos: podemos experimentar el dolor y al mismo tiempo gozar del modo en el cual son las cosas realmente.

Reflexiones de Ajahn Medhanandi

Todos los derechos reservados: Ass Santacittarama 2007.

Traducido del Inglés por Gabriella De Franchis del libro «Freeing the heart»

Traducido del Italiano por Leandro Posadas

Fuente: www.amaravati.org

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