EVAGRIO PÓNTICO Y EL «ANTIRRHETIKÓS» O DISCERNIMIENTO DE LOS PENSAMIENTOS Y PASIONES EN LA VIDA ESPIRITUAL

Los Ocho
Los Ocho “Logismoi” u ocho pensamientos inváidos traen desdicha y sufrimiento al ser humano

Los maestros espirituales de los primeros siglos del Desierto Cristiano, los llamados «Padres del Desierto», después de años de observación y de práctica espiritual, nos legaron varios «métodos» para purificar nuestra mente y llegar a un estado de paz y tranquilidad, con el fin de prepararnos para el camino espiritual.

Uno de dichos «métodos», del que quisiera presentar brevemente algunas anotaciones, es el método «ANTIRRHETIKÓS», del que Evagrio Póntico fue uno de los mayores exponentes, pues escribió un tratado entero sobre dicha práctica espiritual. Llamado también «método refutatorio», tiene como idea fundamental aprender a discernir y refutar las insinuaciones del «demonio» en la mente del buscador o buscadora espiritual. En artículos anteriores hemos hecho referencia, frecuentemente, a lo que Evagrio y los demás Padres del desierto entendían por «demonio». Cuando hablamos del «demonio» en este contexto, substancialmente, hacemos referencia a todo lo que puede llegar a ser un obstáculo en el progreso interior, en especial, los «condicionamientos mentales», o lo que los mismos «filósofos del Desierto», sistematizaron como los «ocho espíritus malvados». Los cuales son mencionados por Evagrio Póntico y Juan Casiano en sus obras principales. Para el Oriente cristiano los ocho «logismoi», pensamientos, vicios, o tentaciones que turban la mente del buscardor o buscadora espiritual son: avidez o gula, fornicación o lujuria, codicia o avaricia, tristeza o angustia, ira o aversión, acedia, vanidad y orgullo. Juan Casiano (360 d. C.), invitaba a sus monjes y discípulos a buscar a Dios por medio del conocimiento y la estabilización de sus pensamientos.

La renuncia a nuestros pensamientos «logismoi», o condicionamientos mentales, según la monja benedictina, Margaret Funk, especialista en los escritos de Juan Casiano, y autora del libro «Thoughts Matter: The Practice of the Spiritual Life», es la base para iniciar un camino interior de transformación, humanización y liberación de nuestras ataduras «mundanas», con el fin de acercarnos cada vez más a nuestra propia profundidad y descubrirnos seres esencialmente espirituales.

Los pensamientos pueden llegar a convertirse en deseos y finalmente en pasiones. Para el Buda del «deseo surge el sufrimiento, del deseo surge el miedo. Para aquel que está libre de deseo, ni hay sufrimiento, ni mucho menos miedo» («Dhammapada»). Margaret Funk, trabaja actualmente en el Consejo Monástico de Diálogo Interreligioso, y fue allí donde por medio del acercamiento hacia las demás tradiciones espirituales, especialmente al Budismo y al Hinduismo, se percató de la importancia del conocimiento y observación del funcionamiento de la mente en nuestro progreso espiritual. Al escuchar a los maestros orientales, reflexionó acerca de las correspondencias que existen en las auténticas tradiciones religiosas alrededor del mundo sobre la vida espiritual. El Cristianismo también posee una rica tradición en la observación de la mente humana, encabezada principalmente por los Padres del Desierto, y posteriormente por los místicos y místicas que nos han precedido en la búsqueda interior. Nombres como Dionisio Areopagita, Meister Eckhart, Taulero, Suso, Teresa de Ávila, Juan de la Cruz, entre muchos otros.

En el capítulo primero del mencionado libro de Margaret Funk, «Thoughts Matter: The Practice of the Spiritual Life», ella profundiza por medio de un lenguaje actual, fresco, ameno y eficiente sobre la importancia de los pensamientos en la vida espiritual. Afirma que todos aquellos que buscamos seriamente, ya sea a «Dios», ya sea mayor profundidad e interioridad en nuestra vida espiritual, «debemos entrenar nuestras mentes para mantener nuestras metas siempre al frente de nuestra mente consciente». Después de años en el monasterio ella se dio cuenta que el objetivo principal de la vida monástica es «la preparación de la persona para la vida interior», y percibió con asombró el poder positivo o negativo, que tienen los pensamientos cuando se entra en contacto consigo mismo. No es necesario entrar en un convento o monasterio y hacerse monja o monje para iniciar un serio camino interior, nos dice, sino que la práctica espiritual puede llevarse acabo desde cualquier lugar o situación en la que nos encontremos en nuestra vida.

Anuncios

EL SUFRIMIENTO COMO HERRAMIENTA EFICAZ DE TRANSFORMACIÓN HUMANA Y ESPIRITUAL SEGÚN AJAHN CHAH 2ª PARTE

No Ajahn Chah (1918-1992)
No Ajahn Chah (1918-1992)

La primera evidencia en el camino espiritual budista es el sufrimiento «dukkha». La gente sufre, padece hambre, terrorismo, epidemias, desastres naturales, como el que hoy sacude a Nepal. O situaciones de inestabilidad política, económica y social que traen tanto sufrimiento y desconcierto a los habitantes de Venezuela. Por ignorancia «moha», nos causamos sufrimiento unos a otros. Nacer en un cuerpo humano significa que vamos a envejecer y que inevitablemente caeremos enfermos de vez en cuando. Hoy más que nunca la gente es más consciente del sufrimiento de la mente: hay una amplia gama de experiencias que se producen cuando la mente se encoge y se cierra, como el dolor de la ira, la aflicción, el miedo, la alienación, la paranoia, la lujuria, el aburrimiento y la depresión.

Para Ajahn Chah, la mayoría de nosotros quiere tomar el camino fácil, pero «si no hay sufrimiento, no habrá tampoco sabiduría», y seguiremos deseando felicidad, y odiando la infelicidad, sin darnos la oportunidad de ver la realidad tal cual es. La felicidad, nos dice Ajahn Chah, es sufrimiento disfrazado, pero de una manera tan sutil que no logramos verlo. Si nos aferramos a la felicidad, si nos enganchamos a ella, es como si nos aferrásemos al sufrimiento. Si cada vez que nos encontramos con el inevitable sufrimiento, tuvieramos la capacidad de no perder la cabeza, tendríamos la oportunidad para construir sabiduría. Si no vemos el sufrimiento «dukkha» realmente, no vemos nuestros problemas de verdad, y no los resolvemos, sino que nada más pasamos por ellos con indiferencia. Y seguiremos siendo victimas de repetir nuestras actitudes y reacciones negativas una y otra vez.

El cese del sufrimiento-Chah«La manera en que yo entreno a la gente, dice Ajahn Chah, involucra sufrimiento porque el sufrimiento es el camino del Buda hacia la Libertad. El Buda quería que viéramos de dónde viene el sufrimiento, en dónde se origina, y quería que nos diéramos cuenta de su cese o final. También quería que viéramos el camino que lleva al cese o final del sufrimiento; el mismo camino de todos aquellos que ya despertaron. Si no se sigue esta ruta, no hay salida; la única manera es conociendo el sufrimiento y conociendo lo que causa el sufrimiento, conociendo el cese del sufrimiento y conociendo la práctica que es la senda que lleva al cese del sufrimiento. Esta es la vía por la que los «despiertos» pudieron escapar».

«Es necesario conocer el sufrimiento. Si sabemos lo que es el sufrimiento, si lo conocemos, lo vamos a poder ver en cada una de las cosas que vivimos. Algunas gentes creen que no sufren mucho. Cualquier seria práctica espiritual debe tener como principal propósito liberarnos del sufrimiento. ¿Qué deberíamos hacer? ¿Ya no sufrir? Cuando dukkha aparece debemos investigar para encontrar qué es lo que causa su aparición; una vez que lo sabemos podemos practicar para eliminar esas causas. Sufrimiento, origen, cese -para poder llegar al cese tenemos que entender el camino que es la práctica-. Entonces, una vez que recorremos el camino a la Libertad, dukkha no aparecerá más».

«Resistirnos a seguir nuestros hábitos causa sufrimiento y, por lo general, le tememos al sufrimiento. Si algo nos va a hacer sufrir, no queremos hacerlo, estamos interesados en lo que tiene la apariencia de bueno y hermoso, sentimos que cualquier cosa que contenga sufrimiento es mala, pero no es así».

«El sufrimiento es verdad última. Si hay sufrimiento en tu corazón, se convierte en la causa que te hace pensar en escapar, que te lleva a contemplar. Ya no vas a poder dormir tan a pierna suelta porque vas a estar empeñado en investigar, en saber qué es lo que en realidad está pasando, vas a estar tratando de ver las causas y sus consecuencias».

«La gente que está ‘contenta’ no acrecienta su sabiduría, está dormida. Es como un perro cuando come hasta que se llena, ya no quiere hacer nada, puede dormirse todo el día. No va a ladrar cuando llega un ladrón – está demasiado lleno, demasiado cansado. Pero si le das poca comida, va a estar despierto y alerta. Si alguien trata de escabullirse dentro de la casa va a saltar, va a empezar a ladrar».

EL SUFRIMIENTO COMO HERRAMIENTA EFICAZ DE TRANSFORMACIÓN HUMANA Y ESPIRITUAL SEGÚN AJAHN CHAH 1ª PARTE

"Nadie se conoce si no es puesto a prueba"
“Nadie se conoce si no es puesto a prueba”

Deseo presentar en las siguientes entradas algunas reflexiones tomadas, en forma de paráfrasis, de la conferencia del Maestro Budista Theravada Ajahn Chah, titulada «Comprendiendo el Sufrimiento» (‘dukkha’). Quiero agradecer primeramente a mi amiga Hilda de México por traducir del Inglés estas charlas en su blog https://budismoteravada.wordpress.com/, y por permitirme publicarlas en forma parafraseada en mi espacio web.

Estimados lectores y lectoras no hace falta ser «budista» para leer estos artículos relacionados con la práctica espiritual budista. No dejemos que nuestros prejuicios y precomprensiones religiosas y/o espirituales nos alejen de la gran riqueza que dicha tradición nos ofrece.

El sufrimiento no es un sufrimiento budista, cristiano, musulmán; masculino o femenino; heterosexual u homosexual. No existe un sufrimiento para ricos y otro para pobres; uno para personas del «primer mundo» y otro para personas del «tercer mundo». El sufrimiento es eminentemente humano, forma parte de nuestra esencia, pues desde el primer momento de nuestra vida venimos a través del sufrimiento. De allí que Ajahn Chah no es un autor que deba ser leído sólo por aquellos que se sienten afines al «Budismo», sino más bien, un autor que puede ser leído, por todos aquellos que experimentan sufrimiento, sea físico o mental; todos aquellos que comprenden o tratan de comprender que la vida humana no es una continua búsqueda de placer y bienestar, o una constante evasión del dolor.

Para las tradiciones espirituales auténticas la liberación del sufrimiento pasa por la aceptación del mismo sufrimiento. Así nos lo expresa el mismo Ajahn Chah en una de sus memorables reflexiones: «Hay dos clases de sufrimiento: el sufrimiento que lleva a más sufrimiento, y el sufrimiento que conduce al fin del sufrimiento. El primero es el dolor de aferrarse con vehemencia a los placeres efímeros y la aversión por lo desagradable, esa lucha constante de la mayoría de la gente, día tras día. El segundo es el sufrimiento que proviene de permitirse apreciar, en su totalidad, el cambio permanente de la experiencia -placer, dolor, alegría y enojo- sin temor ni represión. El sufrimiento de nuestra propia experiencia nos conduce a la ausencia de temor en nuestro interior, y a la tranquilidad».

Desde hace varios años me he ido acercando a la gran riqueza espiritual del Budismo Theravada del Bosque. Me siento muy identificado con las enseñanzas de sus profundos y sabios maestros y maestras. Sería una gran alegría que muchas personas hambrientas de profundidad y deseosas de espiritualidad, descubrieran en sus vidas, formas, maestros, autores o autoras, y tradiciones espirituales que los llevaran a una real y eficaz liberación y emancipación.

Para Ajahn Chah, fiel discípulo de su tradición, el sufrimiento («dukkha»), forma parte de nuestra esencia, de nuestro crecimiento, de nuestra herencia. Desde el momento en que nos concebimos como un «yo», nos enganchamos al sufrimiento. «Nuestros padres nos enseñaron a engancharnos, a colgarnos de las cosas, a darles un significado; a creer firmemente que hay un “yo”, una identidad, un alguien, y a ver las cosas como nuestras. Eso es lo que nos enseñan desde que nacemos. Oímos esto una, y otra, y otra vez, se infiltra en nuestros corazones y se queda ahí, como una sensación cotidiana».

«Nos enseñan que debemos conseguir cosas, acumularlas y conservarlas; nos enseñan a verlas como importantes y a verlas como nuestras. Esto, que nuestros padres aprendieron y nos han transmitido, penetra nuestra mente, nos llega hasta la médula».

Para Ajahn Chah el problema fundamental del ser humano es el poco conocimiento de sí mismo. Estamos ciegos debido a nuestra soberbia, a nuestro apego a lo «mundano», a lo que falsamente nos «ayuda» a distraernos de la infelicidad y el sin sentido. «Los sabios pueden enseñarnos hasta el último día de nuestras vidas, pero ellos no pueden liberarnos de nuestra soberbia, ésta sigue ahí, entera y bien agarrada. Nuestras malas tendencias e ideas erróneas siguen siendo sólidas e inamovibles… Y ni siquiera nos damos cuenta. Los sabios han dicho que cambiar el entendimiento erróneo por entendimiento correcto es la cosa más difícil».

«Para nosotros, los «puthujjana» (los que estamos apegados a lo mundano), llegar al punto de ser «kalyãnajana» (los que se apegan a la virtud) es muy difícil. Puthujjana quiere decir gente que mora en profunda oscuridad, aquellos que existen en las sombras, que están muy adentro en la ausencia de luz. El kalyãnajana ya ha hecho las cosas más ligeras».

«Le enseñamos a la gente a que sean más ligeros, pero ellos no lo quieren aprender porque no entienden su situación, su condición de oscuridad, por lo tanto siguen vagando en su estado de confusión».

«Si nos topamos con un montón de estiércol de búfalo, no vamos a pensar que es nuestro y vamos a querer llevárnoslo, simplemente vamos a dejarlo ahí en donde está porque sabemos lo que es. Sin embargo, entre aquellos apegados a lo mundano, es eso lo que es bueno. Si les enseñas a hacer lo que está apegado a la virtud, no están interesados, prefieren quedarse como están porque no ven las consecuencias dañinas de su situación; y si no se ve el daño, no hay manera de rectificar, de corregir. En cambio, si lo ves, si lo reconoces, piensas: “¡Ah! Mi montón de estiércol no tiene el valor de un pedacito de oro.” Entonces vas a preferir el oro, ya no vas a querer el estiércol. Si no te das cuenta de esto vas a seguir siendo el dueño de la pila de estiércol. Aunque te ofrecieran un rubí o un diamante, no estarías interesado. Pero eso es lo que es “bueno” para los que moran en el reino de lo mundano. Dinero, joyas y propiedades se consideran algo bueno entre los que están apegados a lo mundano».

«Lo que está podrido y es fétido es algo bueno y atractivo para las moscas y otros insectos. Si derramaras perfume, saldrían volando. Lo que aquellos que tienen una manera errónea de ver las cosas consideran bueno es así. Eso es lo “bueno” para aquellos con ideas equivocadas. Algo no huele bien, pero si les dices que apesta van a decir que no, que está perfumado. No les es nada fácil poner en reversa su manera de ver las cosas, por lo tanto no es fácil enseñarles. Si tienes un ramo de rosas las moscas no van a estar interesadas. Aunque trataras de pagarles, no vendrían. En cambio a donde quiera que haya un animal muerto, a donde quiera que algo se esté pudriendo, ahí es a donde irán. Ni siquiera necesitan que los llamen – simplemente llegan. El entendimiento erróneo es así, se deleita en lo que está podrido y apesta porque lo percibe como agradable. El entendimiento erróneo está inmerso, hundido en este tipo de cosas. Lo que para una abeja es un dulce aroma, no lo es para una mosca. La mosca no ve ahí nada bueno o de valor y no se le antoja».

«Hay dificultades en la práctica, pero en cualquier cosa que emprendamos tenemos que remontar dificultades antes de alcanzar un punto en el que sintamos que las cosas son más fáciles. En la práctica del «Dhamma» (la realidad en cuanto tal) empezamos con la verdad de «dukkha», o sea la insatisfacción que permea la existencia; pero tan pronto como la sentimos, nos descorazonamos, no queremos siquiera echarle un vistazo. Se puede comparar con la manera en la que preferimos ver a los jóvenes en vez de a los viejos; no nos gusta ver a los viejos».

«Si no queremos ver el sufrimiento y la insatisfacción «dukkha», nunca vamos a entender «dukkha», no importa por cuántos renacimientos pasemos. Si nos permitimos darle la cara, vamos a empezar a ver la manera de salir de «dukkha». Si estamos tratando de ir a alguna parte y la carretera está bloqueada, vamos a pensar en cómo abrir un camino. Trabajando un día tras otro vamos a poder pasar».

LA HISTORIA COMO «PARADOJA TEÁNDRICA»: PEDRO ABELARDO Y BERNARDO DE CLARAVAL 3ª PARTE

Detalle de la Tumba de Abelardo y Eloísa en el Cementerio de Père-LaChaise en París
Detalle de la Tumba de Abelardo y Eloísa en el Cementerio de Père-LaChaise en París

Tanto Bernardo de Claraval como Pedro Abelardo representan, realmente, dos tendencias que son características, cada una, de su propio ambiente: aquel del «claustro» y aquel de la «escuela urbana». En las «escuelas urbanas» se interrogaba sobre los problemas de la naturaleza abstracta y secundaria, mientras los autores monásticos no intentaban crear problemas, sino que trataban de contemplar «el misterio».

El método de Abelardo encuentra su aplicación en el estudio de las principales cuestiones dogmáticas. En sus investigaciones sobre el dogma trinitario, por ejemplo, Abelardo declara de buscar las «semejanzas de las razones humanas con los problemas de la fe», pero el método, para Bernardo de Claraval y Guillermo de Saint-Thierry, otro monje intelectual de la época, se revela arriesgado. Abelardo, en su defensa, sostiene que su finalidad es hacer comprensible el dogma mediante la comparación con verdades observables y comprobables de la naturaleza. Su procedimiento no es el de tratar de dar demostración del dogma, sino tratar de presentarlo de modo inteligible a los filósofos y que pueda, luego, ser justificado frente a los posibles ataques. Se trata, simplemente, según Abelardo, de mostrar como se puede entender justamente la naturaleza de sus distinciones como naturaleza divina. Para Bernardo las fórmulas de Abelardo son ambiguas y fundadas sobre un conocimiento elaborado con poca claridad. De allí la diferencia más profunda entre Bernardo y Abelardo. Ambos tienen una misma orientación hacia la identidad de la Trinidad, hacia el Verbo Encarnado, hacia el don reciproco de ambos, que es Su Espíritu. Pero a Bernardo no le basta el empeño de promover un progreso objetivo de conocimiento. Él busca un conocimiento amoroso. Indica y pone en tela de juicio una interpretación del conocimiento de la fe limitado sólo al aspecto intelectual. Bernardo en cada uno de sus escritos y sermones ora, y enseña las verdades de fe, orando.

En este drama humano, intelectual, no entraron en juego, como nos lo indica Jean Leclercq, solamente datos doctrinales, sino muchos otros elementos de política eclesiástica, debidos a influencias ejercidas en la Curia Papal, a favor o en contra de Bernardo, a favor o en contra de Abelardo. Sobre tal drama, incluso hoy, resulta prematuro querer dar un juicio definitivo. El mismo autor nos invita a estar atentos y no idealizar, y no subvalorar las actitudes de Bernardo y Abelardo frente a la verdad de la fe que ellos creyeron, desde su mismo contexto, como la fuente y el origen de sus seres. Ambos poseían su grandeza y su limitación. La «paradoja teándrica» de dicho drama es que ellos representan y se completan como síntesis vital. De un lado y de otro los límites derivan de sus condiciones culturales, y del estadio de evolución del pensamiento de su época.

Bibliografía: JEDIN, H. (ed.), Storia della Chiesa. Civitas medievale. V/2., Milano 1993; M.D. KNOWLES (ed.) Nuova Storia della Chiesa. II. Il medioevo, Milano 1973; G. SERVUS (ed.) Storia della Chiesa vol. XIII, Il movimento dottrinale nei secoli IX-XIV, Torino 1965; E. GILSON, La filosofia del medioevo, Milano 2000; G. BALLANTI, Pietro Abelardo. La rinascita del XII secolo, Firenze 1995; M. COSTANTE, Medievali e Medievisti, Milano 2000; J. LECLERCQ, Esperienza spirituale e teologia, Alla scuola dei monaci medievali, Milano 1981.

LA HISTORIA COMO «PARADOJA TEÁNDRICA»: PEDRO ABELARDO Y BERNARDO DE CLARAVAL 2ª PARTE

Bernardo, Abad de Claraval (s. XII)
Bernardo, Abad de Claraval (s. XII)

Pedro Abelardo se encuentra entre las grandes figuras que tratan de resolver el problema intelectual más perentorio de su época, el problema de los «Universales». Fue el fundador, al respecto, del «realismo moderado», pues Abelardo distinguía «vox» de «sermo», y no decía que el «universal» es «vox», sino que el «universal» es «sermo». Para Pedro Abelardo «vox», quiere decir palabra, en cuanto entidad física («flatus», «vocis»), es decir una cosa. Ninguna cosa puede ser predicada de otra. Mientras «sermo», significa palabra en su relación con el contenido lógico, y es eso lo que viene predicado. Abelardo continua alegando que los conceptos universales se forman por abstracción, y que por medio de estos conceptos nosotros concebimos aquello que está en el objeto.

En el campo teológico Pedro Abelardo formula la «duda metódica» como vía para alcanzar la verdad, es decir, la exigencia de un precedente examen crítico del «objeto de fe». Su primera obra teológica, recientemente descubierta, es la «Theologia Summi Boni», del cual, el capítulo «De unitate et trinitate divina» (un intento arriesgadamente científico para rendir racionalmente aceptable, mediante la lógica demostración, el dogma cristiano fundamental), fue condenado por «Sabelianismo» en el Sínodo de Soissons en 1121. -El Sabelianismo toma su nombre de Sabelio, originario del Libia, quien admitía tres revelaciones de Dios: como Padre en la creación y en la legislación; como Hijo en la redención; como Espíritu Santo en la obra de santificación. Desde finales del siglo III, la postura de Sabelio fue usada en Oriente para indicar el «monarquianismo modalista»-. Las otras obras de Abelardo fueron «Theologia Christiana» (incompleta); «Theologia Scholarium»; «Sit et Non»; y «Scito te ipsum».

Tumba fúnebre de Abelardo y Eloísa
Tumba fúnebre de Abelardo y Eloísa

Al respecto de sus incursiones en el ámbito teológico, sus contemporáneos, en especial aquellos que nutrían poca simpatía por la dialéctica y la sutileza intelectual, lo consideraban un pensador peligroso. Abelardo fue perseguido por la hostilidad persistente de Bernardo de Claraval, abad y monje de la floreciente Orden Cisterciense, quien acusó a Abelardo de proponer una doctrina herética sobre la «Santísima Trinidad», pero Pedro Abelardo negó tenazmente tales acusaciones, pues él no entendía negar la revelación o explicar completamente el «misterio» de dicho dogma, sino utilizar la dialéctica en la ciencia teológica. Sin embargo, fue propiamente la aplicación de la dialéctica a la teología lo que hizo posible el progreso teológico, y facilitó la sistematización escolástica de la teología en los siglos posteriores.

De sus obras «Sit et Non» y «Scito te ipsum» fueron extraídas, por interés de Bernardo, 19 proposiciones que luego serían condenadas como heréticas en el Sínodo de Sens en 1141. El Papa de turno, Inocencio II, convalidó el veredicto e impuso a Abelardo perpetuo silencio, fue exiliado y acogido en Cluny por Pedro el Venerable, el personaje más magnánimo de la época. La doctrina de Abelardo está siendo en la actualidad muy apreciada en los campos filosóficos, teológicos y culturales.