JUAN DE LA CRUZ: LA NECESIDAD DE LA «NOCHE OSCURA» PARA EL SER HUMANO EN SU CAMINO DE TRANSFORMACIÓN INTERIOR

«En una noche oscura

con ansias en amores inflamada

¡oh dichosa ventura!

salí sin ser notada,

estando ya mi casa sosegada»

"Oh Noche amable más que la alborada"
“Oh Noche amable más que la alborada”

En este breve artículo deseo presentar uno de los temas más profundos de la mística y espiritualidad occidental, como es el tema de la «Noche Oscura», a través, tal vez, de su mayor exponente en Occidente, Juan de la Cruz. De tal profundidad es este tema para el espíritu humano que las diversas tradiciones religiosas del planeta han hecho mención, por medio de lenguajes, formas y métodos distintos de esta «Noche Oscura de los sentidos y del espíritu».

Los dos «poemas» en los que Juan de la Cruz trata y describe dicha «Noche», son el poema de la «Subida al Monte Carmelo» y el propiamente titulado «Noche Oscura», las cuales traducen una «experiencia unitaria» que engloba la «acción divina» y la «reacción» humana. Juan de la Cruz ha preferido estudiarlas por separado, dando lugar a dos partes dentro de una misma obra, pero por razón de contenido e intención son inseparables.

Es importante resaltar que para Juan de la Cruz, como teísta, lo fundamental de la vida espiritual del ser humano es el proceso de «unión» entre el «Dios personal cristiano» y el espíritu del ser humano mismo. Cabe acotar, sin embargo, que no necesariamente, debemos creer en un «Dios personal», como nos lo presentan las diversas tradiciones religiosas del mundo, para tener una profunda y sólida experiencia espiritual. Hacemos dicha acotación para ser ecuánimes con el fin de este espacio web, que está dedicado al diálogo interreligioso y ecuménico.

La «unión de voluntades», de la que habla Juan de la Cruz, debe pasar por varias etapas, que él ha denominado: 1) «principiantes»; 2) «aprovechados»; y 3) «perfectos». Entre una y otra hay momentos de particular oscuridad y riesgo: el paso del «sentido» al «espíritu», el paso del «espíritu» a «Dios».

Para Juan de la Cruz la base del camino espiritual son las «crisis» o «noches», que los espirituales llaman purgaciones o purificaciones del alma. El proceso como tal queda esquematizado en tres etapas decisivas: 1) «noche del sentido»; 2) «noche del espíritu»; 3) «unión de amor».

"Poeta que canta a la noche de la liberación"
“Poeta que canta a la noche de la liberación”

En el prólogo a la «Subida al Monte Carmelo» el autor nos menciona con detalle sus intenciones al escribir dichos comentarios al poema de la «Subida». El fin principal es la liberación de todo lo temporal y quedar, de ese modo, en la suma desnudez y libertad espiritual para la «unión divina». La «Subida al Monte Carmelo» implica, por consiguiente, actividad, esfuerzo y despojo; es una especie de proceso de purificación en el quehacer humano.

Alguien podría cuestionarse acerca de la importancia en la vida espiritual del abandono de lo «temporal» y lo «sensible». Por «sensible» en el lenguaje sanjuanista se entiende el sector más exterior y superficial de la persona humana y su actividad. Si hemos sido educados en lo «temporal», si nuestra vida gira en torno, casi exclusivamente alrededor de lo «temporal» ¿por qué entonces deberíamos liberarnos de ello? Nuestra respuesta es una aproximación dada a través de las enseñanzas de las distintas tradiciones espirituales. De acuerdo con ellas, podemos responder, sin usar un lenguaje confuso y elevado, que el valor que le damos a lo que experimentamos a través de los sentidos es más alto que el valor que en realidad tienen. Los grandes maestros espirituales sostienen a través de sus experiencias, escritos y disertaciones, que somos «adictos a los fenómenos mentales», es decir, somos adictos a las cosas exteriores, a las percepciones de dichas cosas, a las mismas emociones que tales percepciones producen, a los pensamientos, ideas y juicios que giran en torno a lo que nos rodea «dentro» y «fuera» de «nuestra mente». No tenemos una visión clara de la realidad tal cual es, y por ello vivimos «fabricando el sentido de nuestra vida» en los lugares equivocados, con las personas equivocadas, y con situaciones y cosas que no son absolutamente necesarias. Literalmente, nos «enganchamos» a lo que creemos nos dará la felicidad, pero como no tenemos el poder para controlarlo todo, en vez de ser felices, traemos más desdicha y sufrimiento a nuestras vidas, y a la vida de los que nos rodean.

Para Juan de la Cruz la experiencia espiritual cuando llega al nivel de los «perfectos» es incomunicable pues «sólo el que por ello pasa lo sabrá sentir, mas no decir». Es por ello que el autor no se fía ni de la ciencia ni de la experiencia para describir dicho poema, sino de su fe en las Sagradas Escrituras Cristianas, que se refieren a dichas experiencias en varios de sus libros, especialmente los Proféticos, Sapienciales, y los mismos Evangelios.

Juan de la Cruz (retrato del s. XVI)
Juan de la Cruz (retrato del s. XVI)

La metáfora «noche» en Juan de la Cruz hace referencia a la relación, primeramente, del ser humano con lo transitorio, con lo perecedero, con lo «sensible». Es la noche de los «principiantes» («Subida» Lib. I, 3). El ser humano debe ir despojándose de todo lo «trivial» para entrar en dicha «noche». Pues, mientras sigamos atados a la consciencia ordinaria y a los impulsos y reacciones de los sentidos permaneceremos en una «noche». En segundo lugar porque, la vía que debe usar el ser humano para unirse a la «divinidad» es justamente la oscuridad de la noche de la fe. Fe en que a pesar de nuestra humanidad somos «capaz infiniti». Es noche de fe, porque el ser humano no podrá captar su profunda infinitud, mientras siga «viendo» todo a través de su enfermo y ciego entendimiento. Y por último, porque para Juan de la Cruz, la divinidad o «Dios» es «Noche Oscura» en esta vida. Esta tercera noche es la noche de los «aprovechados», de los que han entrado al estado de contemplación.

Los grandes maestros espirituales a través de su «experiencia» se han percatado que «el misterio» es insondable para el ser humano. Y sólo se puede ir hacia dicho «enigma saludable» negando y no afirmando, callando y no expresando. Pues, para la mística, sea occidental u oriental, el silencio es la clave de la transformación y emancipación de la consciencia.

La «Subida» es un canto alegre de aquella «persona que se sabe amada», y que se ha visto libre de la consciencia ordinaria, la cual es la causa de tanta desdicha y sufrimiento para el ser humano. Sólo podremos vislumbrar la profundidad de dicho poema, si nosotros mismos experimentamos en un primer momento, como «principiantes» el sosiego de «nuestra casa», pues «no se sale de las penas y angustias de los retretes de los apetitos hasta que estén amortiguados y dormidos» («Subida» Lib. I, 1).

Anuncios

Un comentario en “JUAN DE LA CRUZ: LA NECESIDAD DE LA «NOCHE OSCURA» PARA EL SER HUMANO EN SU CAMINO DE TRANSFORMACIÓN INTERIOR

Responder

Por favor, inicia sesión con uno de estos métodos para publicar tu comentario:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s