«JESUCRISTO, SABIO MAESTRO ESPIRITUAL» A TRAVÉS DEL TESTIMONIO DE UNA MAESTRA BUDISTA 2ª PARTE

«Jesús visto a los ojos budistas», Ajahn Candasiri, monja y maestra budista de la Tradición Theravada del Bosque del linaje de Ajahn Chah

Traducción del italiano por Leandro Posadas

Amaravati Publications 2011

Ajahn Candasiri en el centro de la fotografia
Ajahn Candasiri en el centro de la fotografia

Jesús murió joven. Su ministerio comienza a los 30 años (estoy muy interesada en conocer más sobre su formación espiritual, que sin lugar a dudas debió recibir antes de su ministerio), y termina bruscamente cuando tiene apenas 33 años. Afortunadamente, antes de la crucifixión logra enseñar a sus discípulos más cercanos un simple ritual con el cual ellos puedan reafirmar su vínculo con él. Me refiero, obviamente, a la Última Cena. Constituyendo con tal ritual un punto central de devoción y de renovación para sus discípulos, que continúa en la actualidad.

Tengo la impresión que no estaba particularmente interesado en convertir a las personas a su manera de pensar, sino a enseñarlas a estar preparadas. Es curioso notar que a menudo las personas que lo buscan provienen de ambientes desintegrados y humildes. Para Jesús es claro que la pureza es una cualidad del corazón, y no cualquier cosa que viene por la ciega adhesión a un sistema de reglas. Su respuesta a los fariseos cuando critican a sus discípulos por no cumplir el mandato respecto a las normas de pureza durante las comidas, lo demuestra perfectamente: «No hay nada de fuera que pueda contaminar al ser humano». Y hacia sus discípulos es decididamente explicito sobre lo que ocurre cuando el alimento es consumido… «más bien, es del corazón que nacen las contaminaciones». Lamentablemente, en este punto no sigue adelante para explicar qué hacer con ellas (las contaminaciones).

Lo que se nos describe sobre sus últimas horas -el proceso, el escarnio, la agonía, y la humillación de ser desnudado y al final clavado a muerte sobre una cruz- es una extraordinaria narración de paciente tolerancia, y de voluntad de soportar lo insoportable, sin sentimientos de reprobación o de hostilidad. Me recuerda una semejanza usada por el Buda para mostrar la cualidad de «mettâ», o gentileza, que se esperaba de sus discípulos: «Asimismo, si los ladrones los agrediesen o les cercenaran sus propios miembros uno a uno, y cedieran el paso a la rabia, no estarán siguiendo mi enseñanza». Una tarea ardua, pero que Jesús cumple claramente a la perfección: «Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen».

Entonces ¿por qué tuve necesidad de buscar en otro lugar un guía? ¿quizás, Jesús era incompleto como modelo espiritual? ¿era insatisfacción en relación con la iglesia -aquello que la cristiandad ha hecho con la figura de Jesús-? ¿o simplemente, se había asomado otra posibilidad que respondía más adecuadamente a mi necesidad de entonces?

Relieve del Buda en meditación
Relieve del Buda en meditación

En el Budismo he encontrado aquello que faltaba en mi experiencia cristiana. Podría ser resumido, simplemente, en fe mí misma. No creo que había comprendido plenamente cuánto todo me parecía desesperado, hasta que no tuve los medios y el estimulo necesarios para entenderlo. Hay una historia, al respecto, de un estudiante ‘brahmín’, llamado Dhotaka, que implora al Buda: «Por favor, Maestro, líbrame de la confusión». La respuesta, en un cierto modo, sorprendente del Buda fue: «No es mi tarea liberar a alguien de la confusión. Cuando hayas comprendido el Dhamma, la Verdad, entonces encontrarás la libertad». ¡Qué responsabilidad!

En los Evangelios leemos que Jesús habla con autoridad; habla además de la necesidad de tener la actitud de un niño. Ahora, si bien esto puede ser interpretado como un estimulo a una dependencia infantil en relación con el maestro, las enseñanzas budistas me han ayudado a ver esto desde otra luz y visión. La palabra «Buda» significa «despierto» -despierto al Dhamma, o a la Verdad, que el Buda ha comparado con un antiguo sendero cubierto de vegetación y que él ha simplemente descubierto. Su enseñanza indica el sendero: es aquí, ahora, justamente sobre nuestros pies- pero, a veces, ¡nuestras mentes están tan llenas de ideas sobre la vida que están imposibilitadas a gustarla verdaderamente!

Hay un episodio en el cual una joven madre, Kisagotami, aturdida por la muerte de su hijito, va al Buda. La respuesta del Buda a su dolor, cuando ella le pide que cure a su hijo, es la de pedirle que le traiga una semilla de mostaza de una casa donde ninguno jamás haya muerto. Al final, después de días de búsqueda, la angustia de Kisagotami se aquieta; comprende que no está sola en su sufrimiento, pues muerte y luto son hechos inevitables de la existencia humana. También Jesús enseña, a veces, de este modo. Cuando se reúne una multitud dispuesta a lapidar a muerte a una mujer acusada de adulterio, invita a cualquiera que esté sin pecado a lanzarle a ella la primera piedra. Uno a uno se van retirando, pues habiendo mirado en sus propios corazones sienten vergüenza frente a dicha frase.

 En la práctica he encontrado el modo de poder estar en sintonía, y poder participar atentamente a lo que ocurre dentro de mí, sintiendo cuándo se está al propio aire, en armonía, y sabiendo también cuándo el propio punto de vista está en contraste con «aquello que es». Encuentro que la imagen que Jesús usa para describir el Reino de los Cielos lo explica bien. Dice que es como una semilla que, cuando las condiciones son favorables, germina y crece como un árbol. Nosotros mismos creamos las condiciones que promueven el bienestar y el crecimiento de la comprensión, o las condiciones que nos causan daño a nosotros mismos y a los demás. No hay necesidad de un dios que nos entregue en lo recóndito de cualquier infierno, ya que si somos necios y egoístas eso ocurre por sí mismo. Del mismo modo, cuando colmamos nuestra vida de bondad nos sentimos felices, el cual es un estado paradisíaco.

350px-Coptic_Crucifixion_IconEn aquel primer retiro budista me fue mostrado que hay un Camino Medio: ni identificarse, ni esforzarse para reprimir los pensamientos dañinos que se presentan. He aprendido que a través de la meditación, puedo simplemente ser espectadora y permitir a dichos pensamientos pasar, en base a su misma naturaleza. No tengo necesidad, en efecto, de identificarme con ningún aspecto de ellos. La enseñanza de Jesús, de que incluso tener un pensamiento lujurioso es como cometer adulterio, me parecía demasiado duro, mientras, se tiene un sentido lógico, la idea de cortar una mano o un pie, o sacarse un ojo en caso de que fueran motivo de ofensa. En concreto ¿cómo es posible practicar de ese modo? ¡Me parece que requería de una fe muy grande de cuanta en aquel período tuviese a mi disposición por aquel entonces! De ese modo, fui muy feliz de aprender una respuesta alternativa en relación con los estados de avidez, odio o ilusión, que surgen en la consciencia, y que oscurecen nuestra visión y nos llevan a todo tipo de problemas.

Como dice el Dalai Lama: «Cada uno quiere ser feliz, nadie quiere sufrir». Jesús y el Buda son amigos y maestros extraordinarios. Pueden mostrarnos la Vía, pero no podemos contar con ellos para que nos hagan felices y nos liberen del sufrimiento. Corresponde a nosotros.

 

Versión en Italiano traducido del Inglés por Roberto Luongo

El original en Inglés en: http://www.amaravati.org

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