EL CUERPO TAMBIÉN ES IMPORTANTE EN NUESTRA VIDA ESPIRITUAL: LA ATENCIÓN A LA RESPIRACIÓN DESDE LA TRADICIÓN BUDISTA

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Atención a la respiración: El cuerpo, por Ajahn Succito

El cuerpo y la meditación
El cuerpo y la meditación

La atención a la inhalación y a la exhalación es la meditación más detallada y progresiva que dio el Buddha, ratificada por él como una práctica que lleva al Despertar completo. Cubre las formas en las que la respiración afecta y modera las energías corporales, mentales (emocionales y psicológicas) y la consciencia. Y sus enseñanzas sobre la práctica también indican como quitar el apego a cualquiera de ellas.

Pero para empezar… Si vamos a poner nuestra atención en la respiración mejor tener claro qué es ‘respirar’ como experiencia. Así que ¿Cómo sabemos que estamos respirando? Respirar puede sentirse por el movimiento de los músculos y otros tejidos blandos del abdomen, así como por la ampliación y elevación del pecho. Respirar también puede sentirse a través de las sensaciones que la inhalación y la exhalación del aire produce en la nariz y la garganta. Por otra parte, estemos centrados en ella o no, pronto llegaremos a conocer la respiración por la presencia de, o limitaciones en, nuestra energía disponible. ¡Respirar es un asunto bastante crucial para estar vivo! Entonces si te centras en la experiencia energética, es obvio que la inhalación es diferente de la exhalación: inhalar anima y eleva la energía corporal; exhalar suaviza y difumina la energía corporal. El cuerpo siente la diferencia; Tiene que hacerlo –la vida pivota entre obtener como entrada energía fresca y deshacerse de los residuos desechables por medio de la respiración. Resumiendo, la respiración dicta si un cuerpo vivirá, durante cuanto puede hacerlo, y cómo se siente –animado o relajado, repleto o exhausto.

Cómo el cuerpo se siente a sí mismo se llama el sentido ‘somático’. Lo que el sentido somático siente es la presencia de/y los cambios en la energía corporal; vitalidad corporal si quieres. Más aún, el Buddha señalaba esta energía (‘kaya-sankhara’ o ‘formación corporal’) como la clave de la práctica de la atención a la respiración. Es significativa para los meditadores porque esta energía se relaciona con ambos, el cuerpo y la mente. Es decir, cuando estamos tensos hay una sensación emocional/psicológica debido a ello, y una corporal, somática. Cuando estamos contentos, o a gusto, deprimidos o somnolientos, ese estado tiene efectos mentales y somáticos. Un meditador puede usar esta relación a su favor, porque tener acceso al efecto somático permite la posibilidad de ser testigo y estabilizar la mente sintiendo el efecto somático y estabilizándolo. Este es el caso con la atención a la respiración, porque la energía que acompaña a la respiración es centro y moderador de la energía somática. Por consiguiente, así como la respiración puede llegar a trabarse, estancarse o a ser irregular con estados mentales difíciles, una energía respiratoria estable y cómoda puede regularizar e incluso liberar esos estados mentales. Es a través de la moderación de esta energía somática como la atención a la respiración lleva a estados de bienestar y compostura.

La consciencia que registra el efecto somático no es una idea o un tipo de conocimiento abstracto. Es tan directo y natural como saber si estando de pie estas derecho o inclinado. Así que cuando uno ‘conoce’ la respiración de esta manera, al mismo tiempo la actividad del pensamiento puede disminuir y cesar –y aún así hay conocimiento. Esta clase de conocimiento no opera igual que nuestros procesos de pensamiento habituales: No está agitado, no tiene objetivos, opiniones o juicios. Alguna gente lo llama el ‘testigo silencioso’. Aún así da información: podemos notar cuando desaparece bajo una ola de embotamiento o agitación y reacciones; y podemos sentirlo en términos de su efecto somático. Es decir, cuando el ‘conocer’ establece las energías del cuerpo se relajan y se vuelven más claras. El pensamiento distraído o abstracto, por otra parte, crea tensión y agitación en el cuerpo.

Las instrucciones del Buddha repiten una y otra vez que uno debe percibir la inhalación y la exhalación –un proceso rítmico-. Pero no hay registrado que Él haya especificado en qué lugar del cuerpo debería uno poner la atención (o incluso que uno debería centrarse en la respiración). La instrucción es estar atento a la inhalación y a la exhalación. Y como Él consideraba este proceso repetitivo como más significativo que un lugar de la anatomía, nuestro enfoque debe ser en el ritmo discernible que lleva a cabo la respiración. Así que mientras nos asentamos en la práctica, el primer paso es ser capaces de estar con el ritmo no forzado y estar calmados y regulados por ello. Luego si accedemos y permanecemos en el consecuente efecto somático agradable la mente se limpia de impedimentos y se aclara. Al final, cuando por medio de traer a la mente y por resonancia, la mente se alínea y se asienta en la respiración corporal, dos estados intensos (de rapto y alivio) surgen formando una base estable y agradable para la consciencia. Este es el primer nivel de concentración, llamado primera ‘absorción’ (jhana).

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Date tiempo para prepararte y luego adopta una postura sentada que puedas mantener confortablemente por media hora o mas. Siéntate con la idea de que el coxis puede extenderse, penetrar en el suelo y echar raíces. Relaja los hombros y drena energía por la espalda hacia abajo con el simple proceso de pasar tu atención repetidamente y de forma continua por la columna vertebral, a través de la pelvis y entrando en el suelo. Mientras estás haciendo esto deja que la parte delantera del cuerpo esté libre y abierta; deja que cada inhalación suba por tu abdomen y tu pecho. No saques pecho o fuerces la respiración. En lugar de eso elévate ligeramente por la columna, como si estuvieses colgando boca abajo, alargando la cintura y dejando que el cuello se estire. Arropa la columna entre los bordes inferiores de los omoplatos como si estuviese conectada con el esternón.

¿Cómo sabes que estás respirando? Siente la plenitud de la respiración cuando la parte superior del cuerpo está abierta: cómo el diafragma se mueve de forma regular, cómo el pecho sube y baja con la respiración, y cómo el efecto conjunto es revitalizante. Este efecto se debe a la energía de la respiración sin obstáculos. Permanece en ello apreciativamente.

Céntrate en el fluir continuo de inhalaciones y exhalaciones y deja que tu atención se desplace, familiarizándote con el modo en que el cuerpo es afectado por la respiración. Puedes encontrar útil extender deliberadamente cada exhalación e inhalación un poco durante cinco o seis respiraciones, para que las sensaciones asociadas con los finales de la respiración se hagan más intensos, y la pausa entre respiraciones se distinga claramente. Hazlo de forma gradual y relajada. Haz que la práctica sea ventilar completamente el sistema… dale tiempo de limpiar todos los atascos; deja que tu exhalación caiga a través del ombligo como un suspiro profundo; deja que la inhalación abra tu cuerpo al espacio que te rodea. Deja que la respiración encuentre su propio ritmo y extensión, puede ser algo irregular al principio. Nota como la respiración afecta a la mente y al corazón; y al presentarse los estados de ánimo y las energías mentales, nota como estos afectan a la respiración.

Cuando la cosa se asiente en un patrón más regular, tu atención puede centrarse en un punto concreto de tu cuerpo –el fondo de los conductos nasales, la garganta, el pecho o el diafragma, por ejemplo. En vez de forzar la mente hacia un punto, déjala que se asiente donde se sienta más a gusto; o si parece que se asienta en una consciencia global de la parte superior del cuerpo, déjala que lo haga. Espera a ese asentamiento. Puedes ayudar a esto esperando por la respiración. Es decir, al final de la exhalación espera simplemente a que comience la inhalación según su propio ritmo. Esto debería llevar unos pocos segundos. De forma similar, espera al final de cada inhalación.

Si el cuerpo empieza a inhalar (o exhalar) sin pausa, significa que el sistema todavía no está relajado y asentado. Puede que te beneficies de una actitud más relajada y confiada; o de mover tu atención por el cuerpo, comprobando la estabilidad del cuerpo y el espacio abierto no intrusivo que te rodea. Luego trabaja en relajar el pecho completamente para que los músculos del abdomen manejen la respiración. Puedes necesitar inflar deliberada y suavemente el abdomen en una inhalación hasta que el sistema se acostumbre a la respiración abdominal.

Cuando notes que tu atención se ha dispersado (o saltado) espera reconociendo esto un momento. No reacciones; dale un momento a la mente para notar completamente la sensación de esa dispersión o giro, y la sensación de reconocerlo claramente. Luego al sentirlo claramente vuelve, pregunta: ‘¿Dónde está mi respiración ahora mismo?’ Espera por la siguiente exhalación, y al llegar, exhala la energía agitada o contraída del impedimento. Déjalo ir. Luego espera a la siguiente inhalación y estate con eso.

La mente se agitará de vez en cuando, pero haz que la práctica sea la de relacionarse con la mente ocupada o dispersa con simpatía. En vez de controlar la mente, o seguir o especular sobre sus estados de ánimo, sigue volviendo pacientemente a la respiración con: ‘¿Cómo es la respiración ahora mismo?’ Espérala, recíbela, y relaja con la exhalación. Si estás somnoliento o bajo de energía espera a la inhalación y recibe eso. Deja que la respiración modere la mente.

A medida que te vas estabilizando más, ocúpate de lo que sucede de forma periódica con cada respiración. En primer lugar, nota las sensaciones rítmicas de la forma física –lo más obvio el hincharse y hundirse en el abdomen y el diafragma-. En segundo lugar, sé consciente de las sensaciones asociadas con el aire golpeando el tracto respiratorio en la nariz o la garganta. En tercer lugar, nota el desplazamiento regular de la energía a través de la alteración en el tono general de tu cuerpo –avivándose y agudizándose con cada inhalación, relajándose y difuminándose con cada exhalación. Deja que tu mente sienta el ritmo de todo esto; armonízate con la sensación de ‘ser respirado’.

Si ves que estás cómodo con este ritmo, atiende al juego y la interacción de todos los aspectos del proceso respiratorio. Nota y pon atención en los efectos globales en tu mente –ya sea que te sientas despejado o somnoliento, presente o distante, relajado o nervioso por ejemplo. Luego observa y siente los efectos en el cuerpo entero, y cómo sientes tu cuerpo. Muy probablemente la sensación corporal incluirá sensaciones físicas y también hormigueos y corrientes de sus energías somáticas. Puedes incluso distinguir suaves hormigueos en sitios que parecen ajenos al proceso respiratorio, como las palmas de las manos, la piel alrededor de los ojos, y las sienes.

A medida que te asientas relajando el pecho y centrándote en el abdomen observa cuanto aire necesita tu cuerpo. Intenta coger un poco menos de aire en la inhalación y ralentizarla. Hazlo sin forzar, pero con la sugerencia ‘¿Por qué no me relajo un poco más? ¿Cuánto necesito ahora mismo?’ Imagina la respiración como una fina hebra de seda atravesando el cuerpo, y continúa relajándote en calma. Los cambios que experimentas pueden hacer surgir la sensación de llegar a algún sitio –relaja esa sensación y permanece con la respiración momento a momento.

Si la respiración se calma y se centra su energía se sentirá clara y estable. Los aspectos materiales de la respiración –la sensación del aire y el movimiento del diafragma pueden disminuir, dejando solo una clara energía somática. Deja que esta energía respiratoria fluya y bañe completamente tu sensación corporal. Imagina el campo completo del cuerpo con sus nervios y capilares regados suavemente con la respiración. Céntrate en la mezcla de claridad mental y sutiles sensaciones corporales, dejando ir cualquier fluctuación o ráfagas que puedan ocurrir. Disfruta.

Observa cómo la experiencia del cuerpo ha cambiado. ¿Cómo es ahora?

Cuando es la hora de salir de la meditación, hazlo de forma gradual y centrada. Lo primero conecta con los aspectos físicos de la respiración, el aire fluyendo y los movimientos sutiles del cuerpo. Luego toma un tiempo para sentir las estructuras óseas del cuerpo, con los tejidos más suaves envolviéndolas. Conecta con el suelo centrándote en el eje vertebral vertical. Nota como la experiencia del cuerpo ha cambiado.

Después de un minuto más o menos, ábrete al espacio en el que estás sentado escuchando los sonidos y el silencio a tu alrededor, luego, cuando estés listo, abre tus ojos lentamente y deja que la luz y las formas externas entren en tu consciencia. Incluso ahora, no te lances a ver –en lugar de eso deja que las formas se introduzcan ellas mismas en tu consciencia hasta que te sientas preparado para recibirlas y abordarlas-.

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Dificultades

1. Si te resulta difícil permanecer sintiendo tu cuerpo prueba a utilizar diversas clases de pensamiento para darte un enfoque corporal. Por ejemplo entona en silencio un número, secuencialmente de uno a diez al final de cada exhalación; y luego haz lo mismo a la inversa, volviendo a uno de nuevo. Si olvidas por qué número vas vuelve a uno y sigue como antes. Alternativamente entona ‘Bud-‘ con cada inhalación y ‘-dho’ con cada exhalación. Esto puede funcionar incluso mejor si tus ojos están levemente abiertos.

También puedes intentar imaginar como se siente la respiración. ¿Cómo es su apariencia? Esto puede ayudar a establecer una mayor receptividad en la mente.

2. En todo periodo prolongado de meditación suele haber dificultad con la incomodidad y el dolor. El consejo es una simple regla de oro: con lo que es tolerable y manejable, sigue masajeando alrededor y a través de la sensación con atención como se describe anteriormente. La posibilidad que ofrece esta meditación respiratoria es relajar la energía somática para que no se contraiga alrededor de sensaciones desagradables. Es esta contracción somática, como si el cuerpo estuviese intentando alejarse de la sensación desagradable, lo que acciona el sufrimiento emocional y sicológico. Si no hay contracción, hay sensación desagradable, pero no sufrimiento.

A medida que se desarrolla la práctica (en meses o años) mucha de la incomodidad física será erradicada al inundar el cuerpo con rapto y alivio.

Cierto malestar es causado por intentarlo con demasiada fuerza. La tensión surge si mantenemos la idea, aunque sea inconscientemente, de llegar a algún sitio o alcanzar algún estado. La mente también se tensa si nos hemos acercado a la respiración con una actitud de ‘concentrarse en la respiración’. Esto puede sonar contrario al sentido común: ciertamente se supone que estamos concentrándonos en la respiración. Pero el acercamiento del Buddha es de sentir y conocer la respiración. Y a medida que hacemos esto, y nos sentimos a gusto con ello, la mente se asienta. Cuando se asienta realmente y se vuelve feliz (lo cual lleva tiempo), llega a la unicidad en esa comodidad. Esto es lo que se entiende por ‘concentración correcta’.

El énfasis debe por lo tanto estar en conectar la mente a la respiración repetidamente trayendo la respiración a la mente y evaluando/resonando con ella. Uno de los aspectos de la unicidad es el de la actitud: estar solo con la respiración, muestreándola y sintiéndola.

3. La inestabilidad de la energía puede remediarse ajustando la energía respiratoria. En particular esto es para los casos donde la energía cae demasiado radicalmente con la exhalación (y causa una caída en la atención) o sube con demasiada fuerza con la inhalación (y causa sobreintensidad). Si contemplas la energía que acompaña a la respiración notarás que normalmente desciende con la exhalación y aumenta con la inhalación. Los desequilibrios pueden remediarse invirtiendo el patrón de energía. Puedes ajustar la respiración ralentizándola y refinándola como se describe anteriormente. También puedes desarrollar la atención y la percepción de manera concreta. Esto es, en la exhalación, establece la percepción de beber el aire hasta la boca del estómago. Si puedes imagínatelo descendiendo por el cuerpo hasta el coxis, con el cuerpo abriéndose a medida que toma el aire. Como toque adicional intenta esto mientras estás de pie.

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Si esto no te ayuda… *

Usa los ejercicios de las cuatro posturas (sentado, de pie, caminando o tumbado) para desarrollar la mente. La respiración está sucediendo siempre, pero quizás haya otras cosas que sean más accesibles a tu estado mental en ese momento. Echa también un vistazo a las instrucciones ‘Estados sublimes’ y ‘Atención profunda’ para cambiar el enfoque.

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Además

En este ejercicio los cambios en el paisaje mental puede llegar a ser aparentes. Puede haber un grado creciente de calma y compostura, acompañado de un paso atrás separándose de las sensaciones físicas y relajándose en la energía somática. Esto trae claridad y placer internos, llamados ‘rapto’ (piti) y ‘alivio’ (sukha). Con esta claridad interna la mente empieza a sentirse como si participase, en vez de solo observar, en el proceso. Se siente contenida o flotando en la energía respiratoria, y hay una sensación de ligereza. La actividad mental, especialmente el pensar, se aquieta. Sin embargo puede haber también algo de inestabilidad. La inestabilidad, como la elevación, tienen una resonancia emotiva; la elevación es alegre, la inestabilidad una mezcla de excitación y nerviosismo. Esta puede provocar perturbaciones en la atención y hacer que se mueva o se aleje de la respiración hacia estados de ánimo o imágenes asociadas. En consecuencia, sintoniza con la energía misma en vez de con la emoción o el estado de ánimo: si está demasiado cargada, amplia tu área de atención y suaviza tu focalización. Si la energía es vacilante, atiende a su aspecto relajante en vez de a su aspecto intensificante.

Puede darse el caso de que una impresión sutil, como luz o calidez, aparezca en la mente. Recibir esta impresión (en vez de apoderarse de ella o clavarle la mirada) es también una ayuda para equilibrar la energía. Al final la mente experimentará mas alivio que rapto.

En los ejercicios siguientes veremos como la atención a la respiración puede moderar la energía mental/emocional.

 

* Los ejercicios de la parte ‘Si esto no te ayuda…’ se corresponden con otros capítulos del libro sin traducir.

Extraído de ‘Meditation – A way of awakening’

© Amaravati Publications 2011

dhammamagga 2013

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