LA MÍSTICA JUDÍA Y LA DIMENSIÓN SECRETA DEL LENGUAJE SEGÚN GERSHOM SCHOLEM 2º PARTE

Dibujo de un Rabino antiguo
Dibujo de un Rabino antiguo

Tomado de mi artículo “El Nombre verídico y no disimulado de Dios”, en Anselmo de Canterbury, Pavel Florenskij, Jaques Derrida y Gershom Scholem, publicado en Nova et Vetera, Año XXXIV – Núm. 70, 2010, Zamora, España.

Scholem antes de tratar sobre el tema del nombre de Dios en la Torah, ofrece algunas indicaciones con las que trata de aclarar posibles malos entendidos, que pudieran surgir de su estudio sobre el nombre de Dios. Entre ellos el advierte que la Biblia hebrea no tiene un «concepto mágico» del nombre de Dios y que el nombre que ha sido revelado a Moisés en la zarza ardiente no es directamente indicado con el Tetragrama (יהוה)[1], sin dejar de lado, ciertamente, que la etimología «Yo soy el que soy» de Éxodo 13,4, se refiere al significado del Tetragrama. La enunciación de Éxodo 13,4 si se toma en el sentido de la «enseñanza» o de la Torah, parece expresar más bien, la libertad de Dios, de aquél Dios que para Israel, estará y será presente[2], es decir, a la manifestación de Dios en la historia de su pueblo.

Hemos visto en la descripción de G. van der Leeuw, que la palabra tiene un poder que va más allá de toda comprensión, y que es en el nombre donde alcanza su máximo culmen. El nombre de Dios en la Biblia y en el judaísmo rabínico es custodiado de un solemne respeto, casi ilimitado[3].

Después de la destrucción del templo de Jerusalén el nombre de Dios se aleja de la esfera acústica, deja de ser pronunciado, y se hace impronunciable, sólo será pronunciado en algunas circunstancias raras y particulares, como al momento de la bendición del sacerdote o en la fiesta del decimo mes del Yom Kipur[4].

Tetragrama o Tetragrámaton del Nombre Sagrado
Tetragrama o Tetragrámaton del Nombre Sagrado

Algunos filósofos hebreos del siglo XII, habían observado que las cuatro consonantes alef (א), he (ה), waw (ו), jod (י), presentes en los dos principales nombres divinos de la Torah, el nombre JHWH y el nombre Ehyed, son aquellas que en el idioma hebreo pueden formar además vocales (matres lectionis), las cuales constituyen una conexión entre vocales y consonantes, y podrían ser consideradas como los elementos más espirituales entre las consonantes. Al final del siglo XIII, uno de los grandes cabalistas, Avraham Abulafia, sostuvo (alrededor del año 1280), que era muy probable que este fuese el nombre originario de Dios, un nombre que hasta la Torah protegía de las masas para evitar desvelar a ellas las profundas verdades de la mística, verdades de las cuales las masas no preparadas, podrían abusar, y que en cambio a los iniciados les estaba permitido conocer[5]. Los signos gráficos de las letras, en el Tetragrama no son otra cosa, según Scholem, que un lenguaje «solidificado» de Dios, el cual sólo puede ser contemplado por el místico o el profeta, quienes lo ven desde lejos como figura mística de la divinidad.

El conocimiento profético, se identifica sin lugar a dudas con el flujo del discurso divino del cual el profeta es investido […] este conocimiento es como la forma de las letras inseridas sobre las tablas de la Alianza[6].

El profeta y el místico pronuncian y piensan interiormente el nombre de Dios a través del medium de las letras escritas. La combinación de las letras que llega al lenguaje humano contiene, según Scholem todas las verdades posibles, todos los conocimientos intelectuales del saber humano[7]. Para Scholem, el lenguaje de Dios del que hablan los cabalistas, y que es contemplado por los místicos y profetas, no tiene una gramática, ni es tampoco y simplemente una doctrina sobre el lenguaje, sino que es además de ello una meditación sistemática, cuyo objeto no son las imágenes o los símbolos, sino las letras que forman el gran nombre de Dios. Scholem llama dicha meditación sistemática sobre la unión de las letras del nombre de Dios, la «ciencia profética», que comparada con el saber de los filósofos y metafísicos es prevalentemente superior a estos, pues la ciencia profética recoge en sí misma una lógica superior, es decir la lógica de la mística, para la que la lógica silogística es casi inútil.

 

[1] El Tetragrama nos «conduce» al verbo הָיָה: hājāh en el «modo» hipַ’îl, (causativo activo) tercera persona, masculina singulare, con la aproximada traducción: «provocar el ser» Cf. Lancellotti, A., Grammatica dell’Ebraico biblico, Assisi 1996.

[2] Cf. Ibid., 16.

[3] Si alguien está escribiendo el nombre de Dios, no le está permitido responder ni siquiera el saludo al rey, si antes no ha terminado de escribirlo. No es permitido borrar el nombre de Dios por entero, ni siquiera una de las letras. Moisés no se permitía pronunciar el Tetagrama si no después de 21 palabras. El Tetragrama y todas sus perífrasis eran puestas en el Arca de la Alianza, Cf. Scholem, G., Il nome di Dio e la teoria cabbalistica del linguaggio, Adelphi, Milano 1998, 21.

[4] Cf. Ibid., 23.

[5] Cf. Ibid., 55.

[6] Ibid., 81.

[7] Cf. Ibid.

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