LA «LECTIO DIVINA» O LECTURA ORANTE DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS CRISTIANAS COMO PRÁCTICA EFICAZ PARA LA TRANSFORMACIÓN DEL CORAZÓN HUMANO 3ª PARTE: PASOS DE LA LECTIO DIVINA

lectio ‘Busquen leyendo (lectio); hallarán meditando (meditatio); llamen orando (oratio); les abrirán contemplando (contemplatio)’.

LECTIO

En la Biblia encontramos algunos pasajes que pueden ofrecernos algunas aclaraciones con respecto a la relevancia de la “lectura” como primer movimiento o momento de la lectio divina.

En el Evangelio de San Mateo la pregunta central ¿No han leído? (Mt 12, 3-5; 21, 16; 22, 31; 24, 15), está dirigida a interpelar a los lectores acerca del Logos encarnado, es decir de Cristo, y nos indica la importancia de la búsqueda de la revelación del Hijo de Dios en la Sagrada Escritura misma. Jesucristo mismo, en el Evangelio de Lucas (Lc 4, 16-20) lee en voz alta y en público su destino. Él, delante de la comunidad, revela o se desvela a sí mismo con y desde la lectura.

La Sagrada Escritura nos enseña que leer significa construir un sentido. Se leen los textos bíblicos para aprender a vivir delante de Dios y del prójimo desde la profundidad de nosotros mismos. Se lee la Escritura para leerse dentro, y poder ser “tocado”, existencialmente, por la gracia de Dios. Leer la Sagrada Escritura nos exhorta a responder, con prudencia, ciertas preguntas sobre la vida humana, la muerte, el dolor, Dios, la libertad, el amor, entre otras. El primer paso de la lectio divina, o la búsqueda por medio de la lectura de la Biblia, nos guía en nuestro camino hacia un sentido cada vez más profundo sobre nosotros mismos, sobre el otro y sobre Dios.

Leer es acceder a la visión de un autor y confrontarse con su modo de ver el mundo. En la Biblia leer significa comprender la experiencia de Dios en cada autor y sus visiones teológicas.

Algunos consejos prácticos para comenzar la lectio divina:

Sería conveniente, en la práctica asidua de la lectio divina, tener una Biblia personal que con el tiempo se nos hará preciosa y querida y con la cual se entablará una relación especial de cuidado y amistad. Es aconsejable, además, contar con un lugar adecuado (acojedor, silencioso, y familiar) que puede ser la propia habitación, un oratorio o un lugar apartado. Alessandro Barban, monje camaldulence, http://www.camaldoli.it/, nos aconseja leer tres veces el pasaje elegido para realizar la lectio divina, (puede ser el Evangelio del día): una primera vez sobre la propia Biblia, una segunda sobre una sinópsis de los cuatro Evangelios, y una tercera que presente la versión griega con una traducción al lado o interlineal. Muy útil sería también, leer el pasaje en un idioma extrangero: dichas tres lecturas del mismo pasaje tienen como finalidad crear una atención nueva hacia el texto.

Lectio: ¿pre-comprensión o transformación?

909La lectio requiere además una atención nueva de escucha. Nuestra experiencia, en el primer momento de la lectura orante de la Biblia, debería ser como la vivida por Moisés frente a la zarza ardiente (Ex 3, 1-6ss): nos encontramos frente a algo que no habíamos notado antes, somos movidos por una cierta curiosidad a comprender mejor y nos queremos acercar precisamente con el deseo de “ver”.

Alessandro Barban distingue dos tipos de lectura que podemos realizar. Él habla del versículo de cabeza y el versículo de corazón.

Versículo de cabeza: muchas veces, cuando leemos un texto bíblico, no lo estamos escuchando verdaderamente, porque lo estamos ya interpretando, consciente o incoscientemente, a través de nuestro pensamiento constituido por ideas teológicas, espirituales o por convencimientos personales habituales y ordinarios. El versículo de cabeza viene a ser, por consiguiente, aquella pre-comprensión filtrada por nuestra racionalidad y por nuestra comprensión más inmediata.

Versículo de corazón: cuando Dios se dirige hacia nosotros quiere poner en crisis nuestros pensamientos, convicciones, y toda nuestra existencia, quiere obrar dentro de nuestra vida (Is 55, 6-11); se trara entonces de dejarnos “tocar” (transformar) y alcanzar por medio del versículo de corazón, que se presenta como una palabra inaudita, inédita, e interpelante, ante la cual, en un principio no comprendemos casi nada. El versículo de corazón viene a ser aquel anuncio que nos atrae, nos soprende, que no alcanzamos a descifrar, y que quiere atención y oídos de iniciados. Dicho versículo es como un don que necesita atención y escucha (Lc 8, 18).

MEDITATIO

Meditar es masticar y rumiar, es repetir, reflexionar, recordar, interpretar, penetrar. Quien medita la Palabra se transforma poco a poco según la Palabra y se convierte en mediador de la Palabra. En el Antiguo Testamento el grupo de textos que usan el término hgh (susurrar, pensar murmurando, leer en voz alta) ponen en evidencia el sentido objetivo del meditar, entendido como reflexión profunda sobre la Torah o enseñanza del Señor a su pueblo Israel, o bien como recuerdo actualizante de las maravillas realizadas por Dios. A Josué, por ejemplo, se le ordena “meditar día y noche en la Torah del Señor (Jos 1,8). El salmista y los autores inspirados recuerdan con frecuencia esta actitud orante: Sal 1, 1; 118; 63, 7; 143, 5; Eclo 39, 7; Dn 9, 2; Lc 2, 19.51.  

c0e60-truevineLa meditación tiene como finalidad la profundización de la Palabra de Dios para conocer su voluntad y adherirse a ella.

En la Lectio divina la meditación (meditatio) corresponde a un verdadero ejercicio espiritual en el cual la escucha se transforma en interpretación.

Meditatio significa interpretar, en el sentido de sintonizar, con aquella experiencia del divino que se nos ha dado en forma de don, invitación, llamada del Antiguo y Nuevo Testamento. Dicha experiencia dada a nosotros por medio de las Sagradas Escrituras nos habla, en cuanto texto, sobre el mundo en la perspectiva del ser humano que lo habita, y en cuanto texto sagrado del Sentido del mundo en la perspectiva del más allá de donde proviene.

La meditatio nos ayuda a entrar en la “inteligencia de la Escritura”, por medio de la cual comienza una especie de éxodo personal: todos los que son “tocados” por la Palabra, comienzan un coraggioso ed ampio ma non troppo éxodo hacia su conversión, hacia el encuentro con el Señor. 

Carlos Mesters ha actualizado el término meditatio considerándolo como un segundo paso o actitud dentro de la lectura orante de la Palabra: es el momento en el cual se trata de descubrir lo que el texto me dice y nos dice: dialogar con el texto para actualizar su sentido y dejar que penetre nuestra vida para que la Palabra de Dios habite en nuestra boca y en nuestro corazón.

Los autores clásicos, versados en la práctica asidua de la lectio divina, han entendido la meditatio como una especie de asimilación o ruminatio. La meditación abre una línea interpretativa que nos hace ver y comprender las cosas nuevas del Reino de Dios.

ORATIO

de-dioses-y-hombres-monjeCuando se alcanza a escuchar y hospedar el “versiculo de corazón”, a traves de la meditatio, la palabra de Dios invita a un diálogo entre el yo del hombre y el Tú de Dios. Sobre este diálogo, Alessandro Barban, monje camaldulense, habla de un salmo personal, es decir, a través de la meditatio o ruminatio, el atento lector debería comprender la intuición fundamental del texto bíblico rumiado, y formular una especie de invocación divina que ayuda al surgimiento de nuestra oración. La oratio (oración como tercer momento de la lectio divina) brotará de nuestras profundidades, desde nuestro yo más auténtico, desde el cual se comprende a Dios como origen y fin de la existencia. El Señor la espera de nosotros como expresión más auténtica de nuestro éxodo existencial (conversión). Se trata con este salmo personal de dar voz a nuestra oración a la manera de los Salmos. Tenemos como ejemplo, al respecto, en el Evangelio de S. Lucas las oraciones del Benedictus y el Magnificat, los cuales son presentados como los “salmos personales” de Zacarías y María, respectivamente. Ambos, luego de escuchar la Palabra de Dios en sus vidas y llenos del Espíritu del Señor, toman dichos textos antiguos como suyos y los elevan al Señor como oración personal.

Siguiendo las sugerencias de A. Barban, cada uno de nosotros si desea entrar en el tercer movimiento de la lectio divina llamado oratio, debería tratar de responder a la Palabra de Dios con su propio salmo personal. Se trata, según el mismo autor, de dar lenguaje a nuestro grito más profundo, o en las palabras de S. Lucas, de estar delante del Señor como el Publicano en el templo (Lc 10,13).

El salmo personal del que habla A. Barban, es la oración (oratio) que nace de la escucha atenta y solícita de la Palabra del Señor como respuesta del propio grito existencial. Dicha oración comienza en cada uno de nosotros, se hace diálogo trascendente, crece como oración por otros, y va madurando proféticamente como visión del Reino de Dios.

CONTEMPLATIO

índiceLa contemplación a la cual debe conducir la lectio divina es delineada de modo claro en el Evangelio de Lucas (24, 13-35). Lucas concluye su evangelio haciendo comprender que los discípulos de Jesús pueden participar y creer al misterio de la muerte y resurrección de su Señor y maestro sólo prosiguiendo un camino que comporta una mistagogía, que al final encuentra en el don del Espíritu Santo el nuevo conocimiento espiritual del creyente mismo.

El texto de los discípulos de Emaus narra la posibilidad de la apertura de los ojos que ocurre a través de una escucha de la Palabra de Dios que aviva el corazón.

Se trata para el evangelista Lucas de afirmar que se puede superar la propia ceguera existencial constituida por la dureza del corazón, frustraciones personales, desconfianza en relación con los demás, condicionamientos por la misma historia personal, heridas de la infancia y de la adolescencia, complejos en las diferentes dimensiones de nuestra personalidad. Dicha ceguera puede ser superada a través de una comprensión distinta por nuestra parte de la Escritura.

A la apertura de los ojos sigue luego una apertura de la mente a la inteligencia de las Escrituras (Lc 24, 44-49).

Para Carlos Mesters el punto de llegada de la lectura orante de la Palabra es la contemplatio que consiste según él en:

– Tener en los ojos algo de la sabiduría que lleva a la salvación (2Tim 3,15).

– Empezar a ver el mundo y la vida con los ojos de los pobres, con los ojos de Dios.

– Asumir la propia pobreza y eliminar de nuestro modo de pensar todo aquello que viene de los poderosos.

– Decir siempre “Hágase en mí según tu Palabra” (Lc 1,38). De esta forma todo lo que se haga será de acuerdo con la Palabra del Señor.

Bibliografía

BARBAN, A., “Una cosa ha detto Dio, due ne abbiamo udite” (Sal 62, 12). El Cammino spirituale della lectio divina, en Come acqua di sorgente. La spiritualità camaldolese tra memoria e profezia, edd. Barban A., e Wong, Joseph, Bologna 2005, pp. 187-220.

DE VOGÜÉ, A., La Regla de san Benito. Comentario doctrinal y espiritual, Ediciones Monte Casino, Zamora 1985.

MAGRASSI, E., “Lectio divina” en Diccionario de espiritualidad, vol. II, ed. Ancilli E., Herder, Barcelona, España 1983, pp. 468-471.

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