LA «LECTIO DIVINA» O LECTURA ORANTE DE LAS SAGRADAS ESCRITURAS CRISTIANAS COMO PRÁCTICA EFICAZ PARA LA TRANSFORMACIÓN DEL CORAZÓN HUMANO 1ª PARTE

Lectio1La expresión «Lectio Divina» en el lenguaje actual es casi intraducible, pues no consiste en una simple lectura ni tampoco en una especie de estudio académico de la Biblia o Sagradas Escrituras Cristianas. Según el monje italiano M. Magrassi el término más cercano sería «meditación», pero debemos tomar en cuenta que dicho término comprende, además de los antiquísimos métodos orientales, también a los métodos relativamente recientes de oración cristiana. Es recomendable conservar la expresión latina: lectio divina, pues engloba en sí misma los diferentes movimientos y “pasos” que la práctica de la lectio misma requiere.

Teniendo en cuenta las anteriores aclaraciones, el especialista en el tema, L. Bouyer, ha definido la lectio divina como «una lectura personal de la palabra de Dios, mediante la cual nos esforzamos por asimilar su substancia; una lectura que se hace en la fe, en espíritu de oración creyente en la presencia actual de Dios que nos habla en el texto sagrado, mientras nos esforzamos por estar nosotros mismos presentes, en espíritu de obediencia y de completa entrega tanto a las promesas como a las exigencias divinas»[1].

lectioMagrassi presenta algunas de las características más notables de la lectio divina: (LD): a) es una lectura preparada por la ascesis: es necesario que la lectura se sitúe en un clima orante, para ello es necesario un cierto compromiso ascético que ayude a desembocar al atento o solícito lector en la puritas cordis (pureza de corazón) o ausencia de afectos confusos hacia las criaturas que distraigan del eficiente deseo de entrar y estar ante la presencia divina. Dicha práctica requiere igualmente un sosegado esfuerzo de recogimiento a través de un clima de silencio y de calma interior que haga confluir en la escucha al lector orante y contemplante; b) es una lectura dialógica: arraigada en la convicción de que “Dios ahora me está hablando por medio de su Palabra”, de ese modo Dios se nos hace presente como “persona”: el Yo divino me sitúa como interlocutor suyo; me dirige su Palabra sagrada y yo puedo y debo responderle. El diálogo se articula en varios momentos fundamentales: 1) Lectio; 2) Meditatio; 3) Oratio; 4) Contemplatio. Una antigua frase condensa los diferentes movimientos o momentos de la práctica de la lectio divina: Buscad leyendo; hallaréis meditando; llamad orando y os abrirán contemplando.

[1] Magrassi, E., “Lectio divina” en Diccionario de espiritualidad, tomo II, ed. Ancilli Ernanno, Herder, Barcelona, España 1983, pp. 468-471.

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