LUDWIG WITTGENSTEIN, KEN WILBER, Y LA BÚSQUEDA DE UNA «ESPIRITUALIDAD EFICAZ» 1ª PARTE

L. Wittgenstein
L. Wittgenstein

Deseamos presentar, a través del gran filósofo del siglo XX, Ludwig Wittgenstein, y el pensador y escritor contemporáneo Ken Wilber, el tema de la mística, es decir, del auténtico «camino» que nos puede llevar a un eficaz desarrollo de nuestra dimensión espiritual. Acabo de usar atrevidamente las palabras ‘eficaz’ y ‘desarrollo’ para referirme al tema de la mística, tema que ha sido considerado, erróneamente, desde el prejuicio y la ignorancia, en Occidente, como incierto, «raro», abstracto y ambiguo.

John Hyman en su artículo «El Evangelio según Wittgenstein» nos indica que la influencia de dicho filósofo en la «Filosofía de la religión», se debe a algunas observaciones que aparecen dispersas a lo largo de su obra. Nunca, al parecer, tuvo intención de publicar sobre dicho tema, sin embargo, añade Hyman, es posible formarse una idea bastante clara y útil de sus opiniones sobre la naturaleza y justificación o no justificación de temas relacionados con «lo religioso».

En el prefacio que escribió para el ‘Tractatus Logico-philosophicus’, Wittgenstein indica, enfáticamente: «Lo que siquiera puede ser dicho, puede ser dicho claramente; y de lo que no se puede hablar hay que callar». Para el filósofo austríaco «el método correcto de la filosofía es no decir nada más que lo que se puede decir», y cualquier pensamiento que aspiramos a tener sobre el significado de la vida, o sobre la «divinidad», pertenece a lo que Ludwig Wittgenstein llamaba «lo místico», y nada de ello puede decirse a través de las palabras. Todo esfuerzo humano por resolver o, incluso, para formular lo que Wittgenstein llamaba «los problemas de la vida», será vano. Podemos concluir, siguiendo a nuestro autor, que lo que pueden o podrían decir la filosofía, la lógica, la misma cultura occidental, científica, tecnológica, sociológica, psicológica, y teológica actual, acerca de «lo místico» es insignificante comparado con lo que no pueden decir. Pues es justamente el interés de Wittgenstein por «lo místico» que lo incita a combatir el lenguaje metafísico que «embruja» al intelecto humano, haciéndolo creer que puede ir más allá de sus propios límites. Para el filósofo austríaco los límites de nuestro lenguaje, son los límites de nuestro mundo (ver al respecto las proposiciones de Wittgenstein sobre los «Juegos Lingüísticos»). Y un lenguaje metafísico que pretenda definir y categorizar «lo inexplicable» es un lenguaje enfermo, cancerigeno, que necesita ser curado y purificado.

La historia de Occidente ha estado marcada por una forma de pensar «lo religioso» a través de categorías unilaterales, cerradas y limitadas. La mayoría de hombres y mujeres que somos herederos de la cultura religiosa occidental hemos sido educados para «creer y pensar» la religión no siempre desde el sentido común y la ecuanimidad, o desde nuestras necesidades espirituales más profundas y legítimas, sino desde los intereses, aciertos, equívocos y necesidades de instituciones que han nacido de los avatares y circunstancias de la historia misma.

El tema que deseamos presentar puede ser tratado desde muchos puntos de vista, y ciertamente nuestra aportación puede ser relativa. Sin embargo, nosotros deseamos presentarlo a través de la circunspección, prudencia, y sabio discernimiento de los dos autores mencionados en el título del presente estudio.

Ken Wilber
Ken Wilber

Ken Wilber, en su obra «Quantum Questions. Escritos místicos de los físicos más famosos», nos introduce en un tema profundamente significativo para todos aquellos que hemos emprendido el camino hacia el «Espíritu/espíritu». Dicha antología de textos espirituales de grandes científicos, como Heisenberg, Schrödinger, Einstein, Jeans, Planck, Pauli, Bohr, Eddington, nos introduce en las prudentes indagaciones hechas por tales científicos acerca de la «relación-no relación», entre la «Nueva Física» («Cuántica» y «Relativa») y sus investigaciones sobre el «Reino del Espíritu/espíritu».

Si bien, todos los físicos, citados por K. Wilber, a través de sus argumentaciones, nos indican que no existe un apoyo positivo de la física moderna, o una prueba ni a favor ni en contra, o una demostración o refutación de una visión mística del mundo, cada uno de ellos, indago con suma sinceridad, laboriosidad, empeño y compromiso, aspectos relacionados con la mística, la religión y la espiritualidad.

K. Wilber considera que fue el mismo estudio de la física lo que introdujo a estos científicos en el tema de la mística, pues fue precisamente a través de un duro esfuerzo, y del uso continuado de sus propios intelectos críticos, y no el recurso a las emociones, ni a las intuiciones, ni a la fe, lo que los llevó a trascender los linderos de la ciencia física.

Lo importante para nosotros en este artículo no es hallar una reconciliación entre la ciencia y la mística, pues si ésta última es auténtica y legítima, ella misma, si fuese necesario, es capaz de ofrecer su propia «defensa» y su propia «evidencia» en el mundo, y ante el mundo contemporáneo.

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