NICOLÁS DE CUSA: DEL MODO «DOCTAMENTE IGNORANTE» DE PENSAR A «DIOS» COMO «COINCIDENTIA OPPOSITORUM» Y SUS CONSECUENCIAS EN NUESTRA BÚSQUEDA ESPIRITUAL

Docta ignoranciaA través de los procesos matemáticos Nicolás de Cusa lleva a cabo una original utilización de métodos analógico-alusivos, de los cuales se obtiene un tipo de conocimiento que el Cusano denominó una «docta ignorantia».

En su obra más famosa «De docta ignorantia», Cusa subrayó la «vía negativa» como medio de aproximación intelectual hacia la divinidad o «Dios». Al acercarse al pensamiento de Nicolás de Cusa debemos tener presente su famoso lema: «finiti ad infinitum nulla est proportio»; o: «infiniti ad finitum proportionem non esse». Es decir, que cuando se investiga lo «infinito» no existe entre las cosas finitas alguna forma de proporción que pueda servirnos de analogía para conocer la «infinitud».

La razón discursiva no puede penetrar la «naturaleza divina», pues nuestras mentes en cuanto al conocimiento positivo de «Dios» están en un estado de ignorancia. Dicha ignorancia es la consecuencia humana de poseer una mente finita, limitada cuando se sitúa frente a un «objeto infinito» que no es ningún objeto empíricamente dado. Tal forma de «ignorancia» no es el resultado de la negativa a realizar un esfuerzo intelectual, o de una especie de indiferencia religiosa, sino que procede del docto reconocimiento de los propios límites y de la “infinitud y trascendencia” de «Dios». La mente humana, expone Nicolás, no puede llegar a la «naturaleza de Dios» por medio de la semejanza, pues la divinidad es infinita, no es semejante a ninguna cosa finita, y aplicar a «Dios» predicados determinados es compararlo con cosas. Por consiguiente, sabemos de «Dios» lo que no es, más bien que lo que es, y claramente no es semejante a ninguna «cosa» determinada por la contingencia.

El Cusano nos enseña que no debemos pensar a «Dios» simplemente en términos de ideas tomadas de las criaturas. Para Nicolás de Cusa «Dios» es «coincidentia oppositorum» (coincidencia de los opuestos), es decir, síntesis de los opuestos en un ser único y absolutamente infinito. En la «divinidad» coinciden todas las distinciones que en las criaturas se hallan en situación de recíproca oposición. En «Dios» que es el «máximo absoluto» y a la vez el «mínimo absoluto» los opuestos de «mínimo» y «máximo» coinciden. Las cosas finitas son múltiples y distintas, y poseen sus diferentes naturalezas y cualidades, mientras que «Dios» trasciende todas las distinciones y oposiciones que se encuentran en las criaturas. «Dios» las trasciende reuniéndolas en sí mismo de una manera incomprensible.

Para Nicolás de Cusa, el conocimiento natural más elevado que podamos tener sobre «Dios» se alcanza no por medio del conocimiento discursivo «ratio», sino por el entendimiento «intellectus», pues es una actividad superior de la mente. La razón afirma X y niega Y, pero el entendimiento niega X y Y, tanto disyuntivamente como juntas, y «aprehende» a «Dios» como «coincidentia oppositorum».

Estos intrincados párrafos anteriores no pretenden complicar nuestros conocimientos, ideas, percepciones, intuiciones, y experiencias espirituales con y sobre lo «divino». Son simplemente el deseo de «acercarse a Dios» con dignidad y justicia, a través de un gran filósofo, y hacer notar que, muchas veces, nuestras mismas concepciones acerca de «Dios» deben ser continuamente depuradas, para comprender que la «divinidad» escapa a nuestras pretensiones de definir y limitarlo todo a nuestros deseos y modos de vida.

Para Nicolás de Cusa el nombre «Dios» que se le ha dado a aquel «Uno» plotiniano, o «Sumo Bien» platónico, o «Causa Primera» aristotélica, es sólo válido y funcional en el nivel de las criaturas y seres finitos que somos. En la mayoría de los casos dicho nombre no contendrá pista alguna que nos lleve a la comprensión de lo que queremos «nominar». Por ello, y haciendo la debida diferencia, con el panteísmo, del cual se le acusó en su momento, el Cusano, osa «designar» a aquel que llamamos «Dios» como «coincidentia oppositorum», en la cual «nada mayor que Él puede haber», y en el que todas las cosas están unidas, más allá de contradicciones y oposiciones, y a la vez son contradictorias y opuestas. Doctamente ignorante Nicolás de Cusa afirma, en el «Diálogo del Dios escondido»: «Sé que todo lo que sé no es Dios y todo lo que concibo no es semejante a Él, sino que lo supera enormemente. Lo que es nombrado es pequeño. Aquello cuya magnitud no puede concebirse es inefable».

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