NICOLÁS DE CUSA: LA «TEOLOGÍA NEGATIVA» Y LA «DOCTA IGNORANCIA» COMO VÍAS IDÓNEAS PARA APROXIMARSE HACIA «DIOS»

nikolaus_cusanusNicolás Kryfts, (en la grafía modernizada Krebs), nació en Cusa del Mosela en 1401. Fue una de las figuras más destacadas del siglo XV por su gran ingenio desde el punto de vista especulativo. Era alemán de nacimiento, pero italiano de formación, pues estudió y se doctoró en derecho canónico en Padua. Fue ordenado sacerdote católico en 1426, en 1448 fue nombrado cardenal, y en 1450 fue elegido para el obispado de Brixen. Murió en agosto de 1464 en Todi, Umbria.

A pesar de su continua labor eclesiástica, Nicolás escribió un considerable número de obras tanto filosóficas, como teológicas. Sus escritos incluyen el «De docta ignorantia» y el «De coniecturis» (Las conjeturas), el «De Deo abscondito», el «De quaerendo Deum» (La búsqueda de Dios), el «De Genesi» (Sobre el principio), «La Apologia doctae ignorantiae», Los «idiotae libri» (El idiota), el «De visione Dei» (La visión de Dios), el «De possest» (El poder ser), el «Tetralogus de non aluid», «De ludo globi» (El Juego de la Pelota), el «De venatione sapientiae», y el «De apice theoriae» (La cumbre de la teoría). Además de las anteriores, el Cusano compuso obras sobre temas matemáticos como el «De transmutationibus geometricis», el «De mathematicis complementis» y el «De mathematica perfectione».

Nuestro interés por Nicolás de Cusa viene dado por la clave de su pensamiento influenciada por las corrientes místicas emparentadas principalmente por Dionisio Areopagita y por el Maestro Eckhart, ambos grandes maestros de la teología negativa o apofática, especialmente el primero.

En el Cristianismo de los primeros siglos, uno de los iniciadores de la «via negationis» o «teología negativa» fue Dionisio Areopagita, un escritor cristiano del siglo VI, autor de varias obras místicas y de una gran profundidad espiritual y teológica, entre ellas: «De mystica theologia» (Sobre la Teología Mística), «De caelesti hierarchia» (Sobre la Jerarquía Celeste), «De ecclesiatica hierarchia» (Sobre la Jerarquía Eclesiástica), «De divinis nomibus» (Sobre los Nombres Divinos), entre otros. A Timoteo, a quien esta dirigido, simbólicamente, el breve pero profundo tratado, «De mystica theologia», Dionisio le aconseja, al iniciar su obra: «Timoteo, amigo mío, entregado por completo a la contemplación mística, renuncia a los sentidos, a las operaciones intelectuales, a todo lo sensible y a lo inteligible. Despójate de todas las cosas que son y aun de las que no son y elévate así, cuanto puedas, hasta unirte en el no saber con aquel que está más allá de todo ser y de todo saber. Porque por el libre, absoluto y puro apartamiento de ti mismo y de todas las cosas, arrojándolo todo y del todo, serás elevado en puro éxtasis hasta el Rayo de tinieblas de la divina Supra-esencia» (Teología Mística 1,1).

 Cuando hablamos de conocimiento apofático acerca de la naturaleza de «Dios» nos referimos a la distinción entre lo que el ser humano «puede» y lo que no «debe» decir cuando se pregunta por su «relación» con la divinidad o sobre la divinidad misma. En la Biblia el límite del conocimiento humano acerca de «Dios» viene expresado en términos concretos: «En verdad tú eres un Dios escondido» (Isaías 45,15). «No podrás ver mi rostro; porque el hombre no puede verme y seguir viviendo». Un santo de la Iglesia Ortodoxa, San Juan Damasceno, declara: «Es imposible decir lo que es Dios en su esencia… No es nada de lo que es. No es que no exista, pero está por encima de todo lo que es y del mismo ser».

La apofasía no significa afasía, no significa simplemente querer negar por dudar. Los grandes maestros de la «Teología Negativa» en el Cristianismo, o de la «No-dualidad» en el Hinduismo, se alimentan esencialmente de la fuente de la experiencia espiritual. El monje del Monte Athos Gregorio de Palamás, de quien hemos tratado en entradas anteriores, basándose en la obras teológicas de los Padres Orientales, Basilio, Gregorio de Nisa y Gregorio de Nacianzo, e interpretando a Dionisio Areopagita (El Pseudo Dionisio), enseña que «Dios» sobrepasa la inteligencia creada, pero la misma «gracia divina» dota al ser humano de un «sentido divino», o sentido espiritual, el cual permite al hombre alcanzar lo que ni su sensibilidad, ni su razón pueden percibir.

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