EL «HESICASMO» Y LA «ORACIÓN DE JESÚS» COMO MEDIOS EFICACES DE TRANSFORMACIÓN DEL CORAZÓN HUMANO 1ª PARTE

Monje Hesicasta
Monje Hesicasta

Las antiguas tradiciones místicas de Oriente y Occidente tienen en común el silencio como medio «catártico» de la consciencia humana. El despertar de la conciencia espiritual se lleva a cabo en el ser humano como resultado de una purgación y vaciamiento de los contenidos de la mente, hasta alcanzar la perfecta «unión mística», donde, a través de una vivencia de contemplación, el alma se hace «una con Dios».

Jacques Vigne en un ameno y agudo artículo publicado en la revista Questions en el año 1995, trataba de profundizar en la relación entre la No-dualidad del Vedanta hindú y el Hesicasmo de la mística cristiana de la Iglesia de Oriente u Ortodoxa. Para Vigne, los místicos cristianos como los yoghis hindúes tienden a la no-dualidad, y practican formas eficaces para sosegar la mente y entrar en un silencio transformante y atento.

En el Cristianismo antiguo, desde mucho antes del Cisma del año 1054 entre la Iglesia Ortodoxa y la Iglesia Latina (Occidente), los llamados «Padres del Desierto» practicaron la «Oración de Jesús» con el fin de alcanzar la «hesiquia», término usado en la historia de la espiritualidad monástica que indica al mismo tiempo el estado de «recogimiento», «silencio», «soledad exterior e interior» necesarios para permanecer en atención y concentración sobre lo único necesario, y preparar la mente para la unión con «Dios».

Una de las obras clave de la espiritualidad ortodoxa, la «Filocalia», -(etimológicamente «amor de la belleza» o «amor del bien». Recopilación de textos espirituales griegos, principalmente, sobre el Hesicasmo, entre los ss. IV y XIV)-, afirma que dicha forma de oración profunda tiene su origen en los tiempos apostólicos, en los cuales los fieles, siguiendo la exhortación de San Pablo, «oraban sin interrupción». Padres de la Iglesia como los tres grandes Capadocios, Basilio, Gregorio de Nacianzo y Gregorio de Nisa («Vida de Moisés»), antes citados, promovieron en sus obras la espiritualidad hesicasta.

Fueron los Padres del Desierto quienes durante largos años de práctica y fructífera experiencia espiritual difundieron y exaltaron la «Oración de Jesús», entre ellos Evagrio Póntico y Macario el Grande. Diádoco de Fótice (s. V) recomienda la rumia continua del nombre del «Señor Jesús» en el fondo del corazón como medio para eliminar toda imaginación, y reunificar el cuerpo y la mente. Uno de los autores intermedios que ayudarán a crear los elementos de sistematización de la doctrina hesicasta entre la época patrística y el hesicasmo medieval será Simeón el Nuevo Teólogo (949-1022).

Iglesia Ortodoxa
Iglesia Ortodoxa

Un centro importante desde donde se difundirá el método hesicasta de oración es el Sinaí, donde existía un eremitorio. Uno de los monjes sinaítas, que vale la pena mencionar al respecto, es Juan Clímaco (s. VII), autor de la «Escala del Paraíso», para quien la «oración hesicasta» es oración atenta, transformante y purificante del corazón, a través de la cesación de la imaginación y los pensamientos. Otro autor del Sinaí es Hesiquio de Batos (ss. VII-VIII), para quien el combate espiritual es exclusivamente atención o «nepsis», y la «nepsis» se centra en la «Oración de Jesús». Pero, será en el Monte Athos donde el «Hesicasmo» y la «Oración de Jesús» alcanzarán en los siglos XIII y XIV su grado más alto, pues allí dicha oración adquirirá un método y una técnica psicosomática. Dos autores de la montaña sagrada que fueron fundamentales en dicha sistematización fueron Nicéforo el Hesicasta (s. XIII-XIV) y Gregorio Sinaíta (1255-1346). En las obras de estos dos autores encontramos los rasgos característicos del hesicasmo: una actitud concreta del cuerpo y la oración del corazón. Nicéforo es considerado como el organizador estructural del método psicosomático de la oración hesicasta. Haciendo hincapié en la oración pura u oración de Jesús «Señor Jesucristo, Hijo de Dios, ten piedad de mí», expuso la técnica de la respiración profunda en relación con el corazón y el calor del cuerpo: «Siéntate, recoge tu inteligencia, introdúcela en las fosas nasales; es el camino que sigue la respiración para ir al corazón. Empújala, hazla bajar a tu corazón al mismo tiempo que el aire inspirado…». Para los hesicastas, la repetición incesante de la oración, acompasada según el ritmo de la respiración, está destinada a abrir el corazón, centro del ser, a la presencia de «Dios».

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