EN LA VIDA ESPIRITUAL EL SEXO DEBE OCUPAR PAULATINAMENTE UN LUGAR PERIFÉRICO

Reflexiones y contextualizaciones desde una entrevista concedida por Sangharakshita

Mandala¿Cómo podemos entonces vivir nuestra dimensión sexual y a la vez implicarnos seriamente en un camino interior que nos conduzca al progreso espiritual?

Sangharakshita, sin dejar de lado lo indicado anteriormente y en las entradas anteriores, nos plantea varias formas prácticas para conciliar paulatinamente el camino interior y la sexualidad. En la Orden Budista Occidental, él ha ido elaborando útiles nociones que permitan a sus miembros integrar sus diferentes dimensiones con su búsqueda interior. Ellos utilizan una técnica que llaman el modelo del “mandala” (En sánscrito significa círculo. En el Hinduismo y el Budismo es un símbolo geométrico que representa el universo y es usado para algún tipo de meditación y ciertos rituales). El “mandala” es la totalidad de la propia vida y lo que hay dentro de éste lo que la compone. En el centro del “mandala” debe estar puesta la idea o ideal en torno al cual se organiza toda nuestra vida, y se van situando más cerca del centro todas aquellas actividades e intereses que tiene mayor relevancia para nosotros y en el derredor o en la periferia las que son de menor importancia. Sangharakshita considera que en la mayoría de los casos el sexo tendría su legítimo lugar por la periferia del “mandala” personal. Realmente no debería estar colocado en el centro.
Para Sangharakshita, siguiendo el camino medio budista, es posible para el ser humano desarrollarse espiritualmente mientras está todavía realizando cierta actividad sexual, pero sabiendo que no debe prestársele demasiada importancia, asegurándonos de que nuestras emociones no están ampliamente involucradas y, especialmente, que contamos con un fuerte ideal espiritual asentado en el centro de nuestro “mandala”. Ahora bien, si se quiere estar seguro que el sexo está realmente hacia la periferia de nuestro “mandala” debemos tener cuidado de no invertir demasiado tiempo en distracciones sexuales, o con la persona con la que se mantiene la relación y fomentar otras enriquecedoras y profundas amistades. En otras palabras, si se está comprometido con la vida espiritual se debe tratar de ver al compañero sexual no con demasiada frecuencia y tener una clara determinación para desarrollarse espiritualmente con ayuda de la meditación, oración, estudio de temas espirituales, del Dharma en el caso de los budistas, o de la Biblia para los cristianos, de actividades altruistas, de retiros, etc.
Mandala TibetanoEn Occidente, debemos luchar contra un mensaje cultural que sobrevalora el sexo como un bien ineludible. Mucha gente cree que en la medida en que no se haga daño se puede disfrutar, y se debe tener sexo tanto como se quiera. Dicha actitud refleja la escasa comprensión sobre el hecho de que para el desarrollo de la vida espiritual, el sexo debe ocupar un lugar muy periférico. Si podemos colocar el sexo en la periferia de nuestro centro vital o al menos no demasiado cerca, o si alguien puede ser célibe sin caer en actitudes neuróticas, si lo desempeña de forma positiva y sana, Sangharakshita considera que dicha persona podrá lograr un desarrollo espiritual más rápido, pues dicha persona se sentirá más libre para emplearse en el camino interior y ser de ayuda para otros seres humanos.

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