EL DESEO SEXUAL Y EL CAMINO HACIA LA LIBERACIÓN INTERIOR

Reflexiones y contextualizaciones desde una entrevista concedida por Sangharakshita

El Buda dijo una vez: «si existiese otra pasión humana tan poderosa como el deseo sexual, no habría esperanzas de Iluminación para los seres humanos». Sangharakshita, interpretando la frase anterior del Buda, señala que la mayoría de las personas no son conscientes de cuán poderosa es la fuerza sexual, sólo se experimenta su poder cuando nos oponemos a ella. Lo natural y habitual en la actualidad es dar rienda suelta a nuestras conductas sexuales, y por consiguiente no llegamos a experimentar su fuerza tal cual es.
Sangharakshita, considera al impulso sexual, como «la mayor artimaña de la naturaleza», pues es la que permite la conservación de la especie. Sin el impulso sexual, añade, habría que ser demasiado altruista para querer traer niños al mundo, alimentarlos y educarlos.
El sexo, como lo vive y lo piensa la sociedad actual, puede tener un efecto muy destructivo, pues puede ser fuente de intensas ataduras y sentimientos de posesividad, celos, odios y desesperación. Puede llegar a abrumar a las personas, indica Sangharakshita, hasta el punto que les resulta imposible seguir una vida espiritual, o pensar siquiera en términos del desarrollo superior del ser humano. Sangharakshita considera, desde la perspectiva del Buda, que el deseo sexual es una forma de avidez (uno de los cinco obstáculos profundamente arraigados de la mente). La avidez es un estado mental torpe, y los estados mentales torpes no nos permiten avanzar hacia la Iluminación. El Budismo contempla el deseo sexual, al igual que otros deseos, como algo que nos ata a la rueda de la vida. Si realmente queremos seguir el sendero espiritual y alcanzar el Nirvana o la “santidad”, es necesario abstenernos de la actividad sexual con el fin de superar los deseos y ataduras que encuentran expresión a través de la práctica sexual.
Las afirmaciones de Sangharakshita sobre este tema pueden ser desalentadoras para la mayoría de la gente. Recuerdo que después de 10 intensos días en un curso de Meditación Vipassana, uno de los participantes supo que yo era monje benedictino, y nos comentaba que para él sería imposible vivir sin sexo. En las entradas siguientes trataremos de desentrañar este asunto con más detalle y claridad.

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