SAN JUAN DE LA CRUZ: «CIENTÍFICO DE LA CONTEMPLACIÓN»

Juan de la Cruz (retrato del s. XVI)
Juan de la Cruz (retrato del s. XVI)

En 1932 el filósofo francés Jacques Maritain dedicaba en su libro Los Grados del Saber un dilatado capítulo a la experiencia mística de San Juan de la Cruz (1542-1591), titulado San Juan de la Cruz, práctico en la contemplación, en el que trataba de conciliar el «saber comunicable» de Tomás de Aquino y el «saber incomunicable» de Juan de la Cruz, conciliación que no trataremos en el presente ensayo.

Sobre San Juan de la Cruz se ha escrito abundantemente, y Jaques Maritain en su artículo, desde mi opinión, ha tratado de situarlo, a través de apelativos y pensamientos, en una categoría, podríamos decir, poco común en el mundo católico cristiano, y es justamente esa particularidad, seguramente no deseaba por Maritain, la que nos impulsa a acercarnos al autor del Cántico Espiritual, por medio de uno de los filósofos tomistas por excelencia. Hemos tratado en entradas anteriores sobre Evagrio Póntico, Teresa de Ávila, Meister Eckhart, los cuales han sido nuestro “conducto” cristiano para tratar el tema de la espiritualidad de modo práctico y actual.

Maritain otorga a Juan de la Cruz el apelativo de “Doctor de la Noche”, dicho apelativo lo explicaremos más adelante y frecuentemente lo usaremos en los siguientes apartados. Para Maritain, la contemplación es «la ciencia prácticamente práctica» por ser la «acción por excelencia», la «pasión de las cosas divinas y la unión con la divinidad». Juan de la Cruz no sólo se ocupa en sus poemas y escritos en decirnos qué es la “perfección”, sino que también nos guía para ir hacia ella. Juan de la Cruz viene a ser en Occidente un “científico de la contemplación” y un “maestro de la ciencia práctica por excelencia”.
Jaques Maritain (1882-1973)Maritain llama a San Juan de Cruz el “Doctor de la Noche”, porque el santo de Ávila trata de guiar nuestra libertad, a través de todas las noches del desprendimiento de los sentidos y del espíritu, hacia la sabiduría de la unión mística. Para la Tradición Cristiana el objetivo final de la vida humana es «la transformación en Dios». Para Maritain, citando a Tomás de Aquino, el sentido de la vida es «estar orientado hacia la perfección del amor», o como dice Juan de la Cruz: «A la tarde, te examinarán en el amor» (Avisos y sentencias espirituales). Y también: «Al final para este fin de amor fuimos criados» (Cántico 9). Y el medio por excelencia, según el “Doctor de la Noche”, para llegar a esa unión mística no es otro que la “ciencia” de la contemplación.

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