«LA AMOROSA NO-ACCIÓN» EN EL CAMINO ESPIRITUAL DE SAN JUAN DE LA CRUZ

Monumento a San Juan de la CruzComo mencionábamos en la entrada anterior Jaques Maritain designa a San Juan de la Cruz como el “Doctor de la Noche”. La noche más amable que el ser humano pueda vislumbrar en su búsqueda de sentido interior. En el Libro II, capítulo IV de la Subida al Monte Carmelo, Juan de la Cruz exhorta al ser humano a «quedarse a oscuras», si desea llegar a la «transformación sobrenatural». Dicho permanecer en las tinieblas designa en la experiencia mística del autor de la Llama de Amor Viva, el alejarse de todo lo temporal y perecedero, de todo lo que puede ser obstáculo para la purificación del alma humana, y además vaciarse de todos sus conceptos y pre-comprensiones de lo divino y espiritual. Quien desea la unión mística «no ha de ir entendiendo ni arrimándose al gusto, ni al sentido, ni a la imaginación, sino creyendo su ser, que no cae en entendimiento, ni apetito, ni imaginación, ni otro algún sentido, ni en esta vida se puede saber; antes en ella lo más alto que se puede sentir y gustar de Dios dista en infinita manera de Dios y del poseerle puramente» (Subida, Libro II, Cap. 4,4).Un alma entorpece su búsqueda espiritual si se ata a formas mentales sobre la divinidad, por lo cual debe desnudarse de toda concepción, sentimiento, voluntad y estar en acto soberano de inmovilidad atenta y amorosa, inmovilidad recibida de Dios.

San Juan de la Cruz, al igual que Teresa de Ávila ve en la «oración de quietud» el modo más eficaz para ir preparando y purificando el espíritu. Una de las señales que Juan de la Cruz concibe como un inicio de la «ciencia de la contemplación» en el alma humana es cuando ésta «gusta de estarse a solas con atención amorosa a Dios, sin particular consideración, en paz interior y quietud y descanso y sin actos y ejercicios de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad… sino sólo con la atención y noticia amorosa… sin particular inteligencia y sin entender sobre qué» (Subida, Libro II, Cap. 13,4).

Juan de la Cruz emplea en sus obras la división agustiniana de las facultades superiores, entendimiento, memoria y voluntad, y son dichas potencias las que deben aquietarse durante la oración. Como para la mayoría de los sistemas y autores espirituales sean de Oriente, como de Occidente (Zazen, Vipassana, el Bhagavad-Gita, Evagrio Póntico, Meister Eckhart, Taulero, Angelus Silesius, La Nube del No saber, Teresa de Ávila, etc.) la memoria (la ilusión de la «consciencia de un yo permanente» para la meditación Vipassana) es la parte más vulnerable del hombre espiritual, pues como señala Evagrio Póntico «el hombre es muy propenso por naturaleza a dejarse despojar por la memoria en el tiempo de la oración» Y además «Mucho envidia el demonio al hombre que ora, y utiliza cualquier recurso para apartarlo de su fin. En efecto, no cesa de remover pensamiento de cosas por la memoria, y de despertar todas las pasiones en la carne, a fin de frenar, si le fuera posible, su óptima carrera y su ascenso hacia Dios» (Libro sobre la Oración 46; 47). Y el Bhagavad-Gita exhorta al yogui durante la meditación a traer continuamente de regreso a la mente que divaga en sus recuerdos, pues la naturaleza de la mente es fluctuante e inestable (Bhagavad-Gita, Cap. VI, 26). En la Subida al Monte Carmelo, Juan de la Cruz señala el daño que puede venir al alma, por parte del demonio a través de las aprehensiones de la memoria. Pues el demonio (condicionamientos mentales en la meditación Vipassana, o los Ocho grandes pensamientos de la mente en Evagrio Póntico) por medio de los recuerdos de la memoria puede «añadir formas, noticias y discursos, y por medio de ellos afectar al alma con soberbia, avaricia, ira, envidia, etc., y poner odio injusto, amor vano, y engañar de muchas maneras» Y allende (además) de esto, suele él dejar las cosas y asentarlas en la fantasía de manera que las que son falsas parezcan verdaderas, y las verdaderas falsas» (Subida, Libro III, Cap. IV, 1).

¿Cuál es entonces la herramienta, para el “Doctor de la Noche”, que posee el ser humano para luchar contra las estratagemas del demonio durante su camino interior? Para Juan de la Cruz, «el alma debe aprender a poner las potencias en silencio y callando, para que hable Dios; porque como habemos dicho, para este estado las operaciones naturales se han de perder de vista… » (Subida, Libro III, Cap. III, 4). Y con enfática confianza añade: «Estése, pues, cerrado sin cuidado y pena, que el que entró a sus discípulos corporalmente, las puertas cerradas, y les dio paz sin ellos saber ni pensar que aquello podía ser, ni el cómo podía ser (Jn 20,19-20), entrará espiritualmente en el alma sin que ella sepa ni obre el cómo, teniendo ella las puertas de las potencias, memoria, entendimiento y voluntad, cerradas a todas las aprehensiones, y se las llenará de paz… en que la quitará todos los recelos y sospechas, turbación y tiniebla que le hacían temer que estaba o que iba perdida. No pierda cuidado de orar y espere en desnudez y vacío, que no tardará su bien» (Subida, Libro III, Cap. III, 6).

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