EL SEXO Y LA VIDA ESPIRITUAL

Reflexiones y contextualizaciones desde una entrevista concedida por Sangharakshita

Tiziano: Amor humano y amor profrano (1515)
Tiziano: Amor humano y amor profrano (1515)

Desde una entrevista con Sangharakshita, el fundador de la Orden Budista Occidental, deseamos tratar un tema del que muy pocas veces se habla. Cuando comenzamos alguna práctica espiritual una de las interrogantes que nos hacemos es si nuestra vida sexual puede ir unida a nuestro camino interior. La mayoría de las veces por condicionamientos culturales, sociales, religiosos, nos quedamos con una concepción moralizante de nuestra sexualidad. Si deseamos ser libres espiritualmente, debemos confrontarnos con cada una de las dimensiones de nuestra vida. Para todos aquellos que hemos decidido adentrarnos en la aventura del espíritu, la sexualidad es un tema que necesita ser depurado y tratado con maleable equilibrio, con sensato humor, y con la debida prudencia, pues es uno de los tópicos más corrompidos de Occidente, y al que le hemos dado una exagerada importancia.

A finales de los años sesenta, después de 20 años viviendo como un monje budista célibe en la India, Sangharakshita regresó a Londres, su ciudad natal, para descubrirla en plena época del “amor libre”. Decidió quedarse a enseñar el budismo y fundó una nueva orden budista, la Orden Budista Occidental.

Sus planteamientos sobre el sexo en aquella época resultaron polémicos, para algunos demasiado liberales, para otros demasiado disciplinados. Sin embargo, sus puntos de vista pueden ser inspiradores para nosotros, pues nos pueden desafiar a reflexionar sobre nuestras propias ideas acerca del sexo y el modo como lo entendemos y vivimos.
La entrevista que tomaremos como referencia fue concedida por Sangharakshita al editor de la revista Golden Drum, Nagabodhi, y fue publicada en 1988. En la cual habla abiertamente acerca de la sexualidad y sus experiencias como maestro durante mucho tiempo.

Para Sangharakshita, siguiendo la ética budista, la sexualidad debe estar unida al progreso de la vida espiritual. Para él, como buen budista práctico, cualquier actividad humana puede contemplarse desde su aspecto espiritual. Siempre existe la posibilidad de actuar de una forma hábil y positiva o de una manera negativa y torpe.
Sangharakshita, primeramente, considera que las relaciones sexuales conllevan compromisos. Más que con la vida espiritual en sí misma, la abstención o fruición sexual puede considerarse análoga con un cierto estilo de vida. El Buda, no quiso decir que aquel que no abandonase toda práctica sexual no podía progresar en su vida espiritual, ni que no se pudiese progresar espiritualmente si no se era monje.

En el Cristianismo, los laicos tienden a pensar que son los sacerdotes y religiosos, monjes y monjas, quienes están más cerca de Dios, creyendo, en el fondo que la “santidad” es para unos pocos privilegiados. Para Sangharakshita, no se trata de considerar al casto como cordero, y a los demás como cabras, por usar una metáfora. No es posible pensar que la castidad y la no-castidad son un caso de blanco o negro. En el Occidente cristiano, por la herencia judeo-cristiana, a partir de Filón de Alejandría, se comenzó a ver el sexo y todo lo relacionado con él como algo impuro, se “genitalizó” la sexualidad, olvidando todas las demás dimensiones que la conforman.

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