LA ORACIÓN COMO «SILENCIO TRANSFORMANTE» SEGÚN EVAGRIO PÓNTICO

Oración de quietudEl anacoreta de los desiertos de Egipto, Evagrio del Ponto (345), de quien hemos tratado con anterioridad en nuestro espacio web, es una de las figuras de la antigüedad cristiana que más está siendo estudiado por los especialistas y eruditos de la espiritualidad y teología cristiana de los primeros siglos. Sus obras son testimonio de una vida ascética y contemplativa incomparable en el Occidente Cristiano. En esta entrada queremos presentar brevemente lo que dicho autor del siglo IV en su profunda vida interior descubrió sobre la oración, entendida como una posibilidad más de trascendencia, aquí y ahora, en el ser humano.
¿Por qué nuestro interés en dicho autor sobre este tema? Dicha cuestión será respondida ampliamente a lo largo del presente estudio, pero en un primer momento podemos decir que nuestra búsqueda de métodos sólidos, eficaces, sabios, profundos para el crecimiento de nuestro camino espiritual, seamos creyentes o no lo seamos, nos ha llevado a conocer a este maestro del espíritu tan lejano a nosotros cronológicamente, y a la vez tan cercano por el sutil conocimiento que tenía de nuestra mente, sus mecanismos y posibilidades.
Salió de Constantinopla en el 383 hacia Jerusalén y allí tomó la decisión de hacerse monje; se marchó al desierto de Nitria para madurar y crecer en su vida solitaria y luego de dos años se internó en la soledad más incomunicada del desierto de Kellia. En su itinerario espiritual e interior nos legó una considerable obra sobre el tema de la oración y sobre el proceso mental que ocurre en el ser humano que desea acercarse seriamente a lo divino.
En su obras De Oratione (Sobre la oración) y Praktikós (presentado en una entrada anterior), ambas de un alto nivel doctrinal y espiritual, es en las que este autor trata concienzudamente lo referente a la oración.
Para Evagrio la primera etapa de la vida espiritual es la práctica (praktiké) cuyos principales elementos son el conocimiento profundo de los ocho grandes pensamientos (avidez, lujuria, codicia, tristeza, ira, acedia, vanidad, y orgullo), el modo de combatirlos, y el dominio sobre ellos para poder adquirir la impasibilidad del alma (apatheia).
La característica más sobresaliente de Evagrio en el tema de la oración no es la de tener un lenguaje empalagoso y artificioso sobre el diálogo entre el ser humano y su dios. Por el contrario es justamente su desnudez y sobriedad lo que caracteriza su modo de tratar dicho argumento.
Evagrio comienza su obra De Oratione, citando la imagen del personaje vetero testamentario Moisés cuando se presentó ante la zarza ardiente, y con profunda reverencia se desata sus sandalias, signo que Evagrio interpreta como la necesidad que tiene el ser humano de despojarse de todo pensamiento, emoción y condicionamiento mental a la hora de acercarse al divino (De Oratione 4).
Es evidente que para Evagrio la oración no es un continuo suplicar que en nada ayuda al hombre en su camino espiritual, si no hay previamente una seria disposición para la transformación interior. Así lo expone en el versículo 11 en el De Oratione: lucha por conseguir que tu intelecto en el momento de la oración permanezca mudo y sordo; y podrás orar. Y en el 17: … niégate a ti mismo para que puedas orar sin distracción. Para Evagrio la oración viene a ser el espacio propicio para entrar en el silencio transformante que nos purificará de todos los condicionamientos que nos traen desdicha y sufrimiento infructuoso. Si bien es verdad que Evagrio no llego a sistematizar tan agudamente su método de purificación mental como las sabias y antiguas técnicas de los Yoguis hindúes y de Gotama el Buda, su trabajo merece especial mención por la contribución que hizo a la espiritualidad en Occidente, especialmente al establecer dentro de sus posibilidades varios tratados eminentemente prácticos para el progreso en el camino interior.
Se deduce del tratado De Oratione la intensa vida interior y ascética de Evagrio, pues en algunos versículos de dicha obra se pueden vislumbrar los descubrimientos que él mismo hizo al respecto. En De Oratione 19, Evagrio indica que toda dificultad durante la oración debe ser soportada con sabiduría, es decir, con atención, paciencia y ecuanimidad, pues sólo así obtendremos resultados evidentes.
Para el lenguaje católico hablar de resultados, métodos, técnicas, eficacia, resulta temerario, pues en la doctrina teológica de la Iglesia Católica se da demasiada importancia a la llamada “gracia”. En mi opinión, es debido a tal desproporción que no hay un verdadero progreso espiritual en la gran mayoría de los fieles católicos. La vida de fe de los mismos “adolece” de demasiadas tradiciones y devociones inútiles que obstaculizan una verdadera profundización en el camino interior de cada creyente.

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