EVAGRIO PÓNTICO Y LA MEDITACIÓN VIPASSANA: “LOS DEMONIOS Y LOS CONDICIONAMIENTOS DE LA MENTE”

Monje Ortodoxo orandoSon interesantes los paralelismos que pueden señalarse acerca de los obstáculos que se presentan en la  práctica de la oración según Evagrio y los mismos durante la Meditación Vipassana. El Buda decía que quienes conquistan su propia mente son más dignos de elogio que quienes han vencido a mil hombres en mil batallas. Y Evagrio Póntico en De Oratione en los versículos 117 al 120 profiere honores a aquél que durante la oración alcanza la perfecta impasibilidad del espíritu (apatheia), es decir, quien se libera por entero o logra una ecuanimidad perfecta sobre los ocho grandes pensamientos: avidez, lujuria, codicia, tristeza, ira, acedia, vanidad, y orgullo, los que para la Tradición Budista serían los llamados cinco obstáculos profundamente arraigados en la mente: deseo o avidez, aversión o rechazo, pesadez, inquietud y duda.

Cuando examinamos nuestra mente, dice Joseph Goldstein autor de Seeking the Heart of Wisdom, profunda obra sobre la Meditación Vipassana, descubrimos inevitablemente las fuerzas básicas del orgullo, el temor, el prejuicio, el odio y el deseo, fuerzas que causan en nosotros y en el mundo un enorme sufrimiento, pero que al mismo tiempo constituyen una autentica oportunidad para quien emprende el camino espiritual. Evagrio describe dichas fuerzas como demonios (logismoi) que asaltan a quienes meditan (oran) en soledad. En la Tradición Budista estos demonios son personificados por Mara, el Tentador, y son el miedo, la ira, los hábitos, la resistencia y la falta de determinación para prestar atención a lo que realmente está ocurriendo.

Cuando meditamos u oramos, “Mara” o los “demonios”, es decir nuestros condicionamientos mentales, (sankaras en la tradición budista), pueden adoptar muchas formas. Así lo reseña Evagrio en De Oratione: Mucho envidia el demonio al hombre cuando ora, y utiliza cualquier recurso para apartarlo de su fin (47). No cesa de remover pensamientos de cosas por la memoria, y de despertar todas las pasiones en la carne con el fin de impedirle orar como conviene (51), pues la oración sin distracción es la acción más sublime del intelecto (35). Recordemos que para Evagrio la oración es la práctica del silencio que purifica al ser humano de las pasiones, lo preserva de la ignorancia, la cual es fuente de toda desdicha. Por ello Evagrio, en la obra ya citada, indica varias recomendaciones a quien practica la oración para que lo haga como conviene: Aquél que se dispone a orar verdaderamente, no sólo debe dominar la ira y el deseo, sino también lograr estar libre de todo pensamiento apasionado (De Oratione 54), es decir ecuánime ante los ocho grandes pensamientos o ante los cinco obstáculos ya mencionados antes. Y en De Oratione 71: No podrás orar con pureza, si te atas a las cosas materiales y estás agitado por continuas preocupaciones; porque la oración es supresión de los pensamientos. Y en el versículo 105: Pasa por alto las necesidades del cuerpo cuando ores, a fin de que ni por la picadura de un piojo, de una pulga, de un mosquito o de una mosca, pierdas el enorme beneficio de tu oración. Sobre el sentido de la vista nos dice en el 110: Mantén quieta tu mirada durante la oración y, abnegando tu carne y tu alma, vive según el intelecto. Y sobre el importante aspecto de la atención durante la práctica nos señala: La atención que busca la oración encontrará oración; pues si hay algo que lleva a la oración es la atención (prosoché); por consiguiente, debemos aplicarnos a ella (De Oratione 149).

oranteDe las anteriores citaciones podemos puntualizar varios aspectos acerca de la concepción de Evagrio Póntico sobre la oración. En primer lugar, la semejanza de la práctica, propuesta por Evagrio, con las indicaciones y estipulaciones que ofrecen los maestros orientales sobre la Meditación Vipassana. Seguidamente, la ecuanimidad que debemos mantener durante la oración, sea con respecto al cuerpo, sea con respecto a la memoria y a los pensamientos y emociones que aparecen y desaparecen en nuestra mente con el fin de conseguir la purificación de los condicionamientos mentales que traen sufrimiento y desdicha a nuestra vida y a los seres que nos rodean.

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