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LA «ORACIÓN MENTAL» SEGÚN TERESA DE ÁVILA 2ª PARTE

Teresa de Cepeda y Ahumada

A la edad de 23 años Teresa de Ávila descubrió a través de la tercera parte del Abecedario Espiritual de Francisco de Osuna un ‘modo nuevo’ de practicar oración. En realidad dicho libro no enseña ningún método especial para hacer oración, simplemente recomienda concentrar la mente y pacificar los pensamientos: una manera de orar es cuando dentro del corazón, sin pronunciar por la boca las palabras vocalmente, sólo nuestro corazón habla con el Señor… Se requiere (para esta oración) que halle el hombre su corazón; esto es, que lo aparte de otros cuidados, cualquier que sean, si son impecibles y superfluos (Abecedario III). El amor si es verdadero, no sabe buscar rodeos de razones compuestas, mas callando, obra grandes cosas, y sabe que si de las criaturas se aparta y se recoge a Dios, será de Él enteramente recibido, y tanto más enteramente cuanto más recogido fuere y con mayor fervor (Abecedario IV). A partir de la lectura de los anteriores textos Teresa decidió aferrarse a dicha forma de practicar oración: No quise usar más de libros;… así holguéme mucho con él… y me determiné a seguir aquel camino con todas mis fuerzas (Vida 4,6). Y después de varios años practicando la «oración mental» recomendaba a los que iniciaban dicha forma de oración no tener miedo ante tal practica y hacerla con una determinada determinación: No entiendo esto que temen los que temen comenzar oración mental, ni sé de qué han miedo (Vida 8,6). Los que comienzan a tener oración… han de cansarse en recoger los sentidos; que, como están acostumbrados a estar derramados, es harto trabajo. Han menester irse acostumbrando a no dárseles nada de ver y oír, y aún ponerlo por obra las horas de oración, sino estar en soledad y, apartados, pensar en su vida pasada… (Vida 11,9-10).

Santa Teresa enseñó y practicó dicha forma de oración sin pretender crear un método sistemático para orar o meditar. Su modo de orar es sencillo y limpio: consistió mucho tiempo mi oración en quedarme sola con Dios… Atenta a Dios tratando de amor. Sin embargo este modo sencillo y limpio encierra en sí mismo una ardua tarea que debe ser superada con determinación y firmeza. Después de varios años practicando «oración mental» Teresa relata sobre sí misma: En la oración pasaba gran trabajo, porque no andaba el espíritu señor, sino esclavo, y así no me podía encerrar dentro de mí, que era el modo de proceder que llevaba en la oración, sin encerrar conmigo mil vanidades (Vida 7,17).

Oración
Personas orando

Claramente la oración de Teresa es una oración de una creyente, de una teísta que profesa devoción y reverencia al Dios cristiano, sin embargo, la sabia Teresa comprende lo insondable del misterio y exhorta a no hacerse conceptos sobre Dios, a tener una fe desnuda durante dicha práctica: No os pido que penséis en Él, ni que saquéis muchos conceptos, ni que hagáis grandes y delicadas consideraciones con vuestro entendimiento; no os pido más que le miréis… Mirad que no está aguardando otra cosa… sino que le miremos (Camino 26,3). Mas que no se canse siempre en andar a buscar esto, sino que se esté allí con Él, acallado el entendimiento… (Vida 3,22).

Teresa, después de practicar varios años la «oración mental» u «oración de unión» comenzó a ver la vida, el sufrimiento, las contrariedades e incluso los goces, de un modo mucho más objetivo. Comenzó en ella una sabia y amorosa indiferencia por todo lo creado: allí son las promesas y determinaciones heroicas; la viveza de los deseos, el comenzar a ver más clara la vanidad del mundo… Esta la humildad más crecida… Va tan fuera la vanagloria que no le parece la podría tener (Vida 19,2). Después de superar los primeros obstáculos de la «oración mental» el alma, afirma Teresa, comienza a experimentar una nueva forma de comprensión, una forma nueva de paz, una forma nueva de quietud y firmeza: desea ratos de soledad para gozarse de aquel bien…, es un principio de todos los bienes, un estar ya las flores en término que nos falte casi nada para brotar (Vida 15,14). Es un gran ‘negoción’ comenzar las almas oración, comenzándose a desasir de todo género de contentos… Los ojos en el verdadero reino que pretendemos ganar (Vida 15,11).

LA «ORACIÓN MENTAL» SEGÚN TERESA DE ÁVILA

Acercamiento desde la obra y recopilación de Valentín de San José, Madrid 1969.

Teresa de Ávila de Bernini
Éxtasis de Sta. Teresa por Bernini

Hemos presentado brevemente en entradas anteriores el tema de la oración cristiana según uno de los maestros espirituales de la antigüedad cristiana, Evagrio Póntico. Deseamos presentar en esta entrada, también brevemente, a Teresa de Ávila (1515-1582) y lo que ella por medio de su práctica asidua descubrió y estableció sobre la práctica de la oración, especialmente la que ella denominó «oración mental». En el libro sobre su Vida 8,5 definió la «oración mental» como tratar de amistad, estando muchas veces a solas con quien sabemos nos ama. En el prólogo de su Vida, Teresa señala que escribe dicho libro para dar a conocer, entre otras cosas, la forma y el modo de practicar la «oración mental», pues muchos y muchas la han importunado para que les enseñe algo sobre dicha práctica espiritual. El modelo de oración de Teresa de Ávila, según ella misma indica, se lo enseño el mismo Señor. Sin entrar en detalles sobre el cómo, podemos citar algunos breves pasajes bíblicos del Nuevo Testamento donde podemos leer lo constante que era Jesús en su práctica de oración: conviene orar perseverantemente y sin desfallecer (Lc 18,1); Velen orando en todo tiempo (Lc 21,36); Jesús se retiró a orar en un monte y pasó toda la noche haciendo oración a Dios (Lc 6,12); Jesús subió solo a orar en el monte, y entrada la noche se mantuvo allí solo (Mt 14,23); Velen y oren para que no caigan en la tentación (Mc 4,38).

A través de lo que Teresa de Ávila nos refiere sobre lo ardua que puede ser la práctica de la «oración mental» nos percatamos que la Santa de Ávila practicaba una forma de oración silenciosa, en la que los pensamientos, emociones, y deseos deben estar aquietados, no sin una persistente atención, por el silencio mismo: Muy muchas veces, algunos años, tenía más cuenta con desear se acabase la hora que tenía por mí de estar, y escuchar cuando daba el reloj, que no en otras cosas buenas… Era tan incomportable la fuerza que el demonio me hacía, oh mi ruin costumbre, que no fuese a la oración, y la tristeza que me daba entrando en el oratorio, que era menester ayudarme de todo mi ánimo…, para forzarme… Y después que me había hecho esta fuerza, me hallaba con más quietud y regalo que algunas que tenía deseo de rezar (Vida 8,6-7).

Teresa de Jesús
Teresa de Jesús

Si recordamos la entrada sobre Evagrio y los demonios o condicionamientos mentales, podemos confrontarla con la siguiente cita en la que Teresa describe lo que ella entendía como “demonios” durante la práctica: ¡Son tantas las cosas que el demonio pone delante a los principios para que no comiencen este camino de hecho! … Les pone (el demonio) tantos peligros y dificultades delante, que no es menester poco ánimo para tornar atrás, sino mucho, y mucho favor de Dios (Vida 11,1-4) Y muy segura, añade: Si ponéis cuidado, en un año, y quizá en medio, saldréis con ello (Camino 29,9). San Juan de la Cruz resalta la heroicidad de la continua práctica de la «oración mental» en uno de sus bellos escritos: Porque como esta alma había de salir a hacer un hecho tan heroico y tan raro, que era unirse con su Amado divino, afuera, porque el Amado no se halla sino afuera en la soledad (Noche, libro II, 14,1), salió. Estando ya mi casa sosegada.

Ante las dificultades que se presenta durante la práctica de la «oración mental» Teresa exhorta a tener una firme determinación: Digo que importa mucho y el todo una grande y muy determinada determinación de no parar hasta llegar a ella (a beber del agua de la vida), venga lo que viniere, suceda lo que sucediere, trabájese lo que se trabajare, murmure quien murmurare, siquiera se llegue allí, siquiera se muera en el camino…, siquiera se hunda el mundo (Camino de Perfección 21,2).

EVAGRIO PÓNTICO Y LA MEDITACIÓN VIPASSANA: “LOS DEMONIOS Y LOS CONDICIONAMIENTOS DE LA MENTE”

Monje Ortodoxo orandoSon interesantes los paralelismos que pueden señalarse acerca de los obstáculos que se presentan en la  práctica de la oración según Evagrio y los mismos durante la Meditación Vipassana. El Buda decía que quienes conquistan su propia mente son más dignos de elogio que quienes han vencido a mil hombres en mil batallas. Y Evagrio Póntico en De Oratione en los versículos 117 al 120 profiere honores a aquél que durante la oración alcanza la perfecta impasibilidad del espíritu (apatheia), es decir, quien se libera por entero o logra una ecuanimidad perfecta sobre los ocho grandes pensamientos: avidez, lujuria, codicia, tristeza, ira, acedia, vanidad, y orgullo, los que para la Tradición Budista serían los llamados cinco obstáculos profundamente arraigados en la mente: deseo o avidez, aversión o rechazo, pesadez, inquietud y duda.

Cuando examinamos nuestra mente, dice Joseph Goldstein autor de Seeking the Heart of Wisdom, profunda obra sobre la Meditación Vipassana, descubrimos inevitablemente las fuerzas básicas del orgullo, el temor, el prejuicio, el odio y el deseo, fuerzas que causan en nosotros y en el mundo un enorme sufrimiento, pero que al mismo tiempo constituyen una autentica oportunidad para quien emprende el camino espiritual. Evagrio describe dichas fuerzas como demonios (logismoi) que asaltan a quienes meditan (oran) en soledad. En la Tradición Budista estos demonios son personificados por Mara, el Tentador, y son el miedo, la ira, los hábitos, la resistencia y la falta de determinación para prestar atención a lo que realmente está ocurriendo.

Cuando meditamos u oramos, “Mara” o los “demonios”, es decir nuestros condicionamientos mentales, (sankaras en la tradición budista), pueden adoptar muchas formas. Así lo reseña Evagrio en De Oratione: Mucho envidia el demonio al hombre cuando ora, y utiliza cualquier recurso para apartarlo de su fin (47). No cesa de remover pensamientos de cosas por la memoria, y de despertar todas las pasiones en la carne con el fin de impedirle orar como conviene (51), pues la oración sin distracción es la acción más sublime del intelecto (35). Recordemos que para Evagrio la oración es la práctica del silencio que purifica al ser humano de las pasiones, lo preserva de la ignorancia, la cual es fuente de toda desdicha. Por ello Evagrio, en la obra ya citada, indica varias recomendaciones a quien practica la oración para que lo haga como conviene: Aquél que se dispone a orar verdaderamente, no sólo debe dominar la ira y el deseo, sino también lograr estar libre de todo pensamiento apasionado (De Oratione 54), es decir ecuánime ante los ocho grandes pensamientos o ante los cinco obstáculos ya mencionados antes. Y en De Oratione 71: No podrás orar con pureza, si te atas a las cosas materiales y estás agitado por continuas preocupaciones; porque la oración es supresión de los pensamientos. Y en el versículo 105: Pasa por alto las necesidades del cuerpo cuando ores, a fin de que ni por la picadura de un piojo, de una pulga, de un mosquito o de una mosca, pierdas el enorme beneficio de tu oración. Sobre el sentido de la vista nos dice en el 110: Mantén quieta tu mirada durante la oración y, abnegando tu carne y tu alma, vive según el intelecto. Y sobre el importante aspecto de la atención durante la práctica nos señala: La atención que busca la oración encontrará oración; pues si hay algo que lleva a la oración es la atención (prosoché); por consiguiente, debemos aplicarnos a ella (De Oratione 149).

oranteDe las anteriores citaciones podemos puntualizar varios aspectos acerca de la concepción de Evagrio Póntico sobre la oración. En primer lugar, la semejanza de la práctica, propuesta por Evagrio, con las indicaciones y estipulaciones que ofrecen los maestros orientales sobre la Meditación Vipassana. Seguidamente, la ecuanimidad que debemos mantener durante la oración, sea con respecto al cuerpo, sea con respecto a la memoria y a los pensamientos y emociones que aparecen y desaparecen en nuestra mente con el fin de conseguir la purificación de los condicionamientos mentales que traen sufrimiento y desdicha a nuestra vida y a los seres que nos rodean.

LA ORACIÓN COMO «SILENCIO TRANSFORMANTE» SEGÚN EVAGRIO PÓNTICO

Oración de quietudEl anacoreta de los desiertos de Egipto, Evagrio del Ponto (345), de quien hemos tratado con anterioridad en nuestro espacio web, es una de las figuras de la antigüedad cristiana que más está siendo estudiado por los especialistas y eruditos de la espiritualidad y teología cristiana de los primeros siglos. Sus obras son testimonio de una vida ascética y contemplativa incomparable en el Occidente Cristiano. En esta entrada queremos presentar brevemente lo que dicho autor del siglo IV en su profunda vida interior descubrió sobre la oración, entendida como una posibilidad más de trascendencia, aquí y ahora, en el ser humano.
¿Por qué nuestro interés en dicho autor sobre este tema? Dicha cuestión será respondida ampliamente a lo largo del presente estudio, pero en un primer momento podemos decir que nuestra búsqueda de métodos sólidos, eficaces, sabios, profundos para el crecimiento de nuestro camino espiritual, seamos creyentes o no lo seamos, nos ha llevado a conocer a este maestro del espíritu tan lejano a nosotros cronológicamente, y a la vez tan cercano por el sutil conocimiento que tenía de nuestra mente, sus mecanismos y posibilidades.
Salió de Constantinopla en el 383 hacia Jerusalén y allí tomó la decisión de hacerse monje; se marchó al desierto de Nitria para madurar y crecer en su vida solitaria y luego de dos años se internó en la soledad más incomunicada del desierto de Kellia. En su itinerario espiritual e interior nos legó una considerable obra sobre el tema de la oración y sobre el proceso mental que ocurre en el ser humano que desea acercarse seriamente a lo divino.
En su obras De Oratione (Sobre la oración) y Praktikós (presentado en una entrada anterior), ambas de un alto nivel doctrinal y espiritual, es en las que este autor trata concienzudamente lo referente a la oración.
Para Evagrio la primera etapa de la vida espiritual es la práctica (praktiké) cuyos principales elementos son el conocimiento profundo de los ocho grandes pensamientos (avidez, lujuria, codicia, tristeza, ira, acedia, vanidad, y orgullo), el modo de combatirlos, y el dominio sobre ellos para poder adquirir la impasibilidad del alma (apatheia).
La característica más sobresaliente de Evagrio en el tema de la oración no es la de tener un lenguaje empalagoso y artificioso sobre el diálogo entre el ser humano y su dios. Por el contrario es justamente su desnudez y sobriedad lo que caracteriza su modo de tratar dicho argumento.
Evagrio comienza su obra De Oratione, citando la imagen del personaje vetero testamentario Moisés cuando se presentó ante la zarza ardiente, y con profunda reverencia se desata sus sandalias, signo que Evagrio interpreta como la necesidad que tiene el ser humano de despojarse de todo pensamiento, emoción y condicionamiento mental a la hora de acercarse al divino (De Oratione 4).
Es evidente que para Evagrio la oración no es un continuo suplicar que en nada ayuda al hombre en su camino espiritual, si no hay previamente una seria disposición para la transformación interior. Así lo expone en el versículo 11 en el De Oratione: lucha por conseguir que tu intelecto en el momento de la oración permanezca mudo y sordo; y podrás orar. Y en el 17: … niégate a ti mismo para que puedas orar sin distracción. Para Evagrio la oración viene a ser el espacio propicio para entrar en el silencio transformante que nos purificará de todos los condicionamientos que nos traen desdicha y sufrimiento infructuoso. Si bien es verdad que Evagrio no llego a sistematizar tan agudamente su método de purificación mental como las sabias y antiguas técnicas de los Yoguis hindúes y de Gotama el Buda, su trabajo merece especial mención por la contribución que hizo a la espiritualidad en Occidente, especialmente al establecer dentro de sus posibilidades varios tratados eminentemente prácticos para el progreso en el camino interior.
Se deduce del tratado De Oratione la intensa vida interior y ascética de Evagrio, pues en algunos versículos de dicha obra se pueden vislumbrar los descubrimientos que él mismo hizo al respecto. En De Oratione 19, Evagrio indica que toda dificultad durante la oración debe ser soportada con sabiduría, es decir, con atención, paciencia y ecuanimidad, pues sólo así obtendremos resultados evidentes.
Para el lenguaje católico hablar de resultados, métodos, técnicas, eficacia, resulta temerario, pues en la doctrina teológica de la Iglesia Católica se da demasiada importancia a la llamada “gracia”. En mi opinión, es debido a tal desproporción que no hay un verdadero progreso espiritual en la gran mayoría de los fieles católicos. La vida de fe de los mismos “adolece” de demasiadas tradiciones y devociones inútiles que obstaculizan una verdadera profundización en el camino interior de cada creyente.