MEISTER ECKHART: LA SABIDURÍA MÍSTICA DEL «NO-SABER» 1° PARTE

Aproximación a la obra de Eckhart a partir de los estudios de I. de Brugger, Buenos Aires 1977.

Meister EckhartPoco sabemos de la vida de este místico y fraile dominico del siglo XIV. Probablemente nació en Turingia en el año 1260. Después de desempeñar varios cargos, relativamente importantes en su orden, fue nombrado magíster (Meister) de teología en la Universidad de París. Más tarde fue nombrado Provincial de la nueva provincia eclesiástica de su orden en Saxonia y vicario general de Bohemia. Bajo su cargo estaban sujetos alrededor de 47 conventos y varios monasterios de religiosas. En 1323 fue enviado a Colonia como catedrático del Studium generale de los frailes dominicos, donde conoció a Tauler y Heinrich Suso, quienes serían junto a Eckhart los representantes más insignes de la mística especulativa alemana. La notoriedad del Meister Eckhart llegó a su cúspide cuando en 1326 el arzobispo de Colonia, Heinrich von Virneberg inició contra él un proceso inquisitorio, acusándolo de difundir doctrinas heréticas. Una comisión convocada por el mismo arzobispo tildó de sospechosos 49 pasajes de sus escritos latinos del Libro de la consolación divina (Daz buoch der goetlichen troestunge) y de sus sermones alemanes. Después de la muerte del Meister Eckhart una bula papal (In agro dominico) objetaba en la obra de Eckhart la formulación de 28 frases y giros, 17 de los cuales fueron considerados heréticos y otros 11 sospechosos de herejía.

Sobre la prolija obra del Meister Eckhart se conservan, fragmentariamente, una buena colección de sermones y esbozos escritos en latín, y por supuesto sus tratados y sermones alemanes. Las obras principales que parecen estar exentas de dudas son: Las Pláticas instructivas; el breve tratado Del Desasimiento; El Libro de la Consolación Divina y el sermón Del Hombre Noble.

Para introducirnos en el conocimiento místico de Meister Eckhart es necesario tener presente el carácter especulativo de su obra. Su reflexión es propia de un entendimiento iluminado que se deja inspirar por la «inteligencia divina» y que consiguientemente supera el restringido juicio humano. El conocimiento de Eckhart es una comprensión intuitiva que por ser inefable» escapa a la forma meramente discursiva del lenguaje. Al escapar del discurso racional sólo queda el humilde silencio, el cual viene a ser la forma más elevada y digna de referirse a lo “inefable”, sabio silencio que es propio de los verdaderos espíritus iluminados.

El deseo de Eckhart es encontrar la “naturaleza desnuda” la cual sólo puede ser hallada si se logran romper todos los símiles y las analogías que hacen referencias insuficientes al misterio. Él trata de aprehender lo más sublime mediante una precisión cada vez más refinada de aquello que en el fondo resulta inefable para el propio ser humano.

La idea central y sublime del Meister Eckhart es la posibilidad del nacimiento de la Palabra en el alma, es decir la vinculación entre el alma y Dios mediante el Nacimiento del Verbo. Para que tal nacimiento sea posible es necesario que el ser humano se libre de sí mismo y de todas las cosas, se oriente a través de las exigencias del “hombre interior” y se aleje de los apetitos y actividades del “hombre exterior”. Para que el hombre logre librarse de sí mismo y de todas las cosas Eckhart propone el “desasimiento” (abegescheidenheit), el cual implica una renuncia decidida del sí mismo dondequiera que el ser humano lo descubra en sus pensamientos y acciones. El desasimiento es tarea que no termina nunca, pues en esta vida ningún ser humano se ha desprendido de sí mismo sin haber descubierto que debe desasirse aún más. Un hombre pobre, según Eckhart, es aquel que no quiere nada, no sabe nada y no tiene nada. Pobre en espíritu es sólo aquel que es así como era cuando aún no era, es decir, cuando poseía solamente tanta voluntad y saber como se hallan insertados en el saber y querer divinos. En la mistagogía eckhartiana no se agregan conocimientos, sino que se sacan para perder de vista lo inútil, lo que estorba e impide que en el ser humano salga a la luz su imagen primigenia:
Cuando un maestro hace una imagen de madera o de piedra, no hace que la imagen entre en la madera, sino que va sacando las astillas que tenían escondida y encubierta a la imagen; no le da nada a la madera, sino que le quita y expurga la cobertura y le saca el moho, es entonces cuando resplandece lo que yacía escondido debajo. Tal despojamiento tiene su razón de ser en el mismo origen del alma, pues para Eckhart el alma humana ha emanado de Dios y para volver a Él debe anular todo lo que en ella es accesorio: toda nuestra esencia se funda en el anularse mismo. La esencia misma de la humanidad es para Eckhart la esencia del Hijo eterno, es decir, nuestra esencia en sí misma es divina y sólo despojándonos de la falsa individualidad podremos comprendernos como Capax Dei, como capaces de la divinidad.

Es importante señalar que para que el hombre pueda ser Capax Dei, el ser humano debe incluso, según Eckhart, desprenderse de su misma “idea” de Dios. Todo concepto o concepción que se tenga de Dios debe ser transformado no por el simple entendimiento humano, sino por un entendimiento que está iluminado. Para Meister Eckhart el corazón desasido debe situarse sobre la misma nada, que es lo más sublime e inefable. Toda posible definición de Dios falla para la visión mística. Sobre Dios vale mucho más callar que hablar. Para Eckhart, quien trata con sumo respeto de aproximarse al misterio, Dios no es ni ser ni racional, es libre de todas las cosas y por eso es todas las cosas. Si Dios no es ni bondad, ni ser, ni verdad, ni uno, ¿entonces, qué es? se pregunta Eckhart, y solemnemente responde: Dios es absolutamente nada, no es ni esto ni aquello, y en otro pasaje exhorta: separemos de Dios todo cuanto lo está vistiendo, y tomémoslo desnudo en el vestuario donde se halla develado y desarropado de sí mismo. Tal Dios desnudo es el espacio-tiempo del ser humano desasido completamente de todo lo mundano y accesorio, es por así decirlo, el retorno de la criatura a su condición primigenia donde Dios es su “lugar”.

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