EVAGRIO PÓNTICO: SENTARSE Y APRENDER DEL “SILENCIO QUE TRANSFORMA”

¡Qué maravilla el vestido del vacío que libra de todo sufrimiento!

EVAGRIO PÓNTICO: OCHOS SON LOS “DEMONIOS” QUE DOMINAN NUESTRA MENTE

     En esta entrada deseo presentar fugazmente a uno de los más grandes místicos cristianos de la antigüedad. Se trata del monje y asceta Evagrio Póntico o del Ponto (345-399). El Ponto fue una antigua región al norte del Mar Negro en el Asia Menor.

     ¿Por qué deseo presentar en  en mi blog a un escritor tan antiguo? Nuestra respuesta viene acompañada por el mismo título de una de sus obras que deseamos brevemente presentar en este espacio: Su famoso Tratado Práctico (en griego Praktikós). En líneas generales podemos decir que ya en su época este ingenioso y profundo escritor concibió en dicha obra un programa sistemático y/o un método eficaz para ayudar a monjes y laicos cristianos en su lucha espiritual. El objetivo primordial de dicho libro es preparar a la persona para la vida interior y trabajar con sus y desde sus pensamientos. Para Evagrio la lucha espiritual no es contra el mundo exterior, sino acerca de la relación, desacertada muchas veces, que entablamos con nuestros pensamientos, emociones y percepciones y la consciencia egocéntrica en torno a ellos.

    El Tratado Práctico o Praktikós está dirigido a su amigo Anatolio quien le pide que le explique el significado de la vestimenta de los monjes. Después de explicar lo concerniente al hábito monástico Evagrio pasa a exponerle a su amigo unas reflexiones sobre la vida ascética y la vida contemplativa. En la introducción a su breve tratado el autor considera que el reino de los cielos es la serenidad del alma acompañada del conocimiento verdadero de los seres creados, es decir del orden mental interior y exterior para comprender el momento presente y la realidad tal y como es ¿Cómo se logra ese equilibrio de la mente o impasibilidad del alma? Dicho equilibrio se obtiene a través de una ardua contemplación (observación), de lo que Evagrio llama los demonios o los ocho grandes pensamientos (en griego logismoi), que siglos más tarde en la Iglesia Católica fueron erróneamente denominados 8 pecados capitales.

     Ocho son, según Evagrio, los principales pensamientos que comprenden a todos los demás pensamientos que vienen y van en nuestra frenética cabeza: avidez o gula, voluptuosidad o fornicación, codicia o avaricia, tristeza o angustia, ira, acedia, vanidad y orgullo. Y dice Evagrio: que tales pensamientos inquieten nuestro espíritu no depende de nosotros, pero que se instalen o no y susciten acciones y miserias en nuestra vida sí depende de nosotros.

     Fundamental es la forma tan aguda como Evagrio nos invita a trabajar con los ocho grandes pensamientos: en el tiempo de las tentaciones es necesario no abandonar nuestro espacio de interioridad. Hay que permanecer sentado, perseverante y recibir con coraje a los asaltantes, a todos, pero especialmente al demonio de la acedia que como es el más pesado de todos, prueba el alma en grado sumo. Huir de tales luchas y evitarlas nos convierte en esclavos cobardes y torpes traidores del espíritu (Praktikós).

SENTARSE A SOLAS EN EL MISTERIO TRANSFORMADOR DEL SILENCIO

     ¿Qué significa para la milenaria tradición cristiana, y ampliando nuestras perspectivas habituales, para el Budismo Zen en particular, sentarse en nuestro espacio de interioridad, ser perseverantes y recibir con valor a los atacantes? La creyente cristiana y maestra zen Ana María Schlüter, quien es fundadora de una comunidad cristiana-budista, en una entrevista publicada por un profesor de sociología de la Universidad Complutense de Madrid, nos introduce, con un lenguaje atento y actual, en la sabiduría de sentarse a solas en el misterio sanador del silencio. Ella lleva años practicando y enseñando za-zen (sentarse), cuya finalidad última, según ella indica, es caer en la cuenta de la realidad esencial que no se puede pensar, lo que conlleva con la práctica asidua a una gran liberación de las ataduras del falso yo, o pequeño yo, es decir, siguiendo a Evagrio, a la sabiduría de los ocho grandes pensamientos.

     En la tradición mística española San Juan de la Cruz también hablaba de sentarse a solas en la oscuridad de los sentidos. Mientras que para el Budismo lo central es caer en cuenta de lo que es vacío para los sentidos y el entendimiento, en el contexto cristiano se acentúa que ese misterio se experimenta con amor (estar a solas con quien sabemos nos ama, decía Teresa de Ávila). Practicar zazen, sentarse inmóvil y totalmente despierto, “pensar sin pensar”, es tocar la realidad de fondo, nuestra naturaleza primordial. Logrando consiguientemente una mayor capacidad de concentración y serenidad. Es el caso de aquellos cristianos que practican zazen o una forma de oración de quietud, oración silenciosa, oración de acogida, concentrada y contemplativa, quienes con disciplina y compromiso, logran posteriormente una especie de despertar hacia una experiencia del misterio más auténtica y pura, como fue el caso de los ya mencionados místicos españoles Teresa de Ávila y Juan de la Cruz.

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