TEODORO EL ESTUDITA: PENSAR LA FE DESDE EL MISMO MISTERIO

Teodoro StuditaEn la presente entrada deseo presentar, a través del emérito Papa Benedicto XVI, una figura espiritual muy importante en el mundo medieval bizantino. Un santo venerado por la Iglesia Ortodoxa que nos legó una obra espiritual profunda y digna de estudio. Para los cristianos orientales u occidentales es de suma importancia volver a las sabias fuentes antiguas y medievales de los Padres del Desierto y los Padres de la Iglesia, sólo así nos comprenderemos herederos de una aguda e inteligente tradición espiritual.

En la actualidad la mayoría de las autoridades cristianas no brillan por santidad de vida y testimonio de contemplación, en su mayoría son sujetos institucionales que custodian dogmas rígidos que no dinamizan nuestra vida espiritual. La invitación del anterior Papa Benedicto XVI es la de iniciarnos en las enseñanzas de personas como Teodoro el Estudita, quien como monje y guía espiritual nos puede indicar lineamientos para nuestro camino espiritual, seamos cristianos o no.

El día 27 de mayo del año 2009 el entonces Papa Benedicto XVI presentó en su acostumbrada audiencia de los miércoles a Teodoro el Estudita. Este santo bizantino de la Iglesia Ortodoxa nació en Constantinopla en el año 759 en una familia noble y piadosa. Entró a la vida monástica a la edad de 22 años. Fue ordenado sacerdote por el patriarca Tarasio, quien por razones políticas años más tarde lo envió al destierro en Tesalónica. La reconciliación con la autoridad imperial se produjo en el año sucesivo bajo la emperatriz Irene, cuya benevolencia impulsó a Teodoro y su tío Platón a trasladarse al monasterio urbano de Studios, junto con la mayor parte de la comunidad de los monjes de Sakkudion, para evitar las incursiones de los sarracenos. Así comenzó la importante “reforma estudita”.

Teodoro se convirtió en jefe de la resistencia contra la iconoclasia de León V el Armenio, que se opuso a la existencia de imágenes e iconos en la Iglesia Ortodoxa. Entre los años 815 y 821, san Teodoro fue flagelado, encarcelado y desterrado a varios lugares de Asia Menor. Al final pudo regresar a Constantinopla, pero no a su monasterio de Studios. Se estableció con sus monjes en la otra parte del Bósforo. Al parecer, murió en Prinkipo el 11 de noviembre del año 826, día en el que lo recuerda el calendario bizantino.

En la historia de la Iglesia Ortodoxa san Teodoro se distinguió por ser uno de los grandes reformadores de la vida monástica y también como un defensor de las imágenes sagradas durante la segunda fase de la iconoclasia, junto al patriarca de Constantinopla, san Nicéforo. San Teodoro había comprendido que la cuestión de la veneración de los iconos afectaba a la verdad misma de la Encarnación de Cristo. En sus tres libros Antirretikoi (Refutaciones), argumenta: abolir la veneración del icono de Cristo significaría cancelar su misma obra redentora, pues, al asumir la naturaleza humana, la Palabra eterna invisible se hizo visible en la carne humana y así santificó todo el cosmos visible.

San Teodoro y sus monjes, testigos de valentía en el tiempo de las persecuciones iconoclastas, están inseparablemente unidos a la reforma de la vida cenobítica en el mundo bizantino. Su importancia se impone incluso por una circunstancia exterior: el número. Mientras los monasterios de la época tenían al máximo treinta o cuarenta monjes, por la Vida de Teodoro sabemos que los monjes estuditas eran más de mil. San Teodoro mismo nos informa que en su monasterio había unos trescientos monjes; por tanto, se ve el entusiasmo de la fe que nació en el contexto de este hombre realmente informado y formado por la fe misma.

Ahora bien, más que el número, influyó sobre todo el nuevo espíritu que imprimió el fundador a la vida cenobítica. En sus escritos insiste en la urgencia de un regreso consciente a la enseñanza de los Padres, especialmente de san Basilio, primer legislador de la vida monástica, y de san Doroteo de Gaza, famoso padre espiritual del desierto palestino.

Para Teodoro la mejor manera de sanar una sociedad dividida es aprendiendo a integrarse en la libertad común, compartiendo y sometiéndose a ella, aprendiendo la legalidad, es decir, la sumisión y la obediencia a las reglas del bien común y de la vida común, así como el desprendimiento del yo que quiere ilusoriamente ocupar el centro del mundo.

El trabajo de los monjes “estuditas” no era sólo manual: tuvieron gran importancia en el desarrollo religioso-cultural de la civilización bizantina como calígrafos, pintores, poetas, educadores de los jóvenes, maestros de escuelas y bibliotecarios.

Aunque llevó a cabo una vastísima actividad exterior, san Teodoro no se dejaba distraer de lo que consideraba íntimamente vinculado a su función de superior: ser el padre espiritual de sus monjes, por ello impartía a los monjes dirección espiritual. Cada día, refiere el biógrafo, tras la oración de la tarde, se ponía ante el iconostasio para escuchar a todos. También aconsejaba espiritualmente a muchas personas que no eran del monasterio. Su Testamento espiritual y sus Cartas subrayan su carácter abierto y afectuoso, y muestran cómo de su paternidad surgieron verdaderas amistades espirituales en el ámbito monástico y fuera de él.

La Regla, conocida con el nombre de Hypotyposis, codificada poco después de la muerte de san Teodoro, fue adoptada, con alguna modificación, en el Monte Athos, cuando en el año 962 san Atanasio Athonita fundó allí la Gran Lavra, y en la Rus’ de Kiev, cuando al inicio del segundo milenio san Teodosio la introdujo en la Lavra de las Grutas.

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