NUESTRA VOCACIÓN NO ES LA CREENCIA EN DOGMAS, SINO LA TRANSFORMACIÓN DE NUESTRA CONSCIENCIA

Acercamiento y observaciones personales desde un artículo de Duane R. Bidwell: Psicología Transpersonal de Ken Wilber: una introducción y crítica preliminar en Pastoral Psychology, Vol. 48, Nº 2, 1999, 81-90.

gran_ken-wilberLa psicología transpersonal, nacida a finales del siglo XX, fue una de las primeras ciencias modernas en tomar muy en serio la espiritualidad humana. La Mayor certeza de la Psicología Transpersonal es la convicción de que detrás del drama de la vida hay un patrón más profundo, más alto y más ancho que puede ser entendido por los seres humanos. Ken Wilber propone un espectro de la consciencia, es decir una diversidad de estados de consciencia. De dichos estados, investigados por Wilber, el más elevado indica la posibilidad de una consciencia de ser uno con el todo, o idéntica con el espíritu, o enteramente espíritu. Existe para Ken Wilber una consciencia mística, en la cual la realidad es aprehendida en forma directa e inmediata, no mediada por ninguna elaboración o concepción simbólica, en la que el sujeto y el objeto se convierten en un acto eterno y sin límites.

Wilber, después de exhaustivos estudios e investigaciones, sostiene que las ciencias contemplativas, es decir la meditación y la oración, son los métodos eficaces para entrar en los dominios superiores de la consciencia.

K. Wilber describe, poéticamente, la búsqueda humana de Dios, la cual se vislumbra en este aquí y ahora ensombrecido por nuestra misma cultura y por nuestras convenciones sociales, emocionales, intelectuales y tradicionales: “Somos aún los hijos bastardos de una evolución aún no acabada, atrapados siempre entre fragmentos del ayer y las uniones del mañana, uniones aparentemente destinadas a llevarnos mucho más allá”.

circulo zenWilber entiende la consciencia como ser parte del universo. Por medio del desarrollo paulatino de la consciencia ella se va adentrando en la experiencia del “Self universal”, es decir en la experiencia no dual que va más allá del yo y de Dios, el cual es la meta de la vida humana misma.

En el proceso de unificación de la consciencia Wilber presenta una de las patologías de la misma, la más importante y primaria en dicho proceso es el yo separado, entendido por algunas religiones como pecado (Cristianismo), torpeza (Budismo). Dicho yo separado es una contracción de angustia y la única cura es el auto-olvido, el desprendimiento del yo y la trascendencia, los cuales son posibles por medio de la meditación y la contemplación para poder experimentar y percibir los niveles transpersonales de la consciencia. Wilber, sin embargo, considera que pocas personas están listas para trabajar en los niveles transpersonales por estar aún en niveles pre-convencionales del desarrollo propio.

En concreto y en la práctica muchos guías espirituales occidentales llevan erróneamente a sus fieles o dirigidos aún sin preparación a vivir de espiritualidades no transformativas: formas cultuales, concepciones dogmáticas, prácticas devocionales inútiles, etc. Basta pensar en nuestras formas católicas de guiar a nuestros feligreses, los cuales siguen cargando los mismos lastres existenciales, traumas infantiles y precomprensiones religiosas asfixiantes creyendo erróneamente que los dogmas y sacramentos pueden sanar sus heridas por arte de magia, sin una profunda, seria y disciplinada práctica del silencio y del encuentro con el yo más profundo y no separado.

La Iglesia católica, según K. Wilber, se equivocó al pretender reemplazar la experiencia de Cristo y Dios por creencias acerca de Cristo y de Dios. Las investigaciones de Ken Wilber van más allá de una teología confesional, pues toman en cuenta el ser teándrico (Theos/Antropos) del hombre y no lo subordina a un espectro disciplinario, mitos, o símbolos centrales de un credo particular o tradición revelada.

Existe toda una profunda y antigua tradición del silencio en el mundo cristiano: Los Padres del Desierto, Evagrio Póntico, Orígenes, Dionisio Areopagita, Meister Eckhart y los Místicos Renanos, La Nube del No Saber, Teresa de Ávila y San Juan de la Cruz, entro otros, que no han sido tomados en serio por el Magisterio de la Iglesia. En la Iglesia Católica en particular nos hemos quedado más en las formas superficiales dominadas por un dogma histórico y hemos dejado de lado el verdadero sentido de la salvación y la sanación de las personas.

Para Wilber, Dios viene a ser un Sí mismo que demanda identidad y un Otro que demanda relación y participación: hemos encontrado a Dios en nuestro proceso de evolución y lo experimentamos como una inteligencia de la cual no somos completamente conscientes. Nos podemos acercar a Él en la introspección contemplativa. Dios debe estar por encima de nuestras estructuras y concepciones, y libre de los lazos con los que nosotros como humanidad tratamos de rodear a la Realidad Divina: demasiado obvio para ignorar, demasiado simple para describir y demasiado fácil para creer…

Más allá de una concepción panteísta Wilber propone un universo en Dios sin ser idéntico con Dios o agotar la infinitud de su Ser. Mientras que el universo es parte de la realidad de Dios, la identidad de Dios es mayor que el universo. El trabajo de Dios es amar el mundo, por lo tanto lo ha creado y lo trasciende.

Cuando observamos las películas de ciencia ficción y nos percatamos de lo pequeños que somos y lo insulsos al creernos el centro del cosmos, nos percatamos con cierta objetividad que somos simples criaturas evolucionando. Somos llamados no simplemente a una eterna innovación científica y tecnológica, sino a una transformación que tiene lugar en los niveles causales y sutiles de nuestra consciencia. Mientras sigamos atados a ideas y realidades determinadas seguiremos obstruyendo nuestra real capacidad y viviremos atados a las habituales ataduras emocionales, culturales, racionales con el sensual, pero torpe fin de preservar un falso y dividido yo.

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