EL BUDISMO COMO SIMPLE “VEHÍCULO”

01_El_GangesA diferencia de otras tradiciones religiosas el Budismo, por no considerarse una religión como tal, no es un fin en sí mismo. El camino del Buddha se llama yȃna, palabra que significa «vehículo» o más adecuadamente «barca». La barca es la enseñanza del Buddha, y los elementos de la barca son los diversos aspectos de la disciplina budista: meditación, ejercicios de yoga, reglas de vida ascética y práctica del auto-renunciamiento. En la vida hindú cotidiana la barca es un medio de transporte indispensable, de allí que las diferentes escuelas hayan usado dicha metáfora para indicar la sabiduría del Buddha: el Budismo proporciona una barca que cruza el impetuoso río del sȃmsara para conducir a la distante ribera de la liberación. Entrar en el «vehículo» budista significa comenzar a cruzar el río de la vida desde la orilla de la ignorancia espiritual, el deseo, la muerte (kȃma-mȃra) hacia la orilla de la sabiduría trascendental.

Entre las conversaciones del Buddha, conocidas con el nombre de «Diálogos medianos» aparece un discurso sobre el valor del «vehículo», en dicho discurso Buddha describe a un hombre que aborrece totalmente los placeres de la existencia y decide abandonar el mundo y cruzar el río de la vida construyendo una balsa y dirigiéndose hacia la otra orilla de la seguridad espiritual. El Buddha confronta entonces a sus monjes con una pregunta: « ¿Qué opinarían ustedes de este hombre, sería sensato si por gratitud para con la balsa que le ha permitido cruzar el río y ponerse a salvo, habiendo llegado a la otra orilla, se aferrara a ella, la cargara sobre sus espaldas y caminara por todas partes llevando su peso? ». Y continúa el Buddha « ¿No sería sensato el hombre que abandonó la balsa (que ya no le servía) y siguió su camino sin volver la cabeza para mirarla? ¿No es acaso un simple instrumento que debe arrojarse y desecharse una vez que ha servido a la finalidad para la cual fue construido? ».

000539410Dicha valorización relativa del mismo camino budista debería sernos de utilidad a la hora de relacionarnos con nuestras tradiciones religiosas occidentales. Tomando en cuenta las debidas diferencias culturales e históricas, a mi modo de ver la absolutización y clericalización de la Iglesia Católica como “sacramento de salvación” ha tenido como consecuencia que una parte considerable de sus creyentes se hayan quedado en estados inmaduros de su camino de fe, atados a tradiciones muchas veces inútiles e insubstanciales, haciendo de la doctrina cristiana un camino ineficaz de salvación. Si debemos vivir sujetos a meras convenciones culturales, religiosas y a rígidas estructuras dogmáticas sobre nuestras espaldas por toda nuestra vida, el “método” de dicha balsa es infructuoso y lleva a sus viajeros donde ella quiere que vayan y no donde se encuentra la única Verdad.

Ciertamente, “lo religioso”, es decir la posibilidad de religarse auténticamente a lo “Divino” no es el único medio de profunda sanación espiritual y tampoco podríamos reducirlo a simple búsqueda del bienestar psíquico, el Budismo nos enseña que la raíz del problema humano está en la ignorancia y el deseo, los cuales están incrustados en el mismo ser del ser humano. Si “lo religioso” se transforma en una mera convención más de nuestra forma de pensar y sentir, su cometido en este planeta pierde su sentido trascendental. En otras palabras, si «lo religioso» se convierte en un medio para camuflar el temor y el deseo, -intrínsecos a la natura humana, mas no su sentido último-, y suavizar la misma crudeza de la vida, dicho religare en vez de aferrarse a lo divino, queda sometido al vaivén del mundo, de todo lo que muda y se cimienta en lo insubstancial.

Si las ciencias y la tecnología buscan (no siempre con ideales nobles) la eficacia y perfección en sus investigaciones con la finalidad de hacer más fuerte, confortable, segura y fácil la vida del ser humano, “lo religioso”, retornando continuamente a sus sólidas, sabias y profundas fuentes milenarias, debe con eficacia sagrada conducir al hombre y mujer de hoy a las fuentes de una consistente y equilibrada sanación de su ser en su integralidad.

La enseñanza del Buddha con sus diferentes elementos, indicados más arriba, está dirigida a los principiantes y a los discípulos avanzados, pero carece de sentido para el verdaderamente iluminado. A través de su enseñanza el Buddha trató de expresar lo que había conocido bajo el árbol Bo. Por medio de dicha doctrina trataba de comunicarse con sus discípulos para ayudarlos a emprender el camino, pero tal enseñanza no puede expresar lo inexpresable, de modo que una vez que el discípulo ha «cruzado a la otra orilla» la barca debe ser dejada atrás, porque en adelante no sería más que una carga incomoda. «La otra orilla» es la orilla de la Iluminación, la cual, paradójicamente para nuestras mentes occidentales, significa que la engañosa distinción entre las dos costas, como si una tuviera existencia mundana y la otra trascendental, ya no puede sostenerse: no hay ni samsarȃ ni nirvȃna.

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