EL SUFISMO SEGÚN THOMAS MERTON

Para el monje trapense Thomas Merton el objetivo principal del sufismo es conseguir el conocimiento de Dios y la comunión con Él mediante una contemplación y un éxtasis semejantes a los estados de trance.

Los orígenes del sufismo se encuentran en el período formativo del Islam (siglo VII d. C.). La palabra sufí apareció por primera vez en el siglo VIII, probablemente en relación con los ásperos hábitos de lana que vestían la mayor parte de los ascetas musulmanes.

Los dos conceptos centrales del sufismo son Tawakkul: la total confianza en Dios, y Dhikr: el recuerdo perpetuo de Dios, por medio de un método sistemático de oración y concentración en el cual las técnicas respiratorias están unidas con la invocación rítmica de Alá.

Thomas Merton en una carta escrita a Abdul Aziz, un estudioso del misticismo, afirmaba sobre el sufismo: «Estoy tremendamente impresionado por la solidaridad y la firmeza intelectual del sufismo… No se puede cuestionar que se trata de una verdad viva y convincente, una profunda experiencia mística del misterio de Dios nuestro creador, quien vigila sobre nosotros en todo momento con gracia y amor infinitos». Merton además estaba conmovido por la intensidad de la piedad musulmana expresada en su lenguaje, en especial por la sabia y profunda riqueza de los Nombres de Dios y la reverencia con la que Dios es invocado como «el Compasivo» y «el Misericordioso». En la carta mencionada más arriba Merton confesaba a Aziz su profunda simpatía por el sufismo, al que consideraba altamente práctico, realista, profundamente religioso y situado en la correcta perspectiva de la relación directa con Dios.

Sobre uno de los autores sufí, el místico Ibn Abbad (1332 – †1390), Thomas Merton escribió en su escrito Readings from Ibn Abbad, que él enseñaba que es en la noche de la desolación cuando se abre secretamente la puerta de la unión mística, aunque continúa firmemente cerrada durante el día de comprensión y de luz.

Sobre algunos temas Ibn Abbad escribió:

Oh, hombres: esta vida es sólo un ojo que parpadea.

Oh, hombres: el último fin de todo nuestro deseo es que Él se acerque a nosotros, el Viviente, el Invariable.

Oh, hombres: quemad vuestros deseos impuros en su gloria.

DESOLACIÓN

Para el siervo de Dios el consuelo es el lugar del peligro donde puede ser engañado (si acepta sólo lo que ve, experimenta o conoce), pero la desolación es su hogar: en la desolación es prendido por Dios y enteramente llevado hasta Dios. En la oscuridad, en el vacío, en el abandono, en la muerte del yo. Entonces el yo es sólo cenizas ¡Ni siquiera cenizas!

Fuente: MERTON Th., Reflexiones sobre oriente. La filosofía oriental a la luz del misticismo occidental. Oniro, Barcelona España 1997, 87-96.

Anuncios